Perfiles pergaminenses

Juan Carlos Digilio, la constancia del trabajo puesta al servicio de su empresa y de la actividad dirigencial


Juan Carlos “Pato” Digilio en un alto de la rutina diaria trazó su “Perfil Pergaminense”

Crédito: LA OPINION

Juan Carlos “Pato” Digilio, en un alto de la rutina diaria trazó su “Perfil Pergaminense”.

Es propietario de una firma líder en la comercialización de maquinarias agrícolas e implementos rurales que lleva su nombre. Durante varios años presidió el Club Douglas Haig y siempre sintió vocación de colaborar con su comunidad. Apegado a su familia y amigo de los amigos, encuentra en la tarea diaria el sostén desde el cual seguir impulsando proyectos.

Juan Carlos Digilio nació en Pergamino el 7 de febrero de 1952. Tiene 69 años. En su empresa, J.C Digilio S.A. recibe la entrevista en la que traza su "Perfil Pergaminense". Su escritorio tiene los elementos de su trabajo cotidiano y se percibe un clima familiar, propio de esos lugares que se sostienen con el apoyo incondicional de los afectos y la compañía de los seres queridos. En el comienzo de la charla habla de su infancia, vivida en Urquiza. Menciona a sus padres, Carlos Digilio, ferroviario, y Clara Beatriz Sinelli, ama de casa; también a su hermana, Nora Beatriz; y a sus abuelos maternos que vivían en el campo. Cuenta que fue a la Escuela Nº 15 y refiere que en aquella época el pueblo era bastante distinto a como es hoy. "En la actualidad todo está más urbanizado", refiere. La sencillez acompaña el relato y las vivencias que recrea de su niñez son aquellas que tienen que ver con los juegos y anécdotas compartidas entre amigos.

Al terminar la primaria, siguió estudiando en la Escuela de Educación Técnica Nº 1. "Durante el primer año me venía en colectivo desde Urquiza para ir al Industrial; después mis padres se instalaron en Pergamino", agrega. Cuando llegaron a la ciudad se establecieron en el barrio Acevedo, en calle Tucumán, casi Vélez Sarsfield, al lado del Club Defensores de Belgrano. "Allí viví hasta que en 1971 me fui a estudiar Ingeniería Mecánica a La Plata", señala. 

Estando en la universidad comenzó a trabajar en la Cámara de Senadores. "Yo no era un estudiante de primer nivel, no le quería hacer gastar dinero a mis padres, así que seguí estudiando mientras tenía mi trabajo, pero cuando lo perdí cuando se produjo el Golpe de Estado y me despidieron, entonces tomé la decisión de regresar a Pergamino". 

Su historia laboral

A través de su historia laboral forjó una trayectoria: "Primero trabajé en Alfredo Sinelli y Cía; allí pasé de repuestero a vendedor y con el tiempo me fui con un emprendimiento que había hecho Víctor Capozucca. Más tarde, alquilé un terreno enfrente de la Casa Auto y comencé a trabajar con Antonio Capozucca. Teníamos algunos fierros juntos y conformamos una sociedad que mantuvimos hasta 1986. Ese año comencé a trabajar solo", relata y con ese inventario describe el nacimiento de su propia empresa. "Nos dedicamos a la venta de maquinaria agrícola, repuestos y reparaciones", comenta.

El lugar desde el que habla es el de la experiencia y conocimiento minucioso de un rubro de la actividad productiva que cambió radicalmente desde aquellos comienzos. El crecimiento acompañó su apuesta al negocio, y la tenacidad que puso en la tarea le otorgó la recompensa de transformar ese emprendimiento comercial en referente en el mercado de la maquinaria agrícola.

"Empecé al lado de donde estamos ahora, después compré un lote, otro y empecé a edificar este negocio que nació de cero", menciona y señala que en el presente sus hijos son parte de la empresa.

El gran sostén

La familia es para Juan Carlos el gran pilar de la vida. Desde hace 43 años está casado con María del Luján Drivet, docente jubilada. "Tenemos dos hijos: Juan Cruz, casado con Joana Pereyra. Y Juan Martín que es triatleta, Ironman70.3 y está en pareja con Renata Grimaldi".

"También somos abuelos de tres nietos: Camila, Juan Lucas y Renata; ellos son mi debilidad. Representan todo lo que no viví con mis hijos", confiesa y explica: 

"Cuando mis chicos eran chicos, yo trabajaba de sol a sol, viajaba, tenía que buscar un teléfono en cualquier lugar para comunicarme con mi esposa y decirle dónde estaba y cuál era mi itinerario porque no existían los teléfonos celulares", describe y resalta: "A la vuelta de la vida, a los nietos uno los disfruta de otra manera".

Sabe que para hacer todo lo que hizo fue necesario tener la compañía incondicional de los afectos: "Siempre conté con mi esposa, ella estuvo haciéndole frente a todo. Cuando me inicié solo durante un tiempo prácticamente vivíamos de su sueldo como docente. Nos acompañamos mucho", expresa.

La dirigencia deportiva

Dueño de una vocación que lo impulsa a participar de proyectos colectivos, fue presidente del Club Douglas Haig. "Además de mi familia, Douglas es mi otra debilidad", reconoce y cuenta que le dedicó más de 45 años de su vida a esa institución a la que define "el Club de la ciudad".

"Fui dos veces presidente de Douglas Haig y después durante un tiempo reemplacé a Leandro Moschetti cuando necesitó tomar un descanso de la gestión", menciona. 

Hoy, aunque ya no participa institucionalmente, no se pierde un partido y sigue de cerca el presente del Club. "Me han ofrecido volver, pero no quise", agrega.

El inicio de su actividad dirigencial fue de la mano de Héctor Dinardo y Rubén Iriarte, que un día lo convocaron para colaborar con una subcomisión; el presidente era Miguel Morales. "Acepté el desafío y desde ese momento fui parte de la vida del Club; antes había jugado de chico en las divisiones inferiores".

Llegan a la conversación miles de historias. "Las pasamos todas", resalta y asegura que "algunas cosas hoy no las repetiría".

Reconoce que la dirigencia deportiva es una actividad en la que tuvo momentos de gloria, pero también otros de mucha mala sangre: "Es complicado ser dirigente, más en una sociedad donde todos te conocen y estás muy expuesto".

Siente que el momento más complejo de gestión fue cuando el Club se fue al descenso: "Perdimos un partido que no podíamos perder con un equipo de La Plata que después desapareció. Fue una amargura tremenda el descenso. Recuerdo que estábamos mirando el partido con Javier Martínez debajo de la tribuna, porque no podíamos ni asomarnos. Ese día la reacción de la hinchada fue muy fuerte, tuve que pedir seguridad en el negocio porque pensé que me iban a destrozar todo".

Aún recuerda cómo pintaron la sede del Club con su nombre acompañado de insultos: "Pasó mi papá por la puerta y al ver las pintadas me dijo: 'Cómo se están acordando de tu madre'. Al otro día Carlos Prados, que estaba en la comisión, mandó a pintar el frente del Club", agrega en un relato que muestra uno de los sinsabores que sin dudas logró compensar con las muchas satisfacciones que le dio su actividad.

"Por momentos uno siente que la hinchada no te reconoce nada, ellos solo quieren entrar gratis y que el equipo gane. No les importa si el Club se funde y tampoco ven el esfuerzo que hacen los dirigentes. Pero también hay quienes sí reconocen la tarea y esa es la satisfacción más grande que queda. Aún hoy me encuentro por la calle con gente que me conoce del Club, me saluda y recuerda las cosas que hicimos".

Siempre inclinando la balanza del lado de lo bueno, se queda con lo mejor de las experiencias: "Uno cosecha aprendizajes, buenos vínculos, conoce a mucha gente y eso es lo que se lleva", resalta.

Su relación con Grondona

A través de uno de sus mejores amigos, estrechó un vínculo que trascendió lo deportivo con Julio Grondona, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino. "He parado en su campo, le vendí maquinaria agrícola, e incluso tractores para cortar el césped del predio de la AFA, pero más allá de lo comercial, conservo el recuerdo de grandes charlas sobre fútbol", afirma.

Trabajar, siempre trabajar

Hoy, abocado a su actividad laboral, se empeña en mantenerse actualizado. Confiesa que le gusta mucho trabajar y sospecha que se enfermaría si no tuviera nada para hacer. Sin embargo, en su rutina cotidiana le va haciendo lugar al tiempo libre, ese que invierte disfrutando de su familia y los amigos. "Amo trabajar, pero ya no soy el que abre la puerta del negocio y la cierra, trato de tener mis ratos libres", confiesa y menciona que disfruta de compartir un café con sus amigos del Club o de cenar con su gente querida. "La pandemia ha condicionado un poco la vida social, a mí me gustaba el café de noche con amigos, y hoy me he vuelto más casero".

Grandes amigos

"Pato", apodo que lo acompaña desde que así comenzaron a llamarlo sus compañeros del Industrial por la referencia al "pato criollo", afirma que tiene grandes amigos y menciona a dos de ellos: Daniel Pastor y Genaro Aversa, yerno de Julio Grondona.

También menciona a los integrantes de "la peña de Corcho's" con quienes se reúne desde hace más de 45 años. "Comenzamos cuando 'Pipi' Porcel inauguró y seguimos manteniendo el grupo. Jugábamos en Lucini; después practicábamos pádel o nos reuníamos en el Club Social a jugar a las cartas; y ahora siempre los martes compartimos un encuentro gastronómico".

El fútbol y la política

Las referencias al fútbol están presentes en distintos momentos de la charla. Quizás porque es un apasionado de ese deporte y porque su sueño era "ser jugador de Primera División". "Es lo que me hubiera gustado ser, algo así como una fantasía, nunca lo intenté ni tuve las condiciones", aclara y menciona que además de Douglas Haig es hincha de Boca Juniors.

También su interés por la política aparece en varias de sus reflexiones. "De joven tenía un pensamiento revolucionario y estuve a punto de meterme en la Juventud Peronista", refiere, aunque aclara: "Nunca tuve la aspiración de ocupar un cargo, a pesar de que me han medido en algunas encuestas. Me interesa la política, porque me preocupa la realidad. Siempre digo que sería concejal donando mi sueldo a alguna entidad que lo necesitara. Lo que me moviliza, y siempre me movilizó, es la vocación de trabajar para Pergamino, no la ambición de lucrar. Ayudo socialmente siempre que tengo la posibilidad".

La proyección, en los suyos

Siempre ideando nuevos proyectos, cree que hay un momento de la vida donde la mirada está puesta más en el bienestar de los suyos que en las aspiraciones propias. "La proyección empieza a ser para ellos", asegura este hombre que igualmente se imagina la vejez trabajando, tal vez porque se define como un "laburante" que lo mucho o poco que construyó fue sobre la base del esfuerzo. 

Cuando la entrevista termina lo espera la rutina laboral del día. Juan Carlos Digilio es parte de una generación que ha vivido todos los momentos del país y su actividad no ha sido ajena a esos avatares. "Si tuviera 30 años quizás estaría pensando en irme", concluye, agobiado por el contexto, pero sabiendo que su raíz está acá y que, fiel a sus principios, siempre elige seguir adelante haciendo lo que sabe: trabajar honestamente, con una mirada atenta a las necesidades de los demás. Algo que se traduce en su labor empresarial y en su perfil dirigente.


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