Perfiles pergaminenses

Liliana Rachow: la mujer que repara artefactos del hogar y la voz que se expresa en los coros


 Liliana en un alto de la tarea diaria recibió a LA OPINION

Crédito: LA OPINION

Liliana, en un alto de la tarea diaria recibió a LA OPINION.

En su rutina cotidiana conviven la tarea de reparar pequeños electrodomésticos y el entrenamiento en diferentes agrupaciones corales, al tiempo que aprender terapias alternativas y sanaciones holísticas. Cuerpo y alma puestos al servicio de brindarse a los demás, una cualidad que se inscribe en su biografía como algo que la define. 

Liliana Beatriz Rachow es pergaminense, hija de un papá alemán que había llegado al país siendo niño y una mamá con raíces extranjeras. En su negocio, "Centro Integral del Hogar", ubicado sobre avenida Rocha se dedica a la reparación de artefactos del hogar. Es, hasta donde sabe, la única mujer dedicada a este oficio que tomó de su padre y para el que se formó estudiando en "un mundo de hombres".

Acepta trazar su Perfil Pergaminense en un alto de la tarea. La mañana es lluviosa, pero Liliana está radiante, predispuesta a un diálogo en el que abre las puertas de su universo cotidiano, su historia y sus anhelos.

En primer lugar, habla de sus padres: "Mi papá, Joaquín, llegó a la Argentina con su mamá a los 7 años. Se establecieron en Capital Federal, donde había un hotel para inmigrantes. Mi abuelo había quedado en Alemania y recién cuando terminó la guerra la familia volvió a reunirse para iniciar una nueva vida", relata en el comienzo de la entrevista. "Cuando llegaron a Pergamino mis abuelos trabajaban como administradores de una estancia, fueron forjándose un porvenir, compraron su casa y ya se establecieron aquí".

 "Mi mamá, Aurora, también tenía raíces extranjeras. El papá era español y su mamá suiza-francesa, así que mis raíces son de inmigrantes", resalta honrando esa biografía que la define en su identidad. Creció en una familia conformada por sus papás, un hermano menor y sus abuelos Baldemar, Marta, Elvesia y Gervasio. Vivían en el barrio Belgrano que era "una zona de quintas que fue modificándose con el paso de los años".

Comenta que fue a la entonces Escuela N°77, hoy N°53, del barrio Centenario. "Allí hice la primaria y cuando tuve que seguir estudiando opté por el Colegio Industrial, no me gustaba la administración ni el bachillerato y siempre había tenido inclinación hacia las habilidades técnicas", refiere y recuerda que fue la primera mujer en estudiar en ese establecimiento educativo la carrera de técnico mecánico. "Fui la primera, recién a los dos años comenzaron a ingresar chicas".

"En esa época se estilaba que cuando estabas terminando la primaria te subían a un colectivo y te llevaban a recorrer todas las escuelas secundarias. Ahí elegías. A mí no me gustaba lo que enseñaban las otras escuelas, conversando con mi papá, me ayudó a optar por el Industrial", relata y confiesa que vivió momentos complicados porque su condición de mujer impactaba negativamente en un ámbito de varones: "Eran machistas y me hacían la vida imposible para que saliera de la escuela, pero no les di el gusto porque a mi me gustaba mucho y además tuve la suerte de que preceptores, profesores y el director de la escuela me ayudaran mucho y me cuidaban".

Reconoce que siempre sintió vocación y además pasaba tiempo con su papá que era técnico en refrigeración y él le enseñaba los secretos de armar y desarmar cosas, sin que faltara ni sobraran piezas. Quizás ese fue su impulso y el tiempo en el que forjó sus primeros aprendizajes: "El también tenía un negocio en el que vendía repuestos para artefactos domésticos y reparaba. Yo seguí sus pasos. Me decía: '¿Querés aprender?, comenzá a desarmar, pero fíjate bien como van las cosas'. Así empecé a desarmar y a la par estudiaba".

La reparación, su oficio 

La reparación de pequeños electrodomésticos y artefactos del hogar se transformó en su actividad laboral desde que egresó del secundario. En realidad, fue antes porque todavía estudiando, ya observaba la tarea que realizaba su padre. "Cuando terminé el colegio comencé de lleno a reparar y esa fue mi actividad desde entonces y hasta la actualidad. Al principio en el taller de mi papá y después seguí por mi cuenta".

"Hace 24 años que mi negocio funciona donde estamos ahora", refiere señalando el lugar en el que conviven electrodomésticos con otros productos del hogar que vende. Asegura que el oficio ha cambiado mucho, se ha perfeccionado para acompañar el cambio tecnológico que han sufrido algunos artefactos.

Más allá de lo que puede haber cambiado la composición o el modo de funcionamiento de algunos elementos, hay algo de lo artesanal que se mantiene en la reparación y Liliana honra esa tarea a la que le dedica buena parte de su tiempo, en la actualidad con la ayuda de su esposo e hijos.

"Aunque los tiempos han cambiado todavía hay gente que tiene reparos cuando le digo que soy yo la que hace la reparación de los artefactos. Sigue siendo en parte un mundo de hombres", menciona. Pero ya no la intimida ese prejuicio. Por el contrario, tiene a su favor la pericia que le han dado los muchos años de oficio y la fidelidad de clientes que con el paso del tiempo también han pasado "de generación en generación".

"Hoy tengo como clientes hijos y nietos de mis primeros clientes", señala con el orgullo de ver el camino transitado.

La vida familiar

Liliana está casada con Eduardo Giachino. Se conocieron en el Colegio Industrial. Iban a distintas secciones. Comparten la vida desde hace 38 años. Tienen tres hijos: Gabriel (37), Janett (34) y Jonathan (30). Es abuela de Zeus de 16 años. Todos viven con ella. Afirma que para la vida familiar es "la gallina con los pollitos". En esa apreciación encuentra la clave de una convivencia en la que comparten las buenas y las malas de la vida.

"Mi esposo es restaurador de muebles como mis hijos que también tienen formación técnica", comenta y reconoce que "los chicos me tiran una soga cuando tengo mucho trabajo en las reparaciones".

Le agrada que todos confluyan en intereses y caminos parecidos y que a su vez tengan sus propias inquietudes. Su familia es el pilar que sostiene todo lo demás y se muestra agradecida por la construcción de ese mundo afectivo íntimo en el que los suyos son imprescindibles.

"Tengo una hermosa relación con cada uno de ellos y con mi nieto que es como un hijo más para mí. Tenemos intereses parecidos, nos gusta hacer cosas, compartimos la vocación por el canto, lo mismo que con mi hermano", agrega en otro momento de la charla.

Sus pasiones

La rutina laboral de Liliana le ocupa toda la mañana. Intenta, aunque no siempre lo consigue, que las tardes le queden libres para poder dedicarse a otras cosas que ama. "Tengo dos cables a tierra", refiere y cuenta: "Desde hace diez años estoy aprendiendo Terapias Alternativas, lo que hoy se conoce como Sanaciones Holísticas. Y además canto en diversos coros".

En relación a las sanaciones, señala que ha sido un recorrido personal iniciado en la búsqueda de algunas respuestas. "La vida me fue llevando, lo hago a distancia, pero espero algún día poder tener un lugar donde poder hacerlo de manera presencial", señala y recuerda que comenzó a indagar en esta cuestión y a interesarse por aprender a partir de haberse contactado con gente que hacía Reiki. "La curiosidad me fue llevando, y la inquietud de entender el por qué de ciertas cosas. Las respuestas vienen llegando".

También desde hace diez años integra distintos coros. "Nunca había cantado ni se me había ocurrido. Comencé en coros chicos, en Mariano H. Alfonzo, después en un coral cámara. Actualmente en el Coro Italiano, en el Coro Polifónico. Durante un tiempo también viajé a Colón en el Coral de Colón y en un coro catalán en Capitán Sarmiento. Y desde hace un año estoy en el Coro Lírico de Rojas".

Viaja para tomar sus clases y cuando tiene alguna presentación. Hay un entorno familiar que aunque "está en la onda moderna", acompaña esa pasión de Liliana, que asegura que "cantar le proporciona una satisfacción enorme".

"Es algo que te transforma, te transporta", enfatiza. Y prosigue: "En el coro lírico no solo cantamos, no lo hacemos como coro, sino que cantamos y actuamos, interactuando con los actores principales de una obra. Esa ha sido una experiencia increíble, yo nunca había hecho teatro, pero te enseñan y aprendes. Es como volar para mí".

Aclara que en el presente también sigue con las actividades en el Coro Polifónico y en el Coro Italiano. "Siempre estoy entretenida", resalta y asegura que estas actividades al tiempo que le han permitido entrenar la voz, le han abierto las puertas de un entorno social que valora sustancialmente. "Soy una mujer de muchos amigos, el negocio y los coros me han nutrido de relaciones hermosas". 

"En los coros se habla solamente de música, no hay mala onda, no hay vicios, es gente de bien que me ha hecho muy bien", destaca y menciona quien la acercó al canto coral fue su hermano, con quien comparte esta actividad aún en el presente. "Yo nunca había cantado y vencí muchas barreras para poder hacerlo. Uno tiene que aprender a expresarse ante los demás y el coro es además, una actividad colectiva", señala.

Afirma que su forma de ser, colaboró en el recorrido porque nunca sintió timidez ni se intimidó ante el público. "Nunca fui tímida, así que ese modo de ser mío, me ayudó", añade y aprovecha la oportunidad para agradecer a sus compañeras y compañeros y a sus profesores que tanto le han enseñado del uso de la voz y de la vida. 

"Me siento realmente agradecida a la gente que conocí en los coros y a las personas con las cuales me relaciono en esa actividad. También a mis profesores, al director del Coro Polifónico y el Coro Italiano, Diego Morán, y mis profesores del Coro Lírico de Rojas, Melisa Opisacco; y a los docentes Facundo Zacco y Paula Alba que vienen del Colón de Buenos Aires y con su talento y rigurosidad nos enseñan tanto".

Brindarse a los demás

Cuando la charla promedia, comienzan a llegar clientes y proveedores. La rutina cotidiana cobra su ritmo y Liliana se dispone a la tarea. Lo que hace brinda un servicio a los demás. Le gusta el trato con la gente. Y disfruta de los ritmos del barrio donde está emplazado su comercio desde hace más de dos décadas. "Yo vivo en el centro, pero paso mis mañanas aquí", sostiene mientras atiende. Le gusta Pergamino, aunque imagina que quizás en el futuro la vida pueda llevarla a otros lugares. "Siempre tuve la fantasía de envejecer en un lugar como San Luis o Córdoba que me encantan". Son lugares que tienen la energía de las sierras y la armonía, algo que Liliana valora como atributos del vivir. 

Brindarse a los demás en lo personal, en lo laboral y en la vida pareciera ser parte de su ADN y no es casual que en lo laboral haya elegido una actividad que resuelve cuestiones de la vida cotidiana de la gente. Sus manos reparan aquello que se rompe. Y en lo personal, tampoco parece casual que su vida se haya nutrido de otros saberes que también brinda a los demás, en lo alternativo de una terapia que aplica para el bienestar propio y de los otros y en lo coral, donde su voz expresa también algo del "hacer bien" a los demás.


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