Perfiles pergaminenses

Jorge Eduardo Sabas: la historia de un árbitro de fútbol y policía que siempre fue fiel a su modo de ver la vida 


Jorge Eduardo Sabas trazó su Perfil en dilogo con LA OPINION

Crédito: LA OPINION

Jorge Eduardo Sabas, trazó su Perfil en diálogo con LA OPINION.

Logró hacer coincidir la vocación y la pasión en cada actividad que realizó. Se jubiló siendo jefe de la Oficina de Operaciones de la Jefatura Departamental, luego de una nutrida carrera. En lo deportivo, ejerce el arbitraje desde hace más de cuarenta años. Y en la esfera personal, es alguien que aprendió de los errores y tomó las dificultades como impulso para crecer.

Jorge Eduardo Sabas es policía ya retirado de la fuerza y árbitro de la Liga de Fútbol de Pergamino. Ambas actividades convivieron a lo largo de los años y la enorme satisfacción de poder hacer aquello que respondía a su vocación y a su pasión. Más allá de su desempeño conocido públicamente en ambos terrenos, su historia de vida es el testimonio de un hombre que ha hecho la tarea de conocerse a sí mismo, que ha tomado cada experiencia de la vida como una oportunidad de tomar el aprendizaje y capitalizarlo para construir su mejor versión de sí mismo.

Acepta trazar su Perfil Pergaminense y lo hace con la honestidad de aquellas personas que dicen lo bueno y lo malo sin guardarse nada. Nació el 22 de noviembre de 1963 en Pergamino, vivió en el barrio Ameghino, en el seno de una familia de gente de trabajo. Creció en el barrio Ameghino y tuvo la fortuna de vivir con sus abuelos paternos. "Mis padres fueron Angel y Olga; él empleado de Obras Sanitarias y carpintero; ella ama de casa, costurera y limpiaba en casas de familia", cuenta con orgullo y menciona a sus hermanos: Walter, Germán y Valeria.

Habla con emoción de sus abuelos: "Fueron como mis segundos padres. Salomón Elías era sirio libanés y Victoria tenía una sonrisa hermosa y el pelo muy blanco".

"Mi abuelo era una persona con nada de estudio y muy sabio de la vida. Aún hoy recuerdo estar sentado en su falda, él hablándome y ella sonriendo cuidándome como si fuera su bebé", relata y esa postal define su infancia.

Agradece haber tenido una familia presente. "Mi padre trabajaba mucho y mi mamá estaba para todo, en la comida, en las siestas, en la compañía hasta la escuela. Y mis abuelos fueron imprescindibles, el agua que hace florecer la semilla o la vara que sostiene el tronco".

Cuenta que fue a la Escuela N° 22. Allí conoció a compañeros inolvidables y excelentes maestras: "Nos cobijaban y nos aconsejaban para la vida, sin adoctrinarnos". 

"Me gustaba jugar al básquet en mi amado Club Ameghino. También me gustaba el fútbol y jugué en Racing de Pergamino un tiempo breve".

Hizo el secundario en el Colegio Comercial. "Fue un paso importante, un salir a la vida", refiere y señala que en aquel tiempo "las diferencias entre clases sociales estaban muy marcadas".

"Nosotros éramos humildes, ricos en enseñanzas y humildes en dinero. Y el secundario era un lugar en el que las diferencias se expresaban. Confluían en el Colegio todas las clases sociales y eso te hacía sentir bien en ocasiones, y en otras circunstancias mal, fue un gran aprendizaje", expresa y comenta que terminó el secundario de noche y rindió para estudiar Medicina.

"Mi padre tuvo un accidente, así que decidí quedarme en Pergamino. Con la sabiduría que dan las canas, hoy sé que en realidad nunca quise irme de la ciudad porque me gustaba mucho Pergamino y me gustaba la noche, salir con mis amigos. Teníamos un grupo hermoso y una juventud muy sana".

Cuenta que iba tanto a los clubes como a los boliches y recuerda las tertulias del Club Sirio, Fedra, Noé, Boliche. "Fue una época hermosa y sana de la noche de Pergamino".

Jorge menciona que ya estando en el secundario había comenzado a trabajar. "Fue una enseñanza que tomé de mis padres. En mi casa siempre se trabajó. Además, me puse de novio siendo muy joven y me casé a los 20 años, así que organicé tempranamente mi vida laboral y familiar".

Fruto de su matrimonio nacieron sus tres hijas mayores: Natalia Jorgelina (38), casada con José; Jesica Florencia (35), casada con Diego; y Erica Mariana (32), soltera. Es abuelo de Charo, Samia y Malek.

"Antes de que ellas nacieran yo trabajaba en una carpintería, también fui peón de albañil y pintor de obras", describe y refiere que la dinámica de su vida laboral se fue consolidando a medida que iba buscando posibilidades en distintos espacios. "Rendí para ingresar a trabajar en dos bancos el Hipotecario, el Banco de los Arroyos y la Cooperativa Eléctrica y en paralelo hice los trámites para ingresar en Policía". 

Ser policía, una vocación

Ingresó a la Policía de la Provincia de Buenos Aires y descubrió en esa actividad una verdadera vocación. "Al año de estar en la fuerza me llamaron del banco, pero dije que no. Me encantaba lo que hacía".

"Ser policía es vocación, servicio, sentimiento, amor por lo que uno hace, es dar a los demás", relata en una apreciación que expone claramente un modo de concebir la tarea: "El policía es abogado, medico, padre, madre, enfermero. Llegas a un conflicto y no sabes con lo que te vas a encontrar".

Su pertenencia a la fuerza le permitió recorrer un camino de crecimiento. "Comencé en la comisaría Primera, me fui capacitando para poder cumplir distintas funciones. Después me trasladaron a la subcomisaría Segunda, estuve en el destacamento de Acevedo. Durante unos meses me trasladaron a la seccional 5° de Florencio Varela y regresé para trabajar en la Radio Estación de Policía como radio operador en Pergamino y San Nicolás.

La inundación

Sus vivencias como policía son infinitas. Pero hay hechos que quedaron grabados en su memoria por lo que representaron en su biografía personal y en la historia de la comunidad. Uno de ellos fue la trágica inundación de 1995. "Fui uno de los tantos policías que estuvimos trabajando en esa emergencia, sin descanso, sin relevos y viviendo a la par de cada vecino y de nuestras propias familias lo que estaba pasando".

"Yo fui operador, trabajaba con cinco equipos a la vez. Fue una experiencia desafiante que me enseñó mucho. Cobra una relevancia total para el alma el haber podido prestar servicio en circunstancias tan complejas. Hay relatos que nunca pude sacar de mi memoria fue muy traumático para todos", relata y lamenta que el personal policial nunca haya recibido el reconocimiento debido por esa tarea.

La jubilación

Se jubiló de la fuerza tras cumplir 35 años de servicio. Reconoce que no fue una decisión fácil de tomar y que no se fue del modo en que podía haberlo imaginado. "No pude prepararme, no hice el luto", asegura y comenta que en ese tiempo y durante sus últimos veinte años de ejercicio profesional había trabajado como jefe de la Oficina de Operaciones de Policía en la Jefatura Departamental. "No me fui bien, de la fuerza, lo reconozco, y me quedó esa sensación desagradable de haberme podido ir mejor. Yo me quería ir de otra forma porque le di mucho a Policía, me hubiera gustado una transición más ordenada, pero no fue posible", agrega admitiendo que esas circunstancias le dejaron "un sabor amargo".

El arbitraje

Desde antes de ser policía, es árbitro de fútbol para la Liga de Pergamino. "Hace cuarenta y un años que me dedico al arbitraje de todas las categorías", afirma. Confiesa que fue una actividad que le gustó desde siempre e hizo el intento de ingresar incluso antes de que se lo permitieran: "Siempre me acuerdo que a los 17 años me presenté en la Liga y le dije a Pedro Colabella y a Carlos Trebino que quería ser árbitro. Me respondieron que volviera cuando usara pantalones largos. Les tomé el consejo y al año siguiente volví. Hice el curso y ejercí el arbitraje ininterrumpidamente desde entonces".

Las anécdotas que recrea hablan del desempeño en las canchas, pero dicen más de lo que para él representa el deporte. "Los árbitros en verdad impartimos injusticia, porque nunca hay una única verdad, pero yo tuve la fortuna de disfrutar de la época dorada del fútbol de Pergamino y del arbitraje".

"Estuve cuando el fútbol se jugaba. Hoy es más físico, muy táctico, se corre mucho y se juega poco. Aparece un habilidoso y todos creemos que es Messi. Antes ibas a la cancha y encontrabas tres habilidosos por equipo y los demás acompañaban, Había un profundo respeto por el juego y por las personas adentro y afuera de la cancha. Se jugaba con temperamento, pero con buena fe. Hoy van a romperse", afirma, lamentando lo que ocurre fundamentalmente en las divisiones inferiores donde se ejerce una fuerte presión sobre jugadores que son muy chicos y dejan de disfrutar. "A los chicos se les exige mucho y ellos mismos se exigen, no se divierten, no disfrutan ni son felices. Así olvidan que el fútbol es aprendizaje para la vida", reflexiona.

Su historia personal

Divorciado de su primer matrimonio, Jorge formó pareja con Natalia y fruto de esa relación tuvo dos hijas: Delfina (16) y Constanza (13). "Así se fue ensamblando mi familia, las chicas tienen muy buena relación con sus hermanas mayores y las une un vínculo afectivo".

"Lamentablemente me separé de la mamá de mis hijos, luego tuve un hijo varón, Lorenzo de 6 años, con el que tengo menos relación", cuenta. Y reserva para sí situaciones que son parte de su universo privado. Solo se atreve a señalar que tiene el deseo y la tarea de reparar el vínculo con ese niño. "Sé que la vida nos va a permitir eso en algún momento", agrega.

"Actualmente vivo solo, me gusta ver fútbol, soy hincha de Independiente. También me gusta ver basquetbol. Paso tiempo con mis hijas, tengo pocos amigos, pero incondicionales, y una infinidad de gente conocida con la que me gusta compartir momentos", dice, al describir su presente.

Y cuando la entrevista casi finaliza, la conversación se introduce en aspectos constituyentes de su propia biografía. La pregunta lo invita a definirse a sí mismo. Y la respuesta es honesta: "Diría que soy un buen tipo, que en el aprendizaje he cometido errores, que reconozco que esas equivocaciones han hecho sufrir a personas queridas", expresa. 

"Afirmaría que soy un hombre que ha mentido, y alguien a quien la vida le ha enseñado a tener otros valores. Esos valores son los que me transforman en este que soy hoy, un tipo genuino que trata de construir su mejor versión para poder quererse y para brindarse a los demás", concluye, en una apreciación que habla de él, pero también dice mucho del bagaje de experiencias y valores de los que se nutre para vivir este tiempo de la vida.


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