Perfiles pergaminenses

Carlos Acha, un hombre que supo forjarse un destino confiando en su capacidad de trabajo


Carlos Acha dialogó con LA OPINION para trazar su Perfil (LA OPINION)

Crédito: LA OPINION

Carlos Acha dialogó con LA OPINION para trazar su Perfil. (LA OPINION)

A lo largo de su vida realizó distintas actividades, algunas en espacios emblemáticos de la ciudad, como el Club Sirio Libanés o el Club Social. Hoy es coordinador en una agencia de remises. Fue un impulsor de la culminación de las obras del Complejo Docente, donde actualmente vive, y siempre se mostró predispuesto a tomar desafíos, pensando en progresar.

Carlos Osvaldo Acha es quien traza hoy su Perfil Pergaminense. Lo hace con la disposición de aquellos que aceptan recrear en una charla parte de su historia de vida compartiendo recuerdos, vivencias y anhelos. En el comienzo de la conversación que se desarrolla en la Redacción de LA OPINION habla de su primera infancia vivida en San Miguel de Tucumán, donde residió hasta sus 5 años. "Mi padre se llamaba Carlos, era porteño pero su familia vivía en Tucumán, así que mis viejos se habían establecido allí buscando forjarse un porvenir". 

"Mi madre es pergaminense, hoy tiene 95 años. Estando en Tucumán, cuando comenzaron a escasear las posibilidades de trabajo le propuso a mi padre volver a Pergamino y así sucedió. Yo tenía 5 años; mi hermano José Antonio, 3; y mi hermana Juana Marta, apenas unos meses. Mi madre siempre fue ama de casa y mi padre fue electricista y trabajó mucho tiempo en el Hospital Antonio Rodríguez Jáuregui", cuenta Carlos.

Refiere que cuando llegaron a la ciudad se instalaron en la casa de sus abuelos maternos -Antonio y Sara- en calle Pinto, próxima al edificio del viejo Hospital San José, donde tenían un almacén. Varios pasajes de su niñez transcurrieron en esa zona, por ejemplo, cursando sus estudios en la Escuela Nº 22. Pero antes de terminar sexto grado comenzó a trabajar: "Mis padres no tenían recursos suficientes para costear mis estudios secundarios, así que me conseguí un empleo en Repuestos Estándar, que funcionaba en avenida Julio A. Roca 441, teléfono 146", rememora al detalle.

Habla de una de las casas de venta de repuestos más importantes de la ciudad en aquel tiempo: "Su dueño fue uno de los grandes periodistas que tuvo el Diario LA OPINION y una calle de la ciudad lleva su nombre: Gualberto Alvarez".

"Trabajé allí durante dos años. Después entré a trabajar en la carpintería de Don Antonio Gómez que funcionaba en Lagos, entre Alberti y Doctor Alem. Allí trabajaba como lustrador de muebles, pero tuve que dejar porque me hacían muy mal para mi cuadro de alergia los productos que se utilizaban", refiere. Y prosigue: "Siempre buscando trabajar, ingresé en la fábrica de Genoud, en calle Rocha, donde hacíamos cajones de bebidas gaseosas".

Recuerda que en su juventud era fácil conseguir trabajo en Pergamino: "El que quería, podía hacerlo, la ciudad era muy pujante y había posibilidades de empleo".

Ingresando en el plano personal, confiesa: "Nosotros éramos chicos cuando mi padre se separó de mi madre y se fue a Tucumán. Nos quedamos solos, teníamos que sacar nuestra familia adelante, así que no solo yo que era el mayor sino que mis hermanos también desde chicos salieron a trabajar".

El club

En otro momento de su vida, Carlos ingresó a trabajar en el Club Sirio Libanés como encargado del bufet. "Fue una época en la que había mucha vida social en el club y a mí realmente me fue muy bien".

"Manejaba el buffet con mi socio Héctor Ciganda. Después me quedé como mozo en la sala de juegos del club y tuve la suerte de atenderla durante muchos años, era una actividad con la que ganaba muy bien", menciona. En aquel tiempo su rutina laboral comenzaba al mediodía para atender el buffet y continuaba a la noche hasta entrada la madrugada en la sala de juegos: "Esa era mi ganancia mayor. Se jugaba al gofo, al póker y la chancha. Y en el salón, al chinchón, al dominó y al casín".

Una nueva etapa

"Estuve de 1962 hasta 1982 en el Club Sirio. Cuando salí comencé a trabajar por cuenta mía; me dedicaba a hacer fiestas y cumpleaños. Estuvimos en el Club Social con 'Fino' Rocha, haciendo casamientos y cumpleaños. Cuando el trabajo mermó un poco, un día me encontré con Ricardo Repetto, propietario del Hotel Terrazas, y me propuso realizar algunas tareas en la terminación del hotel", señala.

"Como yo tenía conocimientos hice el plastificado de todos los pisos y otras tareas, estuve hasta el momento de la inauguración ultimando detalles para que todo estuviera a punto", refiere.

Fruto de su vínculo con el hotel a los pocos días se haber terminado su trabajo, lo llamaron para ofrecerle la conserjería. "Fui conserje del Terrazas durante cuatro años en el turno noche".

Asegura que tenía experiencia para desempeñar ese rol porque por épocas había viajado para hacer temporada en muchos hoteles de Mar del Plata, en el Llao Llao de Bariloche, en Mendoza, en el Internacional de Puerto Iguazú.

Cuando dejó la conserjería, le propusieron tomar a su cargo la confitería del hotel. "Tomé el desafío, la única condición que puse fue contar con los implementos necesarios y que me dieran el servicio de desayuno de los huéspedes. Llegamos a un acuerdo y con parte de lo que me correspondió en concepto de indemnización por la conserjería compramos algunos insumos y empecé a trabajar".

Guarda de ese tiempo muchas anécdotas y experiencias. Siempre le gustó el trato con la gente y el servicio. "Lamentablemente con el tiempo fueron surgiendo algunas tensiones y ya nada fue lo mismo. Respetamos el contrato que era por dos años, busqué asesoramiento legal y cuando conseguí que se saldaran las diferencias, me fui del hotel del que guardo lindos recuerdos".

Trabajar, siempre

En su testimonio se percibe su capacidad de adaptarse a las distintas circunstancias que le presentó la vida y también la versatilidad con la que asumió diferentes tareas, desde la casa de repuestos, el servicio gastronómico hasta su labor en el Banco de Crédito Argentino, donde también trabajó cuando Perfumo era el contador y Zanoni el gerente de la entidad que funcionaba donde hoy está el banco Comafi.

"Cuando me fui del Hotel comencé a trabajar por mi cuenta, hasta que ingresé como coordinador en la agencia de remis TE-LE-RE, donde estuve cuatro años, luego cumplí la misma tarea en otra agencia que era de un familiar del dueño de la anterior y finalmente hace más de seis años estoy en Remis Peatonal, también como coordinador", comenta. "Es una remisería que trabaja muy bien porque está muy bien ubicada, en un lugar estratégico de la ciudad donde circula mucha gente y hay mucha actividad comercial".

Afirma que le gusta lo que hace. "Me gusta cumplir y siempre estoy predispuesto al trabajo", sostiene este hombre que actualmente vive en el Complejo Docente, un proyecto en el que trabajó activamente en las gestiones para que se pudiera construir. "Fue en la adminsitración de Alcides Sequeiro que comenzó lo que parecía una misión imposible. Tuve participación activa en la construcción del Complejo, hice todas las gestiones durante el mandato de Alcides, a quien acompañé desde mi lugar de militancia y sin aspirar a ningún cargo. Y finalmente en el año 1995 pudimos entregar esas viviendas del lugar en el que actualmente vivo".

Reconoce que le encanta la política, pero no es de su agrado el modo en que se maneja la dirigencia. "Hay cambios de raíz que hay que hacer para que este país cambie", sostiene y se identifica en sus principios ideológicos con "la vieja rama del justicialismo". "No la de hoy que a mi entender deja mucho que desear", recalca.

Su vida personal

Es reservado al momento de hablar de su vida personal. Pero cuenta que tuvo tres matrimonios. "Mi primera mujer no podía tener hijos, ese representó un problema para ella, yo nunca le exigí nada, hicimos algunos intentos, pero no pudo ser. Finalmente nuestra pareja se desgastó y nos separamos. Hoy conservamos una buena relación. Luego tuve dos parejas más que duraron algunos años, pero ya no intenté ser padre, era más grande y también ellas tenían su vida resuelta y sus propios hijos".

"Hoy mantengo una relación y estoy muy bien, pero vivo solo", agrega.

Cuando habla de la paternidad reconoce que le hubiera encantado ser padre, pero acepta que no fue la voluntad de Dios que lo lograra. "De chico siempre fantaseaba con la idea de ir caminando por la calle y tener que darme vuelta para ver los hijos que podía traer a tiro", confiesa. "Pero al que Dios no le da hijos, le regala muchos sobrinos", refiere y asegura que ese es su caso.

"Mi hermana tiene dos hijos, Andrea Inés y Ariel Fernando Violante. Andrea tiene tres hijos, dos varones y una nena. El mayor ya le dio un nieto que es tataranieto de mi mamá. Mi hermano tiene a José Antonio Brian y Josefina Susana. El varón tiene un nene y una nena y mi sobrina está embarazada de mellizas. Son sobrinos nietos. Con todos tengo relación y me hace muy feliz tenerlos en mi vida", expresa y reconoce que con sus hermanos siempre fueron unidos. "Podemos estar distanciados, pero cuando a alguno le pasa algo, ahí estamos todos".

A mano con la vida

Restableció de grande la relación con su padre, que ya está fallecido hace varios años. "Cuando me avisaron mis primos de su muerte, ya lo habían sepultado", agrega.

"Mi madre tiene 95 años. Ella tuvo un segundo matrimonio, enviudó en 1983 y ya nunca rehízo su vida de pareja. Siempre nos hizo saber que, con tenernos a nosotros, para ella ya era suficiente", refiere.

Cuando no está trabajando le gusta ir al Club Sirio a jugar al casín, al chinchón o al truco. "Me gusta el deporte, soy fanático de cualquier argentino de cualquier deporte que representa al país en el mundo", confiesa. "Jugué al fútbol en la quinta de Douglas, pero una lesión me desanimó a seguir. Jugábamos en la segunda cancha del club que nos quedaba a media cuadra de casa. Ibamos a practicar y cuando terminábamos nos íbamos a la esquina a seguir jugando", recuerda.

Próximo a cumplir 76 años en el mes de noviembre, acepta con serenidad el paso del tiempo. Cuando la charla lo convoca a mirar de manera retrospectiva la vida transcurrida, todo ha sucedido para enseñarle algo. "Al que Dios no le da estudio, le da inteligencia para trabajar. Mi madre siempre nos dijo eso y es lo que hemos tenido con mis hermanos: el trabajo ha sido el motor", concluye, con el gesto de tranquilidad que dejan ver aquellas personas que se sienten a mano con la vida.


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