Perfiles pergaminenses

Tabor: una empresa familiar líder en la fabricación de llaves


Sergio y Héctor Naim trazaron el “Perfil” de Tabor en un recorrido por vivencias empresariales y familiares

Crédito: LA OPINION

Sergio y Héctor Naim trazaron el “Perfil” de Tabor, en un recorrido por vivencias empresariales y familiares.

Hoy nuestro Perfil no recorre la vida de un vecino sino la de una marca que ya cuenta con 83 años. Desde las llaves de bronce hasta las de polímero, pasando por sus reconocidos candados, Tabor anduvo un camino no exento de las dificultades que implica producir en Argentina, sostenida en el trabajo de una familia que desde el primer día puso inversión y compromiso.

Sergio y Héctor Naim son primos hermanos y los responsables actuales de Tabor, la fábrica de llaves que nació en el año 1938 y que está en Pergamino desde 1981, cuando Antonio y Angel Naim –sus respectivos padres- se la compraron a su tía Delia Ganem. Hasta ese momento la empresa funcionaba en Capital Federal y tras la decisión de los hermanos Naim se estableció en Pergamino. La fábrica tiene la impronta de los emprendimientos que han sabido posicionarse en el mercado, que han mantenido la tradición como un sello de calidad, pero que al mismo tiempo han sabido innovar y reinventarse.

"Como marca Tabor existe hace 83 años", refiere Héctor en el comienzo de la entrevista. "Somos dueños de la marca desde 1981 y desde ese momento está en Pergamino", agrega.

La empresa fabrica llaves para el país con el sello de calidad que le imprimen. (LA OPINION)

Sergio cuenta que en los comienzos el emprendimiento se instaló en un galpón del Segundo Cruce. Hoy funciona en el corazón del barrio Centenario: "Cuando la fábrica se mudó a este lugar se construyó el primer galpón y tenía una dimensión bastante más pequeña que la que posee en la actualidad".

Ambos destacan la tarea que llevaron adelante sus padres Angel y Antonio y el ritmo de trabajo que le imprimieron a la fábrica para posicionarla en un lugar de referencia. También hablan de sus madres, Ana María Villalba y Teresa Carlotto, que siempre acompañaron y sostuvieron con dedicación el cuidado de sus familias.  

"Angel y Antonio trabajaron a destajo en la fábrica y pusieron en ella sus energías", señalan Sergio y Héctor y comentan que desde hace unos años Angel ya no está vinculado a la actividad por cuanto está abocado al manejo de otro emprendimiento familiar- el Raíces Hotel-. Antonio sigue vinculado, aunque la pandemia le impuso un ritmo distinto a su actividad. "Recién ahora está volviendo a retomar el contacto con los clientes, que siempre fue su tarea en la fábrica", refiere su hijo Sergio.

Trabajar en familia

Si bien el testimonio de los responsables de Tabor hace referencia a la rigurosidad del proceso de producción y las particularidades que tiene la actividad empresarial, en todo momento lo familiar irrumpe en la conversación casi como un sello de identidad. Son familia y viven con orgullo la posibilidad de trabajar juntos en el desarrollo de una empresa que cuenta muchos años de historia.

Héctor está en la fábrica desde siempre. "Empecé a trabajar a los 15 años cuando dejé el Colegio Industrial. Hoy tengo 52 años, así que hace mucho tiempo que estoy vinculado al negocio".

Sergio tiene 48 años, estudió la Licenciatura en Sistemas en Rosario y cuando terminó la carrera trabajó en Buenos Aires. Regresó a Pergamino a fines de 2007 y a principios de 2008 se integró a la vida de la fábrica, donde trabaja desde entonces. Ambos le han puesto pasión y compromiso a la tarea y han tomado grandes desafíos. 

"Cuando mi viejo compró la fábrica era un emprendimiento más chico, fabricábamos llaves tipo Yale. Empezamos a fabricar candados y cerraduras y lo hicimos hasta el año 1991 en que comenzaron a ingresar los candados importados de China y era imposible competir. En ese momento nos ofrecieron una planta para fabricar llaves doble paleta, la compramos, la instalamos en Pergamino y la gente que teníamos abocada a la fabricación de candados, la volcamos a la fabricación de llaves", comenta Héctor describiendo una de las tantas instancias de crecimiento de la empresa que hoy emplea a 32 personas. 

Una innovación

A principios de 2010 comenzaron a fabricar llaves doble paleta de polímero. Son conocidas en el mercado como "las llaves de colores" y representan una innovación surgida de la idea de evolucionar, y de dar saltos de calidad en el proceso de producción en coincidencia con "el cambio de los tiempos".

"Las llaves de polímero son una verdadera innovación, es una idea nuestra que salió de acá y que no está en el mundo", destaca Sergio señalando a Héctor como el hacedor de un producto que nació siendo "apenas una idea" y terminó transformado en algo que obligó a ampliar la planta y a diversificar procesos de producción.

"Me involucré en esta idea, comenzamos a hacer pruebas, alguna matricería, realizamos los primeros ensayos hasta que nos contactamos con la gente de DuPont Argentina. Les encantó la idea, terminamos de desarrollar el material con ellos y salimos al mercado con este producto que supone un proceso de fabricación más económico y con muchos beneficios en términos de practicidad", relata Héctor.

En esta línea, es Sergio quien refiere que en el momento que idearon la fabricación de llaves de polímero ya había muchas dificultades para conseguir bronce. "Esa fue otra cuestión que nos motivó a buscar procesos de fabricación que se complementaran con lo que históricamente veníamos haciendo", acota.

Lo que surgió fruto de esa innovación es un producto que distingue a la marca y le aporta un plus. "Es una llave totalmente distinta, en el peso, en los colores. Tiene muchas ventajas y también en la fabricación posee sus beneficios por cuanto, entre otras cuestiones, es un proceso que no tiene efluentes, como si los tiene el bronce, es decir que es un modelo de producción muy amigable con el ambiente", agregaron los socios de Tabor, en un alto de la rutina de trabajo. 

De Pergamino, al país

Los clientes de la empresa son distribuidores mayoristas y es a través de ellos que las llaves que fabrican -un promedio de entre 850 y 900 mil mensualmente- llegan a los cerrajeros de todo el país, e incluso a algunos países limítrofes. 

"La base de nuestra actividad está en Pergamino, aquí funciona la fábrica. En Capital Federal tenemos una oficina de venta y distribución y desde allí despachamos a todo el país", refiere Sergio. Junto a su primo y socio destaca la fidelidad de los clientes. 

Tabor es la única fábrica de llaves que funciona en la ciudad y es quizás la más importante del país por su escala de producción: "En el país hay algunas otras, pero son más chicas y no fabrican toda la línea de llaves como hacemos nosotros", afirman con legítimo orgullo.

Desde el punto de vista empresarial, afirman que la actividad no es ajena a los avatares de la economía del país. "Es difícil sostenerse, es complicado conseguir materia prima, los precios aumentan todas las semanas por la inflación y no hay previsibilidad para poder proyectar en el largo plazo, pero tenemos la responsabilidad de ser una fábrica que da trabajo a muchas familias y hacemos a diario el esfuerzo de seguir adelante", reconocen y lamentan que en el país las reglas del juego no sean claras.

El mejor aprendizaje

En el presente la energía se concentra en sostener lo que han construido y proyectar mejoras que acompañen el futuro. En cada decisión que toman recuerdan que son familia y las determinaciones van acompañadas de esos valores. "Trabajar en familia no ha sido complejo para nosotros, nunca hemos tenido conflictos. Estamos contentos de ser familia y de ser socios y tirar para adelante del mismo carro sin especulaciones", sostiene Sergio.

Para llevar adelante la tarea tienen su capacidad y lo que han tomado de sus padres como enseñanzas. "Aprendimos mucho de ellos y hasta el día de hoy los seguimos consultando para tomar algunas determinaciones", refieren. "Ellos son parte de una generación que ha hecho del trabajo el pilar de la vida y nosotros crecimos con esa impronta", afirman.

Bien pergaminenses

Quizás también tomaron de ellos el apego por la ciudad. Ambos tienen sus familias conformadas aquí y no imaginan otro lugar para proyectar sus vidas. Héctor está casado con Viviana Ayiyi, con quien tiene dos hijos Facundo (22) y Marcos (17). "Facundo está en la parte de matricería de la fábrica y Marcos está terminando la secundaria", cuenta Héctor.

Sergio está casado con Fernanda Compiano, con quien tiene a Ignacio (18) que está en primer año en la UBA y Sofía (14) que está en tercer año de la secundaria.

"Pergamino es nuestro lugar, hemos nacido y crecido aquí y siempre nos han tratado bien", resaltan y mencionan que la ciudad es el único lugar en el que venden de manera directa a los cerrajeros: "Por una cuestión de cercanía abastecemos de manera directa a casi todas las cerrajerías de la ciudad y con todos los cerrajeros tenemos una excelente relación".

Un legado

Tanto Héctor como Sergio se muestran orgullosos de haber elegido trabajar en familia. Fantasean con la idea de la continuidad generacional y piensan que algún día quizás sean sus hijos quienes tomen la posta. Pero saben también que las nuevas generaciones tienen otro modo de ver la vida y son respetuosos de las decisiones que tomen para transitar su propio camino. Para los dos igualmente el retiro de la actividad laboral está lejos. Se sienten privilegiados de haber tomado la decisión de involucrarse en la empresa familiar, sabiendo que el futuro estaba ahí. Ser los responsables de Tabor, y haber hecho de ese sello lo que hoy representa, es honrar a diario ese legado. 


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