Perfiles pergaminenses

Omar "Marlo" Mijich, la contracción diaria al trabajo y el automovilismo como vivencia inolvidable


Mijich hizo un recorrido por su historia de vida en una charla con LA OPINION

Crédito: LA OPINION

Mijich hizo un recorrido por su historia de vida en una charla con LA OPINION.

Desde niño le gustaron los autos. Fue copiloto de carreras que se corrían en el triángulo chico. Aunque asegura que "fue un berretín de juventud", nunca abandonó su amor por los fierros. Desde hace 19 años trabaja en Forte Car. Su historia tiene la sencillez y la riqueza de aquellos que han vivido cada experiencia con pasión.

Omar Osvaldo Mijich, "Marlo" como muchos lo llaman desde que era niño, se reconoce cómodamente en ese apodo porque refiere a un modo de peinarlo que utilizaba su madre y que motivaba que a la vista de algunas personas sus "rulos" parecieran "marlos". "Desde que tengo memoria me llaman así; es más, conservo aún las fotos de cuando era chico y veo con claridad que mi madre me peinaba de un modo particular", señala en el comienzo de la entrevista este hombre de 70 años que nació en Pergamino el 12 de marzo de 1951, en el barrio Trocha-Desiderio de la Fuente, más precisamente en calle San Luis al 200. Guarda lindos recuerdos de la infancia y de los juegos con amigos con los que forjó lazos perdurables. Fue a la Escuela Nº 6, y entre sus compañeros menciona a "Chulengo" Riera –nuestro anterior Perfil- y a otros tantos con los que compartió aventuras y más de una travesura. 

Su padre fue Cándido Mijich, empleado ferroviario –de allí su zona de residencia, seguramente-. Su madre Julia Algañaraz, ama de casa. Ambos ya han fallecido. Lo mismo que algunos de sus hermanos. "Tuve dos hermanos del primer matrimonio de mi padre, ambos murieron. Y yo soy el mayor del matrimonio de mis padres y luego llegaron dos hermanos más. Con todos siempre me unió una buena relación", señala. También menciona a sus abuelos y las raíces inmigrantes de su familia: "Mi abuela paterna era italiana, mi abuelo, austriaco. Mi abuela materna era gallega y mi abuelo tenía una mezcla. De todos ellos seguramente tengo muchas cosas, el carácter, la determinación, el arraigo a mis raíces", reflexiona.

Cuenta que no tuvo posibilidad de seguir estudiando porque cuando durante la época de Frondizi comenzaron a hacerse algunos ajustes en el Ferrocarril su padre, que era guarda, pasó de cobrar 100 a cobrar 20, y la economía familiar se resintió. "En aquel tiempo era difícil pensar en estudiar, así que comencé a trabajar siendo muy chico, a los 12 años, y fue de la mano del trabajo que aprendí todo lo que sé".

Su padre se jubiló en la década del '60 y falleció tempranamente como consecuencia de un accidente de tránsito que Omar menciona como uno de los hechos que marcaron la historia familia de manera triste. "Pobrecito mi padre, se fue muy temprano, justo un Día del Padre. Iba en bicicleta y un auto lo atropelló, fue algo muy terrible", relata. Como sucede en cada familia cada vez que ocurre una tragedia, todo se reorganizó para comenzar de nuevo. Su madre se quedó en la casa de su suegra, donde hoy vive una hermana de Omar, y encontraron el modo de salir adelante. "Mi mamá falleció hace tres años", agrega Omar.

El camino del trabajo

Teniendo 12 años empezó a trabajar en una concesionaria de maquinaria agrícola de González-Di Luca, que funcionaba en calle Prudencio González y avenida, donde hoy funciona una verdulería: "Empecé haciendo de todo: barría la vereda, limpiaba vidrios, cebaba mate. Ese fue mi primer empleo y siempre lo recuerdo", refiere. Y agrega: "Enfrente estaba la estación de servicio que pertenecía a otros dueños y también ayudaba ahí. Incluso fui playero durante un tiempo".

En talleres

Siempre pensando en abrirse camino para forjar su porvenir, siendo adolescente comenzó a frecuentar el taller de Ovidio Tintorelli, ubicado en calle Moreno, donde se abrió para él no solo una oportunidad laboral sino la posibilidad cierta de introducirse en algo que desde siempre había sido una pasión: los autos. 

"Allí había autos de carrera y yo era un loco de los autos. Estuve varios años allí y aprendí mucho. Después me cambié de bando y me fui a trabajar al taller de Norberto 'Pocho' Rondelli, que también tenía autos de carrera. Funcionaba en Florida y Doctor Alem, y estuve hasta los 28 años", comenta.

Su paso por el TC

De la mano de esta experiencia laboral incursionó en el automovilismo. "Corrí como acompañante de Turismo Carretera con Rondelli; era un pibito cuando tuve esa posibilidad y lo disfruté mucho, era una gran aventura".

Recuerda infinidad de anécdotas de su paso por la competencia automovilística. "Se corría en el triángulo chico, delimitado por la avenida Pellegrini, la ruta Nº188 y la ruta Nº8", describe y al momento de acercar a la charla alguna anécdota menciona la vez que otro corredor de San Antonio de Areco tuvo que facilitarles cuatro cubiertas redibujadas para que pudieran seguir corriendo en una carrera en la que se habían quedado sin cubiertas. "Hoy es casi imposible imaginar que con una cupé Dodge se pudiera ir a más de 200 kilómetros, los trompos que hacíamos eran increíbles. La gente nos esperaba en la curva a la altura de Specktra, competíamos con el número 39, arriba de camiones la gente se paraba a ver la carrera. Estaban mis hermanos y los vecinos del barrio, era toda una hazaña. Mi hermano le gritaba al piloto cuando veía los trompos que hacíamos: '¡Frená que arriba viene mi hermano!'".

Hasta el año 1980 estuvo cerca de los fierros y de esa pasión. Después el taller cerró y Omar comenzó a trabajar en la concesionaria Pre Hnos. y Angeleri. "Allí trabajé durante unos años en el sector de estación de servicio y cambio de aceite".

Iba quedando atrás la mecánica, que había aprendido como principiante en el taller de Tintorelli y que había consolidado trabajando con Rondelli. "Hice lo que tuve que hacer en cada trabajo que tuve y siempre me gustó trabajar y me sentí muy agradecido por las oportunidades", agrega.

Más tarde fue empleado en la Ferretería Neri, donde estuvo durante 10 ó 12 años. 

Cerca de la pasión

Como un modo de permanecer cerca de su pasión por los autos, fue integrante de la Peña "El Suspenso". "Seguíamos la Fórmula 2 bonaerense, compartí ese tiempo con Luis Céccoli, Rubén Saranitte, Roberto Matijacevich y otros".

Aunque sigue siendo un apasionado de los autos y de las carreras de automovilismo, el correr quedó confinado a "una aventura de juventud". "Durante mucho tiempo integré la peña como colaborador y como espectador. Guardo muy lindos recuerdos de esa época. En una oportunidad, en la vieja quinta Trincavelli con Matijacevich hice una promesa. Le dije: 'Si ganás, hago el circuito de rodillas'. Y ganó, traté de cumplir la promesa, haciendo de rodillas unos cuantos metros".

"Como copiloto he acompañado a varios corredores. Con Ayerza corrí una carrera porque no tenía acompañante. Y en otra ocasión con un tal Bianchi, porque su copiloto tenía la licencia vencida", agrega.

Reconoce que no sabe de dónde tomó su amor por los autos: "Sinceramente no sé de donde viene, porque a mi padre no le interesaba mucho. Lo que recuerdo es que siendo muy chicos mi abuelo nos mandaba a mi hermano y a mí a comprar carne y en Moreno y Avenida veíamos el taller de Tití Sticoni. El corría con las 'cafeteras' de Formula Libre. Con mi hermano escuchábamos que salía y nos quedábamos embelesados, él salía por Alberti, tomaba la avenida y entraba cruzado por Moreno que era todo empedrado. Ni a él ni a Jesús Ricardo Iglesias los alcancé a ver correr porque era muy chico, pero conservo esas imágenes grabadas de la curiosidad que me generaba ese taller". 

Hoy es un seguidor de las carreras del Turismo Carretera de las que disfruta a través de la televisión. "Soy amante del automovilismo y si corre algún pergaminense, no tengo nada más importante que hacer que alentar. Sigo la carrera de Domenech", añade en la continuidad de la charla. "Correr fue un berretín de juventud y tuve la posibilidad de ser testigo de una época dorada de este deporte. La peña también me permitió compartir muchas experiencias, después ya me alejé un poco y me dediqué a trabajar. Hace 58 años que trabajo todos los días".

En Forte Car

En el año 2002 comenzó a trabajar en Forte Car, lugar donde se desempeña actualmente, dedicado a la logística y distribución. "Viajo a ciudades de la zona, preparo y entrego vehículos, hago trámites, llevo documentación. Todas las mañanas saco los autos, los acomodo, siempre tengo cosas para hacer", comenta y refiere que aunque está jubilado hace cuatro años sigue trabajando gracias a que le han dado la posibilidad de seguir. 

Su familia

Cuando no está en la concesionaria en la que trabaja, Omar pasa el tiempo en familia. "Hace 30 años que vivo con Cristina Larrivey, oriunda de Gualeguay Entre Ríos, con la que tengo tres hijas: María Victoria (29), María del Rosario (27) María Valentina (20). La más grande se dedica a hacer artesanías en porcelana, la del medio trabaja en un negocio de venta de celulares y la más chica estudia Diseño en la Unnoba. Ya están encaminadas", refiere Omar y recuerda cómo conoció a su mujer: "Ella cuidaba a una señora cerca de mi casa, empezamos a conocernos y hace 30 años que estamos juntos. Yo tuve un primer matrimonio que duró muy poco tiempo", agrega y asegura que su familia es "lo mejor que me pasa".

Actualmente tienen un kiosco en avenida de Mayo y Colón. "Lo abrimos en 2019, la pandemia nos complicó un poco, pero decidimos mantenerlo, así que mi mujer y las chicas se encargan del negocio".

Asegura que le gusta pasar tiempo en su casa del barrio Martín Illia, donde "siempre hay cosas para hacer". Reconoce que Pergamino es una ciudad que no cambia por ninguna otra en el mundo. "Tengo primos en Capital y me gusta ir de paseo, pero para vivir no hay lugar como Pergamino".

"También vamos mucho a San Nicolás, donde vive el hermano de mi esposa y allí disfruto mucho de mis sobrinos nietos Ema, Rafael y Benicio".

Un hombre agradecido

Leal a sus convicciones, amigo de los amigos, se define como un hombre de carácter. "En el trabajo me dicen 'viejo renegado', pero me quieren", bromea con la complicidad que da la confianza y el tiempo compartido en lo cotidiano.

La entrevista se realiza minutos antes del comienzo de su jornada laboral de la tarde. Cuando casi termina, aprovecha la oportunidad para agradecer la posibilidad de "tener trabajo".

"En Forte Car hace 19 años que estoy, aquí hay un muy buen clima de trabajo, eso pasó siempre, con los que estuvieron antes y con los que están ahora. Yo no tengo más que palabras de agradecimiento para con mis compañeros y para Eduardo y Santiago Oliver que cuando me jubilé me dieron la oportunidad de poder seguir".

Ese es su anhelo retribuir esa gratitud con trabajo, mientras el cuerpo y la salud le permitan seguir. 

La felicidad de los suyos

Hace cinco años un problema de salud lo puso a prueba y con coraje y determinación se puso en manos de su médico Leonardo Conti para salir adelante: "A causa de un tumor tuvieron que extirparme un riñón. Nunca le tuve miedo, confié en las manos de mi médico, hoy hago mis controles cada seis meses y sigo de cerca el estado de mi salud también con la doctora Alejandra Bártoli".

Afirma que no tiene asignaturas pendientes ni le teme al paso del tiempo. Solo anhela la felicidad de sus hijas y desea con todas sus fuerzas que la vida siempre las trate bien. "A esta altura del partido, no se puede pedir nada más, estoy satisfecho", concluye.


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