Perfiles pergaminenses

Juan Cena: el oficio de tornero transmitido de generación en generación


Juan Cena en la intimidad de su casa en un alto de su rutina cotidiana del taller

Crédito: LA OPINION

Juan Cena, en la intimidad de su casa, en un alto de su rutina cotidiana del taller.

Su padre abrió la tornería en 1955 y él mantiene abierto el taller en el mismo lugar. Hoy trabaja con su hijo y siente la satisfacción de haber transitado un camino colmado de satisfacciones y aprendizajes. En su tiempo libre practica cicloturismo, es un apasionado de las motos y disfruta de su familia, su gran pilar.

Juan Cena tiene 60 años. Nació en Pergamino y hasta los seis meses vivió en el barrio Acevedo; luego se mudó al barrio Desiderio de la Fuente, a dos cuadras de la casa donde vive actualmente. Su papá Roberto, falleció hace un año. Su mamá es Josefa Dallape y tiene un hermano mayor, Roberto. Fue a la Escuela N° 6 y es técnico mecánico egresado de la Escuela de Educación Técnica N° 1.

Conserva los mejores recuerdos de su querido Colegio Industrial. Cuenta que con sus compañeros antes de la pandemia se reunían todos los años. "Solo uno falta de la promoción 1978", refiere marcando del tiempo y añorando las épocas en que era posible verse para celebrar aquellas amistades de la adolescencia.

Sentado en el comedor de su casa, relata su historia de vida nutrida de anécdotas y rescata el camino transitado de la mano de su oficio de tornero, ese que heredó de su padre y que abrazó para siempre: "En el año 1955 mi papá abrió un taller de tornería y yo seguí sus pasos. Para mí de pibe no existió nunca el potrero, mi diversión era ir al taller de mi papá".

Ese taller del que habla está instalado en calle Mar del Plata 83, donde sigue funcionando: Tornería Cena es el sello de la permanencia de un lugar donde se le rinde culto al trabajo y a la dedicación con la que se resuelve cada pedido de un cliente. Hace más de sesenta años que el taller tiene abiertas sus puertas. Y Juan lleva más de cuarenta en el oficio. Lo conoce como la palma de la mano, y conserva el entusiasmo y la responsabilidad del primer día.

"Mi padre había comenzado a trabajar solo, luego se asoció con mi tío, Juan Dallape; estuvieron juntos hasta el año 2000; el hermano de mi mamá se retiró y mi padre siguió conmigo hasta el año 2007 en que se retiró", relata Juan, haciendo una cronología de la vida del taller.

Recuerda que sus primeros pasos como tornero formalmente los hizo en marzo de 1980, pero reconoce que desde siempre estuvo usando un torno chiquito que le servía de juguete. Es en esa infancia compartida con su hermano y sus primos y en esa exploración que le permitía el taller que halló la vocación que tomó más tarde como medio de vida. "En el último año del Industrial las pasantías las pude realizar en el taller, es decir que las horas de prácticas las realicé allí", menciona. Y describe la tarea que realiza hoy: "Nos dedicamos fundamentalmente a la reparación de motores, maquinaria agrícola e implementos agropecuarios, ejes cajas y todo lo que sea movimiento. Y también fabricamos algunas piezas muy concretas".

 Es un apasionado de su tarea y un agradecido a la fidelidad de sus clientes: "Tenemos una clientela muy fiel. Si hago memoria, la Cooperativa de Alfonso es uno de nuestros clientes más antiguos, yo llevo 41 años en el taller y ellos ya eran clientes de mi padre".

Refiere que en la actualidad cumple ocho horas de trabajo, que comparte con su hijo Arnaldo que tomó también el oficio. "Es la tercera generación de la Tornería Cena", refiere con orgullo.

 "Trabajamos por la mañana y la tarde, pero siempre estamos predispuestos a asistir la necesidad de algún cliente si se presenta una urgencia, algo que suele suceder en épocas de cosecha", señala.

Cuando no está trabajando disfruta de rutinas sencillas y de actividades que ha adoptado hace tiempo. "Los sábados a la mañana los dedico a hacer algunos mandados y a ayudar con cualquier cosa que haya que hacer en casa. Y por la tarde salgo a pedalear".

"Hago cicloturismo y formo parte del grupo 'Mortadela', recorremos caminos rurales y compartimos una actividad muy linda y reconfortante porque permite compartir buenos momentos con amigos", afirma. 

"Empecé en la agrupación de cicloturismo que está en Ugarte y Rocha, después el grupo se disgregó y se formó otro en la bicicletería de Cachi Castro y salgo con ellos en ese grupo", agrega, refiriendo que la clave es "ir con el viento en contra para hacer el trayecto de regreso más aliviados".

Viajar en moto

Otra pasión que abraza Juan es la de las motos. "La pandemia me ha limitado un poco, pero me gusta mucho viajar en moto y he tenido la posibilidad de hacerlo, siempre en grupo".

"El primer viaje largo que hicimos fue en 2017 a las Termas de Río Hondo a ver la carrera de Moto JP. Después cambié la moto por una de más cilindrada, no por una cuestión de velocidad, pero sí para tener mayor respuesta y seguridad en la ruta. Viajamos a Córdoba y el último viaje lo hicimos a San Luis, San Juan, Córdoba, Altas Cumbres y Los Reartes". 

Confiesa que tanto el cicloturismo como la moto son actividades de las que disfruta por lo que representa la vivencia de compartir experiencias y disfrutar de lo recreativo. Cultivar amigos e historias que conserva en la memoria es el principal capital que guarda de cada salida.

Tiro al blanco

La única actividad que realizó en competencia fue el tiro al blanco en el polígono. "Lo hice desde los 13 años hasta los 40, llegué a ser campeón provincial con carabina 22", refiere y comenta que se acercó a este deporte estando en primer año del colegio secundario cuando una empresa de fabricación de proyectiles comenzó a auspiciar torneos intercolegiales en los que se fomentaba la práctica de tiro al blanco. Sus prácticas siempre fueron en el Tiro Federal donde cosechó además innumerable cantidad de amigos y se retiró cuando empezó a tener algunos problemas en la vista que le exigieron el uso de lentes.

Su familia

Se define como un hombre "muy familiero". Conoció a Rosana Capalbo en el año 1982. Fue en un baile en Fedra, a través de un primo de ella que era su amigo. Comenzaron a salir y tres años después, en 1985 se casaron. En 1987 llegó el único hijo que tiene Arnaldo. 

"Cuando nos casamos nos mudamos a esta casa en la que vivimos, con mi padre y mi hermano habíamos hecho una 'vaquita familiar' para comprarla y reciclarla y vivimos aquí desde entonces", menciona destacando la importancia que tiene en su vida la familia. Con 35 años de casados, él y su esposa saben que la clave de la permanencia está en el saber acompañarse y entenderse, sabiendo sortear las dificultades que plantea la vida cotidiana. "Hemos tenido una buena vida juntos, nos acompañamos y entendemos", sostiene Juan y señala que Rosana los ayuda en la tarea administrativa del taller. 

Sobrellevar tiempos difíciles

Inquieto, amigo de los amigos, confiesa que las restricciones impuestas por la pandemia condicionaron mucho algunos de sus intereses y la vida social. "Tenía una peña todos los viernes que había armado un compadre que corría en el Rally Federal; yo le hacía la tornería del auto de carrera y las cosas de él de su trabajo que es agricultor. Compartíamos momentos muy lindos, pero con la pandemia quedó todo suspendido".

Reconoce que le cuesta sobrellevar este tiempo por las múltiples implicancias que tiene para todo el mundo. Lo preocupa la cuestión social y las injusticias que se ven, más allá de cualquier ideología política. Y anhela el momento en que todo esto haya pasado. "Tengo amigos de mi hijo que están atravesando el Covid siendo muy jóvenes, la verdad que todo lo que se está viviendo me preocupa mucho".

En lo laboral señala que aunque nunca dejó de trabajar porque su actividad siempre estuvo habilitada aún durante el confinamiento, sí las condiciones del trabajo se ven modificadas por el contexto "la inflación es algo que me preocupa, pasamos un presupuesto y le tenemos que pedir a la gente que nos responda rápidamente porque los costos nos cambian todo el tiempo. Afortunadamente nosotros no nos podemos quejar porque el 95 por ciento de nuestros clientes son grandes empresas agropecuarias o del rubro automotor, además de productores de la zona, pero se viven tiempos complicados", agrega.

Se aferra al trabajo, a su familia y a las actividades que puede realizar para sortear este tiempo, agradeciendo por todo lo que tiene.

Ser piloto

En el plano de las asignaturas pendientes le quedó el deseo de haber podido ser piloto de avión. "Me hubiera encantado y no pude hacerlo por falta de medios económicos", dice y se contenta con haber podido volar varias veces: "He volado en el Aeroclub varias veces con algunos amigos, en algunos festivales aéreos y con mi hijo hicimos el vuelo de bautismo. Es una actividad hermosa".

Por lo demás no tengo pendientes, Pergamino es un lugar en el que le gusta vivir y donde está todo lo que tiene. "Si pudiera fantasear, elegiría las sierras como lugar para vivir sin trabajar, pero mi realidad está acá y es aquí donde imagino la vejez", reflexiona.

Seguir trabajando

Cuando la charla lo convoca a hablar del futuro, en su horizonte Juan abraza el deseo de seguir trabajando. "Lamentablemente la jubilación que voy a percibir a valores de hoy son 23 mil pesos. Es imposible vivir con ese ingreso, así que ojalá pueda seguir trabajando como lo hizo mi padre que pudo estar en el taller hasta los 78 años".

Resalta que aprendió de su papá y de tu tío todo lo que sabe del oficio y no se arrepiente de no haber seguido la carrera de Ingeniería que había comenzado en la ciudad de San Nicolás al egresar del Industrial y que dejó luego de regresar del Servicio Militar que hizo en Campo de Mayo. "En esa época hubiera representado un enorme esfuerzo para mis padres que yo pudiera seguir estudiando y al egresar hubiera ido a trabajar al taller diciendo 'soy ingeniero'. No me arrepiento de haber tomado la decisión de elegir mi oficio de tornero cuando dejé la facultad". 

Recuerda que cuando tomó la decisión de integrarse al taller, en un remate su padre tuvo la posibilidad de comprar un torno que es el mismo con el que hoy trabaja. Eso le abrió las puertas de un oficio que si bien ha cambiado, guarda los secretos de lo artesanal.

"El trabajo se ha tecnificado, pero en la tornería de reparación que es la que hacemos, los procesos no han cambiado demasiado. En la tornería de fabricación sí, porque se utilizan máquinas automáticas. Nuestro trabajo sigue conservando mucho de lo artesanal y lo que hemos incorporado son herramientas de última generación que no se conocían cuando mi padre trabajaba. Nos hemos actualizado, cuando compramos el último torno que es el que usa mi hijo nos empezamos a interiorizar en estas herramientas", refiere, orgulloso de que su hijo haya elegido el camino de la tornería: "No va a ser millonario, pero el pan de cada día lo va a tener", recalca.

Cuando con una mirada retrospectiva observa el camino recorrido, se siente satisfecho. En el comedor de su casa un cuadro enmarca la foto de su padre en el torno. Se siente orgulloso de haber podido sostener ese emprendimiento familiar que hace tantos años le abrió las puertas de una actividad que le ha dado y le brinda muchas satisfacciones.


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