Perfiles pergaminenses

Angel "Pucho" Santilli, el arte de hacer el pan y su pasión por el fútbol


“Pucho” Santilli en Alfonzo su lugar en el mundo con la casaca de uno de sus amores futbolísticos

Crédito: LA OPINION

“Pucho” Santilli en Alfonzo, su lugar en el mundo, con la casaca de uno de sus amores futbolísticos.

Heredó el oficio de su padre y sostiene la panadería que éste fundó hace más de 100 años. Cada mañana elabora el noble producto en el corazón de su pueblo: Mariano H. Alfonzo. Vive en la que fue la casa de su infancia y donde construyó su propia familia. Hincha de River Plate, de Sarmiento y de Argentino de Alfonzo, su historia es testimonio de sencillez.

Angel Jorge Santilli, "Pucho", es panadero, oficio que adoptó siendo muy joven siguiendo los pasos de su padre. En la localidad de Mariano H. Alfonzo, cada mañana su día comienza amasando el pan y elaborando artesanalmente las facturas con las que abastece a su pueblo. Allí nació, creció y formó su propia familia. Y en ese mismo lugar mantuvo en pie la panadería de su padre. El negocio tiene más de 100 años y aunque algunas cuestiones del trabajo han cambiado, la elaboración del pan conserva esa impronta artesanal. El ambiente huele a pan recién horneado en la sencillez de ese comercio que guarda tanta historia. Generaciones de vecinos pasaron por allí y lo siguen haciendo cada mañana cuando la panadería de "Pucho" abre sus puertas a las 6:00, esperando a los que pasan cuando van a trabajar.  

"Viví toda la vida en Alfonzo. Mi padre Isidoro Angel Santilli, y mi madre, Aurora Prieto, fundaron esta panadería que tiene más de 100 años y aquí crecimos con mi hermana María de los Angeles, que hoy vive en Pergamino y está casada con Ricardo Español. Tengo un sobrino que vive en Uruguay y otro fallecido", cuenta en el comienzo de la charla.

Respecto de la panadería refiere que el negocio siempre funcionó en el mismo lugar en el que está actualmente. Cuenta que su padre siempre fue panadero y trabajó junto a su socio para dar identidad a la panadería que en aquellos años llevaba el nombre del pueblo y que hoy se llama "Manaen", en alusión a los hijos de "Pucho".

El está casado con Raquel Larrañaga, que trabaja en la Cooperativa Eléctrica de Mariano H. Alfonzo. Sus hijos son Mario Alberto que es director de cine, está casado con Ornella y son papás de Roma y de una beba, Eloísa, que nacerá pronto. Ellos viven en Rosario. Nadia Soledad es kinesióloga, está casada con Marcelo Croscenzi, que es médico y trabaja en La Pequeña Familia de Junín. Ellos se establecieron en esa ciudad y son papás de Francina, Inés y Roque. Y Enzo que vive en Alfonzo, es soltero y trabaja en la cooperativa eléctrica del pueblo.

"El nombre de mis hijos tiene una historia vinculada con mi amor al Club River Plate. Mario Antonio se llama así porque nació el día en que River le ganó a Boca con un gol de Kempes. Enzo, por Francescoli; y Nadia Soledad por la hija del 'Pato' Fillol, con quien hablé hace 20 días a través de un amigo mío que vive en Monte y cuando le conté que mi hija llevaba el nombre de la suya me dijo que él no se merecía tanto".

El único nieto varón fue el que tomó de él su pasión por el fútbol. "Juega en las infantiles del Club Sarmiento y, como yo, es hincha de River Plate; de Sarmiento de Junín y de Argentino de Alfonzo".

Sobre su sentimiento por el club juninense cuenta que se lo atribuye a un amigo, Horacio Medina, que jugó allí por muchos años y le inculcó ese amor "sarmientista".

Un hombre de pueblo

Ama vivir en el pueblo y lo señala en varios momentos de la charla que se desarrolla en su casa, donde está la panadería, ubicada en la primera esquina del pueblo cuando termina el camino de acceso. En las puertas mismas de la localidad, su panadería es el paso obligado para quienes van a trabajar al campo, para quienes asisten a las oficinas o a los comercios. "Todo el mundo pasa por acá. En el pueblo nos conocemos todos y aquí, aunque no tengas dinero, el pan te lo llevás igual", refiere mostrando una dinámica de vida que es común en las pequeñas localidades donde todo el mundo sabe quién es el otro y estrecha lazos afectivos que unen. "Los clientes son muy fieles", afirma.

"La vida en Alfonzo siempre fue tranquila y lo sigue siendo", menciona y recuerda que siendo chico todas sus actividades eran ir al colegio, llegar a la que siempre fue su casa, tirar el guardapolvo y pasar tardes eternas jugando al fútbol en "la canchita".

Hizo la primaria en la Escuela N° 7 de Mariano H. Alfonzo y el secundario en el Instituto "Mariano Moreno" de la localidad. Al egresar le tocó el Servicio Militar en Zapala. Guarda los mejores recuerdos de aquella experiencia y amigos entrañables con los que pudo reencontrarse muchos años después en la ciudad de Junín, donde se reunieron poco antes de que se iniciara la pandemia. "Fue muy lindo verlos, porque tengo lindos recuerdos de la 'Colimba'; estuve en la sala de armas, tuve un jefe muy bueno que me dejó jugar al fútbol en un club de Zapala y aprendí muchas cosas en los ocho meses que estuve en el sur", refiere.

El oficio de panadero

Al regresar del Servicio se tomó unos meses y luego comenzó a trabajar en la panadería de su padre. Así comenzó a ejercer un oficio que no abandonó jamás. Comenta que el trabajo cambió mucho a lo largo de los años. "Siempre recuerdo que mi papá se levantaba muy temprano y atendía el negocio. Su socio hacía el pan y desde chico yo me recuerdo metido en la harina".

"Con el paso del tiempo el oficio fue cambiando, antes era muy artesanal la tarea, hoy tenemos gas natural y otros elementos. Pero lo esencial de hacer el pan permanece. Hay cosas que no se modifican", afirma. Lo que no se modera es el amor que se necesita poner en juego cada día para emprender la tarea que "Pucho" hoy realiza junto a un empleado Facundo, que llega cada mañana a las 5:00. "Yo arranco a las 6:00, abro el negocio, hago el reparto por las despensas del pueblo y atiendo a los clientes que llegan muy temprano, antes de entrar a trabajar", menciona y señala que mantiene la misma rutina de lunes a lunes: "Los únicos días que no trabajamos son el 25 de diciembre y el 1° de enero. Y algunas veces cuando nos tomamos unas breves vacaciones".

Respecto de la forma de hacer el pan, señala que "siempre es la misma" y conserva lo artesanal de esta tarea, "lo que ha cambiado es la forma de hornear, que hoy se hace con equipamiento más moderno, con un horno rotativo, a gas que no precisa más que introducir un carro y sacarlo".

Le gusta mucho lo que hace y se le nota al contarlo. Sin embargo, ya piensa en su retiro porque entiende que los años trabajados "empiezan a ser suficientes" y porque desea tener tiempo para disfrutar de los nietos que, asegura, "son el amor más grande de la vida".

"Igual es difícil pensar en el futuro sin la panadería. Es una idea que hay que ir elaborando", refiere con la templanza de quien sabe esperar el momento justo.

El fútbol, otra pasión

Hacer el pan y jugar al fútbol han sido y son sus grandes pasiones. Angel lo afirma con la convicción que da la pasión. Jugó en las inferiores de Carabelas, donde cosechó infinidad de amigos. También en el Club Porteño de Colón, en Unión de Zapala y luego en el club de sus amores: Argentino de Alfonzo, del que su padre fue uno de los fundadores.

A los 26 años una lesión lo dejó fuera de las canchas, pero siempre siguió vinculado a la actividad deportiva. Durante un año dirigió la primera del Club y hasta el presente es delegado del Club Argentino de Alfonzo en la Liga de Fútbol de Pergamino.

"La verdad es que me tira mucho el fútbol, me encanta", resalta. Y rescata las amistades que le dejó el deporte: "El fútbol me ha dado muchos amigos, no solo en Alfonzo, también en Pergamino, en Colón, en Junín, en Rojas. En cada lugar el amor por el fútbol te une", señala y comenta que aun con sus contrincantes deportivos existen lazos de amistad que perduran. "Con todos la competencia empezaba y terminaba en la cancha".

Mediocampista, debutó teniendo 14 años en la Primera del club del pueblo y tuvo la fortuna de jugar con grandes glorias de Alfonzo, una localidad que según señala le ha dado al fútbol de la región grandes talentos. "Jugué con 'Lito' Estévez cuando el Club jugaba en la liga de Colón", menciona. También nombra a los hermanos Quaglia: Miguel Angel, Julio y Juanjo; los Bonboni, De Gaetani. "Siempre tuvo grandes jugadores Alfonzo", remarca y señala que todos de alguna manera siguen vinculados al fútbol. 

Las anécdotas que conserva son infinitas. Pero destaca una experiencia que vivió cuando él ya no era jugador: "Fue el año que trajimos a Aldape, Molinari, Monacci, Biglieri y logramos el campeonato que los chicos de Alfonzo y el Club se merecían. Fue en el año 1996 y al recordar ese certamen al día de hoy me emociono. Fue una de las mayores alegrías que me dio el fútbol, aunque yo ya no jugaba era delegado en la Liga".

"Ese campeonato lo sentí como mío", confiesa, conmovido cuando recrea aquel momento de oro para el fútbol de su pueblo. "Molinari se identificó tanto con el Club que dirige las inferiores poniéndole todo su corazón", menciona.   

Amigo de los amigos, reconoce que la pandemia modificó un poco sus rutinas y limitó la posibilidad del encuentro con gente querida. "Gracias a Dios he tenido y tengo grandes amigos", afirma. Y menciona los encuentros con Omar Ochoa, Carlos Galeano, 'Chincho' López, Mario D'Anna, 'Pequi' Mansilla, Ricardo Verdún, "gente con la que hemos jugado al fútbol y a la que me une una amistad entrañable".

El placer de lo simple

Cuando no está en la panadería es un hombre que disfruta de rutinas sencillas. Le gusta estar en su casa y pasar tiempo con sus nietos. "Viajamos bastante a Rosario y a Junín donde ellos viven y siempre los esperamos acá. El pueblo es el lugar de encuentro porque les encanta venir, Alfonzo es un lugar en el que pueden jugar libremente, es muy tranquilo. Acá encuentran cosas que en otros lugares no están", sostiene.

Ama los lugares tranquilos, le gusta viajar y aunque ha tenido la posibilidad de ir en familia al exterior, reconoce que le gusta su país y recorrer la Argentina. "Por el Servicio Militar tuve la posibilidad de conocer el sur y volví en varias oportunidades a Bariloche. Hace unos años conocimos el norte y sinceramente nos enamoramos. El deseo cuando termine la pandemia es poder volver", cuenta este hombre al que no le gusta la crispación que proponen estos tiempos. Siempre prefiere la calma, mantiene la tradición de la siesta, que es "sagrada", y habla con la sencillez de quienes evitan el conflicto. Ahí está su esencia, forjada sobre la base de los valores aprendidos de sus padres y nutrida del hecho de haber vivido siempre en un lugar apacible "rodeado de buena gente". No resigna esa tranquilidad por nada en el mundo y no encuentra precio al placer de habitar un pequeño universo, el del pueblo, ese lugar en el que "cuando uno precisa, siempre hay otro dispuesto a tender una mano".


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