Perfiles pergaminenses

Mirta Mujica: la historia de vida de alguien que supo abrazar sus sueños y cumplirlos


Mirta Mujica compartió un clido dilogo con LA OPINION

Crédito: LA OPINION

Mirta Mujica compartió un cálido diálogo con LA OPINION.

Creció en un hogar humilde de buenos valores. Fue empleada de la confección y hoy trabaja en el área de Mantenimiento de la Unnoba, donde además integra la comisión del gremio no docente. Terminó la secundaria en 2018, con apoyo de su familia y compañeros de la universidad. Siempre va detrás de un nuevo anhelo, y lo hace sin perder la sencillez.

La sencillez es el hilo que mejor hilvana las historias de vida. Es un atributo de la personalidad que transforma las cuestiones cotidianas en extraordinarias y resguarda para siempre la capacidad de asombro. La sencillez es lo que caracteriza a Mirta Diana Mujica, una mujer que nació en el seno de un hogar muy humilde y que, sobre la base de la constancia, el esfuerzo y el deseo supo forjar su porvenir, de la mano de su familia.

Nació en Pergamino y vivió gran parte de su vida en su querido barrio Martín Illia, donde actualmente reside. Su relato de vida es el testimonio de cómo la cultura del trabajo y las ansias genuinas de superación se transforman en herramientas si uno sabe poner manos a la obra.

Desde hace ya varios años Mirta integra el equipo del área de Mantenimiento de la Sede Pergamino de la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires. Cualquiera que asista a la casa de estudios puede verla realizar su tarea cotidiana con entusiasmo y alegría. Es buena compañera y solidaria. Lo dicen todos los que comparten algo con ella. Siempre está dispuesta a tender una mano. Acepta trazar su "Perfil Pergaminense" con sorpresa y tímidamente comienza a hablar de sí misma y de sus seres queridos. Así construye su biografía: "Nací en calle General Paz, entre México y Vicente López, después nos mudamos al centro, en calle 9 de Julio, donde está la panadería La Cumbre. Fui a un jardín de infantes que funcionaba en calle Florida, al lado del Club Social. Cuando fue tiempo de comenzar la primaria nos mudamos al barrio Illia y fui a la Escuela N° 18, al lado de la casa de la familia Illia".

"Mis abuelos maternos y paternos eran oriundos de Entre Ríos, así que de algún modo mis raíces son entrerrianas; ellos vivían en una zona rural y mis padres, cuando formaron familia, se vinieron a vivir a Pergamino", cuenta. Y menciona que sus padres fueron Rosa Amada Giménez de Mujica y Néstor Antonio Mujica.

"Mi papá fue policía y mi mamá trabajaba en casas de familia. Ambos fallecieron muy jóvenes, ella a los 49 años y él a los 52", agrega y relata que su mamá murió a causa de una enfermedad y dos años después su papá tomó la decisión de quitarse la vida. "Fue bastante dramático", agrega sin abundar en detalles de una historia que está inscripta en su memoria y en sus recuerdos. 

Al hablar de sus hermanos señala: "Fuimos siete en total y crecimos siempre siendo muy unidos. María Elena falleció, así que quedamos seis, Antonia, José, Rosa, Marcela, Sandra y yo".

Guarda lindos recuerdos de su infancia y adolescencia. "Eramos muy humildes, pero siempre estábamos juntos. La vida en la ciudad también era distinta y no había los peligros de ahora", refiere.

Conserva anécdotas de su vinculación con la familia Illia y la histórica casona. "Siempre andábamos por ahí porque vivíamos en el barrio e íbamos a la escuela que quedaba cerca. Y cada Navidad nos traíamos de la casa de Illia una rama grande de pino que transformábamos en nuestro árbol de Navidad. Muchas familias del barrio hacían eso, pasaban a buscar las ramas, las decoraban y armaban hermosos árboles para celebrar la Navidad. Yo siempre me acuerdo de eso. Era hermoso".

"Además el casero de la familia y la persona que les mantenía el parque se dedicaban a criar gallinas y vendía huevos, así que siempre les íbamos a comprar", añade.

Trabajar desde chica

Cuando terminó la primaria, el sueño cumplido de la casa propia llevó a su familia a mudarse al barrio Belgrano. "A mi papá le habían dado un crédito de la Policía y pudimos comprar nuestra casa, hasta ese momento siempre habíamos alquilado, y por esa razón nos mudamos a Liniers y Perú".

"En esa época, con la escuela terminada, comencé a trabajar en un taller de costura. Ahí aprendí el oficio de costurera que me acompañó durante muchos años. En ese taller chiquito estuve un año y después, ya siendo más grande, ingresé a Adba, en el Edificio Matilde de calle Echevarría. Allí trabajé durante 12 años, estando en ese taller me casé, tuve a mi hija, Diana Gisela Benítez (37) y también me separé de mi primer marido", refiere señalando los hitos de su vida que sucedieron mientras ejercía su oficio.

Jamás dejó de trabajar y siempre se hizo tiempo para compatibilizar las rutinas de la vida laboral con sus intereses de formación. "Trabajando en la costura estudié repostería porque es algo que me apasiona y a partir de eso me convertí en la 'repostera' de la familia", agrega.

Su universo personal

Mirta conoció a Pedro Horacio Filippini a través de una relación familiar; 18 años mayor que ella, él era el cuñado de su hermano. "Nos enamoramos y conformamos nuestra familia. Hace más de 30 años que estamos juntos y es un compañero realmente maravilloso. Siempre digo que si volviera a nacer, no dudaría un segundo en volver a elegirlo", resalta. Y como cada vez que las personas hablan de los afectos verdaderos, algo en el fondo de sus ojos marrones se ilumina. 

Juntos tuvieron a Nahuel (27) y construyeron la vida que comparten, rodeados de amigos, de proyectos y de ilusiones. Pedro tiene 74 años y está jubilado. Toda la vida fue zapatero, trabajó en Alberico, hasta que la fábrica cerró. Entonces se dedicó a hacer changas hasta que ingresó al Municipio", menciona.

"Así que soy mamá de dos hijos: Diana, que está casada con Gonzalo Calvigioni, y Nahuel, que está en pareja con Josefina Gómez. Y abuela de Thiago (17), Zoe (11) e Isabella (9)", cuenta. "Fui mamá por primera vez a los 20 años y abuela a los 40, así que tanto a mis hijos como a mis nietos siempre pude disfrutarlos mucho".

"Mi hija terminó el secundario y siempre trabajó en distintos comercios, hoy en una fiambrería en calle Colón y 3 de Febrero. Nahuel estudió Ciencias Políticas en la Universidad Siglo XXI, él en realidad quería ser ingeniero ambiental, pero era una carrera que solo se dictaba en Santa Fe y para nosotros era imposible mandarlo. Cuando se creó la Universidad Nacional de San Antonio de Areco comenzó a estudiar la tecnicatura en Gestión Ambiental, se recibió y hoy está trabajando en la Municipalidad de esa localidad como Director de Medio Ambiente y además es docente", menciona hablando de sus hijos con profunda satisfacción.

Honrar la tarea

Mirta es una persona que honra el trabajo y lo ejerce con suma responsabilidad y dedicación. Esa condición la ha acompañado siempre. Recuerda que cuando su hija era muy chiquita, ella trabajaba en un taller de costura que funcionaba en calle General Paz y menciona que se la llevaba con ella cada día a las 6:00 de la mañana, la ponía a dormir mientras ella trabajaba hasta que llegaba la hora de despertarla, darle el desayuno, prepararla para llevarla a la Escuela N° 17 que quedaba a algunas cuadras. "La dejaba en el colegio y me volvía a trabajar. La pausa que tomana era para ocuparme de ella y cuando terminaba el horario escolar, también terminaba mi jornada laboral y nos íbamos a casa. Vivíamos a la vuelta del Hogar San Vicente, por calle San Martín, hasta que después nos mudamos a Pacheco, entre Pueyrredón y Jáuregui, donde vivo actualmente".

A poco de haberse inaugurado la sede local de la Unnoba, a través de Héctor "Cachi" Gutiérrez tuvo la posibilidad de comenzar a trabajar en la universidad. "Al principio estuve contratada para trabajar por la tarde limpiando las oficinas y los baños. Después hice un reemplazo y con el paso del tiempo ya quedé efectiva a la mañana", describe.

"Cuando trabajaba a la tarde solo veía a los alumnos, cuando comencé a ir a la mañana, me relacioné con muchas personas que me brindaron su confianza y me abrieron otras posibilidades de trabajo que hice a la par de mi tarea en la universidad", cuenta. Y comenta que fue así qie comenzó a trabajar en la casa de varios de sus compañeros: "Iba a limpiar o a planchar a contraturno de mi horario en la universidad. Con mucha generosidad Juliana, Rosana y Sebastián me abrieron las puertas de sus casas".

"Y también comencé a trabajar en la casa de Silvina Sansarricq (exsecretaria de Investigación, Desarrollo y Transferencia de la Unnoba y actual vicerrectora de la Unsada –Universidad Nacional de San Antonio de Areco-), con su familia. Iba de 9:00 a 13:00, una compañera, que fue la que me recomendó, me enseñó a hacer las tareas domésticas porque yo nunca había limpiado más que en mi propia casa. Enseguida aprendí y me gustó mucho", señala.

"Con el tiempo me quedé solo con el trabajo en la universidad, algo que me llena el alma. Me siento orgullosa de ser parte de esta institución que ha crecido tanto", destaca. Y prosigue: "Ver recibidos a chicos que vi empezar sus carreras es una satisfacción enorme".

Volver a la escuela

Fueron sus compañeros de la Unnoba quienes en 2014 la incentivaron para que terminara el secundario. "Era una asignatura pendiente, me costó bastante, pero lo logré y me recibí en 2018", cuenta y valora el acompañamiento que tuvo de su familia para alcanzar esa meta. "Era una modalidad semipresencial en la Escuela N° 10, algunas materias me costaban bastante, pero recibí mucha ayuda y fui constante", recalca.

La participación, una constante

La perseverancia la acompañó siempre a lo largo de la vida. Sabe que para alcanzar ciertos objetivos hay que esforzarse, pero disfruta de cada paso que da en dirección a la meta y jamás se desalienta. 

En otro plano, la militancia política -acompañando a su esposo y su hijo- ocupó un lugar importante. De cuna radical, reconoce que la entusiasma la participación y se compromete con aquellas causas que considera justas.

En la actualidad participa de la gestión de la Asociación de Trabajadores No Docentes de la Unnoba. Fue un desafío que tomó hace un tiempo y la gratifica. "Es un modo de participar de la vida de la universidad. Cuando me propusieron integrar la comisión no confiaba demasiado en mi capacidad, pero acepté el reto, siempre acompañando y participando mucho en lo que me gusta que es la organización de eventos", describe.

Un modo de ser

Cuando no está trabajando le gusta "hacer de todo": "Estoy haciendo un curso de moldería en la Unnoba y disfruto de estar en casa. Me gusta el aire libre y amo viajar, pero cuando no puedo hacerlo me contento con ir al Parque Municipal a pasar el día", señala y confiesa que su rutina preferida cuando regresa de trabajar es sentarse a tomar mate en el patio de su casa. "No puedo estar encerrada", agrega.

Sociable, amiga de sus amigos, se siente agradecida por los retos que le ha propuesto la vida y por las oportunidades que le ha brindado: "Realmente me siento dichosa. Tengo una hermosa vida. Vengo de una familia muy humilde y lograr lo que he logrado, me llena de orgullo", remarca, fiel a su esencia, sin olvidar jamás ese punto de partida que le dio el impulso para ir, siempre, hacia adelante. 


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