Perfiles pergaminenses

Ricardo Gonzalo, el perfil de un hombre comprometido con su familia, la profesión y la actividad pública


 “Richard” recorrió su impecable trayectoria laboral docente y dirigencial (LA OPINION)

'' “Richard” recorrió su impecable trayectoria laboral, docente y dirigencial. (LA OPINION)

Es contador público de nutrida trayectoria. Fue secretario de Hacienda del Municipio durante la gestión de Jorge Young y concejal desde 1987 a 2005. Trabajó durante muchos años en Rizobacter Argentina, donde integró el directorio. También fue dirigente en varias entidades. De cada experiencia tomó aprendizajes y cosechó vínculos perdurables.


Teodoro Ricardo Gonzalo es un profesional de las ciencias económicas que además de ejercer como contador tuvo actividad pública como secretario de Hacienda del Municipio de Pergamino y concejal durante dos períodos. Retirado ya del mundo laboral, en diálogo con LA OPINION trazó su Perfil Pergaminense y rescató momentos de su historia de vida que lo inscriben, no solo como un profesional destacado por su competencia sino como un ciudadano comprometido.

Nació el 16 de noviembre de 1944 en El Socorro y vivió allí hasta sus 10 años. Guarda los mejores recuerdos de su infancia en el pueblo. Hijo de Teodoro y Blanca; y hermano de Luis Alberto, habla con cariño de su pueblo natal: “La vida de un pueblo es como una gran familia, recuerdo mucho mi vida allí como parte de una época que ojalá volviera”.

Muchos lo conocen por su apodo, “Richard”, un sobrenombre que atribuye a su abuela y que lleva desde siempre. Creció en un hogar donde el trabajo fue siempre un pilar. Su padre, con su tío José María, tenía una barraca de frutos del país. “Se dedicaban a la compra de cueros, grasas, cerdas que se mantenían, se salaban y luego se vendían. Era una actividad que había iniciado mi abuelo paterno, Justo”.

“Nos vinimos a Pergamino cuando mi hermano empezó el secundario así que yo hice parte de mi escolaridad en la escuela de El Socorro y a partir de quinto grado fui a la Escuela N° 4, porque nos establecimos en el barrio Acevedo”, relata en el inicio de la entrevista que se realiza en el living de su casa, donde un piano alemán y otro de menor tamaño delatan su gusto por la música. “Soy profesor de piano, lo que no quiere decir que sea un gran pianista. Fue solo por antojo de madre. Hoy casi no toco, solo de vez en cuando algún tango o una zamba”, cuenta.

El secundario lo hizo en la Escuela Nacional de Comercio; al egresar se fue a Rosario para estudiar la carrera de Contador Público Nacional.

“En Rosario durante algunos años viví en una pensión, mientras estaba estudiando me tocó hacer el Servicio Militar en Campo de Mayo y cuando me faltaban tres o cuatro materias para recibirme regresé a Pergamino; al tiempo que las rendía comencé a abrirme camino en una profesión que me dio grandes satisfacciones”, destaca.

Finalizado el Servicio Militar -la baja se concretó en un mes de septiembre- como no podía ingresar a la Facultad en ese período del año, aprovechó la oportunidad para hacer una experiencia docente como profesor en el Instituto Comercial El Socorro. “Fue una suplencia que me permitió incursionar en la docencia siendo muy joven”, refiere. Ese camino prosiguió tiempo después en el Colegio Marista, donde fue profesor de Contabilidad desde 1978 hasta 1988. “Al principio fui docente de primer año y de quinto, y después solo de quinto. Pero con el paso de los años observé cómo todo iba cambiando en la educación y crecía un desinterés muy grande en muchos chicos. Entendí que era un ciclo cumplido y dejé la escuela que siempre había sido un complemento de mi actividad profesional”.

Sus primeros pasos como contador fueron en la empresa de la familia Nadur. Así lo recuerda: “Ellos habían arrancado como fabricantes de gorras y sombreros y después siguieron con confecciones en general. Yo estuve varios años trabajando con ellos en distintas modalidades y aprendí mucho”.

Luego abrió su estudio contable y empezó a incorporar otros clientes. También tuvo actuación judicial en sindicaturas concursales.

Una experiencia extraordinaria

Ya consolidado en la actividad profesional se vinculó con Rizobacter Argentina, una empresa con la cual trabajó durante 30 años. “Esa fue una experiencia fantástica. Yo era muy amigo de uno de los dueños y cuando empecé funcionaba en un local alquilado. En poco tiempo comenzaron a construir la primera planta en el Parque Industrial y a tener un crecimiento exponencial”.

De algún modo fue parte de la instancia fundante de una de las firmas más importantes de la ciudad y el país, y eso le valió un crecimiento profesional y personal que valora.

En la empresa pasó por distintas etapas, desde ser un profesional que prestaba sus servicios en forma independiente hasta trabajar en relación de dependencia y ser director. “Ellos tenían mucha confianza en mí. Profesionalmente fue mi mejor experiencia. La empresa se hizo muy grande y tuvimos trato con personas muy importantes. Fue un trabajo que al principio fue netamente profesional y después, de gestión”, asevera.

“Fui auditor externo de Rizobacter por más de 15 años, desde 2006 me incorporé al directorio y luego pasé a formar parte del personal permanente de la empresa hasta el 31 de marzo de 2018”, describe.

Una nueva etapa

Cuando dejó la empresa se retiró de la actividad profesional. “Planté bandera y no trabajé más”, afirma y señala que desde ese momento su vida está más dedicada a la familia.

Hace casi 50 años que está casado con Graciela Sabatini. Tienen tres hijas: María José que es arquitecta, tiene un negocio de decoración y está casada con Hernán Garamendy; Verónica Alejandra que trabaja en la Asociación Médica de Pergamino y está casada con Ricardo Llanes; y Eliana que es oftalmóloga y está casada con Cristian Tagliani.

Es abuelo de siete nietos: Santino, Clara, Malena, Amparo, Martina, Joaquín y Benicio. “Las edades de los chicos van desde los 13 hasta los 2 años, así que tenemos para entretenernos”, bromea destacando que su familia es el pilar fundamental de la vida, ese universo de afecto que sostiene todo lo demás.

Conoció a su esposa cuando ambos eran muy jóvenes. Cuando habla de eso, el recuerdo lo lleva al tiempo en que Pergamino no tenía peatonal y la calle San Nicolás, desde la avenida hasta Florida, se interrumpía al tránsito los días domingos para transformarse en “el paseo”. Esa era la cita obligada de jóvenes y el epicentro del encuentro se daba en el Hotel de Roma. “Nosotros íbamos todas las tardes porque el Roma era un espacio en el que se reunían muchos estudiantes secundarios; Graciela trabajaba en Casa Dinardo y yo la veía pasar. La conocía de antes porque de chicos ambos habíamos vivido en el barrio Acevedo y ella era realmente muy bonita”, relata. Un día coincidieron en la confitería Vía Appia que funcionaba en 9 de Julio y San Martín: “La saqué a bailar, después ella me invitó a un cumpleaños y fue en la confitería del Cine San Martín que la invité a tomar un café y le dije de mis intenciones. Me pidió un plazo para contestarme, pero yo me di cuenta que la respuesta era positiva. Así empezó nuestra relación, nos casamos cinco años después y estamos cerca de cumplir nuestras Bodas de Oro”, sonríe, mientras saborea un café que acompaña la charla.

El compromiso con lo público

Desde siempre sintió un compromiso hacia lo público y tuvo vocación de participar de la vida política de la ciudad honrando sus convicciones. Su abuelo materno, en la época de Hipólito Yrigoyen, fue delegado municipal de El Socorro, y su padre concejal en Pergamino. “Yo me afilié a la Unión Cívica Radical y participé de la vida del partido. Militando tuve la posibilidad de participar en la vida pública. En el gobierno de Raúl Alfonsín, durante la gestión de Jorge Young, fui secretario de Hacienda desde 1983 a 1987”.

“El 10 de diciembre de 1987 a la mañana cesó mi función en el Departamento Ejecutivo; y ese mismo día a la noche asumí como concejal”, agrega.

Aunque reconoce estar desencantado de la política, rescata el haber compartido su labor legislativa con personas como “Cacho” Bustos, “Chongo” Sprovieri, Juan Faraco, Silvia Ferrero Regis, Luis Sued, Raúl Rossi, Marcelo Conti y Lucio Tezón.

Cuando terminó su último período como concejal supo que ya no sentía deseos de seguir interviniendo en la esfera pública y dejó atrás ese capítulo, como también la militancia, aunque nunca abandonó sus ideales. “Estoy muy desengañado de la política, no fue una muy buena experiencia”, confiesa. Y plantea que su desencanto tiene que ver con lo que observa a diario. Le preocupan la degradación institucional, la impunidad y las causas que involucran graves hechos de corrupción que caen de la agenda pública sin resolverse.

Otras actividades

A la par del ejercicio profesional y la participación política, siempre se hizo tiempo para intervenir en espacios comunitarios. En lo profesional fue consejero del Consejo Profesional de Ciencias Económicas: “Estuve 10 años y allí trabajé a la par con Fernando Otero y Caminero, un colega ya fallecido”.

De la mano de su gusto por el tenis, fue tesorero del Club de Tenis durante la presidencia de Cirilo O’Brien y de Felipe Costa.

De las experiencias vividas en el Club, rescata una: haber ‘raqueteado’ con una niña de cuatro o cinco años a la que veían jugar sabiendo que lo hacía muy bien. “Yo nunca fui un gran jugador, pero jugaba. Y raqueteando siempre veía a una niña que parecía tener condiciones; era Paola Suárez, que llegó a ser un suceso mundial”, menciona.

También fue directivo del Club Sirio Libanés. “Trabajé con ‘Toto’ Adba, Roberto Jure, Nicola Rasuk y Antonio Batch. Mi llegada a la comisión fue a través de Adba. Fui tesorero y también acompañé en esa función la presidencia de Antonio Batch”.

Recuerda las reuniones de cada lunes. Y cuando habla de ello menciona a Hugo Apesteguía, “una persona que trabajó mucho por el Club Sirio, por la Ciudad Deportiva y por tantas otras instituciones. Es una persona a la que Pergamino le debe mucho”.

Un balance positivo

Sobre el final de la entrevista y como todo buen contador hace un balance. De cada vivencia tomó lo mejor. Eso lo enriqueció como persona. En cada lugar cosechó vínculos perdurables. “Los amigos de hoy son los de toda la vida. Algunos lamentablemente han partido, con otros tengo un trato más cercano o más lejano por el ritmo mismo de la vida, pero con todos conservo esa fraternidad que da el afecto”, sostiene este hombre que no tiene pendientes. “Afortunadamente he podido viajar mucho y tanto mi profesión como mi paso por la actividad pública me han permitido rodearme siempre de gente muy valiosa de la que aprendí”, agrega.

Aunque lejos ya de la participación política, como ciudadano no abandona la mirada atenta sobre la realidad y se define pesimista respecto del futuro del país. “Creo que hemos perdido el tren casi definitivamente”, sostiene. Y vuelve sobre la esfera íntima cuando reconoce: “La inseguridad me preocupa por mis hijas y nietos. Todo lo demás es superable pero la inseguridad causa terror y es muy difícil imaginar un futuro con miedo”.

En lo personal sabe que su familia ha sido su principal construcción y lo celebra. “El balance de mi vida es altamente positivo”, concluye, sintiéndose afortunado.


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Información actualizada al 17/02/2021 a las 10:05 Hs. (Fuente: Municipio de Pergamino)

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