Perfiles pergaminenses

Claudia Federici: en la docencia, la música y la vida encontró el modo de no traicionar sus sueños


Claudia Federici recibió a LA OPINION en la intimidad de su hogar

Crédito: LA OPINION

Claudia Federici recibió a LA OPINION en la intimidad de su hogar.

Durante 30 años fue "la profe" de Matemáticas del Colegio Marista. También en el Instituto de Formación Docente N° 122. Se jubiló en 2018 y en la actualidad es docente universitaria. Es cantante, integrante de grupos vocales y corales. Está casada, es mamá de tres hijos y abuela de dos nietos. Sensible y generosa, encuentra en la solidaridad un modo de retribuir a la vida, por tanto.

Claudia Graciela Federici tiene 59 años. Circunstancialmente nació en San Nicolás, porque sus padres se habían mudado a esa ciudad, pero cuando tenía apenas tres años se establecieron nuevamente en Pergamino y aquí transitó toda su vida. Es docente y desde chica abrazó su pasión por las matemáticas y su amor por el canto. Tiene una sonrisa generosa, de esas que muestran el espíritu de las personas. Siempre está dispuesta a tender una mano y de hecho es voluntaria del Banco de Medicamentos de la Red Solidaria, además de integrar la comisión de la Sociedad de Bomberos Voluntarios. Está jubilada desde 2018 pero sigue ejerriendo en la Unnoba, institución en la que empezó a dar clases desde el momento mismo en que se organizaron las carreras. Allí también estudió la Licenciatura en Enseñanza de la Matemática, carrera que le permitió profundizar sus conocimientos, al tiempo que nutrirse de competencias que le sirvieron a su ejercicio profesional, siempre comprometido con sus alumnos. Sabe que lo primero que tiene que existir en la relación docente alumno es la empatía y tiene la capacidad de desarrollar genuinamente ese atributo. Reestrena el entusiasmo cada vez que se para frente a una clase y no le pesa la tarea.

Acepta trazar su Perfil Pergaminense en la intimidad de su hogar. Allí todo tiene su impronta. El diálogo transcurre en la comodidad de aquellos que se lanzan a la conversación sin ruedos. Cuenta que sus padres fueron Elvidio y María Rossini y que tiene una hermana. Habla con profunda gratitud de sus padres que fueron "grandes trabajadores, emprendedores y conscientes en la enseñanza de los valores que les transmitieron".

"Mi papá fue comerciante y colectivero, tenía un colectivo de la línea de los rojos. Fue un gran trabajador y tesonero. Lamentablemente falleció tempranamente, a los 54 años", cuenta. Y habla de su madre. La emoción le quiebra la voz cuando la menciona. Ella falleció hace apenas dos años a sus 87 y aún está vivo el dolor de esa pérdida. "'Coca' falleció hace apenas dos años", dice en referencia a su madre y la define como "una guerrera".

Recuerda que sus padres tenían un negocio en la feria que funcionaba en el barrio General San Martín. Eso hizo que se mudaran del barrio Acevedo, donde Claudia creció, a ese otro sector de la ciudad tan entrañable a sus afectos. "Ellos se mudaron para estar más cerca del negocio, lamentablemente mi papá pudo disfrutar muy poco esa casa, y cuando él falleció mi mamá siguió trabajando incansablemente".

Reconoce que tuvo una hermosa infancia. "Mis padres nos formaron en los buenos valores y en la decencia", afirma. Cuenta que fue al Colegio Normal y que en esa institución también hizo su formación terciaria. "Soy profesora de Matemáticas y licenciada en Matemáticas", refiere y comenta que su vocación nació tempranamente. "Siempre me gustó enseñar, estando en el secundario yo recibía alumnos particulares de primaria en mi casa y a mis compañeros era la que siempre les explicaba los ejercicios de matemáticas porque era la materia que me gustaba".

El canto

Así como sin dificultades encontró su vocación, desde chica abrazó con entrega su pasión por el arte. "Mis padres no nos llevaban al club, pero sí a Bellas Artes. Allí aprendí teoría y solfeo y piano. Pero a mí lo que realmente me gustaba era cantar, así que cuando me incorporé al Coro de Niños de Hugo Ramallo, nunca más abandoné la actividad coral". Sabe, y lo señala, que tomó de su padre el amor por el canto y la música: "El era quien amenizaba las reuniones familiares cantando". Ama el folklore y especialmente las zambas.

Ya de más grande se integró al Coro Polifónico y después comenzó con los grupos vocales. "El primero fue el Grupo Vocal Fantasía en 1987. Ganamos todos los festivales: Peyrano, Baradero, donde también Fuimos revelación. En Cosquín 1990 fuimos finalistas.

"Fue un grupo con el que viajamos mucho, en dos oportunidades nos fuimos a Punta Arena, Chile. Nos dio enormes satisfacciones", agrega.

Más tarde, con Graciela Abad decidieron seguir y armar el dúo Charme. Luego llegó el turno del Grupo Almagre que integra actualmente. "En todos los grupos vocales y corales tengo grandes amigos, verdaderos. A lo largo de los años los ensayos, las actuaciones y el tiempo compartido han forjado vínculos que valoro", resalta, agradecida y menciona con nombre propio a cada uno de sus compañeros de camino musical.

En el año 1992 hizo una primera incursión en el Coro San José de los Hermanos Maristas, pero por ese entonces estaba "criando hijos". "Dejé de asistir y me incorporé tiempo después y formo parte de ese coro desde hace 25 años. Allí también tengo un grupo extraordinario de amigos", menciona, y comenta que también integró durante algún tiempo el coro de la Unnoba.

La tarea docente

Claudia comenzó a dar clases en el año 1988 en el Colegio Marista y se jubiló en esa institución en 2018. Allí transitó toda su carrera docente. También en el terciario, ya que fue docente del Profesorado de Matemáticas del Instituto Superior de Formación Docente N° 122, donde ella misma se había formado.

"Pasé 30 años de mi vida dando matemáticas, tengo infinidad de exalumnos que me recuerdan con mucho cariño, como yo a ellos", destaca y confiesa que se alegra cuando la vida la cruza con alguno de ellos y le permite conocer qué ha sido de sus historias y de sus vidas. "Me da mucho orgullo cuando sé que han logrado aquello que anhelaban", resalta.

En la actualidad, ya retirada de las aulas del secundario y del terciario solo da clases en la universidad. Trabaja en la Unnoba y en la Universidad Nacional de San Antonio de Areco. 

En relación a la Unnoba comenta que se integró en 2003, en pleno período de organización de las carreras: "Comenzamos con los ingresos en 2004. Realmente ha sido un recorrido hermoso, me encantó hacerlo".

"Pocas veces en la vida uno tiene la posibilidad de ver nacer una institución y yo tuve ese privilegio", agrega y rescata de la docencia universitaria la complejidad y el carácter desafiante que tiene la tarea. "Hay que estudiar mucho. Cuando empezó la Licenciatura me anoté, fue dura, pero aprendí muchísimo, querían que nos formáramos más que en la didáctica, en las matemáticas", agrega esta docente que pasa sus horas dando distintas materias en la pluralidad que propone la dinámica de la vida en la Universidad. 

Siempre dispuesta a ayudar

Desde hace algunos años es voluntaria del Banco de Medicamentos de la Red Solidaria: "Me sumé a este espacio porque sentía el deseo de hacer algo en comunidad. Me había jubilado de Marista y tenía la inquietud de invertir mi tiempo haciendo cosas por los demás. Es una tarea hermosa que me reconforta, voy todos los lunes, somos un nexo entre aquellos que donan medicamentos y aquellos que los necesitan. Hay un grupo de personas muy comprometidas en la Red Solidaria", menciona.

"También integro la comisión de Bomberos Voluntarios, una institución que está atravesando un momento muy complicado por falta de financiamiento. Realmente albergo la esperanza de que los ciudadanos nos puedan ayudar para defender a estos 72 bomberos que arriesgan la vida por nosotros y nuestros bienes".

El pilar fundamental

Nada de lo que hizo hubiera sido posible para Claudia sin la base de los valores que recibió de sus padres y de los pilares sobre los cuales constituyó su propia familia. "Le debo a mi familia todo lo que he podido hacer a lo largo de la vida", resalta. Y menciona a su esposo, Fernando Morro, con quien está casada hace 36 años. "Nos conocimos en el profesorado, nos pusimos de novios y dos años después nos casamos", cuenta.

"Nuestros hijos son: Marcos (35), licenciado en Seguridad e Higiene, que está en pareja con Florencia, que es contadora, y tienen a Amadeo, de tres meses. Marina (33), psicóloga y mamá de Valentino, de seis años. Y Joaquín (31) ingeniero industrial que está en pareja con Julia, que es docente y viven en Rosario.

Habla con profundo orgullo de sus hijos y con un amor inmenso de sus nietos. "Los nietos son una locura, los disfruto mucho. Valentino vive casa de por medio, así que pasamos mucho tiempo juntos jugando, llegan a la vida para mostrarte una felicidad absoluta", describe.

Su esposo está jubilado, se dedica a escribir y al teatro. "Hemos compartido el placer por el arte y adoramos viajar en familia. Una vez al año hacemos un viaje todos juntos y es hermoso", comenta. 

Siempre ir por sus sueños

Afirma que no tiene asignaturas pendientes y se define a sí misma como una mujer perseverante que cuando se propone algo lo consigue. Esa ha sido su principal herramienta para enfrentar la vida y alcanzar sus sueños, sin jamás traicionar esa intuición que la acompaña. En lo laboral imagina seguir trabajando en la universidad, un espacio en el que siente que el proceso de enseñar y aprender fluye en un marco de profunda libertad. Sostiene, como el primer día que hay una tarea docente que debe estar acompañada de una escucha atenta y de una mirada empática. La tiene, para el ejercicio profesional y para la vida. "Si generas esa empatía, el resto del camino se hace más fácil", sostiene.

En lo artístico se siente agradecida y satisfecha. "No hay pendientes, solo disfrute. Hoy estoy en el grupo vocal y nos dirige Cristian Capurelli, las metas que nos trazamos son desde lo artístico, pero también nos conectan con el disfrute de encontrarnos. Cantamos porque nos gusta, todo lo demás ya está hecho".

"Y lo mismo sucede en el Coro San José, donde hay un vínculo de mucha confianza", remarca y haciendo un paralelismo con otras dimensiones de lo cotidiano, afirma: "El coro es hacer con otros, generar una sola cuerda, trabajar colectivamente y en equipo, como sucede en la vida". Cuando habla de sus pasiones, de aquellas cosas que para ella son sustanciales, se emociona y sonríe.

Es una abanderada del hacer con los demás, con su familia, con los amigos, con sus pares de la música. Sonríe y ese gesto le ilumina la mirada. Hay plenitud en el rostro, también esa cuota de añoranza que se siente cuando uno se toma el tiempo de realizar un recorrido consciente por su historia de vida para recrearla. "Realmente la vida me ha tratado bien. Soy una agradecida a Dios y a la Virgen María que me acompaña siempre", remarca, sobre el final, sin pedirle a la vida más, solo agradeciéndole, por tanto.


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