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Norberto y Roberto Lencioni: hermanos y personajes entrañables de Guerrico

Norberto “Beto” y Roberto “Tati” Lencioni: en la puerta del Centro de Jubilados de Guerrico. (LA OPINION) Norberto “Beto” y Roberto “Tati” Lencioni: en la puerta del Centro de Jubilados de Guerrico. (LA OPINION)

Son inseparables. Nacieron y viven en la localidad, donde durante muchos años tuvieron un almacén. Hoy están jubilados y disfrutan de rutinas sencillas. Poseen un marcado compromiso con las instituciones del pueblo al que aman y pasan sus días en la tranquilidad, rodeados del afecto de sus familias y vecinos.


Norberto Carlos “Beto” y Roberto “Tati” Lencioni son hermanos y han vivido juntos toda la vida. Habitan en la localidad de Guerrico, tienen 78 y 74 años respectivamente y guardan el aspecto y la amabilidad de la gente de pueblo.

Nacieron en el lugar en el que viven y el resto de la geografía que conocen es la que tiene que ver con los caminos por los que los ha llevado el trabajo o el deseo de conocer el país. Hoy viajan con grupos de jubilados de los que forman parte. Son alegres y reparan en las cosas sencillas de la vida. Eso se nota en el modo en que conversan, y en la manera en que se miran cuando la entrevista los convoca a realizar un recorrido por la historia de sus vidas. Ambos son solteros. Norberto confiesa que alguna vez estuvo cerca de casarse, pero ambos coinciden en que por alguna razón en la historia de ambos se dio el hecho de no haber formado sus propias familias. Honran la que tienen y viven rodeados de sobrinos, sobrinos nietos y sobrinos bisnietos y son felices. No anhelan más que lo que tienen y eso los hace plenos.

“Nacimos en el campo y nos vinimos a Guerrico siendo muy chicos, así que vivimos toda nuestra vida acá”, cuentan en el comienzo del diálogo que se desarrolla en la sede del Centro de Jubilados y Pensionados del pueblo, del que forman parte. La puerta está entreabierta y es una tarde de sol. La bicicleta en la que se moviliza Roberto está apoyada sobre la pared del frente. Ambos están tranquilos porque afirman “todavía en el pueblo nadie se lleva nada”.

Les gusta esa tranquilidad y el ritmo apacible. Cuentan que crecieron en una familia que integraban sus padres: Peregrino Lencioni e Irma Parette; y la única hermana que tuvieron, Emilce, que falleció hace un año.

Sus progenitores estaban destinados al comercio y tuvieron un almacén de ramos generales por el que pasaba el pueblo. Norberto refiere que ellos crecieron en ese lugar, rodeados de los clientes. “Trabajamos ahí hasta que nos hicimos más grandes y empezamos a viajar a Pergamino para trabajar con Irma Ceriotti en la fábrica de ataúdes.

“Hasta los 13 años trabajé con mis viejos en el almacén de ramos generales y después me fui a Pergamino”, refiere “Beto”. Ambos recorrieron un camino parecido, juntos trabajaron en el rubro de los ataúdes hasta que más tarde se fueron a Protto, una fábrica de llantas en la ciudad de San Nicolás. Allí trabajaron hasta 1973. Viajaban todos los días en el colectivo que los llevaba y los traía. Las anécdotas que refieren de esa época son entrañables. En cada lugar por el que pasaron supieron tejer amistades que perduraron en el tiempo.

También fueron operarios de Somisa, una experiencia que rescatan desde el punto de vista laboral y personal. En 1991 dejaron la fábrica y se establecieron nuevamente en el pueblo. Volvieron al primer amor: el almacén. “Cuando dejamos de trabajar en Somisa pusimos un negocio del rubro almacén en el pueblo. Funcionaba al lado de la gomería”, cuentan estos dos hermanos que siempre trabajaron y vivieron juntos.

“Siempre trabajamos juntos. A veces uno conseguía el trabajo y recomendaba al otro, o al revés”, señala “Tati”, que reconoce que “esto fue así porque durante toda la vida siempre estuvimos juntos”.

 

Inseparables

Cualquiera que los conoce sabe que son inseparables. Mientras conversan, la charla va del presente al pasado para recrear las vivencias de una historia de vida sencilla. Perdieron a su padre cuando eran chicos. De su infancia recuerdan la figura siempre presente de su madre a la que definen como “una mujer extraordinaria” y una trabajadora incansable.

“Cuando murió nuestro padre mi madre se hizo cargo de nosotros tres, nos crió y trabajó mucho por nosotros y por mi hermana, dos años mayor que nosotros”, refieren. 

“Nuestra madre era una mujer extraordinaria”, expresa “Beto”. A lo que su hermano agrega: “Era la mejor mujer del mundo, como todas las madres”.

No lamentan el hecho de no haberse casado. Tienen una familia numerosa, integrada por sobrinos, sobrinos nietos y bisnietos. “Tenemos una sobrina, Liliana, que tuvo cinco hijos: Moira, Hernán, Malena, Bárbara y Tamara. A su vez Moira tiene dos chicos: Vladimir (10) y Angel (3); Hernán tiene una nena: Paulina; y Malena, que vive en General Rojo, tiene una nena: Juliana.

“Nosotros vivimos con sobrinos nietos y bisnietos. No estamos solos”, afirman y se enorgullecen de los vínculos que supieron armar con sus seres queridos. Ellos viven en la casa paterna, y sus familiares en una casa contigua. “Siempre estamos juntos”.

 

Hombres de pueblo

Además de trabajar se han dedicado a estar presentes y participar de las actividades de las instituciones de la comunidad de la que son parte. Norberto cuenta que se dedica a cobrar las cuotas del Club, del Centro de Jubilados y algunas rifas.

Se jubilaron hace tiempo. “Tati” se dedica a hacer mandados para el actual dueño del negocio que fue de ellos. “Nosotros vendimos el almacén y quien lo compró armó una especie de supermercado, y me pidió que siguiera colaborando con él haciendo el servicio de delivery”, cuenta Roberto que anda con su bicicleta cumpliendo con esa labor a la que le dedica su tiempo.

Participan activamente de la comisión del Centro de Jubilados y Pensionados desde hace varios años. “Acá organizamos distintas actividades, se dictan clases de gimnasia de las que yo participo”, refiere Norberto. “Además se alquila el salón para fiestas y se brindan diversos servicios”, cuentan.

 

Rutinas simples

Cuando no trabajan, les gusta compartir tiempo en familia y salir. “En el Club Progresista de Guerrico hemos estado toda la vida vinculados a la comisión”, refieren.

Norberto fue director técnico del equipo de fútbol para el torneo local y jugó. “Yo era el encargado de armar el equipo y me ponía yo”, bromea “Beto”. Roberto asegura que solo jugaron en “los potreros”. Uno es hincha de San Lorenzo y el otro de Racing.

“Beto” se define como un buen jugador de bochas y cuenta que jugó en varios lugares como Pergamino y Acevedo. “Después jugué en Guerrico y ahora de vez en cuando voy, pero juego solo de manera recreativa”, refiere.

Roberto, por su parte, hizo teatro. Recuerda que actuó en varias obras y  menciona una: “Así es la vida”, recreando una película que hizo Luis Sandrini.

“El profesor venía de Pergamino, se llamaba Franco. A mí me gustaba mucho tomar clases y actué en dos obras. Con una de ellas viajamos para presentarla en Pinzón y aquí en Guerrico”, recuerda. 

En el presente les gusta mucho salir. Andan por Pergamino, Conesa o San Nicolás. Viajan mucho con los jubilados. “El primer viaje que hicimos fue a Mendoza, después fuimos a Salta”, señalan y reviven experiencias de recorridos que le han permitido conocer parte de la geografía argentina y compartir tiempo con pares. “También fuimos a Mar del Plata, El Bolsón, Bariloche y a las Cataratas del Iguazú”, agregan.

 

Personajes entrañables

El principal tesoro que tienen, además de su familia, son los amigos. “Somos amigos de todo el pueblo”, afirman casi al unísono. Todo el mundo los respeta. Poseen la mirada de la vida que brinda la experiencia y el transcurrir es para ellos natural. Aman la tierra que habitan y son agradecidos. Observan con preocupación ciertas cuestiones del pueblo. Se lamentan por el progreso que muchas veces demora. “Este pueblo no tiene una estación de servicio, por ejemplo, no hay combustible y si hubiera sería mucho mejor”, afirma Roberto.  Igualmente en la mirada de ambos se impone lo bueno: “Es muy tranquilo vivir aquí. Si uno se olvida la bicicleta afuera, al otro día se levanta y la bicicleta está. Eso es impagable”, acota Norberto. Como contracara se preocupa al referir: “Así como digo esto, también es cierto que hay chicos que incurren en la droga o toman alcohol y eso es muy triste.

“El pueblo ha cambiado bastante. En nuestra infancia no había ni luz”, refieren en la conversación a la que acercan vivencias de un tiempo que recuerdan con algunas privaciones. “En aquella época no había ni agua”.

Les gusta la vida de pueblo y son activos militantes de causas que consideran justas.

“Estamos luchando para que en el pueblo haya un médico en forma permanente. Tenemos uno que viene de Conesa a Guerrico, una hora por día de lunes a viernes y si pasa algo los fines de semana estamos un tanto desprotegidos”, comentan. Además refieren que en materia de servicios, viven en una localidad en la que “algunas cosas están faltando”.

Nutren lo cotidiano del afecto de los suyos y aseguran convencidos de que “la familia es el pilar que los sostiene”. Están acostumbrados a vivir juntos y más que hermanos se definen como “amigos” y disfrutan de ese lazo entrañable que los hace felices.

“Vivimos siempre juntos, trabajamos juntos y ahora viajamos juntos”, refiere Roberto, el cocinero de la familia. Tienen buen carácter. “Somos iguales, por ahí nos enojamos, pero se nos pasa enseguida”.

Se miran fijamente escuchándose en el relato. Tienen los ojos de color celeste heredados de su padre. Cuando la entrevista termina se propinan algunas bromas y muestran claramente la complicidad de los hermanos. Cuando se apaga el grabador se relajan, posan para la foto y caminan serenamente, uno de ellos llevando la bicicleta “de tiro”, de regreso a casa, al ritmo apacible con el que viven.