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Nélida Tesone: una mujer que rinde culto a sus valores de compromiso y libertad

Nélida Tesone, en la docencia o en el deporte, una mujer dispuesta a tomar cada día nuevos desafíos. (NELIDA TESONE) Nélida Tesone, en la docencia o en el deporte, una mujer dispuesta a tomar cada día nuevos desafíos. (NELIDA TESONE)

Tanto en su ejercicio docente como en su actividad personal, dedicada a su familia y al deporte, honra principios vinculados a la solidaridad y al trabajo social. Tiene formación en campos disciplinares diversos y a sus 68 años sigue estudiando. Se define como una mujer feliz y sustenta esa convicción en el hecho de haber hecho siempre cosas que amaba.


Nélida Obdulia Tesone nació en Francisco Ayerza, donde sigue viviendo, aunque la entrevista se realiza en el lugar que ella define como su “segundo hogar”: el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica Nº 5 donde transitó gran parte de su período de formación y también su trayectoria docente. En todo momento sonríe y tiene un brillo en la mirada que acompaña ese gesto. Cada palabra en la conversación acerca un concepto y de inmediato deja traslucir su compromiso con lo que dice y con lo que siente. Se define como una mujer que siempre ha sido fiel a sus ideales y es dueña de una profunda vocación por lo social.

En el comienzo de la charla menciona a sus padres: Nélida Oberti, nacida en Acevedo; y Marcelo Tesone, nacido en Pergamino y residente de Francisco Ayerza. Ambos fallecidos, lo mismo que su hermana Marcela a quien nombra con profundo amor. 

Su familia hoy está integrada por su esposo, Luis Devia y su hijo Maximiliano (31), que trabaja en el Inta y está a punto de casarse con María Alejandra Franco. “Mi esposo es un hombre que siempre se ha dedicado a lo que le ha gustado que es el campo.

“Nos complementamos mucho en lo que hacemos y somos muy compañeros”, señala y recuerda que se conocieron en un baile en la localidad de Urquiza.

Su vida privada es rica en afectos. Disfruta de la compañía de sus ahijados. Tiene tres: Yanina, que trabaja en Presidencia de la Nación; Jonathan, que está en la escuela secundaria; y Felicitas, de un año y medio.

“Mi casa de nacimiento fue la casa de mi abuelo paterno, vivimos allí hasta mis tres años. Luego alquilamos un lugar y más tarde mi padre construyó nuestra casa a veinte cuadras”, refiere. Lamenta que en el pueblo haya menos población que entonces. Y acerca el relato de su tiempo de niña en esta colonia de agricultores.

“Fui a la Escuela Nº 155 de Francisco Ayerza, después se transformó en la Escuela Nº 56”, cuenta. Terminó su sexto grado y al finalizar se mudaron para seguir estudiando. Era imposible en épocas de lluvia. “Nos mudamos cuando yo tenía 12 años a seis cuadras de la ruta que es donde vivo actualmente. Comencé el secundario en el Colegio Nuestra Señora del Huerto, del que egresé con mi título de maestra en 1966. Viajábamos en el colectivo de la Empresa Tirsa en aquella época”.

 

Una vocación temprana

Confiesa que su vocación por la docencia nació tempranamente, a sus siete años cuando ya fantaseaba con poder “enseñar”. Reconoce que no se sintió influenciada por ninguna persona en particular, simplemente por el impulso de seguir ese deseo.

Su trayectoria docente es muy rica. “Empecé a trabajar en la escuela de Francisco Ayerza donde yo había estudiado, gracias a una ley puesta por el presidente Illia que daba preferencia en la designación al maestro local. Fue en 1967”.

Señala que allí tuvo como pares a quienes habían sido sus docentes. Estuvo un año y medio. Por entonces también estaba estudiando Abogacía en la Universidad Nacional del Litoral, abandonó y comenzó a cursar el Profesorado en Geografía y Ciencias Biológicas en San Nicolás, en la Escuela Normal “Rafael Obligado” de esa localidad. En el segundo año de su carrera comenzó a trabajar en el Colegio Nacional de Pergamino y más tarde hizo suplencias en el Colegio Normal.

“En 1973 me llamaron para hacer una suplencia en el Instituto Comercial Rancagua y en 1974 quedé como titular, donde trabajé hasta 2010. A la vez trabajé en el Colegio Nacional de Arrecifes desde 1973 hasta 1993”, relata y refiere que inscripta en el listado de Pergamino, logró tomar horas en 1985 en el Instituto Superior de Formación Docente Nº 5 y en agosto de ese mismo año en el Instituto Nº 121.

“Estoy formando futuros docentes y trabajadores sociales”, señala con el orgullo de sentir que hace lo que ama.

 

Una estudiosa

Se considera una persona inquieta por el conocimiento y a la par de su labor docente nunca dejó de estudiar. “En el Instituto hice un Profesorado en Educación Sanitaria, terminé en 1975. Al año siguiente me inscribí en la carrera de Trabajo Social pero se cerró en todo el país. Pude retomar recién en 1986 y egresé en 1989 con el título de Asistente Social”, describe.

Pero su formación no culminó allí. Tampoco su trabajo como docente. “Comencé a dar clases en la carrera de Geografía y me reubican en la carrera de Trabajo Social donde estoy a cargo de la práctica profesional.

“Llevo muchos años trabajando en los centros de práctica, en centros de desarrollo comunitario, en las salas de salud, en los hogares de ancianos, en el Hogar María Crescencia y en tantos otros lugares donde se concretan las prácticas de los estudiantes de Trabajo Social”, señala a medida que avanza una conversación que la lleva por el camino de las experiencias que siempre fueron nutritivas para su rol docente. “A mí siempre me gustó lo social, y siempre me sentí muy atraída por esta tarea”.

En el inventario de los hitos que marcaron su carrera docente Nélida reconoce que “los grandes acontecimientos siempre han ocurrido cada diez años”. Y cuenta que en 1999 arrancó la Licenciatura en Trabajo Social en la Universidad Nacional de Mar del Plata, se recibió en 2006 y egresó con un promedio sobresaliente. “Hice posgrados en salud comunitaria y como operador familiar”.

Asegura que el fuerte de su carrera docente se dio en el nivel superior, lo que considera que supone “otro compromiso y otra complejidad”.

“Siempre me preocupó el poder formarme y dar nuevos materiales a los alumnos y nuevas miradas”, afirma. Actualmente está haciendo una maestría en Trabajo Social en la Universidad Nacional de Entre Ríos.

“Vivo entretenida en la tarea de enseñar y aprender. Gran parte del día estoy enfocada en el trabajo social y buena parte del tiempo me dedico a ser docente en el campo de las Ciencias Naturales. Ejercito mi cerebro en sus dos mitades”, resalta y asegura que ambas actividades le resultan gratificantes. “Todo lo que tenga que ver con enseñar me apasiona. Mi vida es una vida de estudio. Cualquiera que entre a mi casa verá libros y bibliotecas”.

 

Una familia rural

Tiene 68 años. Están bien vividos. Celebra la vida cada día. Vuelve sobre su familia cuando lo dice y la define como “una familia rural”, una apreciación que tiene que ver con las tradiciones, con el complemento de tareas, el trabajar en unión. “Crecemos porque es como si tuviéramos una empresa familiar en la que todos tiramos para el mismo lado y hacemos todo desde ahí. Esa fue siempre mi concepción de la familia y tuve la fortuna de poder armar la mía sobre la base de esos valores y mi forma de pensar en cooperación. Esto no significa que todo es color de rosa, pero compartimos lo que nos va pasando en el día a día.

“He hecho en mi vida lo que he amado, lo que me ha gustado”, afirma. 

 

El deporte

Nélida es una mujer que está muy abocada a la actividad deportiva. Es atleta y desde hace varios años participa de carreras de atletismo y desarrolla actividades que la conectan con desafíos importantes. “Por las tardes en el tiempo que me queda libre entreno, salgo a correr y ando en bicicleta”.

Su relación con el atletismo se inició por un problema de salud. Le indicaron salir a caminar, pero se aburría, empezó a trotar y de la mano de esa actividad llegaron las pruebas de integración y algunas competencias. Reconoce que la faz competitiva es la que menos le interesa. “No sirvo para competir, cuando alguien que está en mi categoría se adelanta, yo lo dejo, y hago mi parte. No me interesa ganar”, confiesa. Viene compitiendo en carreras de 8 y 10 kilómetros. La próxima será el 10 de septiembre y se está preparando. “El año pasado hice una por mes”, cuenta. Su participación se da en las carreras que se realizan en Pergamino y en varias de las que se organizan en ciudades de la región. También le gusta el cicloturismo, una actividad de la que participa cada vez que puede.

 

La gran aventura

En el inventario de su trayectoria deportiva destaca varios acontecimientos, todos están vinculados a la posibilidad de compartir y asumir desafíos. El viaje que en enero hizo a Chile según refiere “cambió su forma de ver y pensar la vida”.

“Fue un viaje hermosísimo donde hicimos circuitos en San Martín de los Andes y el del Cruce de los Andes, fue durísimo, pero inolvidable”, afirma y su mente ya está enfocada en una segunda experiencia que vivirá en febrero del año próximo. “Me voy a Chile nuevamente, pero desde Chubut por tierras mapuches y vamos a recorrer el Parque Nacional ‘Los Alerces’ en bicicleta”.

“La montaña es otra cosa. Es completamente diferente, te obliga a esforzarte y cuidarte mucho”, describe y aunque señala que la actividad es grupal, en ese tipo de hazañas cada uno va a su ritmo. “Es una experiencia que uno vive con uno, es la bici, la montaña y vos”, afirma.

Antes, en enero, piensa correr una carrera de atletismo en San Bernardo, para abrir su temporada en el arte de correr. 

 

Una vida plena

En la montaña, en la costa o en las calles de Francisco Ayerza, Nélida está siempre dispuesta a asumir nuevos desafíos. En la perseverancia y en la organización del tiempo están sus claves para llevar adelante todo lo que se propone. Integra la Asociación Cooperadora del Instituto Nº 5 y siempre está dispuesta a abrir su casa para recibir amigos.

Es una mujer feliz. “Lo que me da felicidad es mi trabajo docente y tener la familia que tengo”. También es una persona de fe y desde hace muchos años despliega una tarea en la comunidad de la Parroquia Santa Teresita donde brinda charlas prebautismales y es ministro de Eucaristía.

“Vivo en el que considero que es mi lugar en el mundo. En la casa que construyó mi padre. Fue lo primero que tuvo mi papá. Allí imagino mi vejez, porque estoy bien y siempre me hago un tiempo para cultivar la huerta y nutrirme de mis cosas”, señala casi cuando la entrevista termina. Y vuelve su mirada sobre ella misma y su vida para referir que siempre fue muy independiente y libre. “Desde muy chica mis padres me decían: ‘Andá, hacelo que vos podés’. Ese impulso es el que le ha servido seguramente para ganar confianza, y asumir las responsabilidades que ha tomado en la docencia, el deporte y en la vida.