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Graciela Piai: una vida dedicada con empeño a su trabajo

Graciela Piai, empleada municipal jubilada y preceptora en establecimientos educativos. (LA OPINION) Graciela Piai, empleada municipal jubilada y preceptora en establecimientos educativos. (LA OPINION)

Durante 38 años fue empleada municipal. Hace un año se retiró para acogerse a los beneficios de la jubilación. A la par de ese trabajo desarrolló tareas en la órbita privada y es preceptora en la Escuela Secundaria Nº 4. La mejor recompensa fueron las relaciones de afecto que supo cosechar con el transcurso del tiempo, fruto de haber puesto lo mejor de sí en cada labor.

Graciela Beatriz Piai tiene 61 años y durante más de tres décadas trabajó en la Municipalidad de Pergamino, razón por la cual muchas personas la conocen en el desempeño de su labor. Además es preceptora en escuelas secundarias, lo que le vale el reconocimiento de sus pares y de muchas generaciones de estudiantes que estuvieron a su cuidado.

Está jubilada del Municipio desde hace un año, pero se mantiene en actividad en sus otras diversas tareas. Reconoce que gran parte de su energía desde siempre ha estado enfocada en la cuestión laboral. “Siempre tuve más de un empleo y siempre me gustó lo que hice”, refiere esta mujer que es soltera y vive en el barrio Municipal, en una propiedad que logró adquirir a fuerza de sacrificio.

El 23 de diciembre pasado en un reconocimiento que autoridades municipales hicieron a agentes que se habían acogido al beneficio de la jubilación, fue destacada con algunos calificativos como “empleada responsable, cumplidora y muy buena compañera”. “Siempre traté de poner lo mejor de mí en lo que hice, tanto en el trabajo como en la vida y eso me ha valido la mejor recompensa que es el afecto de la gente con la que he compartido mi tiempo”, refiere con humildad. Quienes la conocen la definen como una persona generosa con una gran actitud de servicio. Es solidaria e incondicional para con los demás.

Nació y creció en el barrio Acevedo, frente a la plaza. Su padre, Armando Piai “Nino”, fue empleado ferroviario “catango” como se le decía a quienes se dedicaban a reparar rieles. El falleció hace ya muchos años. Su madre Nélida Costa “Coca”, tiene 86 años y en su juventud fue comerciante y tuvo una mercería. Fueron sus progenitores quienes nutrieron a Graciela de valores como la responsabilidad y el trabajo y de ellos aprendió que “es con esfuerzo como se logran las cosas”. Creció junto a su hermana menor Claudia, que es asistente social.

En su formación también tomó referencias de sus abuelos paternos, llegados de Italia, Luis y Victoria; de su abuelo materno Antonio Costa Bonet, de Ibiza, España; y de su abuela argentina de descendencia italiana, María Pirchi. Sus mayores siempre fueron pilar de su crecimiento y de su desarrollo.

Asegura que tuvo una infancia feliz en el barrio, signada por la impronta de reuniones familiares armoniosas. “Recuerdo los domingos de mesas largas y familia extensa, con tíos, primos e innumerables discusiones por fútbol y política”.

Siempre fue inquieta, fue a la Escuela Nº 4 y en el secundario pasó por varios establecimientos educativos. Comenzó en el Colegio Nuestra Señora del Huerto; en cuarto año se pasó al Colegio Normal; y egresó del Comercial nocturno. “Fui multifacética, en una época fui catequista de la Parroquia San Roque; jugué al basquetbol femenino durante años en el Club Argentino, en una época en la que ese deporte estaba en su esplendor. Viajábamos mucho, íbamos a Rosario, San Nicolás y Jáuregui”.

En cada lugar en el que estuvo cosechó innumerable cantidad de amigas. Los sábados, en la época de los legendarios bailes del Club Argentino, atendía el guardarropas para recaudar fondos y con eso reunir el dinero que necesitaban para asistir a los distintos torneos de basquetbol de los que participaba. Siempre tuvo la posibilidad de viajar y esa fue una actividad que le gustó mucho.

Durante años se dedicó a viajar. Se enorgullece de conocer los principales destinos de Argentina y de haber tenido la posibilidad de realizar algunos viajes al exterior, a países limítrofes y a México.

Reconoce que desde muy joven estuvo enfocada en su dedicación al trabajo. Inquieta e incansable, siempre encontró el modo de compatibilizar su labor en el ámbito municipal con actividades laborales privadas. Nunca tuvo militancia política y siempre se llevó bien con sus pares.

Su trabajo en el Municipio

Comenzó a trabajar en la biblioteca del barrio Acevedo, cuando los integrantes de la comisión la convocaron para realizar tareas en reemplazo de la responsable de ese espacio que se vio afectada por un problema de salud. Se inició trabajando medio jornal, hasta que llegó el tiempo de la jornada completa. Y en 1977 durante la gestión de Raúl Rossi, la trajo a Contaduría de la Municipalidad. Así comenzó la carrera administrativa que culminó hace un año y que la llevó por distintas áreas de la administración municipal. “Generalmente trabajé en la parte contable, estuve en Contaduría, Tesorería, fui cajera, estuve en el Cementerio, me trasladaron al Centro de Desarrollo Comunitario de Otero, me volvieron a llamar para el área contable; en otra época hice relevamiento de negocios; marcas y señales; y sobre el final estuve en el 108 trabajando en el turno noche”, relata y señala que trabajó durante 38 años. “Trabajé de 1973 a 1980; renuncié para desarrollar otra tarea en la órbita privada y el 28 de diciembre de 1984 en una cena me informaron que el 2 de enero de 1985 tenía la ficha disponible en el Municipio y volví”.

Afirma que todos los trabajos que realizó en el Municipio fueron de su agrado. “Siempre tuve compañeros muy buenos”.

Reconoce que se preparó para la jubilación, entendiendo que tomó la determinación cuando sintió que era tiempo de dejar paso a los “más jóvenes”.

“El último destino en el que estuve fue el 108 y me gustaba, pero era mucho tiempo de trabajo y había que dejarle lugar a la gente joven, mi ciclo estaba cumplido”, afirma.

Hoy, aunque ya no tiene un vínculo laboral, mantiene con el Municipio una relación cercana, fundamentalmente con sus compañeros que siempre la convocan cada vez que se reúnen para compartir momentos de camaradería.

 

La escuela

Graciela se desempeña desde hace varios años como preceptora en escuelas secundarias. Actualmente trabaja en la Secundaria Nº 4, que funciona en el turno vespertino en la Escuela Nº 1. También trabajó en el Colegio Comercial y realizó suplencias en otros establecimientos. “Es linda la experiencia en la escuela, a pesar de que siempre soy ‘la mala’, me gusta mucho el trato con los chicos.

“Antes con el título secundario uno tenía la posibilidad de anotarse para tres escuelas, así fue que comencé realizando mis primeras suplencias en 1986. De ahí en adelante siempre me volvían a llamar hasta que obtuve mi cargo como preceptora”, cuenta recreando sus comienzos en esta actividad.

“Ya estoy para jubilarme también en la escuela”, refiere y señala que en el futuro cercano tomará esa decisión para abocarse a llevar adelante nuevos proyectos que tienen que ver con su vida personal. “Que trabaje la gente joven”, insiste convencida de que hay que dar lugar a nuevas generaciones y dedicar tiempo de la vida a disfrutar de otras actividades.

 

La casa propia

Vivió en su casa paterna hasta que con mucho esfuerzo logró adquirir su vivienda en 1988 en el barrio que construyó el Sindicato de Empleados Municipales. “Pude comprar mi casa gracias a la ayuda que me brindaron muchas personas y a un crédito otorgado por el Banco Hipotecario”, refiere.

“Yo vivo sola, tengo mi casa y gracias al Sindicato Municipal tengo mi propio techo. La oportunidad se presentó en un momento en el que muchos compañeros no pudieron pagar lo que había que entregar y aunque yo tampoco tenía el dinero, gracias a la ayuda que me brindaron algunos familiares pude cumplir el sueño de tener mi casa”, cuenta.

 

Su presente

Hoy dedica su tiempo a disfrutar de sus sobrinos: Milagros, próxima a recibirse de contadora pública nacional; y Pablo, estudiante de segundo año de Ciencias Agronómicas de la Universidad Nacional de Rosario. “Me siento orgullosa de ellos”, afirma y se emociona cuando cuenta las anécdotas de vivencias compartidas en familia.

Cuando no está trabajando le gustan las rutinas tranquilas, le agrada mirar televisión y siempre se hace tiempo para estar en actividad. A lo largo de los años estableció una buena relación con los responsables del Instituto de Diagnóstico Pergamino y siempre que puede les tiende una mano para el desarrollo de alguna tarea a modo de colaboración. “Les estoy muy agradecida porque me han brindado oportunidades y lo retribuyo prestándoles mi colaboración desinteresada”, refiere.

Se define como una persona “agradecida”, de fe católica aunque no practicante y reconoce que gran parte de sus logros han sido fruto del sostenido empeño para alcanzar el cumplimiento de sus sueños. Acepta con naturalidad el hecho de no haber tenido hijos. “Dios no quiso que eso sucediera y en aquel tiempo no era como ahora. Dios no quiso, por algo será, y me compensó con mis sobrinos y con mis chicos de la escuela”.

Pergamino es un lugar en el que le gusta vivir y recrea con añoranza vivencias en su querido “barrio Acevedo”. Es hincha de Tráfico’s Old Boys y recuerda el paredón que por años dividió a ese barrio del centro de la ciudad y el puente de hierro que había que cruzar cada día.

En el futuro planea viajar a Europa y fantasea con la posibilidad de llegar a Ibiza para conocer la casa de sus abuelos maternos. “Primos de mi mamá me cuentan que la casa está como era entonces y tengo deseos de conocer, no descarto poder viajar cuando me retire de la escuela”, comenta y se siente cerca de realizar “ese viaje pendiente”. 

Afirma no tener con la vida demasiadas asignaturas pendientes, quizás porque posee la templanza de haber aceptado cada reto que le puso por delante el destino y haberse forjado la vida que proyectó.