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Editorial

De Vido: “Quemá esas cartas…”

Viendo la profusión epistolar que viene desarrollando desde la cárcel Julio de Vido, que parece hacer más catarsis por este medio que hablando frente al juez, nos viene a la memoria aquel famoso tema “Quemá esas cartas” de Julio Jaramillo, donde el protagonista atraviesa por desventuras y amargura.

Parece que al exministro K, que fuera tan poderoso, ahora le sobra el tiempo en el Penal de Marcos Paz para descargar su ira contra propios -a los que considera traidores- y extraños, a los que responsabiliza de estar detenido. Al fin, se reconoce solo, abandonado y, sobre todo, librado a su suerte. Ve cómo le dan la espalda muchos dirigentes, intendentes y gobernadores, que le hacían la corte un día y otro también para que les diera obras públicas. Y claramente se irrita, se nota en su prosa. Lo que no puede ignorar De Vido es que ahora está preso por el procedimiento que la Justicia investiga y define como una “matriz diversificada” de corrupción. Y en estos casos, la política se comporta como si se jugara a la “mancha venenosa”: son muy pocos los que quieren ser tocados por el manchado. Siendo un hombre de la política, no puede sorprenderse De Vido con estas actitudes.

Con o sin sorpresa, ha encontrado en las cartas la manera de hacer conocer su enojo, pero sobre todo, de recordar a muchos que los puede arrastrar en su suerte.

La primera apuntada en las misivas fue la misma Cristina Kirchner, a la que su esposa Alessandra Minnicelli acusó de haber tenido una actitud “inhumana” con ellos. En principio la circunstancia de no haber puesto “las manos en el fuego” por De Vido cuando fue consultada si lo haría en un reportaje, cree el matrimonio que fue la señal para que el kirchnerismo lo abandonara. Lo toman como una señal, un mandato a los legisladores para atender el retiro de los fueros, tras los cual fue detenido.

Y en esta prisión preventiva por presunta malversación de fondos en la remodelación de Yacimientos Carboníferos de Río Turbio y por la causa del gas licuado, el exministro sigue con sus cartas tumberas. En otra apuntó contra varios líderes políticos: el referente de 1País, Sergio Massa; la diputada electa por Cambiemos, Graciela Ocaña; el líder del partido Evolución, Martín Lousteau, y contra el referente del espacio Cumplir, Florencio Randazzo. Porque dice que todos fueron ministros del mismo gobierno, los soslaya como cómplices por el silencio, dando a entender que todos ellos sabían cómo se hacían las cosas, y luego hicieron campaña hablando de la corrupción K. Hasta se quejó de los fiscales federales que “resiven” (por reciben) a esos candidatos: “¡Estos señores eran ministros! No personal de maestranza, por quienes sí siento respeto y afecto, que es un sentimiento que ellos seguro no conocen”. Todo lo contrario; sería bueno que estos exfuncionarios, tan indignados por la corrupción, visitaran más a los fiscales, pero para llevarles pruebas, nombres, tramas, modus operandi, documentos.

Afuera, su mujer también está lanzando petardos de bronca por doquier. Alessandra Minnicelli, quien también tiene a su hermano tras las rejas, aseguró en el programa mañanero de Antonio Laje que “Julio tiene mucho para decir”, en medio de una catarata de defensas hacia su esposo, como es natural que suceda.

Lo lógico sería que hablaran ante el juez de la causa sobre eso, ella y su esposo, en lugar de tanta carta y tanto sangrar por la herida en los medios. No lo hizo tampoco Lázaro Báez, pero se mantuvo siempre en silencio, ante el juez y ante la gente. No como los De Vido, que son de lengua larga para amenazar y criticar pero se callan ante la Justicia. 

Los que aguardan que un “arrepentido” hable, por el momento, tendrán que esperar. Porque una cosa es el pase de facturas mediático y otra es sentarse a dar datos a la Justicia.

La situación de los exfuncionarios y dirigentes k es desesperante a estas horas: Amado Boudou inició una nueva vida en Ezeiza; Luis D’Elía fue condenado a cuatro años de prisión por la toma de la comisaría de la Boca; citaron a indagatoria a Ricardo Echegaray, extitular de la Afip, por “contrabando agravado”; Cristina regresó a Comodoro Py por la causa Hotesur, junto con sus hijos; todos presentaron escritos, nadie habla ni se somete a las repreguntas. En lista de espera, Cristóbal López, un empresario que ve caer sus medios, para ser procesado.

Tampoco se ignora que el resultado electoral, más los dichos presidenciales acerca de la lentitud judicial, parecen haber desatado una locura en los tribunales de Comodoro Py, quizás para tratar de lavar un pasado de impunidad que duró más de 10 años. Una situación que también aplaude Laura Alonso, de la Oficina Anti Courrupción, que se ha cansado de presentar denuncias para que nunca se las atendieran.  

Si ahora hay sobreactuación judicial y descuido en los procedimientos para apurar las causas que durmieron demasiado, la sociedad en general percibe la situación como positiva porque están “encarcelando a los corruptos”, mientras en el círculo rojo, siempre más analítico, no termina de cerrar que se detenga a exfuncionarios sin una indagatoria previa. En fin, a veces para tapar un error se termina cometiendo otros.

Lo que realmente cansa, agota la paciencia es que los presos K no parecen decididos a enfrentar al juez con la verdad, con lo que realmente pasó, cómo se organizó, cómo se distribuyó el dinero de la obra pública, quiénes se enriquecieron más o menos, qué empresarios participaron. No es lo mismo lo que se está investigando a pulso, pelo a pelo, con muchos huecos en medio, que lograr un arrepentido que pueda ordenar estas mega causas de corrupción.

 

No queremos generarnos expectativas anticipadamente, porque hasta el momento, Lázaro es mudo, De Vido escribe cartas y Boudou está deprimido, así que de hablar ante los magistrados, nada.