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Tiempo de crisis y ajuste económico: ¿Qué impacto está teniendo en la salud?


La medicina preventiva es la que ms se lesiona en tiempos de crisis

Crédito: LA OPINION

La medicina preventiva es la que más se lesiona en tiempos de crisis.

Quizás es prematuro mensurar el peso que la cuestión sanitaria tendrá en las decisiones que se van tomando a nivel familiar para aliviar los bolsillos, pero ya hay algunos indicadores que muestran que, como sucede a escala nacional, los pergaminenses comienzan a tomar medidas de recorte que pueden tener implicancias ciertas, fundamentalmente en aquellos aspectos vinculados a la medicina preventiva.

El ajuste impuesto por las medidas económicas implementadas por el Gobierno nacional tiene implicancias en todas las esferas de la vida cotidiana y la salud no es la excepción. Al recorte de gastos y la limitación de transferencias discrecionales a las provincias- algo que seguramente obligará a contener gastos y seguramente impactará en el nivel de ingresos con los que se cuente en lo mediato para sostener dispositivos de atención-, se le suma el componente inflacionario, la carga laboral del sector salud, y el desajuste propio que el conjunto del sistema sanitario tenía antes de esta crisis y se traducía en dificultades ciertas para sortear problemas estructurales complejos. A esto hay que sumar que el aumento en los costos de la medicina prepaga y los cambios planteados en el sistema de obras sociales, condicionan seriamente a los usuarios del sistema de salud y los obligan a hacer una reingeniería para equilibrar costos sin condicionar demasiado el acceso a los servicios de salud.

Un parámetro, las farmacias

Uno de los ámbitos donde más se siente la afectación económica es en las farmacias. El aumento en el precio de los medicamentos ha sido sostenido en los últimos tiempos y esto dificulta por un lado a los prestadores que deben analizar el costo que insumos y medicamentos tienen en las prestaciones asistenciales. Y por el otro, a los pacientes, que ven cómo el incremento de precios condiciona seriamente la posibilidad de acceder a medicamentos de primeras marcas. Como sucede en otros rubros de la economía doméstica, cada vez más se recurre al genérico como alternativa de menos costo económico. Lo que hay que preguntarse es si la composición de esos medicamentos tiene las mismas concentraciones y principios activos y si, por consiguiente, los resultados que aportan son los mismos. Independientemente de las respuestas que tanto profesionales médicos como farmacéuticos dan a este interrogante, lo cierto es que, por el momento, lo que prima es el bolsillo y quienes pueden resignan en búsqueda de equilibrar un poco la balanza.

Salvo aquellos que tienen cubiertos al cien por ciento sus medicamentos para el manejo de patologías crónicas y siguen llevando las marcas habituales, el resto de los pacientes que deben abonar una diferencia o aquellos que no cuentan con cobertura, directamente recurren al genérico más allá de cuál sea la prescripción del médico. En las farmacias locales esto se observa fundamentalmente en la medicación antihipertensiva, en los medicamentos para el tratamiento de patología cardiovascular y diabetes. "La gente no llega y busca las opciones más económicas", refieren los farmacéuticos y aseguran que también han bajado sensiblemente las ventas de productos que se comercializan en farmacias y que necesariamente no son medicamentos. "Sucedió con los protectores solares que, salvo un alto pico de demanda a comienzos del verano, luego la gente preguntaba y no los podía comprar porque los valores en algunas marcas superaban los diez mil pesos". Algo similar refieren sucedió con los repelentes, aunque en el marco de la alerta por casos de dengue y otras enfermedades transmitidas por mosquitos, la gente decidía llevarlos igual cuando los conseguía, atendiendo a que durante la temporada se han experimentado faltantes.

Las prepagas

Otro de los costos que se modificó sensiblemente en materia sanitaria es el vinculado a las cuotas de la medicina prepaga. En el último trimestre los aumentos alcanzaron el cien por ciento en muchos de los casos y esta variable tiene una marcada incidencia en el presupuesto familiar de muchos. Incluso aquellos que forman parte del sistema utilizando los aportes que hacen sus empleadores y que pagan solo una parte de la cuota, sienten resentida la posibilidad de sortear este gasto que parece aún no encontrar coto. En los últimos días socios de varias empresas de medicina prepaga ya recibieron la comunicación de las empresas prestadoras de este servicio informando que el mes próximo habrá un nuevo aumento de la cuota que alcanzará alrededor del 20 por ciento, algo que demuestra que con la desregulación dispuesta el ritmo de las subas no se detiene y pone en riesgo la posibilidad cierta de muchas familias de sostener los planes contratados.

En varias empresas del sector consultadas por LA OPINION reconocieron que a diario se reciben consultas de clientes interesados en evaluar planes más bajos en cuanto a la cobertura, pero más convenientes desde el punto de vista económico, aunque insistieron en recordar que los valores de la medicina prepaga estaban pisados por la regulación y la imposibilidad de aumentar más allá de los porcentajes que eran autorizados por el Gobierno.

El movimiento en los planes, la elección de ofertas más convenientes y el propio diseño de paquetes de bajo costo por parte de las propias empresas comienza a formar parte del abanico de las alternativas que se estudian como parte del ajuste. Quienes ven seriamente condicionada esta posibilidad son los mayores de 65 años que quedan cautivos de una determinada prestación porque las empresas no los aceptan o les imponen condiciones prácticamente impagables.

Los usuarios, por su parte, lo que advierten con preocupación es que este incremento en el nivel de las cuotas no se ve reflejado en una ampliación de la oferta prestacional, sino que, por el contrario, hay especialidades médicas que cobran un copago o prácticas que quedan por fuera de la cobertura aún en planes altos. 

Habrá que ver cómo se siguen comportando los aumentos y cuánto de esto motivará al cambio o el pasaje a otros sistemas de cobertura médica. Si esto ocurre, también será necesario mensurar qué capacidad real tendrá el sistema de obras sociales sindicales para absorber más demanda y qué pasará con aquellos que directamente no estén en condiciones de pagar cuotas adicionales y deban recurrir a los dispositivos de atención del sistema público.

También los prestadores

Del mismo modo que los usuarios del sistema de salud se ven afectados por la crisis, también los prestadores atraviesan una situación compleja. En las últimas horas los kinesiólogos anunciaron que dejarán de atender por obras sociales y prepagas debido a la falta de actualización de aranceles. Antes habían hecho lo propio los bioquímicos y cuesta conseguir en la práctica profesionales de otras especialidades como la odontología que trabajen por obras sociales o prepagas sin cobrar diferencias por determinados procedimientos no contemplados en los convenios o pautados con honorarios que no se actualizan y resultan insuficientes.

En los consultorios médicos a diario cambian las condiciones de atención de acuerdo a la dinámica que van teniendo la actualización o no de los aranceles que perciben y lo mismo ocurre en los efectores de internación. El aumento de costos, la condición intensiva que tiene la masa laboral en el sector salud, el desfasaje existente entre el costo de la prestación, lo que efectivamente perciben los prestadores y los plazos en que reciben los pagos, motiva una situación de crisis terminal para el sector que deberá reacomodarse y que requerirá de algunos mecanismos de asistencia financiera como para sostener un tiempo de crisis que impacta en las distintas dimensiones que supone la atención integral de salud.

¿Se relega el cuidado de la salud?

De las consultas realizadas para la producción de este informe, tanto entre usuarios como entre prestadores, lo que se nota con claridad es que en tiempos de crisis se relegan muchas cuestiones vinculadas a la salud y se dejan de lado controles y consultas de aquellas cuestiones que no resultan urgentes. Para muchos, cada vez es más difícil pensar en determinadas prestaciones y por necesidad se van retrasando las consultas y prácticas que en otro contexto se consideran importantes. Valen como ejemplo de esto las consultas a determinados especialistas, la realización de tratamientos estéticos o de salud, la continuidad de los tratamientos de psicología y aquellas consultas en las cuales se cobran diferencias por sobre lo que está cubierto por las obras sociales y prepagas.

Cuestiones de salud que en lo inmediato no representan una urgencia, equivocadamente quedan de lado en la urgencia por atender otros apremios. Esta es una realidad manifestada por muchos. Y como contracara de ello, lo que se lesiona en estos escenarios es la medicina preventiva, aquella que está orientada a detectar patologías de manera temprana y asegurar un verdadero cuidado de la salud más allá de una situación de enfermedad puntual.

Una demanda que crece

Así como para aquellas cuestiones que no se consideran urgentes hay una postergación y se retrasan consultas o procedimientos, en paralelo y desde hace tiempo, crece la demanda de atención en los efectores tanto públicos como privados y esto, de acuerdo a lo que ha sido señalado por varias de las fuentes consultadas obedece a múltiples razones. Una de ellas se dio durante la pandemia, cuando hubo una demanda que quedó contenida porque el sistema y la propia sociedad se abocaron solo a la atención de los casos de Covid-19 y las urgencias. Esta demanda reprimida comenzó a soltarse con el cambio de la situación sanitaria y esto intensificó el trabajo en salud, incrementando sensiblemente la demanda en espacios de atención y diagnóstico. Esto mostró que luego de la pandemia, aparecía una población con enfermedades más graves, ya sea por el descuido en el control de las enfermedades crónicas, o por la aparición de otro tipo de patologías diagnosticadas en estadios más tardíos.

Estas situaciones le han conferido a la atención de salud una dinámica que hace que los efectores trabajen con altos niveles de demanda de manera sostenida y que lo hagan en un contexto económico sumamente adverso, sujeto a restricciones, cambio de condiciones y sin la estabilidad que posibilitaría un funcionamiento con menos sobresaltos. Si bien es cierto que como consecuencia de la propia previsión de los efectores y de las gestiones realizadas para abastecerse del stock necesario de insumos y medicamentos, no se ha visto resentida la calidad de la atención ni la regularidad de la misma. 

También el sistema público de salud atraviesa tiempos de alto requerimiento de atención. La disponibilidad de ofertas tanto para el diagnóstico y tratamiento de distintas enfermedades y la imposibilidad de afrontar los costos que representa la atención en efectores privados hace que muchos recurran a la medicina pública, aun teniendo algún tipo de cobertura social. Esto pone a los dispositivos en la necesidad de ampliar su oferta, fortalecer su infraestructura y contar con la red de profesionales de distintas disciplinas, para poder estar a la altura de requerimientos que tanto en el sistema de atención primaria como en el segundo nivel de atención crecen con el devenir de la crisis.

Más atención en salud mental

La dimensión de la crisis encuentra un termómetro en el crecimiento de la demanda de atención en los dispositivos de atención de salud mental que funcionan en el sistema público de salud. Tanto a nivel hospitalario como en el sistema de atención primaria y en el servicio de asistencia a la comunidad con el que cuenta el Colegio de Psicólogos se advierte un requerimiento creciente y todos estos dispositivos se esfuerzan por responder con calidad y sensibilidad a esta demanda. Esta variable se da siempre en momentos de crisis que hacen que la comunidad busque alternativas para la atención de su salud mental sin incrementar ostensiblemente un costo de vida que ya es altísimo. El gran desafío que propone el presente es reforzar los dispositivos para hacer frente a esta demanda, algo que también resulta dificultoso en tiempos de escasez económica como los que se viven. 


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