Perfiles pergaminenses

Beatriz Carrizo quien supo hacer de la militancia social su motivación de vida


Beatriz Carrizo en su casa del barrio 12 de Octubre lugar en el que nació y piensa permanecer hasta sus últimos días

Crédito: LA OPINION

Beatriz Carrizo en su casa del barrio 12 de Octubre, lugar en el que nació y piensa permanecer hasta sus últimos días.

Nació el 12 de octubre de 1959 en el barrio 12 de Octubre, al que denomina su lugar en el mundo. Dueña de una empatía inquebrantable fue una de las impulsoras del comedor La Gospa que cumplirá 27 años. Se declara enamorada de su familia en la que pregona la importancia de poner en práctica el amor y el respeto.

Beatriz Carrizo es una de las mujeres con mayor militancia social en Pergamino. Poniendo a prueba la empatía, Beatriz supo siempre estar atenta a las necesidades de los demás. Portadora de una paz espiritual inigualable, el perfil de este domingo cuenta su historia de superación constante y cuáles son los pilares sobre los que se erige su filosofía de vida.

Beatriz del Carmen Carrizo, nació el 12 de octubre de 1959, en una casa del barrio que lleva el nombre de su fecha de nacimiento, su lugar en el mundo como ella prefiere decirle porque no solo nació sino que decidió vivir en esa zona de Pergamino.

"Nací en lo que hoy son las calles San Martín y El Jilguero. Mi mamá, Florentina Alfaro trabajaba en servicio doméstico y mi papá Hipólito Carrizo era policía. Eramos ocho hermanos ya que mi mamá había estado casada previamente y tenía cinco hijos. Junto a mi papá tuvo tres hijas más", relató Beatriz.

Las enseñanzas del abuelo

De su niñez recuerda los días rodeada de sus hermanos pero tiene grabado a flor de piel cuando se escapaba a la casa de sus abuelos paternos que vivían a 300 metros de su casa en momentos en que su mamá trabajaba en la fábrica Annan y su papá estudiaba para Policía. "Mis abuelos vivían en un ranchito en calle República de Croacia, mi abuela cuidaba la familia y mi abuelo trabajaba en una empresa de carne", señaló. Con su abuelo Luís comenzó a dar sus primeros pasos en la ayuda ya que esboza con alegría: "Mi abuelo era un ser humano espectacular porque ayudaba a muchas personas". En este mismo sentido cuenta como anécdota que su abuelo le decía: "Avísame cuando pase algún croto y ese era mi trabajo porque él los llamaba, les daba de comer, los hacía higienizarse en una palangana gigante que había, le daba ropa limpia. Mi abuela con bolsa de harina hacía acolchados y les daba para que se protegieran del frio".

Don Luis murió cuando Beatriz tenía apenas nueve años pero dejó impresos en la memoria de su nieta "los mejores recuerdos de mi vida". Luis heredó a su nieta la pasión de ayudar ya que "sin una palabra me enseñó que uno tiene que estar mirando la necesidad del otro y sin pedir nada a cambio. Creo que todo lo que hago pensando en el otro es porque hay un recuerdo muy latente y fresco de mi abuelo".

En el Hogar de Jesús

Desde muy chica, Beatriz asistió al Hogar de Jesús ya que sus padres trabajaban mucho. "Mi mamá me daba teta en la Plaza y me dejaba en el Hogar muy temprano a la mañana y después a las 17:00 me pasaba a buscar. Nos volvíamos caminando hasta casa", sostuvo. El Hogar de Jesús fue donde realizó gran parte de la educación primaria. También acudió a la Escuela Nº 22 y a la Nº 18 pero, por diferentes razones, no pudo culminar con los estudios secundarios.

Su paso por Buenos Aires

De muy joven Beatriz se casó, a sus 15 años, con un hombre de Munro. Luego de pasar por varias zonas: Carapachay, Villa de Mayo, Munro, compraron una casa en Los Polvorines donde vivieron por espacio de ocho años. Tuvieron tres hijos. Siendo pequeños éstos el matrimonio volvió a Pergamino para instalarse, en 1984. "Vendimos la casa en Los Polvorines y compramos una vivienda en el barrio 12 de Octubre porque yo quería venir a mi lugar de origen. Después de un tiempo me separé de mi marido", contó la entrevistada.

Su camino en Pergamino

Ya instalada en su ciudad natal, la joven Beatriz, comenzó en la búsqueda de trabajo. "Al principio quería trabajar de lo que me gustaba porque soy intérprete de sordos pero no conseguí trabajo de eso. Me fui al Diario LA OPINION, hablé con un hombre al que le expliqué que necesitaba trabajar, él me ayudó a poner un aviso en el Diario sobre todo para ofrecer mi servicio doméstico, y él le agregó que yo tenía experiencia y referencia cuando en realidad yo era recién llegada a la ciudad y no conocía a nadie. Me dijo que sin mi autorización iba a poner que yo tenía experiencia porque de lo contrario no me iba a contratar nadie", recordó y contó que su primera empleadora fue María Laura, una mujer que tenía un instituto de computación. "A ella le dije la verdad, que no tenía experiencia pero le pedí que me pusiera un tiempo a prueba. En su casa trabajé muchos años", sostuvo.

Luego de algunos años trabajando como empleada doméstica, Beatriz armó una chatarrería. "Con la ayuda de Omar Crivelli, un hombre maravilloso, armamos una chatarrería móvil ya que él me dio el dinero para que comprara un camión y así poder salir con mis chatarras a vender por la zona. Carabelas, Ferré, Pinzón, Cardales eran algunos de los pueblos que recorría, a veces en compañía de algunos de mis hijos", señaló.

Con el objetivo de que a sus hijos no les faltara nada, Beatriz aseguró que trabajó "muy duro" durante muchos años. No obstante acomodaba sus horarios para poder estar cerca de sus niños, darles de comer, llevarlos a la escuela. 

Fue en 2015 cuando decidió no trabajar más. "Les avisé a mis familiares y a mis conocidos que, en diciembre de 2015, dejaba de trabajar", señaló.

Inicios de su trabajo social

A la par de su trabajo como empleada doméstica, a principios de la década del 90, a Beatriz la eligieron para ser manzanera en el barrio ya que conocía mucho a las familias que allí habitaban. Cumpliendo con este trabajo Beatriz repartía alimentos entre las familias del barrio, controlaba la libreta sanitaria de los niños y controlaba su peso para que no estuvieran por debajo de lo que debía. 

Sin embargo el trabajo social de Beatriz comenzó en Los Polvorines siendo intérprete de sordos en una escuela, cuando apenas tenía 17 años. Ya instalada en Pergamino, mientras trabajaba como empleada doméstica, conseguía algunos elementos para las personas que lo necesitaban, iba armado una especie de cadena de favores entre quienes tenían una necesidad y quienes donaban. "Ejerciendo en el Plan Más Vida me di cuenta de la necesidad real que padecían algunas personas sobre todo los niños que, de lunes a viernes, comían en el Centro Comunitario pero durante el fin de semana quizás no probaban bocados. En ese momento comencé a abocarme al comedor y nació La Gospa", sostuvo Beatriz.

Surgimiento de La Gospa

La Gospa es uno de los comedores más antiguos de la ciudad, en junio de 2022 cumplirá 27 años desde la apertura en el barrio 12 de Octubre. En sus inicios Beatriz trabajaba para no romper la ilusión de los niños. "Papá Noel es una ilusión que el niño no debe perder por eso en sus inicios empezamos a recolectar juguetes, indumentaria, calzado para después llevarlos como regalo a los niños", dijo Beatriz.

En formato de comedor, La Gospa comenzó asistiendo a 13 chicos para luego incrementar ese número en 2001, en los tiempos más álgidos de la economía argentina, momentos en que se llegó a contar con la presencia de más de 170 niños. Debajo de un árbol, primero y luego en un espacio alquilado se ofrecía la merienda los sábados y el almuerzo los domingos. "Comenzamos con 13 niños pero sábado a sábado se sumaban más y por eso tuvimos que alquilar un local, pudimos hacerlo gracias a la ayuda de mucha gente ya que en ese momento junto a mi pareja y mis hijos los martes, jueves y sábados barríamos la vereda de los vecinos de Vicente López a cambio de 50 centavos. Con ese dinero comprábamos los insumos para cocinar", aclaró la pergaminense.

Virgen milagrosa

La elección del nombre tiene su por qué. "Fue mi amiga Silvia, que ya no está entre nosotros, la que propuso ponerle La Gospa en honor a la Virgen de la Paz que así también le llaman. Fue en 2001 cuando el país estaba prendido fuego que decidimos ponerle La Gospa. Leí el libro con la historia de la Virgen que me pareció fabulosa. Puedo asegurar que no hay nadie más milagroso que esa Virgen porque hacíamos la fuente de fideos, calculábamos la cantidad de chicos que iban a venir pero siempre llegaban otros niños, y nunca un niño se quedó sin su plato de comida. La fuente nunca quedaba vacía", contó emocionada Beatriz y destacó "la Providencia que siempre nos ayudó a estar de pie".

En pandemia

En la actualidad, La Gospa funciona en espacio propio y se sostiene gracias a la ayuda de los ciudadanos que hacen sus donaciones. La pandemia generó una nueva dinámica de trabajo, que se sostiene hasta estos días: la entrega de viandas. "Cuando llegó el coronavirus a la ciudad decidimos, para resguardar mi salud ya que tengo muchas enfermedades (ingiero 10 pastillas por la mañana y nueve a la noche), y para cuidar a los demás, entregar viandas. Como familia nos organizamos, me compré una máscara protectora gigante para poder yo también ayudar, cocinábamos y en la camioneta poníamos las ollas con el cucharón y salíamos a repartir la comida entre algunas familias no solo del 12 de Octubre sino de otros barrios. Seguimos con la misma dinámica de trabajo porque la pandemia no terminó", enfatizó la militante social.

El barrio, su lugar

El 12 de Octubre es su lugar en el mundo, vivió allí desde nació, cuando la zona era de quintas. Sus familiares formaron parte de esa comisión que luchó para que lleguen los servicios al barrio, incluso cuando éste no tenía nombre asignado. "Recuerdo que las reuniones de vecinos para discutir algo sobre el barrio se desarrollaban en las diferentes esquinas. En uno de esos encuentros se discutió el nombre. Mi papá quería ponerle barrio 3 de Febrero porque ese día era el cumpleaños de mi mamá y una de mis tías quería ponerle 12 de Octubre por haber sido mi fecha de nacimiento. Yo era muy chica y no entendía nada, pero el hecho de haber nacido en ese barrio, que lleva el nombre de mi fecha de nacimiento, que fue el espacio que eligió mi abuelo cuando llegó de Entre Ríos para instalar la familia, me enorgullece. "Es muy importante este lugar para mí por eso decidí volver a Pergamino y a éste: mi lugar en el mundo. De acá no me voy más", afirmó Beatriz.

Continuar con la ayuda

En la actualidad Beatriz está en pareja con Daniel, con quien comparte la vida desde hace 15 años, tiene cinco hijos, seis nietos y tres bisnietos. Asegura que, como buena libriana, "cuando me propongo un objetivo no paro hasta conseguirlo, por eso cada iniciativa que tuve se llevó parte de mi salud y además he dejado pasar muchos momentos importantes junto a mis hijos por pensar en cocinar para los niños. Si tuviera la posibilidad de volver a nacer, volvería a hacer lo mismo que hice".

Sobre la continuidad de su trabajo social, Beatriz afirmó que "donde exista una necesidad, sea en el lugar de Pergamino que sea, mientras yo pueda caminar o pedirle a alguien que lo haga por mí, voy a seguir ayudando. Sé que hay Gospa para rato porque hay personas de mi extrema confianza, como Esteban, Marianela y Mariano, que darán continuidad a esta obra".

Amor y respeto

La familia es la pasión de Beatriz, tanto que asegura: "Tengo una familia gigante, soy una enamorada de mi familia y me cuesta mucho mantenerla unida porque los hijos crecen y traen a sus parejas que son personas con diferente carácter pero aún así debemos mantener el equilibrio. Yo soy la que imparte el equilibrio, la que pone fin a una charla que sé que puede traer una discusión posterior".

El secreto de una buena crianza y de una buena familia considera que se da poniendo en práctica "el amor y el respeto por eso en mi casa ni se discute ni se pelea, acá se viene a pasarla bien, esta vida que tengo es la única que voy a vivir y quiero hacerlo rodeada de paz".

Dejar una huella

De su abuelo Luís, Beatriz mamó la empatía tan necesaria para poder ayudar al otro más necesitado, y en la actualidad, como abuela lleva a sus nietos cuando se hace la distribución de la comida, con el firme propósito de que los niños puedan palpar una realidad diferente a la que ellos viven, una realidad más compleja.

"La marca que quiero dejar es en mis nietos, en mis hijos, en la familia que amo es: que amen su trabajo, que sean leales, fieles a sus convicciones y que jamás pierdan el amor a la familia", concluyó.


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