Perfiles pergaminenses

Domingo "Nonocho" Orlando, una rica historia de vida anclada en el trabajo y la familia


Domingo “Nonocho” Orlando relató su historia de vida

Crédito: LA OPINION

Domingo “Nonocho” Orlando, relató su historia de vida.

Es distribuidor de los alfajores "Capitán del Espacio", uno de los más elegidos en la ciudad. Se inició en las ventas siguiendo los pasos de su padre y construyó su propio camino. Jugó al basquetbol en Comunicaciones, de la mano de enormes maestros de los que aprendió algo más que técnica deportiva. Apegado a sus afectos, encuentra en los suyos la razón de su vida.

Domingo Angel Orlando es conocido como "Nonocho", un apodo que adoptó en su infancia cuando su hermana mayor comenzó a llamarlo así. "Teníamos familiares en Zárate y en vida de mis padres íbamos mucho para allá, donde había otro 'Nonocho'. Fue mi hermana la que escuchando que a alguien más llamaban de ese modo, comenzó a decirme por el que se transformó más que en mi nombre. Desde entonces Domingo quedó solo para las cuestiones familiares, el resto de la gente me llama por un apodo en el que me identifico", refiere en el inicio de la entrevista este hombre que nació en Pergamino y tiene 68 años.

Sus padres fueron Domingo Orlando y Zulema Nieves. De ambos aprendió mucho de lo que sabe de la vida. Creció en un hogar de personas muy unidas y conformó su propia familia sobre ese pilar. Su papá fue -junto a tres socios-, distribuidor de cigarrillos y golosinas; su mamá, ama de casa. Su única hermana es Teresita Luisa. Domingo vive en la casa que era de sus abuelos y su hermana en una construcción con entrada independiente construida sobre el mismo terreno. "Habitamos en un verdadero conventillo", bromea, y resalta la buena convivencia que los ha acompañado desde siempre. También menciona a su cuñado Carlos Trotta y a sus sobrinos, Gustavo y María Teresita, a los que cuenta entre sus afectos más entrañables.

Cuando habla de su infancia, en el inventario de las anécdotas aparecen las travesuras, esas que le hicieron tener que cambiar de colegio siendo un niño. "Había empezado en la Escuela Nº 2 y por un problema de conducta le pidieron a mi papá que me cambiara a otro establecimiento, así que terminé sexto grado en la Escuela Nº 6".

Guarda lindos recuerdos de su infancia. "Cuando nací vivíamos en Lagos e Italia, luego en 11 de Septiembre y esta casa en la que vivo desde hace más de 40 años era la casa de mis abuelos maternos", refiere rescatando de la memoria recuerdos imborrables de una niñez inolvidable. También de su juventud conserva las mejores vivencias. "Era una juventud ideal la nuestra, sana y divertida, que encontraba en el club la segunda casa y en los docentes verdaderos referentes para aprender valores".

Como no quiso seguir estudiando, al terminar la primaria comenzó a trabajar en la Heladería La Fe: "En ese tiempo estaba el suegro de Raúl Maza. Ese fue mi primer empleo, aprendí muchas cosas; comencé limpiando, luego me enseñaron cómo se fabricaba el helado y terminé en la atención al público. Esa oportunidad laboral me enseñó a trabajar".

Estuvo allí desde los 12 hasta los 16 años en que comenzó a trabajar con su papá en la distribuidora de cigarrillos. "Ahí me hice vendedor y esa fue mi actividad laboral para siempre", destaca.

"Arranqué haciendo un poco de todo, preparando pedidos y más tarde empecé a viajar", agrega y comenta que cuando su papá se enfermó comenzó a salir a vender cigarrillos en una camioneta. "Me tocaba ir a Arrecifes, que era la zona de mi papá. Recuerdo que mi abuelo me acompañaba para que no fuera solo y después se venía en colectivo. A los 17 años ya estaba en la calle vendiendo".

Con el tiempo la distribuidora de cigarrillos se diversificó e incorporaron golosinas, entre ellas los alfajores Capitán del Espacio. Trabajó en el emprendimiento que había iniciado su padre hasta que cerró. Tenía 50 años cuando eso ocurrió y fue tiempo para "Nonocho" de empezar a transitar otro camino. "En un momento Nobleza Piccardo nos dio de baja, un distribuidor más grande nos absorbió y nos indemnizó a todos. Pero me quedé sin trabajo teniendo 50 años, tuve que reinventarme", relata.

Una nueva etapa

"A través de mi hermana que trabajaba en el Colegio Nuestra Señora del Huerto pudimos lograr una hermosa oportunidad laboral. Nos dieron para manejar el kiosco del colegio. Les vendíamos a los chicos y a los docentes, fue una experiencia extraordinaria. Estábamos con mi esposa en el kiosco de 8:00 a 17:00, preparábamos comida y atendíamos en los recreos. Estuvimos 12 años a cargo del kiosco. Dejamos en 2013 y hasta el día de hoy cuando me cruzo con los chicos por la calle me saludan, fue muy gratificante nuestro paso por esa institución que nos abrió las puertas y nos brindó su confianza".

Vendedor del preferido

Dueño de una profunda vocación por la venta, en paralelo al kiosco consiguió que le abrieran una cuenta para distribuir los alfajores Capitán del Espacio. "Somos dos los distribuidores en Pergamino y nos respetamos mucho".

"Desde hace un año me empezó a acompañar mi hija; vendemos en kioscos, almacenes y supermercados", abunda y recuerda que la entrega de los alfajores que se fabrican en Quilmes siempre fue muy reducida.

"Hace 60 años que la empresa trabaja de la misma manera", refiere y recuerda lo que cuando nació el producto sus fabricantes salieron al interior y buscaban distribuidores de cigarrillos para dejarles la mercadería. "Así fue que en la distribuidora mis padres y sus socios comenzaron a venderlos. Mi padre siempre contaba que andaban en un viejo auto Ford, bajaron las primeras cajas y desde entonces es el alfajor más vendido. Aunque con los años nacieron otros de otras marcas, Capitán del Espacio es una marca muy instalada".

Le gusta su trabajo y el trato con la gente. Los días martes hace los pedidos, los miércoles cuando recibe los alfajores con su hija organizan la distribución e inician el recorrido. "Tenemos una buena dinámica de trabajo, junto al otro distribuidor tenemos cada uno su cartera de clientes, nos ponemos de acuerdo en el precio, hablamos siempre y somos muy respetuosos del trabajo del otro".

La familia, su pilar

Cada vez que la charla lo lleva por el camino del afecto "Nonocho" se emociona y eso se traduce en el tono de su voz y en lo que afirma. Encuentra en su familia el sentido de su vida y un pilar que sostiene todo lo demás.

Hace 46 años está casado con Irma María Dell'Asta. Se conocieron en la pileta del Club Comunicaciones cuando tenían 11 años. "Yo quedé completamente enamorado. Ella salía de la Escuela Normal y le hacía 'la pasadita' en bicicleta o la esperaba en la Plaza 25 porque ella vivía en el barrio Acevedo", relata Domingo.

Tienen cuatro hijos: Federico (44), casado con Eugenia; Nicolás (43) casado con Yanina; Diego (42), casado con María Clara; y María Soledad (38), casada con Matías. Y son abuelos de siete nietos: Valentín, Benjamín, Emilio, Fermín, Rafael, Benicio y Catalina. "Tenemos una hermosa familia, Nicolás vive en Lomas de Zamora, los demás están en Pergamino, pero todos somos muy unidos; mis nueras y yerno en verdad son como hijos para mí. Y los nietos representan el amor más puro de la vida, tenemos una relación increíble y nos dan una alegría inmensa", resalta.

El deporte

Durante muchos años de su vida "Nonocho" jugó al basquetbol. Se inició en el Club Gimnasia y Esgrima, donde dio sus primeros pasos en este deporte de la mano de Atilio Saint Iulien, "maestro de los maestros". Luego siguió en Comunicaciones donde transitó todo su camino, guiado por las enseñanzas de Basilio González a quien define como su segundo papá. "Jugué desde inferiores, llegué picando en primera, pero me tocó el Servicio Militar y ya luego, si bien seguí jugando, lo hice a otro ritmo. Me casé, llegaron los chicos. Igualmente jugué en Comunicaciones hasta los 35 años", señala y recuerda también su paso por Almirante Brown de Arrecifes.

"Pero tengo toda una vida vivida en Comunicaciones. En la actualidad soy delegado del club y vocal de la comisión, es como mi casa. Allí aprendí siempre muchas cosas", añade.

 Amigo de los amigos

"Nonocho" es de esas personas que valora el trato con los otros en todas sus facetas y la amistad como una de las relaciones más sólidas que se pueden construir. Lo afirma en varios momentos de la charla y aunque no les pone nombres propios a esos vínculos porque cometería el imperdonable error de olvidar algunos, se siente orgulloso de tener muchos y muy buenos amigos. Están los de la juventud y del deporte, de la mano de quienes llegan los recuerdos de vivencias y tiempos memorables. "La juventud de antes era muy sana, casi ideal. Ibamos a los bailes que se hacían en el Club Comunicaciones o en el Club Argentino; nos juntábamos donde era la Heladería Mario, frente al Cine Ideal, al lado estaba la pizzería Marcelita. Toda nuestra diversión era muy sana".

También habla de las amistades que cosechó a lo largo de la vida, en el deporte, en el trabajo. Menciona a varios de sus clientes como "amigos de verdad" a los que valora por su fidelidad.

"Y también tengo muchos amigos en las peñas de las que soy parte. Una es la peña de los lunes, donde nos juntamos los viejos de 'Comu'; la otra es la peña de los jueves del Bar Mitre; y la otra la de los viernes de la que participan también algunos amigos cercanos del club", menciona y aclara que aunque estas reuniones quedaron entre paréntesis por la pandemia, el vínculo que los une perdura, aguardando los futuros encuentros que seguramente llegarán pronto. Confiesa que le gusta la vida compartida con los afectos. Añora algunos encuentros y disfruta de su presente en familia. "Todas las semanas nos vemos acá en casa o en la quinta donde los chicos la pasan muy bien. Nos gusta organizar cosas juntos, nos disfrutamos mucho", refiere.

Sus anhelos y el porvenir

Cuando no está trabajando el tiempo en su casa transcurre de manera tranquila. Aprovecha para mirar televisión y se reconoce amante de las series y de las buenas películas. Dice que aún no imagina la vida sin trabajar, aunque sabe que con el paso del tiempo hay rutinas que se van haciendo más livianas. "Tengo ganas todavía, el trabajo te hace pensar y te permite estar ocupado. No me hago a la idea de estar sin hacer nada y cuando lo pienso, realmente la idea me asusta un poco", confiesa cuando la charla promedia y bromea sobre sus asignaturas pendientes: "Me hubiera gustado ser bombero, actor o electricista, siempre lo digo y se ríen. También me hubiera gustado tener un auto de carrera, mi padre siempre me decía que algún día me iba a preparar uno. Amo el automovilismo y el turismo carretera", agrega. 

Más allá de esas aspiraciones que quedan reservada a alguna conversación con los suyos sobre fantasías y viejos anhelos, nada lo hace dudar del camino que siguió. En ese sendero estaba su vocación de vendedor, su pasión por el deporte, la dedicación a su familia y el tiempo compartido con los buenos amigos. Enormes y esenciales aspectos que nutren una vida vivida en la coherencia de los buenos valores, esos que ayudan a recoger a cada paso las mejores recompensas.


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