Perfiles pergaminenses

María Luisa Beatriz Posincovich, o la poesía como alimento de vida espiritual 


“Fui una niña contemplativa y lo sigo siendo aún lo que despierta mi necesidad de expresarme en la escritura” sostuvo

Crédito: LA OPINION

“Fui una niña contemplativa y lo sigo siendo aún, lo que despierta mi necesidad de expresarme en la escritura” sostuvo.

Jubilada desde 2018, actualmente disfruta de sus nietos y los mansos días en su pueblo Manuel Ocampo, los mismos que despiertan su musa poética. En el recorrido por su vida confesó: "La poesía me acompaña y es mi terapia en los momentos adversos; es un salvavidas, una herramienta indispensable a la hora de expresar mis emociones".

No hay sociedad sin poetas. A pesar de que el acto de crear se realiza en solitario, los poetas no viven en una burbuja. Tampoco son ermitaños encerrados en torres de marfil, sino creadores de universos que comparten con los demás. Con sus poemas escritos o cantados, los poetas desempeñan un papel educativo.

Nuestro perfil pergaminense vive, siente y se relaciona como poeta. "La poesía me acompaña y es mi terapia en los momentos adversos; es un salvavidas, una herramienta indispensable a la hora de expresar mis emociones", señaló María Luisa Beatriz Posincovich, nacida en Pergamino el 10 de diciembre de 1957 pero asentada "desde siempre" en el pueblo de Manuel Ocampo.

Hija de Arnaldo Florencio Posincovich e Hilda María Maccagno, fue bautizada con los nombres de sus abuelas, aunque siempre la llamaron Marisa, por ser la contracción de María y Luisa. "Pocas personas conocen mi nombre de pila y solo dos me llaman María Luisa", aclaró.

Sus abuelos paternos fueron María Luisa Borean y Antonio Posincovich (croata), quienes fallecieron antes de su nacimiento. Y los maternos Beatriz Petruselli y Enrique Victorio Maccagno (inmigrante italiano). "Solo pude disfrutar a la abuela que vivió hasta sus jóvenes 85 años, ya que el abuelo Enrique falleció víctima de cáncer de pulmón a los 52 años -contó-. Es por ello que con mi abuela Beatriz tuve un vínculo muy especial desde que nací hasta su fallecimiento. Me llamaba 'Marisita', aunque ya era mamá de tres varones".

La niñez

"Tuve una infancia muy feliz", aseguró Posincovich al traer a la memoria aquella inocente niña cargada de sorpresas, ilusiones e imaginación que se crió en la pasividad del pueblo junto a mis hermanos Eduardo Enrique (65), María de los Angeles y María Viviana (mellizas de 55).

Como todos los niños de Ocampo cursó la primaria en la actual Escuela Nº3 "Julio Dantas", "de la que tengo los mejores recuerdos, tanto de mis maestras como de las directoras", refirió y aseguró que aún sigue en contacto con alguno de los compañeros, y mencionó a Paulina Richter, Mario D'Anna, Elsa Deering, Imeldi Laurenco Cidades, Alberto Street Schiavoni, Griselda Abraham.

Ya de niña María Luisa necesitó expresarse artísticamente y no solo recitando poemas, también lo hacía bailando y también le atraía el teatro. "Me encantaba tomar parte en las fiestas escolares", confesó. "Mis pasatiempos eran dibujar, leer, cantar, bailar y escribir", agregó.

En tercer grado comenzó con sus primeras cuartetas poéticas, siempre con rima, motivada por la naturaleza y las estaciones. "Fui una niña contemplativa y lo sigo siendo aún, lo que despierta mi necesidad de expresarme en la escritura" sostuvo.

De aquellos años de guardapolvo blanco recordó como anécdota que "me sentaba con una compañera -que hace mucho no veo-, Mercedes Monzón. Las dos charlábamos mucho, por ello las maestras nos separaban y nos sentaban con un varón. A mí con Mario D'Anna y me daba mucha vergüenza, pero no escarmentaba. Ambas, Mercedes y yo, nos encantaba charlar y dispersarnos en la clase. Siempre fui una alumna regular. Solo me destacaba en lengua y participando en los actos escolares bailando, recitando o actuando".

Para cursar su ciclo secundario los padres de Marisa la inscribieron en el Instituto Comercial (Ices), en el vecino pueblo de El Socorro.

Su directora era Teresa Lucich de Martínez, de quien Posincovich guarda "excelentes recuerdos", expresó. Allí se graduó en el año 1975 junto a sus compañeros María Cristina García, Graciela Marcili (Chelita), Liliana De Angelis, Graciela Florido, Adriana Drivet, Juan Carlos Colamosca, Ramón Tomasello y su hermano Eduardo. "El había abandonado el Colegio Nacional, para retomar dos años más tarde en El Socorro, razón por la cual egresamos juntos", aclaró.

También recordó "con mucho cariño" a excelentes profesores "por sus consejos y calidad humana". Y mencionó a Ricardo Pimpinatti, Daniel Cingolani, María Esther Torqui, Dora Lepes, Omar Trillo, Mery Pettinari y el profesor de gimnasia Héctor Chavero, de quien tiene presente siempre su consejo: "Hagan lo que hagan en la vida, sea cual fuere lo que elijan, pero que los haga felices".

De esta etapa escolar recordó como anécdota que "el profesor de Biología Balbi tenía la costumbre de llamar a tomar la lección tirando una caja de fósforos sobre el listado de los alumnos. Un día la cajita cayó sobre el apellido Posincovich Eduardo, mi hermano, que dio su lección y sacó un diez. Al día siguiente Balbi tiró nuevamente la caja de fósforos y otra vez cayó en Posincovich. Mi hermano pensó que sería yo, pero otra vez lo llamó al frente a él, solo que mi hermano se había dormido en los laureles y esta vez sacó un uno".

Volviendo a aquellos años de adolescente, en la apertura a su revelación personal, en que un universo de caminos se abría, confesó: "si hubiese tenido la oportunidad de seguir una carrera terciaria, seguramente hubiese elegido el camino de las letras o el profesorado de gimnasia".

Responsabilidades y realizaciones

Cuando cumplió 18 años tuvo su primera experiencia laboral como administrativa en la Cooperativa Agrícola de Manuel Ocampo, allá por el año 1976. "Allí conocí al que luego sería mi esposo y padre de mis tres hijos varones", indicó.

Se casó en enero de 1979 con Héctor Ortiz y tuvo a Leonel Lisandro (41), Héctor Emanuel (39) y Arnaldo Alexis (33).

"Leonel es decorador de eventos y electricista, está en pareja con mi hija del corazón María Celina Zarlenga, organizadora de eventos, con quien formó una hermosa familia y me dieron cuatro nietos bellísimos: Camila de 9, Sofía de 6 y los mellizos Lucas y Pilar, nacidos en plena pandemia y con un añito de vida cumplidos el 1º de julio de este año.

"Mis otros dos hijos son solteros y aún viven conmigo. Actualmente separada del padre de mis hijos, en buena relación por nuestros nietos y los buenos momentos compartidos", expresó.

Desde el año 2000, cuando cerró sus puertas la Cooperativa Agrícola, Marisa se desempeñó en diversos trabajos. Ella lo cuenta así: "vendí seguros de vida, productos naturales Just, ropa por catálogo, cuidé abuelas y niños, siempre viajando a Pergamino diariamente y en colectivos, a veces a dedo, para cumplir con mi responsabilidad".

Su último trabajo antes de acogerse al beneficio de la jubilación en el año 2018, fue el cuidado de dos niños. "Me desempeñé en el barrio Luar Kayad, cuidando a Manuel y Ciro Pertierra. Un antes y un después en mi vida. Una experiencia muy movilizadora emocionalmente y que me permitió conocer gente maravillosa, con las que mantengo una hermosa amistad: Verónica, Zulma, Andrea, Natalia, María, Sebastián, Diego y los padres de los niños Diego y Julia", contó.

Sus inclinaciones artísticas la impulsaron a realizar cursos y talleres. Así enumeró: cuatro años de teatro con Marta Lere, un curso de locución y otro de canto. "Son cosas que me llenaron la vida y que me hicieron crecer, además de cosechar grandes amigos", refirió.

La poeta

María Luisa Beatriz Posincovich es una reconocida poeta en el ámbito literario de nuestra ciudad y tiene en su haber varios libros editados. Integra desde hace varios años los grupos literarios Hojarasca y Siete Mujeres, este último junto a Marta Alvarez de Calderón, Chaly Cavalitto, Norma Deville, Cristina Noguera, Mirta Peralta, y Marta Siciliano, con quienes realiza desde hace más de 10 años el Café Literario Pergamino.

"Mis primeros libros fueron publicados sin experiencia de talleres literarios -confesó-. El primer poemario se llamó 'Manojo de ilusiones', poesía para niños. Luego vendría 'Sentimientos' y más tarde 'Alma inquieta', poesía para adultos.

"En el año 2000 llegó 'Sueño de mujer', compartido con Marta Siciliano y Marta Alvarez de Calderón. Más tarde, los cuatro poemarios del Grupo Siete Mujeres, con el cual tenemos un camino juntas de 25 años".

En 1996 nuestro perfil pergaminense conoció a Estela Torres Erill, "con quien mejoré muchísimo mis poesías e incursioné en el cuento", admitió.

"Al poquito tiempo fui invitada, junto a Marta Siciliano, a integrar el grupo Hojarasca. Ricardo Piraccini, su fundador, y Angel Lapolla, también fueron excelentes referentes en mi camino literario", refirió. "Son tantos los recuerdos lindos vividos que sería imposible enumerarlos", agregó. 

Marisa Posincovich agradece al universo todo lo vivido, "la cosecha de amigos, la magia de los momentos compartidos junto a poetas y escritores de excelencia. Un viaje inolvidable y que me encantaría repetir, volver a Isla Negra y caminar descalza las mismas playas que Pablo Neruda recorrió con Matilde, volver a oír las olas que rompen trayendo el eco de sus versos", concluyó la poeta que actualmente comparte su arte a través del programa radial titulado "De poetas y de locos", que se emite por FM Onda Verde en el 95.1 del dial. 

Como cierre Posincovich agradece "a todas las personas que han pasado por mi vida y que han sumado cosas muy buenas. También comparte esta bella poesía escrita el 29 de mayo de este año titulada "Contemplación".

Vi pasar planeando un benteveo / Un sábado de otoño por la tarde / Y en los ojos de mi gato Mateo / La ilusión de volar para alcanzarse. 

Es por ello que trepa a los árboles / Por si encuentra algún pájaro dormido, / Pero ellos son Angeles con plumas / Y el Universo cuida de su trino.

Mateo insiste en alcanzar alturas / Haciendo gala de un equilibrista, / Desde allí otea el horizonte / Y sueña con la fama de un artista.

Curioso como todos los cachorros / Travieso, juguetón, empedernido, / Velozmente desciende de ese árbol / Y emprende raudamente otro destino.

Vi pasar planeando un benteveo / Un sábado de otoño por la tarde, / Y ese instante se ha grabado en mis retinas / Cuál se graba la imagen de la madre.


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