Cultura y Espectáculos

El intelectual frente al poder


Dibujo de Rubén Albarrracín y Edna Pozzi en una de sus últimas entrevistas con LA OPINION en su casa

Crédito: Suplemento VIDA Y CULTURA DIARIO LA OPINION

Dibujo de Rubén Albarrracín y Edna Pozzi en una de sus últimas entrevistas con LA OPINION en su casa.

En 1985, LA OPINION publicaba en su suplemento Vida y Cultura, una reflexión de la escritora Edna Pozzi sobre las distintas formas de aculturación y de sofismas que afectaban al pueblo argentino. No temía denunciar el imperialismo cultural y su acción disgregadora. A cuatro años de su fallecimiento, el Diario y la Fundación Casa de la Cultura la recuerdan con esta reedición de su inigualable y aún vigente pluma.

(Por Edna Pozzi) Por su oficio y por su vocación, el intelectual y el artista se ven casi siempre alejados del poder o confinados en sus estribaciones más remotas.

Todo lo que dice se vuelve subversivo, porque, generalmente, es lo que la gente no espera o rechaza.

Hemos vivido en nuestro país sumergidos en un contexto de obediencia y de opresión y hemos creado formas corrompidas de vida, despreciando el pensamiento y signando los días con el miedo y la aceptación más superficial, con la indiferencia más vil, a tal punto que estamos dispuestos a aceptar "alegremente" una vida de reemplazo, tal como si la respiración del país se hubiera detenido unos años y hoy saliéramos al aire libre, los cautos sobrevivientes que merecieron seguir, quien sabe por qué designios de la Providencia y hoy se enfrentan al mito de una Argentina dorada, de un país donde pasamos de ser "derechos y humanos" a demócratas apasionados, pisando ya el umbral de un futuro venturoso.

Toda urgencia brillante, exterior, sin encarnar en el alma del pueblo.

Latinoamericanos vergonzantes

Desempolvamos las viejas dicotomías, los esquemas cristalizados que la dictadura sumergió en el olvido y las ponemos otras vez en las mesas de las discusiones, en la búsqueda de una presunta identidad que nos convierta en un ser concreto, verificable. Somos latinoamericanos vergonzantes, porque cantamos loas a los pueblos hermanos, pero los sumergimos en el oprobio de los barrios marginales, cuando ya no se trata de grandes esquemas ilusorios, sino de bolivianos, peruanos, chilenos, paraguayos concretos y carnales que trabajan el cinturón del Gran Buenos Aires o en las zonas fronterizas del país, porque no tienen "imagen", fuera de las revistas adheridas a la "nueva onda" o a la frivolidad seudo-intelectual, porque esos pueblos no entran con su historia, con sus leyendas, con su presente caótico y sombrío en nuestras escuelas, en nuestros televisores y porque en definitiva los amamos, pero no queremos ser iguales a ellos, ¡hemos sido tan distintos!

Imperialismo cultural

Resucitamos las viejas discusiones sobre cultura popular o cultura de élite que llenaron las revistas literarias en los años 60, pero nada decimos de la chabacanería, del conformismo, de la chatura intelectual de los productos seudo-culturales que se imponen a través de los medios de comunicación. Nada hemos hecho para parar este alud perverso que se precipita sobre nosotros y sobre nuestros hijos desde los aparatos de radio y televisión, con una programación que, salvo excepciones, responde a los esquemas clásicos del imperialismo cultural.

Colonización mental

Podemos discutir as Borges, a quien muy pocos han leído, pero permanecemos "alegremente silenciosos" ante el avance irrefrenable de los "best sellers", irradiados desde las capitales del imperio, producto de consumo para los latinoamericanos enredados en sus más hondas contradicciones, silenciamos la investigación sobre quién paga la propaganda que todos los días cae sobre el país, porque quien tiene "anunciadores" puede someternos a las más banales reflexiones sobre el destino de la cultura nacional, atreverse a darnos mensajes, colonizarnos mentalmente para la aceptación del error y la conformidad.

La cultura que en su acepción más amplia (antropológica) reciben millones de argentinos, son productos o seudo-productos envasados por los aparatos trasnacionales. La cultura trasnacional que circula cotidianamente por los medios masivos de comunicación, es la que mama el pueblo argentinos, mal que pese a los delirios estatistas de los proclamadores de "cultura para la mayoría"; la programática declamatoria de los funcionarios de la cultura no pretende ni siquiera mediatizar esta situación.

Cultura simbólica

El sentido profundo de la cultura -decía Rodolfo Kush- es que ésta puebla de signos y símbolos el mundo. ¿De qué signos y símbolos está poblando el argentino medio su mundo nacional, si aquellos le vienen manipulados, distorsionados y "aculturados" por el poder trasnacional?

Los jóvenes

Hablamos de los jóvenes de aquellos en los que descansa el futuro posible, de los que cayeron en Malvinas, de los que murieron en el error o el acierto de su rebeldía, de los que prepararon esta democracia que costó sangre y lágrimas, pero no hacemos nada para que accedan a empleos dignos, para que tengan acceso a los bienes de la educación y la cultura; los adulamos, los convertimos en nuestra punta de lanza de nuestras seudo revoluciones, pero no les damos una mínima porción de poder; los convertimos en objetos de consumo o en objeto de consumidores de una sociedad planificada para el egoísmo y la indiferencia. ¿Dónde están los jóvenes obreros accediendo a las universidades, dónde esos jóvenes médicos, ingenieros, investigadores, ocupando puestos acordes con su preparación científica? ¿Quién puede afirmar que caminamos hacia una sociedad más justa, donde el trabajo no sea una mercancía, donde el horizonte laboral se expanda, donde no deba mendigarse un puesto oficial? Según informe del Indec, de cada 10 jóvenes argentinos que llegan a los 18 años, uno solamente consigue empleo.

Debemos entender primero y juzgar después, pero para ello es necesario subvertir, derribar las versiones oficiales.

Para cada país hay una forma de muerte que es más insoportable que todas las demás.

País periférico

Renunciar al sueño de la patria grande, conformarse con la medianía de lo que inexorablemente se resiste a ser cambiado, jugar el precario destino de país capitalista periférico, es la forma de muerte que acecha a la Argentina de todos estos años en que nos ha tocado y nos toca vivir.

Podemos infligirnos males permanentes, vamos agotándonos en una lengua mediocre, en que palabras que se implantan unas a otras y que nada significan porque nada quieren significar.

Letra muerta de la Constitución

¿Qué significa, por ejemplo, apelar ahora a la palabra Constitución: un sistema de normas productor del pensamiento liberal, cuya sabiduría y aun su hermosura ritual no puede ir más allá del momento histórico en que fue concebido, no como un libro santo sino como un conjunto ordenador de intereses y aspiraciones comunes, pero que es invocada y desdeñada de acuerdo a los propósitos que se persigan al nombrarla? Con absoluta mala fe puede enumerarse un sinfín de normas de rango constitucional que son "letra muerta", desde la "idoneidad es la única condición para que el acceso a los empleos públicos" hasta el "derecho del trabajo" que incorporó la reforma de 1957 y la participación de las provincias en los recursos federales.

Una nueva jerga

¿Qué significa una nueva jerga de "desagio", "desestabilización", "desindexación", incorporada a la lengua común de los argentinos? ¿Son acaso palabras mágicas que aventarán por sí solas los miserables balances de la pobreza? ¿Qué significan hablar de "cultura popular", de "arte de las calles", cuando ambos vienen empujados por el elitismo cultural de siempre, sin contenido social y humanista? ¿Acaso el arte no es o debiera ser una forma de agresión hacia los que nos esclavizan, no debe brindar la posibilidad de "modificar culturalmente", clasificando e interpretando profundas necesidades de cambio en la sociedad?

Unión nacional

Si es verdad que nuestra situación es extremadamente delicada (cualquiera sean las causas pasadas o presentes que ella reconozca) ¿Es posible que no hay una asunción de responsabilidades comunes, un principio de unión nacional? ¿Es posible que las antinomias, cabalgando en el lomo de las palabras perversas, acentúan la división y conviertan irrealizable cualquier proyecto nacional? ¿Es posible que el país entero, en especial a través de políticos y gobernantes, esté pendiente de la próxima contienda electoral, de la inspiración y salvación que puede prevenir de las urnas? ¿Qué, después de ello y cualquiera sea su resultado? Opciones falsas, debates infructuosos. El hombre del pueblo a quien he visto viajar en trenes inmundos como ganado, a las 4 de la mañana de un día frío y lluvioso, con un sandwich de salame en un bolso azul y raído, pidiendo prestado el diario para enterarse de las palabras que otros hablaban de él, otros a quienes no se les sacudiría el corazón de la indignidad por ese viaje de un argentino.

He aquí el revés de la trama, cuando las palabras nos son dichas con grandeza, cuando las palabras no salvan del desastre.


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