Editorial

Argentina en Fase 3 pero no de Covid


En 1990 los economistas Rudiger Dorn-busch y Sebastián Edwards escribieron un ensayo titulado "Populismo Macroeconómico" en el que se refirieron a las políticas aplicadas entonces por muchos países latinoamericanos. Definieron a ese fenómeno como "un enfoque de la economía que enfatiza el crecimiento y la distribución del ingreso y resta importancia a los riesgos de inflación y al financiamiento del déficit, a las restricciones externas y a la reacción de los agentes económicos a las políticas antimercado". 

Dornbusch y Edwards describieron cuatro etapas en el "populismo macroeconómico": la Fase 1 incluye un fuerte aumento del gasto público y un incremento del salario real y del empleo; las reservas del Banco Central bajan; la Fase 2 muestra un aumento de la inflación, con los salarios yendo a la par; hay cuellos de botella y aparecen los controles de precios y de cambios; los subsidios hacen aumentar el rojo fiscal; hay estanflación; la Fase 3 se caracteriza por la escasez de productos, aceleración de la inflación y salidas de capitales; baja más la recaudación y crece el rojo fiscal; en la Fase 4 un nuevo gobierno ortodoxo intenta la estabilización con un programa con el FMI.

Hemos recorrido varias veces este camino, ¿verdad estimado lector?

Si bien hay matices por la intromisión de una pandemia en este esquema, al analizar la economía argentina hoy, no hay duda de que nos encontramos en la Fase 3. 

Ante el fracaso reiterado del "populismo macroeconómico", quienes lo implantan tienden a culpar a factores externos. Ambos economistas contemplan que ello pueda ser cierto, pero por la extrema vulnerabilidad a la que han llevado la economía que hace que la desestabilización sea posible como resultado de "políticas insostenibles". 

La entrada a la Fase 4, ¿se podrá dar dentro de este gobierno de Alberto Fernández o bien será bajo una nueva administración en 2023? Lo que está claro es que nada pasará antes de las elecciones legislativas de noviembre. El problema es que quien encare la Fase 4 puede lograr la estabilidad financiera, pero sin políticas de crecimiento ni progreso social puede terminar abriendo las puertas a una nueva ola de "populismo macroeconómico". Es lo que viene sucediendo en la Argentina desde hace décadas. Veamos:

Un tridente peligroso hoy afecta al país: el Covid-19, debilidad política y una economía que desde abril de 2018 viene en retroceso.

El gasto privado entró en "modo pausa". La caída del salario real continúa con una inflación que solo se busca combatir con acuerdos de precios y más controles. Nada serio a la vista. La segunda ola del Covid-19 está nuevamente poniendo al consumidor en una postura más conservadora, atento al temor a pérdida del empleo o por prudencia ante lo que pudiera acontecer. La demanda especulativa, aquella que se aprovechaba del bajo precio de los automóviles, la construcción o las heladeras en dólares, se está agotando. No atrae tanto.

Las empresas también están en "modo pausa". Un ícono de las firmas de consumo masivo como Garbarino está a la venta nuevamente. Hay 4.000 puestos de trabajo en juego a la hora ya que la venta alcanza también a los otros emprendimientos del mismo grupo: Compumundo, Digital Fueguina, Tecnosur, entre otras. La venta de Sodimac se estancó, Danone Argentina sigue en duda y la semana pasada Under Armour activó su salida.

Donde no hay pausa es en la Unión Industrial Argentina, sede de una ampliación de la grieta, pero en versión empresaria. Las elecciones se politizaron en los dos bandos: por un lado Daniel Funes de Rioja, presidente de la Copal (la Cámara que aglutina a las empresas de alimentación, hoy en guerra abierta con Paula Español, la secretaria de Comercio Interior) y enfrente, el dueño de Sinteplast, Miguel Angel Rodríguez. Las grandes (Techint incluido), las medianas y algunas Pymes avalan a Funes de Rioja. Rodríguez es impulsado por la mayoría del sector Pyme y el Gobierno. El actual titular de la UIA, Miguel Acevedo, que posee simpatía con el kirchnerismo, no puede ser reelecto y su mandato vence en mayo.

La Corte Suprema es otro campo de la batalla en los dos bandos de la grieta. Aquí el saldo puede ser un empate 1 a 1. Para el Gobierno el fallo sobre la aplicación del DNU sobre las clases en Caba; para Caba, el fallo sobre los fondos de la Coparticipación que le deben ser restituidos. O al revés. Un dato que pasó desapercibido es el dictamen de mayoría de la comisión bicameral de Inteligencia: recomienda a la Cámara de Senadores y a la Cámara de Diputados del Congreso "la creación de una Comisión Bicameral que de modo específico examine los vínculos y conductas que un puñado de jueces, fiscales, camaristas y miembros de la Corte desviaron de las normas constitucionales afectando el Estado de Derecho en sus aspectos más esenciales como lo son la vida pública y privada de los ciudadanos, el principio de inocencia, el debido proceso y la defensa en juicio". Otra prueba de que el Poder Judicial es la meta.

Así, la llegada de la Fase 4 del "populismo macroeconómico" no está cerca. Más allá de que además, no sepamos si va a tener éxito y si podrá romper con la repetición de desbordes y ajustes fallidos que caracterizaron a la vida argentina desde hace más de 70 años y volvamos a la Fase 1. Una vez más.


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