Editorial

¿Seremos capaces de construir juntos soluciones para evitar una catástrofe sanitaria mayor?


A menudo el espacio de esta columna editorial se nutre de señalamientos hacia quienes tienen la responsabilidad política de conducir y se detiene en aquellos aspectos que hacen al bien común. En esta ocasión, el mensaje intenta estar dirigido a todos los que formamos parte de la comunidad para interrogarnos sobre si en una coyuntura tan compleja como la que vivimos en relación a la segunda ola de Covid-19 seremos capaces de asumir la responsabilidad colectiva e apegarnos a normas y adoptar medidas de cuidado para preservar la salud. 

Más allá de la crítica fundada que puede hacerse sobre el modo en que las autoridades de todos los estamentos han administrado la pandemia, la reflexión está orientada a apelar a la conciencia social en lo que depende de cada uno. Cualquier recorrido por redes sociales y cualquier mirada rápida sobre la noticia muestra crónicas e imágenes de encuentros sociales, reuniones, celebraciones, cuando no fiestas que se promueven en forma clandestina eludiendo las restricciones y transgrediendo cualquier recomendación sanitaria vigente.

Impera una especie de negación de la realidad que ya no hay que buscar lejos de la geografía doméstica. La segunda ola no está expresando toda su virulencia solo en la región del Amba, Pergamino sufrió este mes un incremento súbito de los casos que incrementó el número de internaciones y fallecimientos, poniendo en serias dificultades al sistema sanitario que sigue haciendo un enorme esfuerzo por brindar respuestas. Pero la capacidad de los recursos humanos y materiales son finitos y no hay nada que pueda contra la actitud de quienes deliberadamente han elegido y eligen no cuidarse. 

Seguramente lo que muestra a diario la dirigencia política con su repetida imposibilidad de establecer consensos contribuya a que la ciudadanía claudique en el esfuerzo. No hay ejemplos que incentiven el cuidado ni mucho menos que promuevan una profunda comprensión de lo que está sucediendo a causa de la crisis sanitaria más grande de nuestra historia reciente. 

Sin embargo, estamos convocados como sociedad a volver sobre el cuidado, a asumir la cuota de responsabilidad individual que como hemos repetido hasta el hartazgo desde el inicio de la pandemia, tiene implicancias sobre la salud colectiva. Habrá que hacerlo desde la convicción de que de ese modo estaremos contribuyendo a morigerar el impacto de medidas que de lo contrario serán más duras y perjudicarán aún más a sectores que son los mismos que decimos querer defender cuando desafiamos las normas y a un virus que a contracorriente de lo que le sucede a los decisores de la política, no entiende de ideologías.

En los últimos días, la realidad local en torno al coronavirus viene mostrando la clara tensión del sistema sanitario. Tal como ha sido reflejado en las noticias, el llamamiento a la comunidad por parte de las autoridades sanitarias es claro y contundente: cortar la cadena de contagios es algo que hay que hacer desde la conducta individual de cada persona y se logra cumpliendo las medidas ya conocidas de distanciamiento social, higiene respiratoria, uso de barbijo, lavado frecuente de manos, ventilación constante de los ambientes y aislamiento preventivo ante la aparición de síntomas. Acciones sencillas de instrumentar, difíciles de mantener en el tiempo; pero imprescindibles ante la elocuencia de datos de la realidad que el aumento en el uso de camas de internación y el comportamiento de los casos, ponen al sistema al borde de su capacidad de brindar respuestas adecuadas. 

Lejos de generar pánico en la población, este comentario replica lo que expresan médicos, enfermeras, camilleros, agentes sanitarios que desde el primer día están dando lo mejor de sí sin pretender ser héroes, y se traduce en una apelación a que puedan redoblarse los esfuerzos para poder transitar de la mejor manera posible este momento de la pandemia sumamente delicado. 

Como nunca, el escenario actual plantea con mucha claridad la necesidad imperiosa de volver sobre el cuidado para contribuir desde la conducta individual al resguardo de la salud colectiva. Ojalá podamos hacerlo como sociedad para de ese modo tener en nuestras manos mejores herramientas y en nuestra convicción más sólidos argumentos al momento de exigir a quienes tienen responsabilidad de conducción en el marco de esta tragedia que hagan lo que tienen que hacer y recuperen por lo menos la capacidad del diálogo y del consenso como instrumentos para conducir a un mejor puerto un barco que entre errores y poca conducta social parece muchas veces estar a la deriva.


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