Perfiles pergaminenses

Juan “Toto” Luchessi, un hombre comprometido con el bien común en su querido Acevedo


 Juan “Toto” Luchessi en primera persona una historia de vida de marcado compromiso (LA OPINION)

'' Juan “Toto” Luchessi, en primera persona, una historia de vida de marcado compromiso. (LA OPINION)

Aunque su trabajo lo llevó por distintos lugares, sus raíces siempre estuvieron en el pueblo, donde formó su familia y hoy ve crecer a sus bisnietos. Dedicó buena parte de su tiempo a la participación en distintas instituciones y fruto de su trabajo se consiguieron grandes realizaciones. Su testimonio habla del valor de la buena dirigencia.


Juan Fiornelio Luchessi, “Toto” como lo conocen todos en su pueblo, nació el 14 de agosto de 1935 en Acevedo. Con 85 años, su Perfil es la síntesis de una vida dedicada a su comunidad. Con una profunda vocación de servicio, siempre se hizo tiempo para colaborar con distintas entidades de su pueblo y ser parte de ellas, abrazando proyectos comunitarios que representaron grandes avances que lo trascenderán.

Lleva el mismo nombre de su padre, un comerciante dedicado al rubro de ramos generales que más tarde se dedicó al acopio de aves y huevos. Su madre fue María Asunción; y él es el menor de cuatro hermanos. Dos ya han fallecido y su hermana Leda vive en la ciudad de San Nicolás. Los mejores recuerdos de su infancia tienen que ver con la Escuela Primaria N° 12, donde hizo hasta sexto grado, que era el nivel de escolaridad de la época. Rescata el aprendizaje de crecer en un pueblo apacible donde todos los vecinos eran familia. Quizás en esa niñez fue fortaleciendo ese sentido de pertenencia con su lugar que jamás abandonó a pesar de haber vivido, por cuestiones laborales, en varios lugares.

Cuenta que tomó la Primera Comunión en la iglesia del pueblo, la Santa Teresa de Jesús, y que tiempo después comenzó a oficiar de monaguillo. Más tarde el Obispado lo preparó para ejercer como ministro extraordinario de la Eucaristía, función que desempeña hasta el presente y que asume con enorme compromiso y profunda fe.  “Ser ministro de la Eucaristía es poder hacer prácticamente todo lo que hace un sacerdote menos celebrar misa”, refiere con orgullo. “Nosotros no oficiamos misa pero sí la celebración de la Eucaristía, hacemos responsos y asistimos a enfermos cuando el sacerdote no está”, agrega señalando que desempeña esa tarea en la comunidad de la Parroquia desde hace más de 30 años. “Siempre tuve fe cristiana y para ejercer esta función uno tiene que estar muy identificado con la religión católica, apostólica romana que es la que profeso”.

Un largo camino laboral

En el año 1952 ingresó a la Escuela de Mecánica de la Armada, que en ese entonces era Marina de Guerra. Realizó el curso de entrenamiento para aspirante naval, pero no se sintió cómodo en el régimen militar, lo que lo llevó a abandonar su idea de seguir la carrera militar. “No comulgaba con el régimen militar, así que luego de realizar el curso pedí la baja y regresé al pueblo. Ese entrenamiento me valió para tener el Servicio Militar cumplido” cuenta.

Nunca abandonó el pueblo, aunque la vida lo fue llevando por distintas geografías cuando comenzaron a abrirse oportunidades laborales que tomó como una forma de forjarse un porvenir. Una de sus primeras experiencias de trabajo fue en Pergamino, en la carpintería de Ceriotti, que funcionaba en calle 11 de Septiembre casi San Nicolás. “Allí estuve tres años como ayudante de carpintería, eran trabajos que brindaban la posibilidad de aprender un oficio”, menciona y reconoce que viviendo en cualquier lugar siempre sintió que Acevedo era su casa.  “Cuando trabajaba en la carpintería viví en Pergamino, en calle Luzuriaga, muy cerca de la Cochería Sánchez, porque tenía a uno de mis tíos allá”.

“Cuando cumplí los 20 años y el Ejército en San Nicolás me certificó el cumplimiento del servicio, entré en Teléfonos del Estado, que después pasó a ser Empresa Nacional de Telecomunicaciones (Entel). Era operador de tráfico”, señala y explica que su tarea consistía en hacer el enlace para facilitar la comunicación entre un abonado y otro. “En ese tiempo el sistema era manual; ingresé en la central de Acevedo en el año 1956 como operador relevante”.

“Más tarde surgió una vacante en Gonnet que me permitió quedar efectivo. Me trasladé a esa ciudad a principios de 1957 y como no había hotelería tuve la posibilidad de alojarme en una pensión de estudiantes en La Plata, gracias a una familia que había conocido que me dio una mano”, recuerda.

Estando allá y en virtud de su comprometido desempeño laboral fueron surgiendo nuevas posibilidades como la de hacer un relevo en toda la zona de La Plata, desafío que asumió. “Tiempo después surgió una vacante en la Central y trabajé allí”.

Cuando el sistema de telefonía se automatizó, a fines de 1958, se trasladó a Salto, la ciudad más cercana a su domicilio donde había una vacante para el trabajo manual. “Estuve dos años en esa localidad, vivía con la familia Marín y establecí muy buenas relaciones en esa ciudad que me recibió muy bien. Siempre recuerdo el balneario y el movimiento del lugar”, señala en una charla en la que todos sus recuerdos tienen que ver con el aprendizaje y con las relaciones que supo cosechar a su paso por cada lugar.

Su carrera como empleado telefónico culminó en la ciudad de Conesa, donde estuvo prácticamente 10 años. “Fue volver a casa porque trabajando en Conesa podía vivir en Acevedo”, destaca.

Su vida familiar

Antes de irse a Gonnet, “Toto” ya había conocido a Nélida Chavero, su esposa. “Nos conocimos en un baile en el Club de Acevedo. Ella había vivido siempre en el campo, nos pusimos de novios, yo me fui y decidimos casarnos cuando yo me trasladé a Conesa”.

Recuerda aquellos años gloriosos de los tradicionales bailes y kermeses que se realizaban en el pueblo, generalmente en vísperas de las fiestas de Navidad, Año Nuevo y Reyes y que convocaban a toda la gente de la zona. “Eran muy lindos, uno los esperaba mucho”.

Cuando se casaron él tenía 24 años y están juntos desde entonces, sosteniendo con amor la familia que conformaron. Tienen dos hijos: María Inés (59), casada con Juan Carlos Torti; y Juan Alberto (56), soltero. Ella vive con su familia en Acevedo y él está radicado en Corrientes donde trabaja para una empresa dedicada a la comercialización de maquinarias agrícolas.

Tienen dos nietas: Juliana (40), que es bioquímica, trabaja en Inta Pergamino y está casada con Mariano Lopresti; y Noelia (36), soltera, es docente y vive en Acevedo. Y dos bisnietos: Tiziano (7) y Justino (5).

Su familia es el pilar que sostiene su vida. Habla de los suyos con profunda emoción y confiesa que tanto sus nietas como los bisnietos constituyen el amor más lindo del mundo, ese que se disfruta sin prisas. “Hoy que ya estamos grandes nos dedicamos a cuidar a los bisnietos y los disfrutamos mucho, compartir con la familia es lo más lindo de la vida”, afirma, sentado en el comedor de su casa, esa que compró durante el Gobierno del presidente Arturo Illia con un crédito otorgado por el Banco Provincia.

Su esposa escucha el relato y asiente, mientras teje y recuerda los años que esa casa estaba habitada también por niños a los que ella cuidaba y que hoy vienen a visitarlos, sintiéndolos a ellos como abuelos.

En Somisa

Volviendo al recorrido por su historia laboral en otro momento de la charla Juan cuenta que en el año 1969 tuvo la posibilidad de ingresar a Somisa como electricista de mantenimiento. “El curso que había hecho en la Marina que me había dado conocimientos de electricidad porque yo había elegido esa orientación, me sirvió para rendir el examen e ingresar en la planta de San Nicolás”.

Reconoce que lo que lo impulsó a cambiar de actividad fue la posibilidad de tener un mejor ingreso. “Yo ya tenía mi familia y sabía que los chicos iban a terminar la primaria y que iban a tener que viajar a Pergamino para continuar sus estudios, de hecho fue lo que hicieron; mi hija en el Asilo de Jesús y mi hijo en el Colegio Nacional, y yo debía pensar en el porvenir de ambos”.

Luego de muchos años de sostenido sacrificio y siempre abocado a tareas que le gustó realizar y de las cuales tomó los mejores aprendizajes, se jubiló tempranamente, lo que no significó que dejara de trabajar, aunque desde entonces lo haría exclusivamente en sus funciones comunitarias. “Tenía 52 años, pero como había hecho trabajo insalubre, el régimen jubilatorio me permitió retirarme cuando tuve mis años de aportes”, menciona.

Pero ese no fue el fin de su historia laboral. Valiéndose de sus conocimientos de electricidad montó un pequeño taller en su casa y comenzó a trabajar de manera independiente reparando electrodomésticos. Más tarde atendió la ferretería que su hijo tuvo en Acevedo.

Un querido dirigente

A la par de su vida laboral, Juan “Toto” Luchessi siempre encontró tiempo para colaborar con las entidades de su pueblo. Además de ser ministro de la Eucaristía fue presidente de la Sociedad Italiana, integrante de la comisión de la Parroquia Santa Teresa de Jesús y miembro de la junta promotora para la creación de la Cooperativa de Agua Potable de Acevedo; más tarde dirigente de esa institución e integrante de la comisión que promovió la instalación del servicio de cloacas en la localidad.

“Siempre me gustó participar y tuve la posibilidad de hacerlo junto a personas muy comprometidas con el pueblo con las que siempre nos unimos en la convicción de lograr mejoras para nuestro querido Acevedo”, sostiene, y la charla se nutre de ricas anécdotas que van desde la actividad social hasta los hitos que marcaron un antes y un después en la posibilidad del desarrollo y crecimiento de la localidad.

Con sus 85 años “Toto” ha sido testigo y protagonista de grandes transformaciones. Hoy ya no tiene participación institucional por fuera de su función como ministro de la Eucaristía. “Me fui retirando en el convencimiento de que era tiempo que las nuevas generaciones tomaran la posta”, afirma y refiere que siempre se preocupó porque en los espacios de los que fue parte, otros dirigentes se fueran formando.

Posee una profunda vocación de servicio y sabe que para ser dirigente en una localidad pequeña la honradez es el sello que debe acompañar la tarea. “A mí siempre me motivó el amor por el pueblo; me tentaron muchas veces para competir por la delegación, pero aunque tengo mi ideología política y soy peronista nunca tuve vocación de militar para ningún partido político”, resalta.

“A mí Acevedo me ha dado mucho. Participar de la vida institucional fue una manera de retribuir al pueblo que me dio trabajo, familia”.

Juan abraza los valores de la buena dirigencia y la recompensa que recibió fue el cariño de la gente, el reconocimiento a la tarea. Cualquiera que pregunte por él en el pueblo responde con aprobación y con una sonrisa. “Trabajando por el bien común se cosechan también grandes amigos. En todas las comisiones de las que formé parte hubo una comunión de valores, eso te hace amigo”, expresa. Y sobre el final confiesa sentirse realizado y reconoce que lo emociona ver como Acevedo vuelve a poblarse, por la decisión de gente joven que elige esa geografía para forjar su futuro y allí donde “Toto” remontaba barriletes hoy hay casas con familias que abrazan sueños, los mismos que le dieron sentido a su vida.


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