Perfiles pergaminenses

Daniel “Chiquito” Manuel, de profesión carpintero y de vocación cantante


 Daniel Manuel confiesa tener una enorme vocación de servicio (LA OPINION)

'' Daniel Manuel confiesa tener una enorme vocación de servicio. (LA OPINION)

A sus jóvenes 79 años “el doctor en maderas” -como se autodefine- aún conserva su clientela en su taller “que no quiere que deje de trabajar”. Fue mozo, directivo de clubes, campeón en dominó y cantante del Cuarteto Lea. “Mi vocación de servicio sigue presente; vecino que necesite algo sabe que cuenta conmigo”, sostuvo a la hora de narrar su Perfil Pergaminense.


La casa ubicada en la esquina de Vélez Sarsfield y Entre Ríos (hoy Ramón Raimundo) es el escenario de esta historia de vida que protagoniza Daniel “Chiquito” Manuel (79), “de profesión carpintero y de vocación cantante”, según se presentó.

Precisamente, en esa esquina del populoso barrio Acevedo se instalaron sus padres Miguel Manuel –nacido en Lincoln, hijo de árabes- y Jacinta Alabe –inmigrante siria- y ahí también nació Daniel el 24 de abril de 1941, lo mismo que sus hermanos Alfredo (fallecido) y Mirta.

Fue en esa esquina donde funcionó por décadas la carpintería “Miguelito” y donde Daniel pasó su infancia, su juventud y permaneció hasta hace tres años, cuando la propiedad fue vendida.

“Lloré cuando se vendió porque yo nací ahí y estuve 76 años viviendo. Era mi esquina, era mi lugar, era mi vida”, expresó a LA OPINION.

Sus estudios primarios fueron en la vieja Escuela N° 8. “Terminé el primario y comencé a trabajar a los 12 años, pero no con mi papá. Fui rebelde y creo que sigo siéndolo porque no tolero que me manden. No sé si será bueno o malo. Siempre digo que no soy superior a nadie, pero nadie es superior a mí”, definió con la sabiduría de la calle. 

Fue así que Daniel Manuel comenzó a trabajar como cadete en Casa Batch (lencería para damas), ubicada en ese entonces donde hoy se encuentra Posteraro Deportes.

Sin embargo, al poco tiempo ingresó al Colegio Nacional donde inició su ciclo secundario. “Paso a tercer año y me había llevado ocho materias de segundo, las rendí y me quedó una previa -recordó-. Al mes le digo a mi papá ‘no quiero estudiar más’. Me miraba incrédulo porque yo tenía facilidad. ‘Me cansé, no tolero estudiar’, le insistí. Me agarró de una oreja y me sacó a la calle y me dijo: ‘Cuando consigas trabajo volvé. Acá el que no estudia o trabaja no come. Si querés podés venir a dormir’. De ahí me fui al centro con un amigo y entro al Hotel Fachinat, donde trabajaba mi tío Elías Alabe, que era el alma mater del Hotel. Héctor Fachinat me ofrece trabajar de lavacopas y Elías me dice: ‘Vos acá vas a durar cuatro días con tu genio; mirá que acá no es fácil’. Y fue cierto, a los cuatro días casi nos agarramos a trompadas con Héctor, pero después anduvo todo bien. Estuve varios años trabajando y fui ascendiendo, de lavacopas pasé a gamucero, después a ayudante de mozo y después, bajo la experiencia de Elías, fui mozo. Ya como mozo trabajé en varios lugares, como el restaurante Agustín, La Vizcaína, e inclusive fui una vez al Colonial de San Nicolás”, contó.

Al Servicio Militar

Como a todos los adolescentes de la época, a Daniel le tocó cumplir con “los deberes de la Patria” e ingresó al Servicio Militar. “Entré porque existía el conflicto entre azules y colorados (enfrentamientos armados en las Fuerzas Armadas durante el gobierno de facto de José María Guido)” -recordó-. Entré con el número 004 y en esa época se salvaban hasta el número 30. Me llamaron a último momento y lo hice en la ciudad de Azul. Estuve en la caída de Frondizi y en el conflicto de los azules y colorados. Nunca vi tantos soldados juntos. Hubo tiroteos pero más que nada en la Capital”, recordó.

Doctor en maderas

En su regreso a Pergamino, su padre y su hermano, que ya comenzaban a fabricar los muebles provenzales, lo esperaban en la carpintería. “Mi papá fue uno de los pocos en Pergamino que empezó a fabricar los muebles provenzales -destacó-. Yo aprendí observando a Caggiano, un tallista que iba al taller. Así empezó mi período de tallista, porque en sí, yo no era carpintero. Después me fui metiendo y llegué a tallar para todos los carpinteros de Pergamino. Eramos ocho tallando y no dábamos abasto. Luego empecé a trabajar en algunas cosas de carpintería que me pasaba mi papá. Tiempo después él enfermó y el mueble provenzal fue decayendo. Mi hermano, que le tallaba a Humberto Pierino Actis, un carpintero que estaba en España y Matheu, tuvo un accidente cuando era cantante del Cuarteto Lea. Entonces quedé yo como cantor y también lo reemplacé como tallista del taller de Actis”.

Fue así que Daniel Manuel encontró en la carpintería su verdadero oficio. “Yo digo que Dios me bendijo y me dio el oficio que yo quiero, que me gusta hacer”, sostuvo y agregó: “Ya no soy carpintero sino doctor en maderas” (risas).

Con sus 79 jóvenes años sigue en actividad porque “el monto de la jubilación no alcanza para mantenerse”, dijo, al tiempo que aseguró tener una buena clientela en su taller ubicado en La Plata 505. “Todavía tengo clientela que no quiere que deje de trabajar. Yo les digo que mi cuerpo va a envejecer pero mi mente no. El día que eso ocurra prefiero no estar”, sostuvo.

Chiquito reside ahora en ese mismo lugar donde trabaja. “Es la casa de Ana Ruso, mi exmujer, con la cual tenemos una muy buena relación. Actualmente ella está en Río Negro con problemas de salud, acompañada por Romina, una de mis hijas. Tengo tres hijos: Daniel, Romina y Karina, nueve nietos, una bisnieta y otra por venir”.

Manuel cantante

Lo que comenzó como un reemplazo casi termina en una profesión. Fueron más de 40 años con la música que Manuel sintetiza así: “Esto empezó cuando Juan Marmaruso, que era director de la orquesta Cuarteto Lea –en homenaje al Cuarteto Leo, el primero cordobés- me convocó para cantar. A veces éramos dos o tres cantantes. Me gustaba cantar pero no era cantante, jamás estudié canto, lo hacía por vocación, porque me gustaba. Una noche que no pudieron ir los otros cantantes quedé solo. Recuerdo que la primera canción que canté fue la de Palito Ortega ‘Decí por qué no querés’”.

Daniel contó con orgullo que en su momento tuvo la oportunidad de cantar profesionalmente. “Fue en Sargento Cabral cuando me ofrecieron firmar un contrato la misma noche -recordó-. Me querían a mí solo, pero yo les pedí que vaya también la orquesta. Me elogiaban que yo me metía al público en el bolsillo. Esto también me lo dijeron los del Cuarteto Trinidad cuando estaba Leo Mattioli en el Club Buenos Aires de San Nicolás. Me querían para presentar la orquesta y arengar a la gente”, contó.

Manuel también fue cantor en varios conjuntos de Pergamino como Cuarteto Real, Terzo Grilli y Kilma “La dama del acordeón”- ambos hermanos de Pedro Grilli-, Tito Comité, Juancito Rodríguez. Inclusive canté en Buenos Aires, siempre como amateur”.

De esta etapa, Manuel recuerda como anécdota cuando cantó en King Club, una boite de Capital Federal. “Ya era habitué del lugar y una noche me invitaron a cantar y hablaron con Panchito Cao (un reconocido músico de la época) para que me acompañe. Canté ‘Sombras nada más’ y en la mitad de la canción se aparece una morocha alta con una bata bordó y empezó a hacer gestos de aprobación. Terminé la canción y la mujer empezó a aplaudir, y cuando me acerqué me dijo: ‘Oye chico, cantas muy lindo, después de Javier Solís, muy pocas personas tomaron esa canción como lo hiciste tú. Sigue, tienes futuro, te felicito nuevamente, nos vemos después’. Después supe que era la negra ‘Fetiche’ (Rosa Gutiérrez, cantante peruana)”.

Una activa vida social

Daniel Manuel se jacta de haber cosechado muchos amigos por haber llevado una intensa vida social. “Fui presidente dos veces del Club Atlético Federal, llegué a ser vicepresidente de la Asociación Pergaminense de Bochas. Esto me dio la posibilidad de recorrer muchos lugares de la provincia con jugadores de bochas, como delegado y como técnico, y obtuvimos varios títulos. De pibe también fui directivo del Club Unión en la época en que estuvo de presidente Humberto “Tito” Di Biase. Teníamos dos colectivos y una ambulancia.

“También tengo mi trayectoria con el Círculo de Periodistas Deportivos de Pergamino en la exFábrica Berini. En ese entonces el intendente Héctor ‘Cachi’ Gutiérrez nos cedió la parte de arriba pero había que restaurarla. Allí estaban ‘Toto’ Baduy, José Luis Picarelli, Hernán García, entre otros periodistas. Nos pusieron a disposición gente del Plan Trabajar y en dos meses lo restauramos; quedó hermoso. Después llegaron otras instituciones y en planta baja estaba el GAE.

Manuel también colaboró para el programa de deportes “El clásico” de Picarelli. “Lo que más hacía era pasarles el parte de las bochas”, refirió.

Otra de las habilidades de nuestro Perfil Pergaminense de hoy es el dominó, juego con el que logró competir seis veces en los exTorneos Bonaerenses. “De siete que me anoté, fui seis veces a Mar del Plata, o sea, gané la etapa local y zonal -explicó-. El dominó es mi juego. Me encanta la matemática. Llevar en la mente la ficha que puede tener el otro. Tengo los recortes de cuando gané la medalla de oro en Mar del Plata. Terminé invicto porque gané el local, el regional y el nacional sin perder un partido.

“También en una oportunidad hice colaboraciones para el Club Sirio Libanés con la campaña que llamé ‘Por la sonrisa de un niño’. Para esto recibí la ayuda de Hugo Apesteguía que me publicaba las notas en LA OPINION. Llegamos a recaudar casi 2.000 juguetes”, indicó. 

Vocación de servicio

Llegando al final de la nota Daniel “Chiquito” Manuel recuerda a Humberto “Tito” Di Biase como su gran inspirador en su vocación de servicio. “Era un soñador divino, con él aprendí a tener vocación de servicio”, recordó.

“A mi taller de carpintería de calle Vélez Sarsfield llegaba todo el barrio a pedirme una llave, a que le corte una madera, a que le arregle la cerradura, hasta me llamaban para que les enchufe la radio o el televisor y yo les respondía que no me metía con la electricidad porque tenía miedo”, relató.

“Los extraño, los quiero a todos, son una parte importante de mi vida. Es tan lindo lo que me pasó en este sentido, a pesar de haber perdido a mis padres y a mi hermano, y muchos de los parientes. Tengo que reconocer que estoy grande.

“Mi vocación de servicio sigue presente; vecino que necesite algo sabe que cuenta conmigo”, conluyó.


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