Pergamino

Yendo a la raíz del problema: un programa de reeducación para hombres con conductas violentas


 Desde 2016 fueron ms de 400 los hombres con conductas violentas que pasaron por el espacio (INFOBAE)

'' Desde 2016 fueron más de 400 los hombres con conductas violentas que pasaron por el espacio. (INFOBAE)

Hace cinco años, un grupo de profesionales de nuestra ciudad, nucleados en la Dirección de la Mujer, trabajan con varones derivados de la Justicia o que asistan por voluntad propia, y les brindan orientación, contención, asesoramiento y abordaje psicológico grupal con el fin de lograr el cese de la violencia en el hogar y en general. 


Desde 2016, bajo la coordinación de la Dirección de Asistencia a la Mujer y la Familia, funciona en nuestra ciudad un Programa Reflexivo Psicoeducativo para Hombres con Conductas Violentas. Está destinado a varones mayores de 18 años que tengan la firme convicción de querer cambiar sus hábitos, conductas y reacciones.

En este marco es que un grupo de profesionales de nuestra ciudad trabajan con los hombres, derivados de la Justicia o que asistan por voluntad propia, y les brindan información, orientación, contención, asesoramiento y abordaje psicológico grupal en la temática de la violencia masculina intrafamiliar con el fin de lograr el cese de la violencia.

Entre los objetivos de las actividades que se realizan siempre está la búsqueda constante, a través de entrevistas individuales y grupos de reflexión, de la modificación de las conductas de maltrato a partir del reconocimiento de aquellos mitos, creencias y costumbres que se repiten a través de los estereotipos de poder. Muchos hombres han sido “instruidos” desde la palabra y el ejemplo que el maltrato es un medio válido para mostrar la disconformidad. Son conceptos “aprehendidos” por generaciones que hay que desterrar y para ello es necesario que el hombre los reconozca en sí mismo. Que los hombres tengan la posibilidad de adquirir la capacidad de comprensión, organización y erradicación de aquellas conductas que se ejercen por un abuso de poder dentro del ámbito familiar.

Con el objetivo de dar a conocer la existencia y cómo funciona este espacio, LA OPINION dialogó con algunos de los profesionales que allí trabajan coordinadamente.

Los inicios

En primer lugar, la directora de Asistencia a la Mujer y la Familia de Pergamino, Florencia Vaño Abba, contó sobre los inicios de la actividad. “En 2015 notamos que, en las situaciones de violencia, nos quedaba una arista sin asistir: la de los hombres con conductas violentas, conductas que éstos volvían a repetir una y otra vez con sus diferentes parejas. Nos propusimos generar un espacio para su asistencia y se tornó un desafío porque no había muchos ámbitos en el país que cumplieran con los objetivos propuestos: reeducar al hombre con conductas violentas. En la primera época del grupo se comenzó con la asistencia de un psicólogo y se trabajó mucho con la construcción de la demanda, que fue voluntaria al principio”.

Con el paso del tiempo se pudo estructurar el equipo interdisciplinario y la demanda ya no solo provino de la voluntad de los hombres que se reconocían violentos sino también de la derivación desde la Justicia.

En la actualidad es el licenciado en Psicología Mariano Aguirre, que se desempeña en la Sala de Adolescencia del Hospital San José, el que coordina el Programa de Varones con Conductas Violentas. Junto a él trabajan el psicólogo individual, Juan Bonillo; la trabajadora social, Paulina Gaetán, y la abogada Giuliana Zanocco.

Romper paradigmas

Con la creación de este espacio se rompieron ciertos paradigmas ya que por ese entonces no era habitual pensar que un hombre con conductas violentas podía salir de ese círculo vicioso y reeducar su comportamiento. Más bien, toda la tarea estaba orientada a sacar de su lado a la mujer y demás miembros de su entorno, entendiendo que esa era “la” solución, cuando en realidad el problema seguía latente. En tal sentido Mariano Aguirre contó: “Pergamino fue pionero en este sentido, una de las primeras ciudades que logró instaurar un grupo para aquel hombre que ejerciera la violencia. Al principio fue muy cuestionado el espacio”, y agregó que en la coordinación de este ámbito es necesario entender la violencia como un problema multicausal ya que “el sujeto que la ejerce está atravesado por múltiples situaciones donde hay sentimientos reprimidos, donde hay supremacía de poder, un hombre que de niño quizá haya sufrido violencia familiar y luego reproduce eso que internalizó. Las conductas violentas no siempre se aprenden en la casa sino en otros ámbitos ya que todos estamos atravesados por la cultura patriarcal y reproducimos este modelo. Por eso celebramos la deconstrucción para así revertir las conductas”.

Sobre los propósitos del espacio, el psicólogo indicó que “el objetivo primordial es el cese inmediato de la violencia” mientras que contemplando los objetivos más específicos figura “el corte transgeneracional de la violencia para que ésta no sea reproducida en el futuro, por lo que también es una cuestión preventiva”.

Punto de inicio

La asistencia a un hombre encuentra su punto inicial cuando éste llega al espacio, la mayoría proviene derivados por la Justicia luego de que su víctima los haya denunciado, y la menor cantidad de hombres, un cinco por ciento del total, llega de manera voluntaria.

Los hombres primero deben someterse a un proceso de admisión donde se lo cita, se le hace una entrevista personal y si es compatible comienza a ser parte del grupo. Es importante destacar que no se admite a hombres con personalidad psicopática, es decir, que son externalizadores natos de la culpa, abusadores, con consumo problemático y menores de edad.

“En el espacio los hombres están como mínimo un año, pueden estar más tiempo, luego se desarrolla una etapa de evaluación y finalmente el egreso, si es que cercioramos que el hombre ha tenido cambios certeros en su vida. Después viene un trabajo de seguimiento que realizamos los profesionales”, explicó el entrevistado.

Hay hombres que no son compatibles con el grupo de reflexión o que, por ejemplo, forman parte del Sistema Dual (un 10 por ciento), y requieren de entrevistas personales con el psicólogo.

Es dable recordar que el Sistema Dual está conformado por tres dispositivos: un rastreador para la mujer a través del que se reciben los llamados de monitoreo que se hace en La Plata, además cuenta con un botón que es una llamada de emergencia con dicha área de monitoreo, también hay tobillera y rastreador para el agresor. Víctima y agresor están monitoreados las 24 horas. El hombre no se puede acercar a menos de 1.000 metros de la mujer; cuando esto ocurre quienes ejercen el monitoreo se comunican con ambas partes para que la mujer se ponga al resguardo y el agresor se aleje.

Bonillo, Gaetán y Aguirre son algunos de los profesionales que integran el grupo reflexivo psicoeducativo. (DIRECCION DE LA MUJER DE PERGAMINO)

Más de 400

El espacio reeducativo trabaja a contraturno del funcionamiento del grupo de mujeres. La asistencia se da entre las 15:00 a 19:30 y está destinado a hombres de 18 hasta mayores de 70, aunque la mayoría de los hombres que se asiste tiene entre 30 y 50 años. “En los últimos tiempos las mujeres adultas mayores se han animado a denunciar la violencia por eso en el grupo de hombres los hay de más de 70. En ellos la deconstrucción cuesta mucho más porque hay conceptos muy arraigados, les cuesta mucho salir de la asimetría del poder en la que el hombre es superior a la mujer”, confió Aguirre.

Desde 2016 han pasado más de 400 hombres y en la actualidad hay entre 40 y 50 activos en el grupo y en la entrevista individual. Hay un número de WhatsApp que funciona las 24 horas para que los hombres puedan comunicarse y es el 15534998.

Deconstrucción de la masculinidad

-¿Con qué reacciones se encuentran por parte de los hombres que participan del grupo?

-En primer lugar debe haber un reconocimiento de esta conducta violenta por parte del hombre. Una vez que esto sucede, a través de diferentes actividades, vamos internalizando nuevos modelos de conducta para que ellos puedan reflejarlo en sus hogares y en su vida cotidiana y con sus pares. De eso se trata la deconstrucción de la masculinidad. Con el paso del tiempo se registra una multiplicidad de transferencia muy notoria entre los hombres que deciden abrirse para empezar a realizar el cambio en su vida.

En líneas generales hay buena aceptación de parte de los hombres a ser parte de este ámbito y nos reconforta la poca reincidencia que tenemos de nuevas agresiones por parte de esos hombres. Esto nos da la pauta de que el grupo es efectivo y que vamos por buen camino.

Un proceso adquirido

La trabajadora social Paulina Gaetán es la encargada de elaborar los informes que resultan de las visitas que se realizan periódicamente y de los seguimientos telefónicos. También está presente en el grupo de varones y realiza el armado de redes con los integrantes de la familia del hombre.

En estas tareas pudo desentrañar un denominador común en los hombres que participan de esta propuesta: “Es el patriarcado y el hecho de asociar la violencia física como un único vehículo de violencia, desestimando lo que tiene que ver con la violencia psicológica, simbólica, económica”.

Los profesionales del grupo trabajan sobre la base de la violencia como una conducta adquirida (no genética) y cíclica: primero hay una acumulación de la tensión, luego se da el pasaje al acto y después la fase de la “luna de miel” o arrepentimiento. “No entendemos a la violencia como enfermedad sino como un proceso adquirido a lo largo de la vida del hombre que quedan atrapados en la idea machista y reproducen esos modelos”, describen.

-En ese revisionismo interno, ¿surgen el arrepentimiento y el sentimiento de culpa?

-Esos sentimientos son muy frecuentes, sobre todo cuando caen en la cuenta de que hicieron algo mal, que atentaron contra su mujer y que no pueden acercarse a ella porque tienen una restricción y eso los desespera porque quieren el perdón inmediato. Este espacio justamente no tiene que ver con la inmediatez sino que es un proceso en el que no hay soluciones mágicas, requiere de tiempo.

-¿Cuándo el hombre está en condiciones de egresar de este programa?

-Un hombre egresa cuando las intervenciones para con el resto del grupo son óptimas, desde la asistencia profesional se les brinda ejemplos de cómo seguir para que no se ponga el acento en la mujer sino en uno mismo. Cuando se advierte que adquirieron nuevos modelos de masculinidades y ciertas habilidades pensamos que, como hombre, está apto para egresar pero no nos quedamos solo con esa idea sino que vamos al terreno y entrevistamos a miembros de la familia, vecinos, amigos, empleadores o compañeros de trabajo que pueda dar cuenta de cómo se encuentra ese hombre.

En 2020

Durante la pandemia, por las restricciones que imprimió el coronavirus, se realizó asistencia telefónica y cuando se autorizó la apertura de actividades, cumpliendo los protocolos, se retornó a la terapia presencial, “que fue muy esperada por muchos hombres que sentían la necesidad de volver porque lo encuentran como un espacio de asistencia, contención y acompañamiento”, dijeron los profesionales y agregaron un dato: “Durante el confinamiento advertimos una mayor cantidad de denuncias de mujeres por violencia de género y como consecuencia mayor cantidad de hombres derivados de la Justicia”.

Nuevas masculinidades

Las nuevas masculinidades proponen replantear la idea de masculinidad y desaprender los roles de género adquiridos durante toda la vida y perpetuados a lo largo de siglos.

Las nuevas masculinidades buscan una alternativa al modelo hegemónico buscando incorporar la perspectiva de género. En este sentido, con miras al futuro, el coordinador del espacio contó que “la idea es volver a las escuelas para brindar talleres sobre nuevas masculinidades. Esta es una actividad preventiva que realizamos con los jóvenes”.

Como consejo a los adultos de hoy para trabajar en las nuevas masculinidades de los adultos de mañana, Aguirre sugirió: “Escuchar a sus hijos y tener en cuenta su opinión, no bajar lineamiento hegemónico, que circule la palabra en una familia, que haya diálogo abierto es fundamental y que exista una educación que se base en el quiebre de los estereotipos de género. La sociedad tiene que cambiar, todos debemos deconstruirnos para que no se repliquen los modelos de violencia”.

Sí se puede

Por último y demostrando su satisfacción con el programa, el licenciado Aguirre afirmó: “Este tipo de espacios favorece y genera que muchos hombres con conductas violentas puedan revertir su comportamiento, salir del círculo de la violencia y tener una conducta social mucho más óptima para todos”.


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