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Inclusión educativa: un aspecto en las aulas que habla mucho de nosotros como sociedad

La directora del Colegio Santa Clara de Asís, Silvina Melgin. (LA OPINION) La directora del Colegio Santa Clara de Asís, Silvina Melgin. (LA OPINION)

La incorporación de chicos con necesidades educativas especiales, derivadas de una discapacidad, en escuelas convencionales, está prevista en la ley y es un derecho. Sin embargo, aún existen barreras que condicionan la integración.


En los últimos días la noticia de que un establecimiento educativo de Capital Federal había separado de un curso a un niño con Síndrome de Asperger por sus problemas de conducta y el modo en que un grupo de madres celebró esa decisión puso en el centro de la escena la cuestión de la inclusión educativa y motivó una serie de reflexiones de distintas voces respecto de si es posible que todos los chicos estén en la escuela y si como sociedad estamos preparados para convivir con las diferencias.

Más allá del caso en particular, y para ahondar sobre este tema, LA OPINION entrevistó a Silvina Melgin, directora del Colegio Santa Clara de Asís, una institución educativa a la que asisten niños con trastornos del espectro autista y problemas generalizados del desarrollo y que cuenta con una nutrida experiencia en materia de proyectos de inclusión de esos chicos en los distintos niveles de escuelas comunes. El propósito del diálogo fue conocer un poco más cómo funcionan las dinámicas de integración en el marco de la Ley de Educación de la Provincia de Buenos Aires y reflexionar de la mano de esta profesional sobre el camino que aún resta transitar a nivel social para que la inclusión sea una realidad que se expresa en la escuela pero también fuera de la institución escolar allí donde se juegan las distintas dimensiones de la vida de chicos que tienen derecho a sentirse integrados y respetados en sus capacidades.

-Cuándo hablamos de las patologías del espectro autista y pensamos en la escolarización de esos chicos, ¿cuál es el ambiente escolar que resulta más apropiado? 

- La Ley Provincial de Educación N° 13.688 establece claramente que todas las personas con necesidades educativas derivadas de una discapacidad tienen derecho y debe estar escolarizadas en las escuelas comunes; esto vale para cualquier tipo de patología que genere algún tipo de discapacidad. Son la excepción aquellos casos en los cuales por la complejidad de la patología y de sus necesidades educativas no pueden acceder a un proyecto de inclusión y deben recibir su escolaridad en la sede de una escuela de educación especial. La normativa provincial establece que todos los chicos tienen derecho y deben ir a las escuelas comunes, del nivel que corresponda ya sean jardines de infantes, escuelas primarias o secundarias. Debe estar muy bien fundamentado cuando tenemos un niño que no se ha podido incluir 

-¿Ese estar en la escuela común, siempre es acompañado de profesionales que guíen esa inclusión?

-Los chicos que están integrados en los niveles siempre están acompañados por los equipos de las escuelas de educación especial. La figura fundamental es la del maestro integrador, al que se conoce como maestro de apoyo a la inclusión. También interviene el equipo de la escuela especial y de la escuela común. Se establecen dinámicas de trabajo en equipo en el que intervienen además las familias y los terapeutas que asisten a esos niños. Todos debemos trabajar en conjunto por la inclusión.

-Desde su experiencia, ¿cuánto se ha avanzado en la inclusión educativa de chicos con necesidades educativas derivadas de una discapacidad?

-Se ha avanzado bastante y resta trabajar mucho con la inclusión en los distintos niveles. Las personas que trabajamos en educación especial tenemos muy claro cómo es la normativa y cómo debemos trabajar con estos nenes, pero muchas veces cuesta mucho encontrar instituciones educativas abiertas a la inclusión. Creo que los distintos niveles de la enseñanza deberían empezar a formarse un poco más en esto de pensar qué significa recibir a un niño con necesidades educativas derivadas de una discapacidad, no tiene que ver específicamente con el autismo sino con la discapacidad en general.

 -¿Estas cuestiones que deben revisarse tienen que ver exclusivamente con lo pedagógico?

-Tienen que ver con lo pedagógico, pero también con la información, y el conocimiento. Los docentes de las escuelas o los jardines de infantes no siempre están formados para recibir a un niño especial. En los institutos de formación docente hay que empezar a trabajar y brindar una información básica para que los futuros maestros estén preparados, porque en algún momento de su carrera se van a encontrar con un proyecto de integración y deberán saber cómo abordarlo. Hace falta contar con información básica de caracterización de ciertas patologías y modos de abordaje para entender mejor cuáles son las necesidades y las configuraciones de apoyo que deben hacerse para facilitarles a estos alumnos el tránsito por la escuela.

-¿Cómo se trabajan las cuestiones pedagógicas?

-Se trabajan a través de un proyecto de inclusión que se  arma conjuntamente entre la docente de la escuela común y la maestra integradora. Se toma la planificación docente de esa maestra, de ese grado o de esa sección del jardín y se hacen las adaptaciones y configuraciones de apoyo específicas para el niño que tenemos que abordar. Y se trabaja conjuntamente, observando qué se puede lograr, desde qué lugar y con qué adaptaciones para facilitarle el aprendizaje. Así se arma un proyecto individual

 

Crear vínculos

A la par de la cuestión pedagógica, la directora del Colegio Santa Clara de Asís puso especial atención en destacar el trabajo que se hace dentro y fuera de la escuela para el manejo del aspecto vincular de un niño que tiene necesidades educativas especiales producto de su discapacidad. “A veces se cree que los equipos o las escuelas especiales solo trabajamos con lo pedagógico y en realidad intervenimos mucho en lo social, porque hay que trabajar mucho para facilitar no solo el aprendizaje sino un montón de cuestiones que hacen a ese niño en particular”, refirió. 

“Cuando nosotros planificamos el proyecto de inclusión  trabajamos lo pedagógico, pero también pensamos estrategias para abordar el recreo, los modos de lograr que ese niño pueda jugar con otros para facilitarle el tránsito por la escuela, pero también propiciando que pueda generar vínculos porque no sirve de nada tener un niño integrado solo para el aprendizaje y que después del horario escolar nadie se acuerda que existe”.

Respecto del rol que cabe a las familias en esta tarea, la especialista consideró que es fundamental: “Para que el proyecto de inclusión tenga éxito, hay que trabajar con todos, con los compañeros, el personal docente y los papás; hay que brindar información”.

En este punto insistió: “No sirve que un niño esté en la escuela si después ningún compañero lo invita a su cumpleaños”, remarcó y puso la mirada en la actitud de los adultos en facilitar los procesos de integración, algo para lo cual según su experiencia, es necesario “cambiar la mirada”.

“Si a un niño no se lo integra a la vida de los otros niños, ¿dónde está la verdadera inclusión?”, se interrogó Silvina Melgin y consideró que la integración es un concepto que vale para la escuela, pero también fuera de ello, a nivel de la comunidad. “Es de la sociedad el concepto de inclusión y aquí se juegan los valores que tenemos los adultos que facilitamos o no la integración social”.

-¿Esto responde a una mirada que se tiene sobre la discapacidad en general?

-Sí, y sucede no solo con el autismo, sino con la discapacidad en general.

 

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