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Perfiles pergaminenses

Teresa Susana Rioja, o cuando la vida se corona con lucidez y entusiasmo

Susana, típica mujer, esposa y madre del Siglo XX, que transita de manera espléndida el XXI. (LA OPINION) Susana, típica mujer, esposa y madre del Siglo XX, que transita de manera espléndida el XXI. (LA OPINION)

Celebrando el Día de la Familia y de la Madre, presentamos en nuestros Perfiles a una mujer que bien refleja los caracteres de tantas matriarcas que habitan Pergamino. Nacida en el campo, la vida al lado de su marido resultó en cuatro hijos, 11 nietos y 14 bisnietos y la llevó por distintas ciudades donde se abocó al hogar y al corte y confección, que define como su pasión.


Para empezar este perfil con el pie derecho hay que decir que Teresa Susana Rioja no aparenta la edad que tiene: habla con una lucidez increíble; lee uno o dos diarios por día “de punta a punta”; sobre la mesa de su living hay dos novelas cuyos marcadores anuncian que está a punto de llegar al final y, en una mesa ratona, hay un tercer libro a mitad de leer; y, además, tiene una memoria prodigiosa.

Nació el 10 de mayo de 1922 en El Arbolito (ya le hacemos las cuentas estimado lector: tiene 95 años) y fue la hermana mayor de cuatro hermanos: Adolfo, Alba y Raquel. “Nací a las 16:30, eso me lo dijeron porque coincidía con el horario en que pasaba un tren para Buenos Aires”, detalla Susana, como es llamada por los suyos.

Sus papás fueron Higinio Rioja y Josefa Sastre: Higinio oriundo de España y Josefa de Rosario. Higinio tenía un almacén de ramos generales y Josefa era ama de casa: “Vivíamos en una casa tipo ‘chorizo’ con un patio enorme donde había un gallinero. Ahí vivíamos los cuatro hermanos hasta que nos casamos. Raquel de grande se casó con Adán Guzmán y vivían en Pergamino; Alba se casó con Pablo Tessone y también vivían en Pergamino, en 11 de Septiembre y San Nicolás”, recuerda con su envidiable memoria.

En busca de progreso, Higinio y Josefa, allá por la década del 30, se mudan a Pergamino con los cuatro hijos: “Cuando tuve que empezar la primaria nos fuimos a vivir a Pergamino. Mi papá había hecho edificar una casita en Larrea entre Merced y San Nicolás. Como esa casa era muy chica, unos años más tarde nos mudamos a San Nicolás 1437. Ahí empecé a ir al Colegio Nº 15, que estaba en 3 de Febrero y Merced. Mi papá trabajaba en Moncler, Soles y Compañía”, recuerda con precisión. También trae a la memoria que un 22 de agosto de 1937 su hermano Adolfo, que tenía 15 años, murió en una situación trágica que recordó todo Pergamino: jugando con un amigo, éste tomó un revólver guardado en un placard, le apuntó y disparó, matándolo en el acto.

Susana narra que le quedó una cuenta pendiente: ir al Colegio Nacional, “pero como no era para las damas no me dejaron ir”, se acuerda, entonces tomó un curso de corte y confección: “Tengo el diploma”, dice orgullosa de la profesión que ejercería el resto de su vida, a lo que agrega: “Tenía una clientela bárbara, ¿cómo se dice? ‘chic’, de la alta alcurnia, la señora de un médico, la señora de un contador y la señora de un mayordomo de una estancia. Hasta venían mujeres de Buenos Aires para que les cosiera”.

 

Kermeses y correspondencias

Susana se puso de novia con Vicente Jelicich cuando tenía 18 años: “Nos conocimos en una kermés de la Capilla Santa Teresita y a partir de ahí nos empezamos a escribir. El vivía en Capitán Sarmiento, en el campo, frente a la Capilla de los Padres Pasionistas. El llevaba la correspondencia a los curas de cada pueblo, entonces también venía a Pergamino a traer las cartas en la estafeta postal de Santa Teresita”.

Cuatro años más tarde, en 1944, se casaron y se fueron a vivir a la zona rural de Capitán Sarmiento: “De niña bien de ciudad que se pintaba las uñas todos los días a irse a vivir al campo fue un gran cambio; vivíamos con mi suegra, que era buena conmigo. Al año de casados, el 26 de enero, estábamos festejando nuestro aniversario y empecé el trabajo de parto, por lo que tuvimos que suspender la cena y salir corriendo a la clínica para que naciera nuestro primer hijo, Esteban. Allí vivimos hasta 1953, ya que después nos fuimos a vivir al pueblo, Francia 314. En Capitán Sarmiento vivimos unos 15 años más, hasta que nos mudamos a Arrecifes”, cuenta Teresa. El cronista insiste: una memoria pocas veces vista.

El amor entre Vicente y Teresa dio cuatro frutos: Esteban, Osvaldo, Graciela y Silvia. Hoy Esteban (70) vive en Pergamino, es ingeniero agrónomo y es casado; Osvaldo (69) vive en Arrecifes, estudió administración agraria, también casado; Graciela (65) vive en Mar del Plata, estudió fonoaudiología, casada; y Silvia (64) vive en Puerto Mont (Chile), estudió administración de empresas, casada.

“Me gustaba mucho ir a los bailes, que en esa época eran con orquesta en vivo, recuerdo que tocaba Tito Comité. Hasta que no terminaba con su ‘característica’ no nos íbamos del salón del Club Sports”, narra emocionada y agrega que siempre iba acompañada de su madre.

Pasó una vida, no exenta de sinsabores pero mayormente de alegrías; llegaron nietos y bisnietos, hasta que día de 2005 Vicente Jelicich, su compañero, falleció a los 85 años. En ese momento Teresa no quiso quedarse sola en Arrecifes, donde estaba residiendo y volvió a su Pergamino tan querido, en el que transcurrió una parte de su infancia, donde hoy vive felizmente.

 

“Nunca fui peronista”

Al hacer un ejercicio sobre los sucesos históricos que acontecieron en nuestro país desde 1922 a la fecha, siempre surgen los más recordados: de muchos de ellos se acuerda Susana Teresa Rioja. Cuando se le pregunta cómo recuerda los distintos gobiernos que tuvo Argentina lo primero que aclara es: “Nunca fui peronista”, y añade que “siempre fui radical, no me quejo de Perón porque no hizo cosas como para maldecirlo, como en cambio sí la última que tuvimos de presidenta; cuando ella habla pongo mudo el televisor o cambio de canal”, dice con una gran sonrisa.

 

El presente

Hoy Susana disfruta de leer los diarios todos los días “de punta a punta”, de ver los noticieros, además de alguna novela: “Me gusta mucho Gabriel García Márquez, me gustan mucho las novelas. Me agarra la 1:00 de la mañana leyendo. Después que me estudio el diario sigo con las novelas. Ahora por ejemplo estoy leyendo a Umberto Eco, pero los libros de García Márquez me los leí todos diría. Incluso durante mucho tiempo fui socia de la Biblioteca ‘Joaquín Menéndez’”.

También siempre disfrutó mucho de ver películas y lo recuerda de esta manera: “Cuando éramos jóvenes íbamos al cine con mi profesora de corte y confección, Angela Dodda, que tenía dos años más que yo; para las amigas era la ‘Negra’ Dodda. Su hermano era Tomás, el ‘Negro’ Dodda”.

Susana vive el presente con la alegría de que todos los días uno de sus hijos la visita o la llama y el fin de semana se reúne en la gran familia que logró formar. Sin hacer ningún esfuerzo, cuando se le pregunta por el nombre de cada uno de sus 11 nietos y de sus 14 bisnietos dice de corrido: los nietos Lucas, Matías, Pamela, Santiago, Clarisa, Rocío, Borja, Clara, Flavio, Sergio y Florencia. Y los bisnietos Vicente, Mateo, Felipe, Sofía, Isabel, Emilia, María, Inés, Lucía, Facundo, Josefina, Tomás, Manuela y Paloma.

Cuando se le pregunta cuál es la receta para vivir tantos años con la buena salud que tiene, Teresa dice desconocerla: “Yo trabajé toda mi vida, luché, cuando cocía para afuera estaba en la comisión de la cooperadora del colegio de los chicos, así que entre eso y los hijos estaba ocupada todo el día. Hoy puedo decir con orgullo que le tejí a todos mis nietos y a todos mis bisnietos”.