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Perfiles pergaminenses

Reinaldo Antonio Raimundo: un hombre humilde que forjó su vida a fuerza de trabajo

Reinaldo Antonio Raimundo narró su historia de vida a LA OPINION. (LA OPINION) Reinaldo Antonio Raimundo narró su historia de vida a LA OPINION. (LA OPINION)

Nació en el campo y cuando se estableció en Pergamino fue canillita, lustrador de zapatos, empleado de almacén y albañil, oficio al que se dedica en la actualidad a los 82 años. Tiene una historia de vida común, sustentada en los valores de la familia y el esfuerzo.


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einaldo Antonio Raimundo, “Ñato” es su sobrenombre. Tiene 82 años. Nació en el campo, en la zona de Ortiz Basualdo. Vivió allí hasta 1945. Su familia estaba integrada por su mamá Juana, su papá Antonio y ocho hermanos, de los cuales dos han fallecido. De su infancia en el campo tiene un montón de recuerdos. Fue un año a la escuela en el campo. Lo mismo que de su llegada a Pergamino, donde se transformó en canillita. “A los 10 años ya iba a buscar los diarios en calle Merced y los repartía a pie, venía desde el centro para la zona de Centenario, era una época en la que no había luz y las calles eran de tierra”.

Ese fue el primer empleo que recuerda. No fue el único. Fue lustrador de zapatos, trabajaba con un primo suyo: Juan Ranucci. “Lustrábamos zapatos en la zona del Puente Merced hasta la Plaza Merced”. Cuenta que era una época en la que había muchos que se dedicaban a ese oficio y menciona que en el centro cerca de El Tokio y los bares conocidos era difícil entrar para lustrar.

Por entonces el ser canillita y lustrar zapatos eran actividades que permitían tener recursos para ganar el sustento. Lo refiere con orgullo: “Había que ganar el peso y comer. En aquella época a través de la Acción Católica daban el café con leche en Castelli, entre Italia y 9 de Julio, nos daban un bono e íbamos todos ahí.

“Esas fueron mis vivencias de juventud y las recuerdo siempre”, menciona. Más tarde, a los 13 ó 14 años, trabajó en el Viejo Almacén por calle J. B. Justo. “Era un negocio dedicado a la venta de ramos generales, en un tiempo en el que la mayoría de los productos no se comercializaban envasados sino sueltos, por kilo. Yo me dedicaba a la atención al público y era algo que me gustaba hacer.

“Después me fui al campo a trabajar de boyero. No había trabajo acá y me tuve que ir”, refiere. Y cuenta que a su regreso trabajó en el almacén de José Marino “un comercio grande en el que estuvo dos años; después trabajé con los Naim, que también tenían almacén”.

A los 17 años comenzó a trabajar de albañil “haciendo changas” y colaborando con personas que lo convocaban para algunas obras. Así fue aprendiendo el oficio que se transformó en su principal actividad desde entonces. En la actualidad sigue trabajando, aunque últimamente sus construcciones son para su familia. En una época también trabajó en un taller de chapa y pintura donde aprendió ese oficio.

 

En el Hospital

Durante diez años trabajó en el Hospital San José donde fue capataz de mantenimiento. “A mí me correspondía trabajar no solo allí sino en toda la zona de San Nicolás hasta Campana”, relata y recuerda que en San Nicolás hizo un lavadero y una sala para radiografías.

Trabajando en el Hospital en la época en que se producían muchos casos de Fiebre Hemorrágica Argentina contrajo esa enfermedad y aunque se repuso sufrió algunas complicaciones. “El Mal de los Rastrojos era una enfermedad complicada, me enfermé en 1974. Cuando me recuperé, los médicos dicen que a consecuencia de una transfusión, contraje hepatitis y estuve muy complicado”. Es una experiencia que recuerda con resignación y que lo retrotrae a épocas en que eran muchas las personas que padecían esa enfermedad endémica.

 

La vida personal

Organizó su vida familiar cuando se casó con Teresa Contino, hace ya más de cinco décadas. Se conocen desde siempre en su condición de vecinos y juntos organizaron una vida en la que están rodeados por hijos, nietos y bisnietos. Vivieron siempre en la zona del barrio Centenario. Tienen dos hijas: Ana María y Cecilia; siete nietos: Gonzalo, María Rita, José Luis, Nadia, Agustín, María Emilia, Belén; y seis bisnietos: Ian, Bahiana, Elma, Oriana, Morena y Francisco. “Somos una familia unida, algunos viven con nosotros, otros van y vienen, pero nos gusta compartir tiempo con ellos”, refiere Reinaldo. 

 

Inquieto

Con casi 83 años asegura que le cuesta mucho quedarse quieto. “Hasta ahora estoy trabajando de albañil, aunque estoy jubilado. Pero cuando me llaman para alguna obra en la medida que puedo voy, siempre tuve muy buenos clientes que me siguen llamando”.

Reconoce que le gusta su oficio. Trabajó en la empresa constructora Axil. “Estuve trabajando hasta hace un tiempo, están haciendo dos edificios grandes, pero por la edad ya no me pueden tener más trabajando por una cuestión del seguro”.

Cuando no está trabajando le gusta mucho mirar fútbol por televisión. También le gusta mucho la música, fundamentalmente el folklore. “Toco la guitarra por hobby, prefiero la música folklórica, aunque también me gusta lo clásico”.

Es un amante de la pesca y disfruta de esa actividad recreativa cada vez que puede. Su aliada de todos los días es la bicicleta a la que define como “mi auto”.

 

La época del fútbol

Tiene innumerable cantidad de amigos y se lamenta por los que ya se han ido. En el deporte y en la vida siempre supo cosechar afectos. En la charla recuerda sus épocas de jugador de fútbol. “Jugué en un Club ‘9 de Julio’ que nosotros mismos habíamos creado con amigos de la barra. Recuerdo que Eva Perón en una oportunidad nos mandó las camisetas porque nosotros le habíamos escrito una carta.

“Era un club que habíamos conformado nosotros y en 1952 le ganamos al Club de Pinzón. Jugábamos con cualquier club que quisiera hacerlo con nosotros, éramos todos jugadores de fútbol de barrio, muy amateur. Nos divertíamos y todavía tengo fotos de aquellos momentos”, relata. Jugó hasta los 55 años siempre entre barras. “Cerca del Hospital de Llanura, en un predio donde ahora funciona la Universidad teníamos una canchita en la que siempre nos reuníamos a jugar, ahora lamentablemente ya no me dan las piernas”.

 

El paso del tiempo

Se lleva bien con la idea del paso del tiempo. No le teme a los años que tiene. Los vive con la plenitud que le da la vida que supo forjarse. Jamás olvida sus orígenes y en varios momentos de la conversación acerca aquellos recuerdos que lo muestran trabajando incansablemente para lograr cada objetivo que se propuso.

“Si no fuera por las piernas andaría muy bien. Y con la gente siempre me llevé muy bien, con los clientes y con todos los amigos que he tenido”, señala y cuando se refiere a los afectos habla de sus amigos, entre ellos el “Pocho” Maté, los Millán, los Basile y los muchachos que “se han ido”.

Con los que están disfruta de juntarse a compartir “un partidito de fútbol” de vez en cuando. Y a los que faltan los recuerda siempre en el afecto respetuoso. Así es con su gente. También con su familia con la que tiene una relación estrecha y cercana: “Nos juntamos todas las semanas, la que cocina es mi esposa”.

 

Un lugar para vivir

Asegura que Pergamino es un “hermoso lugar para vivir”. “Lástima que la época no acompaña, todas las cosas que pasan complican un poco la vida, pero es una ciudad que ha crecido mucho; cuando nosotros vinimos a vivir al barrio eran todos baldíos y ahora no se consigue un terreno, está todo poblado”.

En la misma casa que viven está construida la de una de sus hijas y en la planta alta la  de su nieta. “Mi hija vive atrás y arriba estamos construyendo la casa para una de mis nietas porque donde vivían permanentemente se inundaban”. Todas fueron realizaciones suyas y lo cuenta con orgullo. Su oficio le sirvió también para construir lo propio y sostenerlo. A lo largo de su vida fueron innumerables las obras en las que participó, tanto trabajando para la empresa como en forma particular. Fue una extensa vida dedicada al oficio de constructor. “No hay una obra en particular que recuerde, porque fueron muchas. A los Millán les hice la casa yo en forma particular, antes de trabajar en la empresa. A mucha gente le construí la casa y cuando paso por alguna lo recuerdo”, refiere sobre el final este hombre que asegura haber hecho “de todo en la vida”.

Desde ese lugar muchas veces se encuentra renegando con una realidad que le muestra que algunos jóvenes “le esquivan” a la posibilidad del trabajo. “A mí siempre me gustó trabajar y hasta el día de hoy sigo en actividad porque me cuesta mucho quedarme quieto”.

Ante la mirada cómplice de los suyos que escuchan con atención cada tramo de la entrevista, afirma que andar es lo que le permite sentirse bien. “No le escapo a nada, camino poco, pero ando bastante en bicicleta. Eso me mantiene activo, no puedo pedir mucho más”, concluye.