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Perfiles pergaminenses

Pedro Manuel Petit, un apasionado por la familia, los animales y el estudio

Pedro Manuel Petit refleja en su veterinaria de avenida Hipólito Yrigoyen 920 su gran pasión por los animales. (LA OPINION) Pedro Manuel Petit refleja en su veterinaria de avenida Hipólito Yrigoyen 920 su gran pasión por los animales. (LA OPINION)

Nació en Mariano H. Alfonzo hace 65 años, lugar donde comenzó a definir su futuro profesional como médico veterinario. Luego de casi cuatro décadas junto a las mascotas, asegura que en poco tiempo llegará el turno de decir adiós y comenzar a disfrutar a tiempo completo de sus nietas y viajar junto a su compañera de toda la vida.


Pedro Manuel Petit, nuestro perfil de hoy, nació un 19 de octubre de 1952 en Mariano H. Alfonzo, la muy querible localidad pergaminense ubicada al oeste de la ciudad cabecera, lugar donde también creció junto a su familia y comenzó a querer a los animales. Allí casi sin darse cuenta y desde muy pequeño se ponía en marcha su futura profesión, la cual abrazó con pasión.

Cuenta: “Mi padre Dionisio Petit (Nico) trabajaba de agricultor en una chacra de su propiedad y mi madre Dora Prieto era ama de casa. Soy el menor de tres hermanos. Osvaldo es el mayor y luego sigue Roberto.

“Tuve una infancia muy feliz en el campo -dice-. Vivíamos en una granja que no tenía luz y tampoco contábamos con vehículo. Lo que más recuerdo son los actos en la escuela cuando íbamos en sulky y no nos paraba ni el frío ni el calor. Jugaba al fútbol con mis amigos en un equipo de Alfonzo”, señala recordando su niñez y adolescencia en aquel pedazo de tierra que tanto quiere.

Estudió siempre

Con una notable memoria y muestras de ser un hombre extremadamente ordenado en sus conceptos, Pedro manifiesta: “Cursé mis estudios primarios en la Escuela Nº 7 ‘Patricio Kearney’ y los tres años iniciales de la secundaria en el Instituto Mariano Moreno. Debido a que eran solo esos años los que se dictaban allí, vine a Pergamino para completar la secundaria en la Escuela  de Educación Agropecuaria ‘Lorenzo Parodi’. Egresé con el título de Agrónomo Nacional y luego, previo a hacer el servicio militar anticipado  a los 19 años, ingresé  en 1973 a la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne), ubicada en el Campus Cabral, de la ciudad de Corrientes y en 1979 obtuve el título de médico veterinario. Más tarde hice la especialización de posgrado en el área de cirugía en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires (UBA)”. 

Importancia de la familia

“Estoy casado desde 1977 con María Luján Rodríguez, reconocida paisajista y exdocente de la Universidad Nacional del Noroeste de la provincia de Buenos Aires (Unnoba), fue mi gran apoyo durante toda la vida”, relata respecto a su compañera de viaje y además señala que “tengo tres hijos: Carolina de 38 años, médica veterinaria de la Universidad de Buenos Aires, especialista en traumatología y actual directora del Instituto Veterinario; luego Luciano de 37 años que es licenciado en Psicología, docente y también trabaja como docente de posgrado e investigador de la Universidad Abierta Interamericana (UAI) en Buenos Aires, ciudad donde reside, y Lucrecia de 35 años que también vive en Capital Federal, es doctora en Psicología y profesora  de Psicología y exbecaria del Conicet y docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires. Tengo tres nietas Martina de 8 años, hija de Carolina; Mailén de 4 años y Arami de 7 meses, hijas de Lucrecia”.

Inicio del camino

En cuanto a su derrotero como veterinario cuenta que “primero comencé en Alfonzo (el primer año viajó en moto y recuerda el frío y las heladas) durante cinco años y luego me instalé en Pergamino donde creé el Instituto Veterinario de Pequeños Animales y empecé a desarrollar mi carrera profesional en la ciudad. Paralelamente ingresé como docente en la Escuela de Educación Agraria (exEscuela Agrotécnica) donde estuve más de treinta años y obtuve la jubilación”. Además remarca con orgullo que actualmente muchos de sus exalumnos son colegas y amigos.  

Círculo de Veterinarios

Asegura que siempre fue una persona abierta a aprender y capacitarse constantemente y producto de esa virtud junto a otros colegas, en la década del 90 fundaron el Círculo de Veterinarios de Pergamino del cual fue el primer presidente y estuvo durante dos períodos. Además ejerció el cargo de tesorero del Distrito XI del Colegio de Veterinarios de la provincia de Buenos Aires al cual pertenece Pergamino. 

“El Círculo nació por la necesidad que había entre los colegas de capacitarnos porque se había producido un gran cambio en nuestra profesión y por lo cual fue una época muy fructífera con la realización de numerosas jornadas de actualización que se llevaron adelante en nuestra ciudad y nos permitieron darle otra mirada al trabajo que veníamos realizando. Considero que hubo un antes y después de aquel momento para todos los veterinarios de nuestra ciudad y la zona”, remarca.

Importante experiencia

Sus buenos trabajos, estar en contacto con colegas de otras ciudades hicieron que en 2001 fuera invitado por el Laboratorio Pfizer para hacer un viaje a Estados Unidos. “Esta experiencia me permitió conocer el Centro de Investigación y Elaboración de Productos Veterinarios, lugar donde aprendí muchas cosas de la profesión y fue sin ningún lugar a dudas una visita que volvería a realizar en cualquier momento. Ese no fue un viaje más por todo lo que me aportó para mi profesión, sino también que  pude visitar las Torres Gemelas, exactamente una semana antes del atentado terrorista”, recuerda.

Deportes y más

“Mis deportes favoritos  -remarca Pedro Petit- son el esquí y el tenis y por suerte sigo esquiando todos los años desde hace un tiempo largo en San Martín de Los Andes junto a mis hijos y ahora con mi nieta Martina. Respecto al tenis juego todas las semanas y tenemos una peña con un grupo de muchachos que concurrimos a Los Lagartos y hace un par de años tuve la oportunidad de presenciar un Grand Slam como Roland Garros, donde me di uno de los grandes gustos de mi vida”, indica.

Además y en los tiempos libres se declara un amante de la naturaleza: “Tengo mi propia huerta para consumo personal y para un grupo de amigos. Le dedico mucha atención a lo que cultivo (tiene lechuga, tomate, zanahoria y berengena, entre otras cosas) y que después llevo a la mesa familiar”, cuenta.

Su vocación

Con  referencia a su profesión, Petit remarcó: “Mi vocación nace al criarme en el campo, luego mi paso por la Escuela Agrotécnica como alumno me marcaron para transformarme en una apasionado de lo que hago hace casi 40 años”. Además explicó que “siempre traté de mejorar, especializarme y actualmente todo eso se puede observar en el Instituto con varios especialistas y siendo un centro avanzado en la zona. Por suerte tengo mi hija que seguramente continuará con el camino que inicié y no quedan dudas que lo hará de la mejor manera. 

“Siempre traté de ejercer la profesión a conciencia, durante todos estos años utilicé todos los elementos necesarios para lograr un diagnóstico correcto y luego brindarle la atención que se merece el perro de pedigree y aquellos que no lo son. Todos reciben el mismo cuidado, la misma dedicación y buscamos ser profesionales siempre”, afirmó.  

Cambios en la profesión

“La profesión desde que me inicié atravesó muchos cambios, sobre todo en perfeccionamiento profesional, ya que fue cambiando el rol de los pequeños animales en la familia y pasó a tener un lugar preponderante y junto con eso llevó a que la profesión se especializará en distintos rubros. “Tenemos especialistas como los humanos en distintos temas y eso hace que fuera necesario adaptarse a las necesidades que nuestros clientes nos exigían y actualmente en el Instituto hacemos radiografías, ecografías, cardiología, internación, terapia y se hace cirugía general y traumatológica. Tenemos todo lo que los clientes buscan para atender a sus mascotas”, dijo orgulloso de la actualidad del Instituto Veterinario Petit. 

Dejar a corto plazo

“En poco tiempo seguramente voy a dejar de trabajar” indica al ser consultado sobre su futuro a corto plazo.  “Estoy jubilado desde hace algunos años y no quiero desprenderme de golpe de todo esto que amo, pero considero que es tiempo de darles lugar a otros placeres de la vida como viajar por el mundo como lo vengo haciendo desde hace algunos años y disfrutar de mis tres nietas. Fui y soy un hombre feliz tanto en lo profesional como en lo familiar porque concreté todos mis sueños”, aseguró.

Mariano H. Alfonzo

Aunque gran parte de su vida la pasó en Pergamino, para Pedro, Mariano H. Alfonzo es un lugar sumamente importante: “Allí quedaron mi hermano Roberto que vive junto a su señora Elsa y mi sobrino Mauro. Al fallecer mis padres no voy tan seguido, aunque de vez en cuando me doy una vuelta para visitar a gente que conozco desde mi niñez”.

Alfonzo para la familia Petit siempre será especial, tanto que Carolina actualmente trabaja como docente de Física en el Instituto Mariano Moreno, lugar donde Pedro vivió tres años de su formación educativa. 

Amigos

Un punto especial para su vida son sus amigos. “La profesión me dejó muchos amigos en general y fuera de la misma. Soy un agradecido a este trabajo porque en varios casos primero uno conoce a la gente como cliente y más tarde se transforman en amigos como son Roberto, Néstor y Sergio”, evoca Petit.

Pacientes

“Uno de los primeros pacientes  -recuerda-  fue uno de los perros de Matilde Giraudo que fue mi clienta durante toda la vida y por suerte salió todo bien. En un principio me instalé en Alfonzo y empezamos a hacer clínica de grandes animales y luego ya en Pergamino comencé con los pequeños animales y me especialice en ese rubro. Al principio tuve un consultorio en mi casa y algunos se acordarán de la ambulancia para hacer servicios domiciliarios y a partir de 1998 me instalé en el lugar donde actualmente se encuentra el Instituto, avenida Hipólito Yrigoyen 920”.

 El oso del Circo

Con una sonrisa recordando aquel momento, Pedro señala que hace muchos años llegó a Pergamino un circo que tenía un oso que había luchado con Martín Karadagián. “En ese momento -recuerda- me convocan para tratar al animal que presentaba una de sus patas inflamadas y no dudé en concurrir, aunque aseguro que tuve miedo, pero lo curé y le apliqué una inyección desde afuera de la jaula.  “También tuve como pacientes a animales exóticos, recuerdo a un pichoncito de perdiz, otro de tero y un cachorro de puma”, sintetiza.