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Perfiles pergaminenses

Omar Cenachi: un mecánico de alma que despliega con pasión su oficio

Omar Cenachi, en su taller, donde pasa gran parte de su tiempo haciendo lo que le gusta. (LA OPINION) Omar Cenachi, en su taller, donde pasa gran parte de su tiempo haciendo lo que le gusta. (LA OPINION)

Tiene su propio taller dedicado a la reparación de automóviles. Dedica gran parte de su vida a la tarea y en el tiempo libre disfruta de compartir tiempo con su familia y amigos. Hincha de Douglas Haig tiene su peña “fogonera” y disfruta de las pequeñas cosas, en la certeza de que, sobre la base de esfuerzo, logró todo lo que se propuso para el bienestar de los suyos.


Omar Carlos Cenachi nació en Pergamino en su querido barrio Acevedo, donde aún vive. Tiene 64 años. Fue el único hijo del matrimonio de Juan Bautista y Egle Elide, ambos fallecidos. Su padre fue ferroviario y se dedicaba a hacer instalaciones de gas y cloacas. 

Está casado con Elena Díaz con quien tiene dos hijos: Elisa (40) y Leandro (37). Su hija está separada y su hijo está casado con Vanesa Gambini. Tiene tres nietos: Dante (9), Sol (9) y Juan Bautista (3).

Siempre vivió en el barrio Acevedo. De su infancia recuerda los juegos en el potrero y las vivencias en el Club Douglas donde jugaba al fútbol y al basquetbol. Fue a la Escuela Nº 4 y “vivíamos con mucha inocencia entre amigos. Mi padre quería que yo fuera ingeniero agrónomo, pero  no quise seguir estudiando, hice hasta segundo año en el Colegio Nacional y después decidí que iba a trabajar”, refiere en el inicio de la charla, mate de por medio, en la cocina de su casa en calle Güemes. Su primera tarea laboral fue la de repartidor de diarios. Más tarde se le abrieron las puertas del que iba a ser su oficio: la mecánica. “Empecé a trabajar en un taller conocido de entonces, García Tejedor donde aprendí mucho”.

Allá por 1966 comenzó limpiando piezas, entre repuestos y automóviles. Después trabajó en otros talleres hasta que entró  en el Ferrocarril Bartolomé Mitre como mecánico de motores diesel. “En 1980 un tío de mi esposa, ‘Tito’ Gori, me dio el impulso para abrir mi propio taller”.

Con orgullo señala el lugar donde trabaja desde entonces. Un garaje transformado en taller de mecánica de automotores, donde cada elemento está perfectamente ordenado. Pinzas, herramientas, repuestos, fotos, autos que son reparados con cuidadosa dedicación. Ahí está su universo. 

 

Una vocación temprana

“Mi vocación por la mecánica nació temprano, viene de familia, mis tíos y primos eran mecánicos y chapistas”, confiesa y reconoce que los comienzos fueron duros hasta que fue haciéndose de clientela. “Cuando la gente te va conociendo todo es más sencillo”.

Reconoce que el oficio cambió mucho debido a la tecnología que poseen los automóviles. Dedicado a poder brindar un buen servicio, realizó cursos para poder dar respuesta y “estar a tono con lo que traen los autos nuevos”.

Asegura que la clientela es “lo mejor que tengo. Más que clientes son amigos. La fidelidad es un valor que rescata de su actividad y sugiere que ese vínculo se sostiene en la confianza. “Hay gente que no está más, hay gente nueva, hay clientes de toda la vida”.

Trabaja solo en el taller y sus rutinas son estables y previsibles. Inicia la actividad por la mañana y continúa por la tarde. Algunos días y de acuerdo a la dimensión de los trabajos que llegan cuenta con la colaboración de alguien que viene a darle una mano. Pero en general trabaja solo y disfruta de su oficio como el primer día. Tiene puesto un guardapolvo de mecánico, de color azul, característico de su actividad.

 

Una compañera incondicional

A su esposa la conoció en el barrio, en los legendarios bailes de Ameghino. Después de tres años de novios se casaron y desde entonces comparten sus vidas juntos. Recién casados vivieron en la casa de una tía de Omar y más tarde se mudaron al lugar en el que viven actualmente. Una propiedad que en su momento fue la casa paterna y que se amplió para dar lugar a su familia y que hoy está integrada al taller. Es un lugar amplio y funcional,  con espacio para ver crecer a los nietos de los que disfrutan a diario. “La empezamos en el 81 y la terminamos en el 86, a fuerza de mucho sacrificio”.

Su esposa trabajó en la industria de la confección y está haciendo los trámites para jubilarse. Ella siempre trabajó a la par de él. Y juntos consiguieron tener lo que poseen. “Lo nuestro ha sido trabajar fuerte durante toda la vida. Cuando nuestros hijos se fueron a estudiar, nuestra hija es veterinaria y trabaja en Arroyo Seco; y su hijo estudió el profesorado de Educación Física, después estudió para ser policía y ejerció varios años, trabajó en el 108 y es empleado municipal en el área de Deportes y le falta una materia para recibirse de abogado”.

Le gusta la vida de familia. Visitan a su hija en la ciudad en la que vive y disfrutan de cuidar a los nietos. Es lo que la vida les propone en lo cotidiano y lo que les demuestra que van cosechando los frutos de una siembra sostenida a fuerza de trabajo y esfuerzo. 

 

La bicicleta

En su tiempo libre le gusta andar en bicicleta. Con un grupo de amigos fue fundador del primer espacio de cicloturismo en Pergamino. Hoy disfruta de salir a pedalear todos los días al mediodía. A veces sale solo y otras con amigos. Es una actividad de la que disfruta y lo mantiene activo.

“En 2002 con ‘Coco’ Ramuno, Juan D’Amore, Alberto Risodé y Carlos Gouk, entre otros, armamos el primer grupo de cicloturismo”, recuerda.

 

El fútbol

Es hincha de Boca Juniors y de Douglas Haig. “En una época integré la comisión de pileta cuando los chicos eran chicos y pasábamos la vida en el Club. Hemos viajado por todos lados siguiendo a Douglas y hoy voy a la cancha cada vez que puedo, es un espectáculo que me gusta.

De la mano de esa pasión, tiene una peña “fogonera”. La cita es una vez al mes para compartir un asado que él mismo prepara. Se reúnen en la casa de Miguel Butteri  y todos son hinchas del rojinegro. De este encuentro participan, además del anfitrión: Alberto Risodé, Carlos Gouk, ‘Pocho’ Marcolongo, Pedro Sanmartino, José Luis Alabe, ‘Colo’ Buiatti, Héctor Dinardo, Rubén Díaz, Mario Sarlengo, ‘Nene’ Meson, Raúl Cottet, Mileta y  el ‘Pata’ Marcolongo.

 

El barrio

No cambia a Pergamino por nada. Le gusta su barrio por la tranquilidad y la gente. Imagina allí su vejez  porque es donde  están sus raíces. “Nosotros viajamos para visitar a nuestra hija que está en Arroyo Seco y la pasamos muy bien. Lo mismo que cuando nos vamos de vacaciones, pero a los pocos días yo quiero volver a mi casa. Pergamino es un lugar en el que me gusta vivir, no lo cambiaría por nada”, asegura este hombre que se define dueño de un carácter fuerte. Sabe que la personalidad se forja con los avatares de la vida. 

Promediando la entrevista vuelve sobre su oficio y confiesa que le gusta de alma. En él también cosechó amigos. Con algunos de ellos se junta en el taller de vez en cuando para “comer algo”.

“De esos encuentros participan Carlos Scaldaferri, ‘el Nono’ Friguglietti, Alberto Risodé, Edgardo Carmona, Alfredo Chiarito, Mario Pintimalli y Hugo Romea”.

También le gustan las carreras de Turismo Carretera y una o dos veces al año asiste para ver alguna. “Soy amiguero”, refiere y a cada uno de sus afectos les agradece la incondicionalidad. Es recto y compañero.

Tiene la vida que supo construir. Y no tiene cuentas pendientes. Todo lo que se propuso lo logró. “Todo lo que tenemos es mío y de mi señora que me ha ayudado mucho. Nunca he tenido grandes ambiciones en lo material. No tuve aspiraciones por fuera de mis posibilidades. No me interesa demasiado viajar y prefiero dedicarme a la familia. Somos muy unidos”, concluye, mate de por medio, volviendo al taller para retomar la tarea.