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Perfiles pergaminenses

José Carlos Gesteira: un hombre cuya vida tiene a la pasión como denominador común

José Carlos Gesteira realizó un repaso de su vida en la intimidad de su casa en la Ciudad Deportiva. (LA OPINION) José Carlos Gesteira realizó un repaso de su vida en la intimidad de su casa en la Ciudad Deportiva. (LA OPINION)

Durante 24 años fue juez en el Departamento Judicial de Pergamino, al que vio nacer en 1987, luego de haberse iniciado como “pinche” en el de Lomas de Zamora. Nació en el barrio porteño de Parque de los Patricios y pasó su infancia en el pueblo “Glu”, actualmente conocido como Glew. Hoy está jubilado y disfruta de una extensa familia.


José Carlos Gesteira, de 67 años, es pergaminense por adopción, pero considera a nuestra ciudad su lugar en el mundo. Nació el 9 de agosto de 1950 en Capital Federal, en el barrio de Parque de los Patricios. Es hijo de españoles: su padre José y su madre María Concepción Rodríguez llegaron a Argentina en 1947. “Mi papá estuvo en la Guerra Civil Española siete años y vino porque en esa época había una especie de paranoia en Europa de que iba a haber una tercera guerra mundial,  entonces la familia de mi padre envió a los tres hijos varones a América”, explicó en el inicio de la entrevista con LA OPINION. Tiene un hermano, Francisco Javier, de 66 años. Está casado con Victoria Mariani y tiene cinco hijos: Diego de 38 años, María Julia de 35, María Inés de 32, María Victoria de 29 y María Fernanda de 26. Los primeros cuatros nacieron en Glew, donde pasó su infancia y adolescencia.

Se recibió de abogado en 1976 y luego de una extensa carrera en la Justicia, en la que fue juez durante 24 años en el Departamento Judicial de Pergamino, se jubiló en 2011. En la actualidad disfruta de sus tres nietas (Lola y Joaquina -hijas de María Inés, en pareja con Lucas Defrancesco- y Ema, hija de Diego). Además, de la familia, ocupa su tiempo en la lectura, el golf y la música. 

 

Infancia en el pueblo “Glu”

“Como todo gallego mi padre se dedicó en Argentina a la gastronomía, era bolichero, junto con los hermanos tuvieron rotiserías y confiterías siempre en Buenos Aires”, relata quien a los seis años se mudó con su familia al Gran Buenos Aires. “Fuimos a un pueblo de tamberos, nosotros le decíamos ‘Glu’, pero ahora todo el mundo le dice Glew, mi pueblo ya no existe, porque se lo tragó el Gran Buenos Aires”, expresa con nostalgia. “Toda mi generación le dice ‘Glu’, mis hijos se ríen, en la escuela nos retaban si decíamos Glew, que fue quien donó los terrenos para la construcción de la estación de ferrocarril en 1865.

“Cuando yo me crié era un pueblo que tenía la estación y seis o siete cuadras pobladas a cada lado de las vías con unos 3.000 habitantes, ahora es el Gran Buenos Aires, cuando me preguntan por mi pueblo me dan ganas de decir que ya no existe. Ahí cursé hasta el secundario y después hice la carrera de Abogacía en la Universidad de Buenos Aires”, repasa sobre sus días en “Glu”.

Prefiere quedarse con la imagen del pueblo en el que se crió y evita ir, ya que “me deprime un poco ver el pueblo así”. En “Glu”, donde la castellanización venció a la fonética, vive su hermano Francisco Javier, de 66 años. Con sus recuerdos se traslada al pueblo y cuenta: “Era un pueblo chico que tiene una capilla (Santa Ana) que pintó Raúl Soldi, quien pasaba los veranos allí y la capilla fue pintada con frescos  que mezclan momentos bíblicos con el pueblo, en uno por ejemplo está la Anunciación con casas viejas, un molino y un Mateo, pero este pueblo que pintó Soldi ya no existe por aquello que Buenos Aires se traga todo”.

 

Su llegada a Pergamino

Terminó la carrera de Abogacía en 1976, pero había comenzado a trabajar mientras estudiaba en la UBA. “Al mismo tiempo que cursaba trabajaba en Tribunales, era ‘pinche’, empleado en el Departamento Judicial de Lomas de Zamora”, dijo. Un año después de recibirse de abogado contrajo matrimonio con Victoria Mariani, a quien conoció en la época del colegio secundario. 

Pasaron los años hasta que le surgió la posibilidad de venir a Pergamino por un ofrecimiento laboral. “Fui nombrado juez en 1987 y presté juramento como juez de la Cámara de Apelaciones, en Lomas de Zamora era fiscal. Antes de aceptar el ofrecimiento vine a conocer la ciudad, me gustó y lo hablamos con mi señora, en ese momento teníamos cuatro hijos, en Pergamino nació mi quinta hija, decidimos acceder al desafío y aceptarlo”, recordó.

“No se parecía a mi pueblo porque cuando yo me crié ‘Glu’ era muy chiquito, y Pergamino era y es una ciudad importante. Lo que me atrajo de Pergamino fue que era una ciudad de mediana importancia, que en el concierto local era importante económicamente pero al mismo tiempo tenía cosas de pueblo, también me interesó que contaba con buenos colegios y clubes y una vida social muy activa, que para el desarrollo de los hijos es fundamental”, manifestó sobre qué lo decidió a radicarse con su familia en Pergamino en febrero de 1988. Sin embargo, unos meses antes, en noviembre de 1987, había jurado junto a su esposa (secretaria).  

 “Me tocó intervenir en la fundación de dos Departamentos Judiciales, porque cuando ingresé el de Lomas de Zamora estaba recién fundado y vine a Pergamino a fundarlo en 1987, pero ya con otra responsabilidad, porque en Lomas de Zamora ingresé como empleado de la menor categoría y a Pergamino ya vine con un cargo de cierta responsabilidad, era vocal de la Cámara de Apelaciones”, expresó como curiosidad.  

Tres de sus hijos heredaron la pasión por el Derecho: “Diego es secretario de un Juzgado Civil, María Inés ejerce la profesión y la más joven, María Fernanda, está en las últimas materias”. En tanto, María Victoria -en pareja con Sebastián Moglia- es contadora y María Julia es diseñadora de imagen y sonido.

 

Pasión, el denominador común

La vida de José Carlos Gesteira tiene como denominador común a la pasión. “Todo lo que hacemos, la familia y en su momento la profesión, tienen como denominador común la pasión, cuando trabajé como juez lo hice con verdadera pasión, porque no entendía otra manera de hacer ese trabajo y por suerte los colegas que tuve, en un primer momento la doctora Magdalena Ipiña y Jorge Civilotti eran apasionados de la función, entonces fue fácil trabajar con ellos y cuando Civilotti regresó a San Nicolás nos acompañó en la tarea de la Cámara Hugo Levato, también otro apasionado de la función judicial, un hombre muy serio y estudioso”, repasa.

Si bien dice no estar en condiciones de dar consejos a las nuevas generaciones “porque cada una tiene sus desafíos”, afirma que cuando “me tocó pasar por la Justicia lo hice como un verdadero apasionado, no es una jactancia vacua decirlo, fue la verdad, con mi trabajo nunca me atrasé.

“Los integrantes de la Cámara de Pergamino teníamos una entrega total a la función y posiblemente le dedicásemos todo el tiempo que disponíamos y no entendíamos otra manera de hacerlo, debo decir con orgullo que no tuvimos atrasos en la Cámara, nadie puede decir que la Cámara demoró, las causas tenían un tiempo establecido por la ley y ese tiempo se cumplía estrictamente. No sé si son muchos los jueces que pueden preciarse de eso”, manifestó.

“Debo decir que trabajé muy a gusto, nunca tuve problemas para trabajar ni interferencias, y pude trabajar junto a mis colegas con una completa independencia que también es la única manera posible en la que los jueces pueden trabajar, partamos de la base de que la independencia no es un regalo que se les hace a los jueces, es una conquista personal de los jueces, o sea lo primero que debe querer un juez es ser independiente y debe luchar por esa independencia, pero debo decir que nunca tuvimos presiones y trabajamos con entera libertad y esa es un ventaja en un Departamento Judicial como el de Pergamino”, agregó.

 

Familia y otras actividades

Está jubilado desde 2011 y vive sus días dedicado a su familia y a varias actividades. “Realmente hay mucho para hacer siendo jubilado y el hecho de tener una familia tan extensa me tiene muy entretenido. Tenemos tres nietas que nos tienen fascinados y muy entretenidos”, afirma.

Tiene varios hobbies. “Me gusta la lectura, especialmente la narrativa de autores latinoamericanos, y juego al golf, cuando llegué a Pergamino practicaba tenis pero con los años se me hizo complicado y el golf es más llevadero”, explica. También disfruta de la música, toca el piano y sus géneros preferidos son clásico y jazz.

Cocinar es otra de sus ocupaciones por estos días: “Me gusta, tengo curiosidad y la gente no se queja cuando cocino”, expresa ente risas. En su barrio, la Ciudad Deportiva del Club Sirio Libanés, es conocido por los vecinos como “el señor de los perros”, ya que es un asiduo paseador de “Beto” y “Coco”. “En mi tiempo se les decía ratoneros”, responde cuando se lo interroga por la raza de sus mascotas. 

También disfruta de viajar: “Me gusta y la que más disfruta de viajar es mi señora que también está jubilada, una vez por año salimos del país si los compromisos familiares y la situación económica lo permiten, en estos momentos es favorable para viajar y con todas estas actividades y una familia tan amplia nos mantenemos ocupados”. 

Al referirse a los amigos dice tener muchos aunque “quizás no los suficientes porque la profesión de juez tal como la encaré lo vuelve a uno un poco retraído, pero debo decir que fui muy bien tratado por la gente de Pergamino”.