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Perfiles pergaminenses

Graciela Luján Arango de Molinatto, una vida dedicada al empleo municipal

Graciela Arango de Molinatto, inició una nueva etapa de vida tras la jubilación. (LA OPINION) Graciela Arango de Molinatto, inició una nueva etapa de vida tras la jubilación. (LA OPINION)

Acaba de jubilarse y eso representa una situación que además de movilizar múltiples sentimientos, la convoca a armar un nuevo presente. En su perfil pergaminense destaca lo aprendido durante su vida laboral y se introduce en la intimidad de su mundo, ese que la contendrá en esta nueva etapa de la existencia.


La jubilación es el inicio de un nuevo ciclo de la vida. Representa alejarse de la rutina laboral para estrenar una nueva condición en la que se tiene más tiempo libre. Esto es lo que está experimentando por estos días Graciela Luján Arango de Molinatto, una empleada municipal que acaba de acogerse a los beneficios del retiro luego de trabajar 36 años en la Municipalidad de Pergamino. La entrevista en la que delinea su perfil pergaminense se realiza en su último día laboral, lo cual convoca múltiples emociones y sentimientos encontrados. Los reconoce y los confiesa. Con 64 años de vida, hay una etapa que terminó y hay otra que está por estrenar, sin horarios y sin rutinas establecidas. “Comencé a trabajar el 1º de noviembre de 1982 durante el gobierno de Rossi. Entré porque me recomendó mi esposo que era empleado municipal. Pedro Trovato me tomó la prueba e ingresé. En ese momento comencé a trabajar en el Ioma, cuando la Secretaría de Acción Social estaba dentro del Palacio Municipal, con Ana María Bollini”, relata y describe que luego su destino fue el área de Contaduría y más tarde Recursos Humanos. 

“En la época del gobierno radical me trasladaron al Cementerio, donde tuve un jefe excelente que fue Angel Monti”, cuenta y define a ese hombre como “un padre, un hermano, un tío, una persona que me ayudó mucho en momentos que lo necesité”.

Más tarde en el Municipio se crearon áreas de orientación al vecino, con escritorios que funcionaban en el hall central del Palacio. Estuvo afectada a la atención en uno de esos puestos, hasta que la jefa de la Tesorería la convocó para que trabajara con ella. “Ese fue mi destino y en ese puesto me jubilé, trabajando en Tesorería y teniendo como jefa a María Teresa Giuliano ‘Titina’, una mujer que me dio la teta”.

Asegura que en el trabajo municipal si se tienen ganas se aprende a “hacer de todo”.

“En mi caso yo aprendí mucho de administración y en el trato con la gente. En Tesorería se aprenden muchas cosas”, refiere.

El retiro

Jubilarse para Graciela fue una decisión personal que aceleró cierto temor a que pudieran cambiar leyes previsionales que avasallaran sus derechos ganados en tantos años de ejercicio laboral. “Cuando empecé a escuchar que iban a cambiar la ley, me acosté una noche a dormir pensando lo que nos iba a pasar; al otro día sin decirle nada a nadie llegué a la mañana y se lo comenté a mi jefa. Le dije que estaba preocupada y que pensaba iniciar los trámites para jubilarme, le consulté qué opinaba ella, me dio su opinión y decidí que era lo mejor. Inicié los trámites y firmé el retiro”.

Confiesa que le dio temor poder perder beneficios ganados y respecto de ello señala: “Uno luchó por tener una buena categoría, gracias a ‘Titina’ que siempre me permitió crecer en la carrera administrativa me iba a jubilar con una buena remuneración y además sentí que era una etapa cumplida.

“Uno ya es grande, hay cosas que cada vez me costaban más, como levantarme a la mañana y sentía un esfuerzo en cosas cotidianas que antes no me costaba hacer. Además uno siente cierta impotencia cuando ves que se hacen las cosas de una manera distinta a como uno las haría y en realidad no podés hacer nada con eso”, plantea.

En tantos años de trabajo se cosechan relaciones, pero Graciela es muy franca al señalar que “no todos los compañeros de trabajo son amigos”.

“Algunas de mis amistades surgieron en el ámbito laboral, pero otras no. En el Municipio nunca tuve problemas con nadie, soy y fui una persona fiel y sin desmerecer a nadie puedo decir que mi única amiga allí es ‘Titina’, una mujer a la que le he contado todo de mi vida personal y me aconsejó siempre en todo”.

Su vida familiar

Graciela hace 40 años que está casada en segundas nupcias de ambos con Juan Carlos Molinatto. De su primer matrimonio es mamá de María Ana Gutiérrez, en pareja con Cristian de la Sota; y de su actual matrimonio, es mamá de Carlos Molinatto, casado con Antonella Campilongo y tienen dos hijos: Josefina (9) y Agustín (5).

Con su esposo se conocieron en la calle. El era inspector municipal y ella trabajaba en una zapatería que funcionaba en la entonces avenida Julio A. Roca y Doctor Alem, Calzados Bolita. Después de un tiempo de relación se casaron y se fueron a vivir en el barrio Acevedo en la calle Ramón Raimundo. 

Cuando se introduce en el plano de la vida personal Graciela habla de su infancia y siente nostalgia por la ausencia de sus padres: Mafalda Mijich y Nazario Sánchez, el hombre al que quiso como “su verdadero papá”. Vivió con ellos hasta que se casó. “Vivíamos en el barrio José Hernández, cerca de la exTerrabusi. Nos criamos con mi abuela materna, Graciana Lanza, una mujer que me consintió siempre en todo y de la que guardo los mejores recuerdos por su amor incondicional”.

Su infancia y adolescencia

Hizo la primaria en la Escuela Nº 6 y después fue a la Escuela de Educación Técnica Nº 2 que funcionaba en Merced y General Paz. Su niñez y adolescencia fueron tranquilas, en un tiempo apacible vivido entre amigos y afectos cercanos.

Su vida laboral se inició en un estudio jurídico al egreso del secundario, después trabajó en comercio hasta que entró al Municipio.

Innumerables vivencias

De su paso por la Municipalidad recuerda muchas anécdotas y sanas travesuras. “Me gusta cantar y bailar y cuando trabajaba en Contaduría con Silvia Micheloni poníamos música y nos poníamos a bailar”.

También rescata su experiencia de trabajo en el Cementerio Municipal. “Fue durante la gestión de ‘Cachi’ Gutiérrez y en un principio lo sentí como un castigo porque yo tengo mi banda política pero no la practico, siempre trabajé para el gobierno que estuviera, sin ponerme mi propia camiseta ni la de nadie. Fue difícil ese cambio. Llegaba y era de noche, pero me encontré con un jefe extraordinario. Me sentía mal, lloraba y él me hablaba mucho y me llevaba a caminar por las calles del Cementerio y nos íbamos hasta la Iglesia de San Cayetano y me hacía rezar porque yo estaba muy enojada. Trabajé dos años allí. Cuando me sacaron de allí, el que lloraba era él. Siempre le estaré muy agradecida por tanto”.

Se define como una persona de buen carácter, aunque no olvida fácilmente las injusticias y reconoce sentir cierto rencor cuando suceden. “En los años de trabajo vi muchas injusticias y uno como empleado no puede hacer demasiado porque no decide”.

Sabe que el contribuyente en general no reconoce el trabajo del empleado público. “En la Tesorería, los cajeros Mariano y Cecilia  atienden muy bien a la gente, sin embargo muchas veces reciben insultos y malos tratos que son inmerecidos”.

Una mujer de fe

Es una mujer de fe y algunas experiencias adversas la fortalecieron en ese sentir. Rescata una: “Tuve a mi nieto muy delicado de salud a causa de una bronquiolitis. Cuando tuvo dos meses estuvo internado en el Hospital. Fuimos con mi consuegra Graciela a rezar a la capilla del Hospital, la cama de Agustín estaba llena de estampitas de María Crescencia y de la Virgen del Rosario. Pero en ese rezo nos arrodillamos en la sepultura del Padre Romanello y le pedimos con mucha fe. El nene empezó a mejorar y para mí me lo salvó el Padre Romanello”.

El disfrute

Imagina su vida de jubilada con mucho disfrute, y lo que aparece en el relato son los nietos con los que tiene una relación entrañable. “Viven en Pergamino y me gusta compartir tiempo con ellos”, asegura.

Reconoce que retirarse le genera emociones encontradas. “Se moviliza todo internamente. Es dejar a los que querés, en este caso a ‘Titina’”, refiere y también menciona a Gabriela Paganini, subtesorera, “una muy buena como jefa”.

Aspira a mantener estos lazos por fuera del trabajo municipal y piensa seguir pasando por la oficina, ya no como empleada, sino para visitar a sus pares. 

Su esposo también está jubilado del Municipio y es momento de disfrutar. Aspira a poder viajar. “Es algo que por ahí no hicimos cuando estábamos trabajando y cuando los nietos eran más chicos para no dejarlos”.

A la par de ese deseo, espera poder vivir la ciudad desde otra perspectiva, con tiempo para el paseo y el aprovechamiento a pleno del tiempo libre. “Pergamino es un lugar que me gusta para vivir, me gusta todo de este lugar. Es mi lugar “, afirma.

Hogareña como se describe disfruta de juntarse con los seres queridos. Tiene un grupo de primos con los que se reúne a menudo y se suman amigos. “Mis amigos en general son gente mayores. Nos reunimos en distintas casas o vamos al quincho del Parque Municipal donde se hacen comidas. Me gusta mucho el trato con la gente mayor porque se aprende mucho de ellos”, agrega en el relato cuando casi termina.

La única amiga que menciona con nombre propio es María Teresa Giuliano “Titina”, una persona a la que va a extrañar.

El futuro por descubrir

Por estos días el futuro es para Graciela un territorio incierto que espera con la ilusión de lo que le deparará. “No me arrepiento de ninguna decisión de las que he tomado”. Estoy iniciando una nueva etapa junto a otras compañeras que también se retiraron: Mabel Araldi, Susana Gil y Ana Pacini. “En nuestro último día de trabajo nos hicieron una despedida en Recursos Humanos muy emotiva. Mis compañeros de Tesorería también me agasajaron en la despedida. Me fui colmada de satisfacción y dispuesta a empezar una nueva etapa”, concluye, agradecida.