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Perfiles pergaminenses

Fanny Palacio: protagonista de la historia de la ciudad a partir de su rol como concejal

En la tranquilidad de su hogar, recreó vivencias de su labor como concejal. (LA OPINION) En la tranquilidad de su hogar, recreó vivencias de su labor como concejal. (LA OPINION)

 

Tiene 95 años y ocupó un cargo legislativo durante la gestión de Gaspard. Algunos historiadores refieren que fue la primera mujer en ocupar una banca. Otros la segunda. Ella no se interesa por esa discusión, se queda con lo mejor de la experiencia en una época en la que hacer política era sinónimo de convivir con la convulsión y los principios.


Fanny Irica López Palacio tiene 95 años. Nació en Pergamino el 11 de noviembre de 1921. Vive en su casa de calle 11 de Septiembre acompañada por quienes la cuidan y rodeada del afecto de sus hijos. Se maneja sola, aunque con la ayuda de su silla de ruedas a la que recurre cuando siente que los años le aflojan las piernas. Se acuerda con claridad de nombres que refieren a sus seres queridos. “Mi mamá se llamaba Irica y fue docente. Mi papá, Raúl Severo López Palacio, era empleado del Registro Civil”. Refiere que fue hija única porque su mamá por una u otra circunstancia perdía los embarazos. 

Habita la casa en la que vive desde 1930. Antes vivió en la Escuela Nº 18 donde su mamá fue directora. “La escuela estaba por la zona de la quinta de Illia, yo me crié ahí en ese barrio”, cuenta.

Con cierta lucidez también recuerda algunas anécdotas de su trayectoria docente y su de-sempeño en la función pública como concejal. Aunque en esa dimensión de la vida va fallándole la memoria, como si el transcurso del tiempo hubiera borrado el detalle de cada vivencia para dejar inscripta alguna definición o algún adjetivo para calificar aquellos tiempos. Tuvo desempeño en la actividad política cuando fue convocada para integrar una lista de concejales y ocupar una banca durante la gestión del intendente Carlos Nazareno Gaspard hasta que la revolución de 1975 derrocó a ese gobierno e interrumpió su tarea legislativa. Su nombre está grabado en la historia política de la ciudad en representación del Movimiento Nacional Justicialista a quien representó en su banca y al que perteneció desde que decidió su adhesión. Aunque nació en una familia de origen radical, se afilió al Partido Justicialista en 1948 y trabajó activamente en la rama femenina. Después del golpe militar siguió trabajando en la resistencia y con los años abandonó la actividad pública para dedicarse a otros menesteres más asociados a la vida privada.

“Inicié la actividad política con mi madre Irica Crescencia Anolles, hija de Julián Anolles, y con ella trabajé en la doctrina peronista”, refiere. En 1948 se afilió al Partido Justicialista y trabajó activamente en la rama femenina, llegando a ser secretaria de la Unidad Básica.

“Mis padres habían sido radicales y después cuando vino el peronismo, papá se hizo peronista”, recuerda y señala que ella siempre tuvo vocación de participar de la cosa pública.

En 1955 al caer el gobierno peronista por el golpe militar siguió trabajando en la resistencia. En 1971, en la reorganización de los partidos políticos se reafilió al Movimiento Nacional Justicialista y al año siguiente en las elecciones internas fue elegida secretaria general de la rama femenina y  miembro del consejo del Partido Justicialista. Su memoria le juega una mala pasada en la entrevista y no recuerda muchas vivencias de ese tiempo. Solo dice que fue “lindo” aunque por el contexto histórico “convulsionado”.

El 11 de marzo de 1973 resultó electa concejal.  Muestra la foto del momento en el que juró como edil. Se la ve joven y dueña de un porte fuerte que fue el mismo que la acompañó en su tarea, a la que se dedicó con temple y compromiso. La historia debate si fue la primera o segunda concejal de la historia de Pergamino. A ella le importa poco esa discusión. Se contenta con haber sido parte de un cuerpo deliberativo que representó a la ciudad de su época. Ingresó por el “cupo femenino” porque el tercer lugar de la lista tenía que ser ocupado por una mujer. Y se ganó de inmediato un lugar por su capacidad de lucha y sus ganas. “Fui tesorera del bloque y actué en las comisiones de Higiene y Cultura y Bellas Artes, Apoyo al Deporte, Biblioteca Menéndez, en la Pro Terminación de la Escuela Normal y en la de becas municipales”.

Su trayectoria legislativa está registrada en los libros que han escrito la historia de la ciudad. Ella no toma mucha conciencia de ello o a esta altura de su vida, ya no le importa. Está dedicada a otras cosas, inmersa en una vida en la que está contenida por los suyos que se ocupan de que no le falte nada. Es una mujer de carácter y fue una luchadora de causas justas de su época. Hasta hoy conserva una personalidad fuerte, aunque confiesa que “ya no puedo hacer casi nada”.

No habla de política ni cuenta lo que piensa del mundo en el que vive hoy. En su juventud fue revolucionaria y valiente.

“Estuve como concejal hasta que al doctor Gaspard lo sacaron. No fui presa ni nada, pero fueron tiempos de mucha revolución.  Después ya no me dediqué a la política, mi hija mujer sí lo hizo y fue consejera escolar”, menciona en la conversación que tiene a uno de sus hijos como interlocutor. 

Parte de la historia: el momento en que juró como concejal durante la gestión de Gaspard.

 

(Gentileza: FAMILIA PALACIO)

 

El núcleo familiar

Se casó con Juan Luis Sleive, un suboficial de Marina, más tarde se retiró y comenzó a trabajar en el comercio como viajante de telas y luego puso una sedería en Santa Fe. Se habían conocido en el barrio, por su condición de vecinos. Con este hombre del que con los años se divorció, tuvo a sus tres hijos: Juan Carlos, Luis Raúl y Susana Beatriz.

Hoy disfruta de sus nietos y bisnietos. “Dos de mis hijos, Juan Carlos y Susana, viven en Pergamino y el otro, Luis Raúl en Santa Fe”.

Sus  nietos son: Yanina, Juan Manuel, Mauro, Rocío; Juan Andrés, Soledad, Carolina; María Irica y Marcos. Sus bisnietos: Ignacio, Juan Augusto, Santino, Tobías, Pilar, María Paz; Catalina, Joaquín, Santiago, Simón y Waira.  

Menciona haber trabajado mucho para sostener su familia. Y recuerda que ya estaba sola cuando crió a sus hijos, separada del que fue su esposo. Contó con la ayuda incondicional de su madre, con quien vivió siempre. “Hice muchos sacrificios porque en esa época no era sencillo criar a los hijos sola, pero lo logré y me siento orgullosa de eso”.

 

Maestra

Estudió en el Colegio Normal, donde se recibió de maestra siguiendo los pasos de su madre. Ejerció su profesión desde 1946 hasta 1972, año en que se jubiló. Inquieta y siempre dispuesta a trabajar en proyectos colectivos, durante su vida integró diferentes sociedades de bien público y se comprometió con la cultura y la docencia. Fue preceptora de la Escuela Nacional de Comercio y miembro de la Asociación de Maestros.

“Me recibí de maestra y fue una tarea que me gustó. Ya estoy jubilada”, refiere y enumera algunos de los establecimientos educativos en los que trabajó: “Estuve en la Escuela Nº 17, un tiempo estuve ‘prestada’ en la Escuela Nº 8, donde fui maestra de tercer grado.

“Siempre quise ser maestra, como mi mamá. Ejercí la docencia hasta que me jubilé hace varios años. Me retiré en la Escuela Nº 17”, refiere y reconoce que la memoria le juega algunas malas pasadas para recordar a sus alumnos y a sus compañeros de entonces.

Le gustó su tarea como docente. Aprendió de su madre y copió su ejemplo. Cuando fue tiempo de retirarse había transitado un largo camino lleno de experiencias y de aprendizajes. “Había épocas en que me la pasaba de un trabajo a otro”.

 

Una mujer de carácter

Es dueña de un carácter fuerte. Quienes la conocen aseguran que siempre fue “brava”.

“Eso forma parte del pasado porque ya no puedo hacer nada. Me porto bien y trato de no dar trabajo. Vivo sola acompañada por Verónica Gómez y Alicia Lobo, y mi familia que está siempre cerca”, menciona y mira con complicidad a una de sus acompañantes de la tarde. Aunque fue inquieta, refiere que hoy disfruta de “no hacer nada”.

No se imaginó que la vida la iba a premiar con la longevidad, aunque señala que en su familia varios vivieron “muchos años”.

“Mi abuelo murió a los 80, que eran muchos años para su época y toda la familia fue longeva”, señala y bromea con el transcurso del tiempo.

El pasado y el presente se entremezclan en varios tramos de  la entrevista donde vuelve a verse en actividad cuando la memoria le trae el recuerdo de un tiempo en el que estaba en pleno ejercicio de su labor como docente: “Trabajaba en la Escuela Nacional de Comercio, salía y me iba a la Escuela de Teatro que estaba entonces arriba de la Escuela Nº 22 y a la mañana iba a la Escuela Nº 17”.

Las épocas de la política las refiere como “convulsionadas”. Supo adaptarse a ese tiempo. Se llevó bien con sus compañeros de bancada y siempre trató de hacer lo mejor que estuvo a su alcance. 

 

Testigo y protagonista de una época se queda pensativa revisando libros que llevan su nombre en algunas de sus páginas. Por sus retinas pasó parte de la historia de la ciudad y del país. “Fueron épocas violentas, en casa sufrí un atentado, un día llegué y me tirotearon el auto y la casa. Fue un día de atentados, a Marcelo Conti le pusieron una bomba, Alcides Sequeiro que era muy joven también fue víctima de un hecho violento.  Yo era una revolucionaria para mi época, después dejé la política, que siempre me gustó, para dedicarme a mi familia y disfrutar de los nietos”, concluye esta mujer, dueña de un pasado intenso, tan intenso como el tiempo en el que le tocó ejercer un rol en la función pública de la ciudad que la tiene entre sus personalidades.