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Lejos del pago

Silvana Tomic y Brian Gordon: armaron su familia en el país del norte, con el corazón cerca del pago

Silvana y Brian, junto a sus tres hijos: de visita en el pago. (BRIAN GORDON) Silvana y Brian, junto a sus tres hijos: de visita en el pago. (BRIAN GORDON)

DE LA REDACCION. Silvana Tomic y Brian Gordon se conocieron en Pergamino. Ella es oriunda de Arroyo Dulce. A poco de transitar la vida juntos, tomaron la decisión de “ir a probar suerte” a los Estados Unidos, aprovechando que Brian había nacido allí. Lo pensaron, maduraron la decisión en la consulta con sus afectos más cercanos. Corría 1998, asumieron que para tener esa experiencia primero debían probarse en la aventura de “vivir juntos”. Convivieron y en el 2000 con dos valijas emprendieron lo que se iba a transformar para ambos en la experiencia más enriquecedora de la vida: se establecieron en el país del norte. Con las expectativas de los sueños por cumplir y con la tarea de una adaptación que fue compleja porque significó el contacto con una forma de vivir diferente, en una cultura distinta en muchos aspectos a la argentina.

“Yo había nacido allá, pero cuando mi mamá se divorció se vino para acá a mis 4 años, así que crecí y viví 21 años en Pergamino”, cuenta Brian en el inicio de la charla que se desarrolla en la redacción de LA OPINION en el marco de una visita que realizaron para visitar a familiares y amigos. 

Viven en Florida Central, a una hora y media de Orlando hacia el norte, en un pueblo llamado Fruitland Park. “Quisimos ir a probar suerte porque yo seguía siendo ciudadano, nos fuimos en el 2000 con el deseo de hacer la experiencia, con dos valijas en mano y un poco de plata que habíamos ahorrado”, refiere Brian.

Silvana era profesora de inglés y estaba trabajando en el Colegio Icade y en un instituto privado dedicado a la enseñanza de ese idioma. Brian trabajaba en un locutorio que funcionaba en Bartolomé Mitre y San Nicolás. Ambos coincidían en que la experiencia iba a ser “espectacular”. Tomaron coraje y se animaron. “Nos fuimos con la idea de ver cómo nos iba, sabiendo que podíamos volver si lo deseábamos”, confiesa Silvana, que reconoce que tomaron la decisión “como una aventura” en la búsqueda de un futuro mejor para ellos.

Ambos coinciden en que no se fueron del país en una situación complicada como la que después afrontó mucha gente. “Los dos teníamos trabajo y vivíamos relativamente bien. La gente que se fue después de 2001 se fue apremiada, esa nunca fue nuestra realidad”, señala Silvana.

 

La adaptación y la familia

Decididos y juntos, se establecieron en Estados Unidos. Al principio vivieron en la casa del padre de Brian y más tarde armaron su propio camino. Reconocen que la adaptación fue complicada. “Recuerdo que cuando llegamos nos preguntamos qué hacíamos allá si acá estábamos bien. Ambos teníamos a nuestros amigos y a nuestra familia”, menciona Brian y agrega que el hecho de tener allá a su papá y a sus dos medias hermanas, facilitó de algún modo la estadía en un lugar que resultaba distinto en muchos aspectos al propio.

“Estuvimos viviendo con mi papá unos meses, pero igualmente la adaptación fue complicada porque muchas cosas funcionan de manera distinta. Hasta que nos ajustamos a un nuevo sistema de vida tuvimos que lidiar con algunas adaptaciones. Hoy es diferente y aunque sigue siendo duro con relación a que se extraña a la gente querida, es más fácil estar allá porque allá tenemos nuestra casa y nuestras cosas”.

Al principio Brian trabajó como mozo y al cabo de dos años comenzó a estudiar y se recibió de técnico radiólogo, profesión que ejerce en los Estados Unidos.

Silvana, en tanto, es profesora de castellano en una escuela elemental. Sus alumnos son de segundo y tercer grado. A varios años ya de haberse ido, están establecidos y realizados y tienen en Estados Unidos a su familia, integrada por sus tres hijos: Lucas (12) y las mellizas: Anna y Emma (9).

“Una de las experiencias más fuertes que vivimos fue cuando nació nuestro primer hijo y estábamos los dos solos allá. Fue muy conmovedor, nos faltaba nuestra familia y a la vez fue algo que nos unió mucho como pareja. Son las cosas que tiene la distancia”, refieren y se emocionan al pensar en todo lo que han conseguido con esfuerzo.

 

En un lugar acogedor

Viven en un pueblito que definen como “similar a Arroyo Dulce”, la tierra natal de Silvana. “La diferencia es que allá está todo muy conectado y los límites entre una ciudad y la otra son difusos. Es un pueblo tranquilo, en el que podemos vivir con las puertas abiertas”, cuentan. Y afirman que aunque durante muchos años fantasearon con la posibilidad de volver a la Argentina y se encontraron preguntándose a qué se dedicarían acá, hoy saben que su hogar está en Estados Unidos. “Nuestra casa está allá y este -por Pergamino y Arroyo Dulce- es un lugar al que amamos, pero sentimos que nuestra vida de hoy está allá”, confiesa Silvana, aunque reconoce que cada vez que encuentra un argentino en los Estados Unidos siente la necesidad de ponerse a hablar para reencontrarse con la certeza de que “hay una idiosincrasia que te une y que cobra mucho valor a la distancia”.

En el mismo sentido, Brian refiere: “Antes pensábamos en volver, pero esta es la primera vez que no sentí esa necesidad; sí me gustaría poder venir con más frecuencia porque es muy placentero estar acá y reencontrarse con la gente querida.

“Nos sentimos de acá, pero en este momento sabemos que tenemos que estar allá por las oportunidades que les podemos dar a los chicos. Estamos bien y consolidados”, agrega Silvana.

 

Cerca de los afectos

Entre Pergamino y Arroyo Dulce, la estadía de Silvana, Brian y sus hijos en Pergamino tiene como común denominador el calor de la familia y de los amigos. “Nos reciben con mucho afecto, nos esperan. Igualmente nunca estamos del todo lejos, porque la tecnología ayuda mucho a mantenerse cerca de los amigos, las redes sociales ayudan mucho y cuando venimos nos juntamos”, indicó Brian y Silvana agregó que la estadía es siempre una oportunidad para confirmar que “los vínculos están intactos”.

 

Las rutinas de siempre

Confiesan que el tiempo que pasan acá lo aprovechan para recrear rutinas queridas. Para Brian es un placer recorrer la Peatonal, desde la Plaza Merced hasta la Avenida. “Disfruto de caminar, de entrar a los locales de ropa deportiva para ver camisetas de fútbol”. Comparte esas rutinas con sus hijos que disfrutan de venir a la Argentina. “Mi hijo es fanático de Boca y le encanta jugar al fútbol. Para el Mundial lloraron cuando perdió Argentina y ahora siguieron la Copa América.

“Ellos tienen estas costumbres argentinas que son las que de algún modo ven en nosotros, les encanta venir, estar con sus primos, salir a comer pizza o sentarse en el Hotel de Roma a comer un tostado”, cuenta Brian.

Para ellos, la cercanía con la ciudad es estar en contacto con el lugar en el que crecieron sus padres. “Es muy lindo que les pase eso. Creo que lo viven a través nuestro. Con ellos hablamos en inglés, pero entre nosotros lo hacemos en castellano, así que entienden todo”, señala Silvana y agrega: “Ellos saben de dónde son, pero saben también que aquí está la raíz de sus padres, que es una raíz muy fuerte, sienten un profundo respeto por eso y creo que es lo que de algún modo nosotros les hemos transmitido, aún sin decirles nada”.

 

Sentimientos a flor de piel

La estadía en Pergamino así como los acerca a los recuerdos, también los mantiene con las emociones “a flor de piel”. Se emocionan cuando recuerdan la infancia de ambos. “Yo fui a Maristas y después al Colegio Normal”, comenta Brian y menciona que sus amigos de hoy son “los del secundario” y los de Pingüinos donde jugó al rugby.

Silvana fue al Instituto Comercial Almafuerte de Arroyo Dulce y después estudió el profesorado en el Instituto de Formación Docente y Técnica Nº 5 y conserva las vivencias de ese tiempo y las amigas desde entonces.

“Hay una idiosincrasia que no cambia. Te tenés que ajustar para encajar en un sistema que en muchos aspectos es muy distinto, pero nuestra raíz está acá”, confiesan cuando casi finaliza la entrevista en la que Brian recuerda sus pasos como fotógrafo free lancer para LA OPINION y su trabajo en una Escuela de Modelos que funcionaba en Pergamino.  Confiesa que algunas veces se siente “culpable” por haber tomado una decisión de vida que priva a su madre de “disfrutar en lo cotidiano a sus nietos”. Pero no se arrepiente de la determinación porque sabe que en Estados Unidos hay muchas posibilidades de desarrollo para sus hijos.

“La ventaja de estar allá tiene que ver con la educación de los chicos, el bienestar nuestro y la seguridad. Es un país donde trabajando todo funciona y eso es muy importante”, afirma y reconoce que la desventaja es “estar lejos de los afectos en lo cotidiano, que los chicos no puedan crecer junto a sus abuelos y primos”.

Hay cierta nostalgia en el tono de la voz de ambos cuando en la balanza sopesan beneficios y contrariedades. Se quedan del lado bueno de una decisión que les ha permitido crecer a ambos. Saben que la raíz está “en el pago” y que siempre pueden volver a él para sentirse “queridos y esperados”. 

 

 

ping pong 

 

Una calle: Silvana: Doctor Alem. 

Brian: 25 de Mayo, entre Dorrego y Mitre.

Un amigo: Silvana: mi grupo de amigas de Arroyo Dulce.

Brian: mis amigos de Pingüinos y dos especialmente: Martín Colla y Héctor Flageat.

Una escuela: El Instituto Almafuerte. 

Brian: El Normal.

Un maestro: Silvana: Liliana Cretón.

Brian: Omar Lizzi.

Un mensaje para quienes desean vivir en el exterior: que prueben. No hay nada para perder. Que experimenten. Volver siempre es posible. Es una experiencia muy difícil pero enriquecedora.