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Editorial

Un inicio tranquilo, con sus más y sus menos

Comenzamos el año con festejos, en paz y sin lamentar situaciones desgraciadas. Porque es sabido que en esta época del año las acechanzas son muchas: siniestros viales, accidentes domésticos con la pirotecnia y escruches en viviendas de quienes festejan fuera del hogar. Esto no quiere decir que no haya pasado, solo que en una incidencia menor que otras oportunidades.

Con respecto a la integridad de los vecinos, mucho tuvo que ver en este auspicioso resultado el trabajo conjunto realizado durante, y sobre todo antes, de las jornadas festivas por el Municipio de las fuerzas de seguridad. 

Estuvieron atentos a lo que se venía perfilando en materia de festejos y se pudo estar a la altura de las necesidades de semejante cantidad de gente en movimiento.

Los jóvenes pudieron divertirse sin grandes riesgos merced a que la Municipalidad durante las noches de Navidad y Año Nuevo estableció lo que dio en llamar un “Sendero Seguro” para poder transitar a pie por la zona de las convocatorias bailables. Un acierto, teniendo en cuenta que la cita era en La Doly, situado en la zona más compleja de la ruta Nº8 en su tramo urbano.

El Sendero se extendió por Avenida de Mayo desde Alberti, donde había otro punto de encuentro para los jóvenes, hasta La Doly, tanto para evitar siniestros como desbordes y arrebatos.

También es dable señalar que en la noche de Navidad se denunciaron numerosos robos en celulares y otras pertenencias en los tumultos de los festejos, algo sobre lo que evidentemente se puso el acento con más presencia ya que para Año Nuevo todo fluyó sin sobresaltos.  

La verdad es que dio resultado el operativo: los jóvenes fueron caminando como en una larga peregrinación hasta el sitio de la concentración, donde pudieron divertirse sin el peligro que implica un espacio que, al fin, está a la vera de una ruta. Incluso, como decimos, entre Nochebuena y Fin de Año se afianzó el operativo y el segundo salió mejor que el primero.

Esta experiencia demuestra que cuando se trabaja de manera seria, con indagaciones previas, coordinación y recursos usados de manera eficiente, todos los accidentes evitables no se producen. Todos perdemos cuando la cosa está de-sorganizada, autoridades y ciudadanos. Por eso es de destacar la responsabilidad con que se tomaron los organizadores de las fiestas y el Municipio para ajustar al máximo las previsiones, minimizando así los riesgos. 

Pero no todo es para congratularnos en estas Fiestas, hay otros aspectos en los cuales mejorar, sobre todo en lo que hace al comportamiento ciudadano adulto, ya que precisamente por motivos de las fiestas, el lunes 1º de enero se anunció que no habría recolección de residuos. El servicio se reanudó ayer. Los vecinos debieran cumplir su parte del contrato social que nos rige tácitamente, por el que cada uno hace lo suyo en pos de la convivencia, y no sacar la basura a la calle, ni siquiera a los contenedores porque no son de capacidad ilimitada. Se informó sobre este requerimiento por todos lados, además de que es de práctica, entonces ya pasa a ser  desidia y desprecio por el otro y por uno mismo porque ante una tormenta, esa basura pasa a ser motivo de anegación. Después somos los primeros en la queja porque “caen dos gotas y me inundo”, pero no hacemos lo debido para que ello no suceda.

No fueron pocos los que sacaron todos los residuos de su hogar el día 1º, en que no se recogían y para la noche los contenedores reventaban de bolsas y generaban, en algunos casos, olores desagradables. No olvidemos que estamos en un verano más que intenso.

En realidad si todos cumpliéramos con nuestra pequeña parte vecinal, en base a un mínimo de educación urbana, la vida comunitaria sería mejor, imaginemos por un momento toda esa basura que se sacó igual sin contemplaciones, si hubiésemos atravesado en la noche un fuerte viento como los que hemos venido padeciendo. El desastre que esa basura hubiese generado sería enorme en la ciudad y la verdad es que con un poco de cuidado podemos evitar problemáticas innecesarias.

La cuestión de la buena vecindad no es un tema menor, nos ayudaría a todos a tener una vida ciudadana más plena porque así como sucede con los residuos, hay otros comportamientos vecinales reprobables de aquellos indolentes que no piensan que la ciudad es de todos y que en la medida que cada uno cumpla su rol de vecino, todos la pasamos mejor.

En estas Fiestas también hubo uso de pirotecnia, en algunos sectores en forma acotada y en otros muy profuso. En este sentido en los barrios se sintió más que en el centro de la ciudad y más aun en la zona de quintas. La verdad es que no es lo mismo usar fuegos artificiales, que quienes saben utilizarlos hasta hacen un espectáculo visual, que la pirotecnia de ruido y explosión, que es más barata, pero mucho más peligrosa. Los animales domésticos padecen lo suyo, se de-sesperan, muchos se pierden en esas noches de cohetes pero muchos humanos también se molestan con el uso de estos explosivos de bajo impacto que no dejan de representar un peligro inminente.

Sin embargo ha sido y es muy difícil erradicar esta práctica riesgosa. La pirotecnia ha lastimado dedos, ojos, ha generado heridas y quemaduras difíciles de curar. No estamos alertando sobre el uso de algo que eventualmente pueda ser peligroso, sino de objetos explosivos que normalmente traen problemas.

En el Concejo Deliberante se han ensayado prohibiciones para su venta hace unos años, pero nunca se logró evitar no solo su comercialización sino sobre todo su uso. Esta semana el intendente recibirá a un grupo de vecinos a fin de lograr su prohibición absoluta en Pergamino, como se ha logrado en otros distritos. Veremos en este caso con qué suerte.