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Editorial

Mejor infraestructura y más educación, claves para evitar accidentes

Entre los últimos días de 2017 y los primeros de este año se sumaron varios accidentes en las rutas de la zona, situación que volvió a poner en el centro de la escena la problemática de la inseguridad vial.

Más allá de las causas puntuales por las cuales se produce un siniestro, cada hecho reafirma la necesidad de poner manos a la obra en la construcción de un andar más seguro y prudente por las rutas. También de considerar a las cuestiones viales como una prioridad, porque es allí donde cada año se pierden tantas vidas como en una guerra.

En este sentido, la situación actual abre un marco de reflexión sobre temas que en el país siempre parecen quedar pendientes. En reiteradas oportunidades, este espacio se transformó en eco de planteos diversos sobre la conveniencia de contar con rutas acordes al tránsito que circula por ellas. También se advirtió sobre lo imperioso de comenzar a forjar una conciencia vial sujeta a un mayor aprecio por las normas y por la vida. El reclamo por la ejecución de obras de infraestructura vial ocupó lugar central de este espacio, y desde la palabra se exigió que las promesas se volvieran realidad concreta.

Para esta región en particular, muchas de estas aspiraciones de contar con rutas más seguras, recién salieron del letargo hace dos años, cuando las obras de construcción de la autovía que unirá Pilar con Pergamino fueron reactivadas. 

Está claro que esa arteria resulta vital para la creación de mejores condiciones de seguridad vial y que esto requería que la decisión política de ejecutar la obra se antepusiera a cualquier otra conveniencia. Porque lo que está en juego es el reaseguro de la vida, y el desarrollo mismo de los pueblos. Nadie dice que contar con una autovía impedirá accidentes, pero es cierto que crea mejores marcos de seguridad y mayor adecuación al caudal de vehículos que transitarán por ella. 

Cada vez que ocurre un accidente, sea en la ruta que fuere, y con las consecuencias que conlleve, la tragedia viene a recordarnos que en el Partido de Pergamino y en la región faltan obras de infraestructura vial y falta educación. Frase repetida, aunque muchas veces vacía de contenido en la observación del tránsito cotidiano.

La construcción de la autovía sobre la ruta N°8 forma parte, por su envergadura y por su trascendencia, de la agenda prioritaria de los habitantes de las ciudades atravesadas por la traza. Contar con mejor infraestructura en el resto de las rutas provinciales y nacionales que cruzan nuestra jurisdicción también resulta imperioso, atendiendo fundamentalmente al caudal del tránsito, a las características de los vehículos y a los usos que se hace de los corredores viales en la sociedad actual, que vive con premura y de-sapego a las normas.

La ruta provincial N° 32 a Rosario, por ejemplo, requiere de obras de adecuación y mantenimiento, a efectos de soportar el paso de la producción agropecuaria hasta el puerto.

El cruce de dos rutas nacionales con una provincial, nuestro llamado “Segundo Cruce” es sin dudas el punto más peligroso de nuestro distrito y el más abandonado; es la imagen viva de la desidia y se asemeja más a una intersección de caminos rurales que al de las rutas más importantes del país. 

Con la “T” entre la Nº 32 y la Nº 188 sucede algo similar: allí ni siquiera hay semáforo, mucho menos dársena de giro a la izquierda ni señalización apropiada. 

Pero poco se exigen estas obras, salvo cuando ocurre una tragedia y en este contexto, late la sensación de que en cualquier momento por causa de la fatalidad, las rutas se cobran nuevas vidas. Casi siempre por causas evitables, lo que deja un sabor amargo.

Los camiones forman un capítulo aparte en esta cuestión del tránsito y los accidentes en rutas. Sus conductores, por lo general, son profesionales preparados para evitar siniestros. Sin embargo, el gran porte de estos vehículos en rutas tan angostas y en muchos casos sin banquinas aptas para un escape, suele generar verdaderas tragedias. La recuperación de ramales ferroviarios para transportar la producción y, de ese modo, sacar de circulación a cientos de camiones de las rutas, es otra necesidad para comenzar a cerrar una solución que se acerque al ideal.

Las rutas son lo que conecta a nuestros pueblos. Son el canal de comunicación de la producción de nuestros campos, son el basamento que soporta el traslado de los productos que genera nuestra industria. Son las arterias que emplean nuestras familias y las familias de otros para movilizarse. Es tiempo de dotar a las rutas de todo aquello que necesitan para volverse más confiables. Es tiempo de educar para andar en ellas. Es tiempo de ponerle tope a las tragedias y abrir paso a la prudencia, generando las condiciones de un andar más seguro y previsible. 

No alcanza con exigir que se cumplan ciertas normas como la verificación técnica vehicular; tampoco con que se cobren ampulosos peajes para mantener caminos que exhiben visibles deterioros. Y mucho menos que se coloquen radares “cazabobos”  en vez de hacer un control eficiente de la velocidad en los puntos más críticos. Hace falta que las cuestiones viales se transformen en temas prioritarios, que ocupen el primer lugar de consideración en las agendas políticas y ciudadanas.

Porque más allá de las imprudencias, de los imponderables que siempre están a la vuelta del destino para jugar una mala pasada, más allá de los desperfectos técnicos y de las fallas humanas, lo que es impostergable es que se invierta en infraestructura y en educación. Solo así se revertirán los indicadores que advierten que los accidentes de tránsito siguen siendo una de las principales causas de muerte, incluso por sobre varias enfermedades. Lo que significa que está en nuestras manos cambiarlo.

Hacerlo tendrá réditos de todo tipo. Fundamentalmente se evitarán muertes jóvenes.

 

Infraestructura y conciencia por el valor de la vida son la llave de ingreso al verdadero desarrollo. Y la puerta de acceso a un futuro que de lo contrario queda truncado para todos cada vez que la crónica de la realidad nos revela que una muerte más ha ocurrido en las rutas.