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Editorial

Internet, usos responsables y nocivos de la red social

Las nuevas generaciones ya nacieron con Internet, desconocen entonces la enorme revolución que implicó la aparición de una red lógica única de alcance mundial. Sobre todo desconoce lo que era vivir sin Internet, sin comunicación audiovisual instantánea, sin toda la información imaginable al alcance de la mano y sin costo más allá de un fee mensual. 

Hace unos cuantos años, para comunicarnos con alguien, teníamos que usar el correo electrónico, el fax, una llamada telefónica, un SMS o simplemente visitar a alguien en su domicilio o citarse con alguien en un punto intermedio de la ciudad. 

Hoy las plataformas conocidas como redes sociales nos permiten encontrar amigos y familiares que habíamos dejado de ver, y que por otros medios sería casi imposible contactar.  O sea que las redes sociales nos han simplificado la vida y nos han dado alegrías y satisfacciones de las que antes no disfrutábamos. 

Al mismo tiempo, son un canal de relación frío y objetivo, donde podemos intercambiar mensajes sin comunicarnos, conversar sin vernos frente a frente y dialogar sin hablarnos. 

Esto hace que se pierda un montón de elementos comunicacionales que solo estaban presentes en los contactos cara a cara o a través de la voz en el caso de una llamada telefónica. 

Lo más importante es que este nuevo medio de comunicación global logró romper las barreras físicas y temporales entre las regiones remotas del planeta. Antes recurríamos a las enciclopedias y a las bibliotecas tradicionales, al papel, a los libros para acercarnos al conocimiento, ahora muchos conceptos se buscan en la Web, lo que ha permitido una descentralización repentina y extrema de la información y de los datos. 

Como todo en la vida, Internet y las redes sociales tienen ventajas y desventajas, dependiendo de su utilización. Y en este punto todos debemos hacernos responsables, ya que todos los días, a cada minuto, somos generadores y distribuidores de información.

Ya no caben figuras como tal o cual conductor, o el orden y las multas que podía poner, en su momento, una autoridad como el Comfer cuando algún envío televisivo utilizaba lenguaje inadecuado o exhibía imágenes impropias o agresivas. ¿A dónde queda “el horario de protección al menor” cuando hablamos de Internet? Es inexistente tal cosa, por eso es que queda en los usuarios el cuidado y la protección de los menores y el asumir responsabilidades y consecuencias por lo que emitimos o redistribuimos desde nuestros dispositivos. Ahora todos somos comunicadores y eso es cosa seria. 

Como es obvio y evidente, no todos llegan a comprender este nuevo rol y es así que la Red ha generado también efectos adversos, sobre todo porque la virtualidad con que se expresan los contenidos hace que no todo lo que circula por Internet sea confiable; hay páginas serias y otras que claramente no lo son; hay gente que participa bien intencionada y otra que no. Y también hay gente que podríamos decir que no está ni de un lado ni del otro en cuanto a sus intenciones, que simplemente “está” y participa convirtiéndose en eslabón para fines que francamente desconoce; lo hace cada vez que “comparte” o pasa un mensaje.

Es importante que aprehendamos de una vez por todas que, como en el mundo real, en el virtual hay quienes utilizan las redes en forma irresponsable a sabiendas, para producir algún efecto de tipo social, por ejemplo difundiendo noticias falsas (que a simple vista parecen muy reales, con fotos, datos, todo).  El objetivo que pueden tener es diverso, desde comercial hasta personal. Porque si una persona hoy quisiera por algún tipo de venganza “matar” a alguien en vida, basta con que escriba algo en alguna red y lo difunda. Seguramente su mensaje atravesará el globo como una gran verdad porque nadie se habrá tomado el tiempo de chequear la veracidad, de ver si es apropiado o de interés el contenido o si es pertinente. Así es que vemos circular por celulares de Pergamino situaciones que acaecen en Colombia, Perú, Chile, lo cual incluso genera confusión; por ejemplo, cuando convocan a donar sangre o algún medicamento para un enfermo –caso que ocurrió recientemente, que provocó colas en el Hospital San José- que ni siquiera está en el país. En este caso la buena voluntad, el querer ayudar de algún modo, prima por sobre el asumir seriamente el rol de comunicadores que a todos nos cabe. Y no debiera ser así, porque se termina provocando un perjuicio o bien, una ganancia a terceros, sin saberlo, ya que a veces es lo que hay detrás de las cadenas.  

Esto llega a la exageración en el ámbito político, donde las noticias “fabricadas” son moneda corriente para generar impacto en los votantes. Lamentablemente siempre hay una porción de usuarios que termina creyendo todo lo que lee y de este modo la realidad y la mala ficción se unen irremediablemente en quién no sabe diferenciar.

En estos días se viralizó un video de una adolescente, “Anto”, con algunos problemas madurativos. Estaba en su casa en la pileta de lona y mandó un mensaje muy ingenuo que fue rápidamente compartido. Desde famosos hasta ignotos, muchos se burlaron abiertamente de la chica, generándole un estado de angustia que obligó a su padre a salir por la televisión abierta a explicar la situación. Muchos pidieron disculpas y afirmaron que no pretendían hacer bullying a la jovencita, lo que es difícil de creer cuando se puede observar la crueldad con que se burlaron de su mensaje, pero el perdón lo pidieron. Esta situación demuestra que hoy cualquier anónimo puede hacerse velozmente conocido, para bien o para mal, en las redes. Y no todos los usuarios tienen la sensibilidad necesaria para asumir los mensajes como lo que son, en este caso un videíto de una chiquita con una ingenuidad visible.

En términos generales, toda esta nueva tecnología ha sido muy beneficiosa en materia de comunicación, pero debe ser utilizada con razonabilidad y responsabilidad. Hay todavía un vacío legal importante por lo que prácticamente todo es posible de hacer y decir en Internet, así que queda en los usuarios asumir seriamente que lo que tiene entre sus manos es una poderosa y delicada arma, que tiene que utilizar a conciencia, no de manera mecánica sino analizando cada pieza de información que recibe -su procedencia, su intención, su veracidad- antes de sumarse a la cadena de distribución de datos que son hoy las redes sociales. Incluso cuando se trate de una buena noticia, o cuando lo que se pide es ayuda y mucho más cuando se trata de una denuncia pública a un individuo. Porque para esas situaciones los ámbitos son otros, donde se requieren pruebas que validen lo que se denuncia. Recordemos: es muy fácil hoy generar daños definitivos sin siquiera hacer un rasguño. Y es gratis. 

 

Cómo síntesis y recomendación, tener presente que no todo lo que nos trae Internet a la vista es bueno: la salud debe atenderse con médicos, las denuncias deben hacerse en una Fiscalía y las empresas no hacen caridad por Internet. Y nosotros, como usuarios, recordar que somos comunicadores sociales, y que debemos ejercer ese rol con responsabilidad, porque el simple hecho de “pasar” un mensaje, del cual no sabemos certeramente origen y veracidad, puede causar mucho más daño que el bien que ese pretendido pequeño aporte quería hacer.