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Editorial

El arte del buen gobierno es pensando en la mayoría

Una de las máximas que siguen aquellos que son autoridad es que se gobierna para el interés general, no para los deseos particulares o sectoriales. Y la realidad es que aquello que parece fácil, por la lógica implacable que tiene, termina resultando complejo. Porque la sociedad es un conjunto de voluntades con muy diversas expectativas y, al fin, de lo que se trata es de lograr el beneficio para el mayor número de vecinos, olvidándonos de conformar a todos, ya que invariablemente habrá quienes se molesten y se quejen hasta por las medidas más aventajadas.

Lo vemos en nuestra ciudad a diario, ante cada medida que se toma desde la Municipalidad por beneficiosa que sea a la postre, siempre habrá un sector que se molesta y lo que es peor, otro que resista la decisión. Suponemos que es ine-vitable que así suceda porque aunque vivamos todos en el mismo distrito hay distinta formación, distinta empatía para con la cosa pública y una diversidad en la mirada. Por eso podemos sentirnos ampliamente confortados si la mayoría comprende la utilidad o la seguridad que implica cada decisión.

Dentro de este esquema, también podemos sentirnos afortunados si quienes nos gobiernan son capaces de escucharnos cuando una medida no resulta favorable y son las mayorías, precisamente, las que protestan o piden una revisión. Porque de eso se trata también el buen arte de gobernar, que el contrato social entre mandatarios y vecinos tenga una avenida de doble vía.

Precisamente en anterior comentario editorial hablábamos del Parque Municipal, de la prohibición de circular en auto o moto por su interior los días de semana, porque allí van muchos vecinos a hacer gimnasia transformando el espacio en un parque saludable. Los fines de semana en que va la familia a disfrutar, el ingreso es libre. Pero la falta de controles hacía que la costumbre fuera más fuerte y los autos igual circulaban. Fue así que hubo un accidente con un vecino, el que no pasó a mayores pero demostró a las claras que la decisión de la Comuna era acertada. Ahora se han comenzado a colocar barreras para evitar que esto pase y hay un necesario control. Y claro, hay vecinos que se sienten molestos, que no quieren cambiar sus costumbres y se quejan. Pero esto es parte de gobernar, saber que siempre habrá alguno que resista la medida al comienzo, pero que lo que se está haciendo es beneficioso para la mayoría.

Como contrapartida, la Municipalidad escuchó a los vecinos respecto a la Sala de Salud del Club Racing y finalmente no se cerró. Porque si bien es cierto que el predio es de la institución y no público, también que en cercanías hay otras salas, los vecinos tienen alto concepto de la labor de esta “salita” como la llaman. Se atienden allí los hijos de casi todo el barrio y apenas se supo que se pensaba cerrarla comenzó la resistencia pacífica con asambleas y petitorios permanentes. En este caso la mayoría pedía por un cambio en la decisión, demostrando que para ellos era muy importante conservar ese centro de salud barrial. Al fin las autoridades hicieron una evaluación del edificio donde funciona la sala y decidieron mejorarla aun cuando el predio no sea público, dejando la sala de salud donde está.

También trajo molestias y peleas entre usuarios y colectiveros la implementación definitiva de la tarjeta Sube, como único medio de pago para el uso del servicios público de transporte. No es lógico que suceda, pero al fin sucedió. Y lo decimos porque el sistema se implementó con tiempo más que suficiente para que los vecinos se enteraran, se les regalaron las tarjetas, dicho sea de paso, en puestos ubicados en los más diversos espacios de la ciudad, de modo que todo el vecino que la necesitó la podría obtener gratuitamente. De todos modos se puede adquirir en otros tantos sitios si no se fue a retirar una. También se estableció un período de adaptación en que se aceptaba dinero y la Sube en forma indistinta, hasta que únicamente se aceptó la tarjeta. Cierto es que no había motivo para los roces y disgustos que se llevó más de uno insistiendo en pagar el boleto a la vieja usanza, resistiendo frente al colectivero la medida. Sobre todo porque la aplicación de la Sube es un medio idóneo para que se puedan recibir subsidios al transporte en forma directa por parte de los usuarios, una razón más que importante para saludar su llegada como algo claramente beneficioso para los vecinos.

 

Es lo que decíamos al comienzo, no es posible que todos estén conformes con cada decisión, siempre habrá quejosos, otros resistentes y hasta puede aparecer algún inadaptado, porque así se componen las sociedades, en la diversidad. Pero gobernar pensando en las ventajas de la mayoría hace al buen arte de quien debe decidir por todos nosotros.