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Editorial

Cuidemos a nuestros bomberos

Cada tanto, en especial cuando en Pergamino se empieza a hablar de aumento de tarifas, se pone sobre el tapete el servicio de transporte público de pasajeros, generalmente cuestionando algunas deficiencias en la prestación, y al mismo tiempo surge la pregunta recurrente: ¿qué pasaría si en Pergamino no hubiera una empresa de colectivos urbanos? Y también se recuerda que ciudades como la nuestra, tal el caso de Junín, no cuenta con micros que cubran los diferentes puntos de la ciudad.

La introducción es a propósito de asociar esa idea con la importancia que tiene para Pergamino contar con los cuarteles de Bomberos Voluntarios que existen y funcionan para brindar seguridad a los pergaminenses. No son valorados en su real magnitud, pero cuando se los necesita los bomberos están ahí, dispuestos a arriésgalo todo, hasta su propia vida, para salvar a un semejante o morigerar un daño material. En ese momento sobran los halagos, que suelen quedar en palabras  y no se traducen en reconocimientos concretos.

Por eso hoy, cuando a Dios gracias ninguna catástrofe nos aqueja, es decir que estamos en un tiempo “neutral”, ideal para la reflexión, LA OPINION decidió dedicarles esta página y las centrales a los Bomberos Voluntarios, a la entidad y sus integrantes, para hacer visible el invalorable aporte de su existencia en Pergamino. 

No reciben paga, pero arriesgan su vida al acudir a los más variados siniestros. Los bomberos voluntarios encarnan así valores humanitarios y solidarios.

¿Qué lleva a una persona a dar parte de su tiempo o a arriesgar su propia vida para salvar a otros? ¿Qué la moviliza a brindar una atención desinteresada al prójimo, aun cuando dicha diligencia atente contra su propio bien?

El sentimiento que cuadra con esta conducta es el altruismo, término que proviene del francés antiguo “altrui”, que significa “de los otros”.

Un lema de los bomberos voluntarios expresa este principio del sacrificio personal por el beneficio de otro. “Nada nos obliga, solo el dolor de los demás”, dice.

El altruismo aparece como lo apuesto del egoísmo, entendido como el amor inmoderado que un sujeto siente sobre sí mismo, y que lo lleva a desentenderse de la suerte de los demás.

El deseo de reparar el sufrimiento ajeno  -que instaura el principio de que el otro importa-, está en la base del altruismo social que ejercitan los bomberos.

En Pergamino somos de exigir al máximo en todos los niveles pero no somos -socialmente hablando- comprometidos en la misma dimensión cuando se trata de colaborar, de sumar, de dar. De hecho, cuando algo grave ocurre (por ejemplo las inundaciones) brotan por todos lados manos solidarias para ayudar en la contingencia, pero esas mismas manos suelen no brindar ayuda en la vida cotidiana, como si solo valiera colaborar cuando la situación es extrema. Lo mismo sucede puntualmente en la relación entre la Sociedad de Bomberos Voluntarios y la comunidad. 

La solidaridad puede practicarse en cada paso, ayudando a un anciano a cruzar una calle, o dejando un abrigo en un perchero comunitario para que alguien que lo necesita se proteja del frío. También acercándose a los bomberos voluntarios, primero pero no solo para abonar una cuota societaria, sino para saber cómo viven, cómo se sienten, cómo piensan y qué les hace falta. El prójimo siempre necesita una mano tendida, y los bomberos voluntarios representan esa especie de sujetos que requiere la mirada comprensiva de la sociedad.

Ellos son hombres y mujeres con una condición especial; no cualquiera se pone un casco y un mameluco para subirse a una autobomba en el tiempo libre luego de cumplir con las obligaciones de estudio o del trabajo que les permite llevar el pan a la mesa. Algo hay en ellos que no tiene el resto, una mezcla de altruismo y audacia que para algunos roza (en el sentido más cariñoso del término) con algún grado de locura.

Y como para muchos los bomberos a veces llegan tarde, o hacen mal las cosas, hoy planteamos con qué derecho se puede cuestionar a un grupo que todo lo hace a pulmón, que recibe a cuentagotas la ayuda oficial y que si no fuera por un grupo de socios que regularmente abona su cuota, Pergamino no tendría un servicio como el que tiene.

Hace años que, aún con dificultades, la Sociedad de Bomberos Voluntarios, la entidad civil que permite el funcionamiento del Cuerpo Activo, viene creciendo con la única finalidad de dotar a la ciudad de un conjunto de personas y equipos capaces de estar a la altura de las circunstancias cada vez que una situación lo amerita. Es una institución que debió soportar el manejo desprolijo de sujetos que se sirvieron de ella, lo que le valió el desprestigio por algún tiempo, hasta que personas de bien decidieron tomar las riendas para devolverle no solo la credibilidad ante la sociedad sino también la capacidad operativa de su Cuerpo Activo, con mayor profesionalismo y mejores equipos.

En ese contexto hace un par de años fue concretado un viejo anhelo de los pergaminenses, que fue la apertura de un segundo destacamento, en este caso en la zona este de la ciudad y con la invalorable ayuda de la empresa Inpla que cedió un predio para ello.

Los directivos son vecinos que dedican tiempo y esfuerzo ad honorem, los bomberos son personas que ponen cuerpo y alma por el prójimo sin recibir paga (cuentan con obra social y aporte jubilatorio de la Provincia) y sin embargo suelen ser objeto de críticas de quienes jamás se implicarían en cuestiones solidarias, o de aquellos que, dolidos por alguna pérdida, buscan responsabilidades donde no las hay.

Pergamino tiene, por suerte, una institución y un equipo de bomberos voluntarios acorde con la ciudad; con muchas aristas positivas y seguramente algunas cuestiones a mejorar, y el que tenga que hacer una crítica que la haga desde el sentido positivo del término, que sirva para mejorar, no para desprestigiar. 

Cuidemos a quienes nos cuidan.