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Editorial

Boudou preso, los cambios que vienen y el consenso

Sorpresivamente ayer fue detenido el exvicepresidente Amado Boudou, no porque no supiésemos que con las pesadas causas que tiene en su contra esto no fuese a suceder, sino porque se lo llevaron preso por un expediente relativamente menor si se quiere (enriquecimiento ilícito) y sin que hubiese declarado previamente. Una decisión que se está haciendo costumbre en Comodoro Py.

Lo encarceló el juez Ariel Lijo porque dijo que se presume que conserva “relaciones residuales con actores poderosos que podrían configurar una vía de colaboración para eludir la actividad jurisdiccional”; es decir, ayudarlo a fugarse, y porque además tiene “poder económico para la elusión o la obstaculización del proceso”.

La realidad es que Boudou es presumiblemente, hasta que tenga condena firme, un corrupto y si no hubiera ido preso por esta causa lo hubiera hecho por la causa Ciccone que es la más pesada que tiene, pero siempre estuvo a derecho (y presencialmente, no mediante escritos) y el único amigo que le quedaba de su paso por el poder es Luis D’Elía, que no es precisamente un actor poderoso. 

Los otros miembros de esa presunta asociación ilícita que encabezaría Boudou son José María Núñez Carmona (a quien también ordenó detener Lijo), Alejandro Vandenbroele y Juan Carlos López.

López y Vandenbroele fueron citados a indagatoria y deberán presentarse el martes y jueves de la semana próxima, respectivamente. 

Lijo citó también a indagatoria a la exnovia de Boudou, Agustina Kämp-fer, para el miércoles 8. A ella le imputa haber lavado, junto con Boudou, 120.000 dólares a través de la compraventa de un departamento de la calle Bonpland. “Agustina Kämpfer no poseía la capacidad económica para realizar la compra del inmueble indicado”, afirmó el juez.

La causa por la cual se lo imputa esta vez, en definitiva es porque no puede justificar su patrimonio en unos 80 mil dólares, entre otros tropiezos.

Tan llamativo es que se disponga la detención ahora, cuando Boudou siempre estuvo a disposición de la Justicia en los múltiples procesos que enfrenta, Lijo tuvo que referirse a eso públicamente;  dijo que “si bien se advierte que los imputados han cumplido con las obligaciones formales del proceso”, un “reciente fallo” de la Cámara Federal estableció “nuevas pautas interpretativas al momento de valorar los riesgos procesales”.

Otra parte de la historia que no mencionó Lijo es que el Consejo de la Magistratura está analizando su trabajo. El presidente del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires Jorge Rizzo insospechadamente anti K, afirmó que Lijo lo llevó preso a Boudou porque hace cuatro días ingresó una denuncia ante el Consejo de la Magistratura por su lentitud en causas de corrupción. Temeroso de un jury, Lijo activó.

En fin que la Justicia está dejando de lado las formalidades a que están obligados en pos de avanzar rápidamente en causas de corrupción, para tapar que durante años -mientras el kirchnerismo estaba en el poder- durmieron todas las denuncias para no incomodar. Ahora con el cambio de época y desesperados por hacerse simpáticos al macrismo (un mal de todas las épocas, con todos los gobiernos de turno) apuran las causas y encarcelan sin tomar siquiera declaración previa a los acusados.

Siendo este asunto materia opinable y estando presos más de una decena de funcionarios y ad láteres del Gobierno anterior, la realidad es que esta renovada impronta judicial debe estar preocupando a otros actores del poder, como el caso de muchos sindicalistas que es evidente tienen más de “un muerto en el placard”. No todos serán el “Pata” Medina, actualmente preso, pero muchos no podrían justificar su patrimonio que, en algunos casos es más alto que el del mismo Boudou.

Y viendo la cuestión desde la vereda del Gobierno, que enfrenta dificultades para imponer cambios que lleven a la Argentina a un crecimiento sustentable, que el sindicalismo esté “de capa caída” y atemorizado judicialmente, puede significar la diferencia entre poder aprobar o no las reformas laborales que se están delineando en la línea gruesa. En definitiva Mauricio Macri sabe y lo ha planteado, que los cambios hay que hacerlos “ahora o nunca”; este es su momento, político y social, y está tratando de desarrollar su modelo aprovechando el viraje de época que está haciendo la ciudadanía.

Habrá temas que aun con la nueva mentalidad que exhibe el votante, y aun con la Justicia deteniendo a diestra y siniestra a corruptos del período anterior, serán complicados igual, como tocar el sistema jubilatorio. Sin dudas que el Gobierno deberá hacer un esfuerzo importante de consenso para algunos cambios más que con otros y el tema de los pasivos será uno de los más difíciles. Del mismo modo que ahora enfrenta el enojo de los mandatarios provinciales que no quieren resignar impuestos coparticipables, o empresarios a quienes por un lado les pueden bajar cargas laborales pero los obligarán a blanqueos del personal empleado, un tema al que se han resistido durante décadas en una proporción demasiado importante.

Todo cambio incomoda, como dijo bien el presidente; lo importante es que incomode a todos en la proporción que corresponde y no genere privilegios indebidos a ningún sector sobre otro. Porque este es el principio de ruptura de la paz social, un bien que toda nación debe cuidar.

El macrismo ha manejado los tiempos políticos como ha podido y ha esperado a tener un segundo triunfo, en las legislativas, para tener más autoridad a fin de buscar esos consensos, porque el tiempo se les va terminando y ellos lo saben. El mismo Mauricio Macri ha expresado que no podemos seguir endeudándonos a este ritmo y el camino es realizar los cambios estructurales que nos estabilicen en la economía. Pero saben también que en el Parlamento, donde deben pasar todas las leyes que generen esos cambios, hay distintas miradas y posturas, por eso la palabra consenso es clave para que las normas se aprueben.

 

El tiempo dirá cómo se sigue desarrollando esta, que es al fin, nuestra historia.