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Rubén Darío Porro: integrante del plantel de Racing campeón de 1963

Rubén Darío Porro, en diálogo con LA OPINION rescató vivencias de su historia. (LA OPINION) Rubén Darío Porro, en diálogo con LA OPINION rescató vivencias de su historia. (LA OPINION)

 

Jugó en el club “Bohemio” desde los 11 años, intercalando el “potrero” con la competencia en las canchas y fue parte del equipo que alcanzó ese título preciado para el fútbol local. Hoy, con 70 años, recreó esa experiencia y habló de su vida, para trazar un perfil pergaminense colmado de postales de nuestra ciudad.

 

Rubén Darío Porro tiene 70 años. Nació en Pergamino el 8 de enero de 1946 y creció en el barrio Acevedo. A los cinco años sus padres se mudaron a San Lorenzo y Sarratea  y empezó la primaria en la Escuela Nº 4. Con el amor que suelen guardar los alumnos de ese establecimiento educativo destaca haber sido uno de los primeros en estudiar en el actual edificio de la escuela: “El primero inferior lo hice en otro lugar porque estaban terminándola a la escuela y el primero superior pasamos al edificio nuevo. Tengo el orgullo de haber sido uno de los primeros que ocupó la Escuela Nº 4”.

Recuerda con cariño a sus compañeros y con gratitud a cada una de sus maestras. Aunque confiesa que no le gustaba estudiar sabe que en aquel lugar y en aquella escuela aprendió muchos valores que luego le fueron de mucha utilidad para su vida.

Cuando terminó el colegio su padre le preguntó si quería seguir estudiando o trabajar. Optó por la segunda opción ya que “el estudio no era lo mío”.

“Me mandaron a trabajar y a la par de ello como a mí lo que me gustaba era el fútbol empecé a ir a la cancha de Racing con los muchachos y comencé a jugar al fútbol”, cuenta. Intercalaba el tiempo del “potrero” con sus horas laborales. Su primer empleo fue “en lo de Salerno, una carpintería en Río de Janeiro y Guido”. Después pasó a una fábrica de juguetes en el Cruce de Caminos y más tarde su padre le consiguió un empleo en la Cochería Sánchez, donde durante mucho tiempo manejó coches de acompañamiento fúnebre.

“Yo iba con el coche, me asignaban viajes afuera y trabajaba de noche. Un día ahí mismo en la Cochería Sánchez encontré  a Carlos Sánchez, el dueño de la Papelera Sánchez donde trabajé en la atención al público, durante 37 años”, agrega y refiere que le gustaba su empleo. Se jubiló hace cinco años. “Me gustaba lo que hacía, atendía al público, preparaba pedidos y con una camioneta de la papelera salía a repartirlos”, relata.

A la par del trabajo, Rubén organizó su vida familiar. Contrajo matrimonio en 1970 con María Isabel Bonet, de quien enviudó en 1999. El tenía 53 años y ella 50. Confiesa que fue una pérdida muy difícil de afrontar y recuerda con claridad cada una de las instancias de la enfermedad que aquejó a su compañera y que en poco tiempo le llevó la vida.

No tuvo hijos. En 2004 conoció a su actual esposa, María Delia Maldonado. Se casaron en 2005 y viven en calle Sarmiento, donde alquilan una vivienda desde hace un par de meses. Su mujer tiene hijos ya grandes y es abuela. “La conocí en el Bingo, estaba con tres amigos, le pregunté a uno de ellos por ella y me la presentaron. Ahí empezamos el noviazgo, nos casamos en un año y hace once  que estamos juntos”, cuenta en la continuidad de la conversación que lo lleva por las vivencias de la vida de pareja y el ensamble de familias. “Su hija se llama Sabrina y vive en Córdoba; y su hijo Hugo. Tiene dos nietos, una de 18 años y otro de dos años”.

A medida que avanza el relato el diálogo lo retrotrae al tiempo de su infancia. Su padre Miguel, fue uno de los dueños de la Pescadería Donza y Porro, que funcionaba en sus comienzos en el mercado donde hoy está el Correo y más tarde se trasladaron enfrente, donde en la actualidad funciona una sala de teatro. Cuenta que su madre, Elvira Potente, fue ama de casa y que no tuvo hermanos.

 

El fútbol

Comenzó a jugar a los 11 años, lo llevó un tal Ojeda que era arquero. Jugó todos los años hasta que debutó a los 17 en la primera división de Racing, en el año en que salió campeón. “Me da mucho orgullo decir que fui parte del plantel que logró el campeonato en 1963”, señala y recuerda la composición del equipo campeón: Tabares, Argento, Porro, Blaiotta, De la Rúa, Morales, Quiroga, Rimatore, Pallero, Asís e Illia.

Menciona que el último partido de ese certamen fue contra Compañía. Ganaron 1 a 0 y para festejar ese acontecimiento que fue histórico, el plantel acompañado por los hinchas salió a festejar por la avenida. “Era una locura y una alegría inmensa porque Racing era un club chico, de barrio. Hacíamos los entrenamientos en un potrero en Chiclana, Maipú, Paso y Ramón Raimundo, íbamos a la una de la tarde y jugábamos hasta que se hacía de noche. Y los domingos nos íbamos a jugar para el Club. Se jugaba por amor a la camiseta”.

Es hincha de Racing de Pergamino y de Boca Juniors. Fue marcador de punta, y rescata su historia como futbolista como “una época maravillosa de su vida”.

Después jugó en Tráfico’s Old Boys y salió campeón de la tercera. Luego jugó en Manuel Ocampo, hasta que terminó su carrera. “Después seguí jugando informalmente en algunos torneos que se organizaban, pero por diversión”, agrega.

 

Fomentista

En otro tramo del relato destaca su experiencia como presidente de la Comisión de Fomento del barrio Luar Kayad. En su condición de propietario de una casa quinta en ese sector de la ciudad, formó parte del grupo de personas que organizó la comisión de fomento para promover el desarrollo de varios proyectos. “Estuve nueve años y nosotros creamos la comisión de fomento”.

Refiere que ese barrio no es como en la actualidad y lo describe más despoblado. “Compré la quinta en 1982, había pocas casas, adquirí el terreno, hice la pileta con un cuartito y después fui haciendo la casa”.

Viviendo en Luar Kayad tuvo un negocio, un pequeño almacén que abastecía a los vecinos de productos básicos.  

 

Los amigos

Conserva los amigos de la infancia, con los cuales transitó la vida. Menciona a “Cacho” Molinato, el “Piojo” Blaiotta; y Luis Pérez. “Esos son mis amigos de la infancia. Eramos muy unidos, luego nos separamos un poco cuando cada uno comenzó a estar de novio. Con Luis Pérez mantengo un contacto más cercano y nos vemos siempre”, refiere.

Cuando habla de la amistad recrea las anécdotas de la juventud. El tiempo en que con sus amigos se dejaban mensajes en el parabrisas del auto para señalarse en qué boliche iban a estar cuando dejaran en sus casas a las novias de entonces. “Era la picardía de ser chicos”, expresa y sonríe con la nostalgia que acerca un tiempo en el que los problemas no existían y la vida se presentaba ante ellos con infinitas posibilidades.

“Ibamos a ‘Blue moon’ los famosos bailes que se hacían en el Club Argentino, eran bárbaros. Nos íbamos a escondidas de nuestras novias. Mi padre tenía un Chevrolet 51, y a veces me lo daba, cuando salíamos de bailar nos veníamos a calle San Nicolás donde preparaban unos bifes de chorizo riquísimos. A veces íbamos a La Cabaña, un restaurante que funcionaba donde hoy está el Complejo LA OPINION Plaza. Recuerdo que un día estábamos ahí, yo no había aparecido por mi casa a dormir y mi papá entró cuando se iba para trabajar todo porque vio el auto estacionado allí”.

 

Su participación en televisión

Rubén se define como un amante de la televisión y disfruta de ese pasamiento. Le gusta mirar fútbol y también ha tenido la posibilidad de participar de algunos programas de televisión de entretenimientos. “Me gusta mirar esos programas, cuando realizan convocatorias al público me anoto y he tenido la posibilidad de participar de algunos, entre ellos ‘El juego de los matrimonios’ que se emitía en Canal 9; ‘Dónde está la plata’, en Canal 5 de Rosario; ‘La noche del Domingo’, en el juego de cortar la manzana; ‘Armar la mesa’, que se emitía por Canal 9 con la conducción de Berugo Carámbula; y más recientemente en el programa ‘A todo o nada’, de Canal 13, conducido por Guido Kaczka”

 

Jubilado

Este mes está cumpliendo cinco años como jubilado. Reconoce que dejar de trabajar fue una decisión que le costó tomar. “Me costó dejar de trabajar y apenas me retiré hice algunos trabajos para un amigo manejando unas combis que llevan trabajadores a la planta de Manuel Ocampo. Pero después por mi edad no me daban el carnet habilitante para manejar. Eso me hizo desistir. Y hoy ya no trabajo. Vivo tranquilo, de mi jubilación y pensión y del dinero que me ingresa por el alquiler de la quinta y un departamento en calle San Lorenzo”.

En su tiempo libre disfruta de mirar televisión. Comparte tiempo con su esposa y les gusta salir a caminar. La cercanía de su casa con el centro de la ciudad hace que siempre tengan alternativas para dar un paseo y sentirse bien.

Su futuro lo imagina tranquilo. Desea tener buena salud y se cuida de algunas dificultades que lo han obligado a ocuparse de sus piernas. En lo material anhela poder vender la quinta y comprar una propiedad que ya tiene en vista. Siempre en el barrio Acevedo, un lugar en el que le gusta vivir y una geografía de la que se siente parte.

Por lo demás desearía “hacer un viaje en barco” que quedó truncado con su viudez. No descarta poder hacerlo. “Eso me quedó pendiente, viajar más y conocer lugares. Aspiro a poder hacer algún viaje, todavía estoy a tiempo”, concluye.