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Durante la mañana de hoy se retomó el recorrido habitual de recolección de residuos domiciliarios para los miércoles. El Municipio solicita a la población se abstenga de circular por la zona del arroyo y puentes dado que obstruyen el trabajo del personal. El Municipio alerta a la población por el aumento del cauce del arroyo.

Pedro Lema: al volante de su emprendimiento comercial y de los sueños que fue cumpliendo

Pedro Lema, una vida viajando en el transporte de pasajeros. (LA OPINION) Pedro Lema, una vida viajando en el transporte de pasajeros. (LA OPINION)

Es chofer en un servicio de transporte privado de pasajeros que presta desde hace varios años haciendo viajes a Buenos Aires y comisiones. Le gusta manejar y ha conseguido ganar independencia, luego de haber trabajado para empresas de la ciudad. En su juventud fue jugador de fútbol y en su tiempo libre disfruta de la familia de la que está orgulloso.

Pedro Salvador Lema tiene 57 años y una larga trayectoria de vida. Nació en Pergamino, vivió en el barrio Acevedo, frente a la vieja quinta Merlino, un lugar que enmarca gran parte de sus recuerdos de la infancia. “Viví con mis padres y mis abuelos en Río de Janeiro y Paraguay”.

Hijo de Julio Argentino, fallecido, y María Emiliana Sánchez, de 77 años. Nieto de Zoila Pedraza, de 95 años. Tiene un hermano un año mayor, Julio Daniel, jubilado de la Policía.

De su infancia en el barrio Acevedo recuerda las travesuras con amigos. Les gustaba ir a la Quinta Merlino. “Como éramos del barrio nos dejaban entrar a cortar frutas, nos gustaba saltar el alambrado y sentarnos a comer naranjas y mandarinas. La alegría nuestra era jugar al fútbol dentro de la quinta que era un lugar lleno de frutales y animales de exposición”, recuerda.

Sus amigos eran de la Escuela Nº 4 y del barrio. Menciona entre ellos a Juan Nime, los González, Raúl Notta y tantos otros.

“Yo solo hice la escuela primaria y estando en séptimo grado ya estaba trabajando. A la mañana iba a la escuela y a la tarde trabajaba en una fábrica de sillas de Rubén Castellano. Allí hacía de todo, pintaba, me habían enseñado a tapizar, en esa época aprendí el oficio”, cuenta.

Trabajó durante siete u ocho años en ese lugar. Después la vida laboral la llevó por otros caminos.

A los 15 años comenzó a jugar al fútbol, estuvo en Lucini, a los 17 años llegó a primera división, en el puesto de 4 ó 5. Después tuvo la oportunidad de estar en Buenos Aires en la Escuela de César Menotti en la época en que ya era entrenador de la selección. “Estuve dos meses allí, de Pergamino fui con Mario D’Amore. Corría 1977, Menotti ya estaba en la selección, en el 78 Argentina salió campeón del mundo. La escuela la manejaba Ernesto Duchini, que era la mano derecha de Menotti. Fue una linda experiencia, pero me volví porque me cansé. Yo era joven y el régimen era bastante estricto y restrictivo. A mí me gustaba salir. Tomé la decisión de volverme”.

Su carrera deportiva siguió en Pergamino, donde jugó en varios clubes, entre ellos: Tráfico’s Old Boys, Compañía y Juventud. También jugó en Carabelas.

Fue futbolista hasta los 26 años. Siempre en el fútbol amateur. El principal saldo de esa experiencia son las amistades que cosechó en ese tiempo: el “Pequi” Mansilla, Víctor Hugo Díaz, Gustavo Marilao. Marcelo Cabello, Fernando Teco, Gerardo Devia, Jorge Bres y muchos más. “Dejé por la edad y porque comenzaba otra etapa de la vida en la que tenía que pensar en la familia”, señala y guarda las mejores vivencias de aquellos campeonatos.

Es hincha de Douglas Haig y de Independiente de Avellaneda. “No soy de ir a la cancha. Los sigo por televisión o por radio”.

 

La vida familiar

Pedro armó su familia. Vive en pareja con María del Luján Chemes, a quien conoció en su época de futbolista porque ella iba a la cancha. “Vivía en el barrio Cruce y nosotros del barrio Acevedo íbamos a Provincial a los torneos que se hacían ahí y así nos conocimos”. Desde hace 28 años viven en las torres “naranjas” de la zona del Cruce de Caminos.

Tienen un hijo: Claudio Lucas, de 30 años. “Nosotros comenzamos a convivir cuando nuestro hijo tenía tres  años y hemos compartido junto gran parte de la vida. Mi señora es enfermera de la Clínica Centro. Su hijo está en pareja con Romina Balmaceda. Es abuelo de Delfina, de 4 años. “Ella es la luz de mis ojos y la que me saca todo. La relación que uno tiene con los nietos es muy distinta a la que establece con los hijos. A los hijos uno tiene que educarlos y eso carga al vínculo de muchos límites y responsabilidad. En cambio a los nietos uno puede disfrutarlos a pleno de un modo mucho más libre que es hermoso”, señala en una consideración que lo emociona.

 

El oficio de viajar

“Mientras estuve soltero solo jugaba al fútbol y vivía con esa plata. Después trabajé durante cinco años en Casa Roma, un negocio que vendía artículos importados de Roberto Ceriotti. Después empecé a manejar. Trabajé en la primera agencia de remis de la ciudad, Remis Pergamino, después me fui a Stop. Me fui un tiempo, durante cinco años estuve dedicado a hacer comisiones con transporte pesado y de carga. Me cansé de viajar, volví a remis Stop y ahí el dueño comenzó con el mini bus de Rocar. Me convocó para que manejara; empecé y manejé las combi durante 12 años. 

“Yo le estoy muy agradecido a la gente de Rocar, me cambió la vida trabajar con ellos. Económicamente estaba conforme, en esa época en el remis no se ganaba nada, era estar muchas horas y no recibía lo suficiente. En cambio viajando con el mini bus empezó a rendirme más. Empecé a vivir de otra forma, más tranquilo”, señala.

Doce años después decidió abrir su propio microemprendimiento, en noviembre de 2011. Hoy se dedica a hacer viajes a Buenos Aires, trasladando pasajeros y haciendo comisiones en vehículos de cuatro personas. “Da más libertad, pero también supone una gran responsabilidad”, afirma y reconoce que la clientela le ha sido siempre muy fiel. Después de tantos años en Rocar los clientes ya no eran pasajeros, eran amigos. Y cuando Pedro decidió independizarse muchos lo siguieron. Cuenta en su cartera con 1.500 clientes. “Viajamos de lunes a lunes a Buenos Aires, con cuatro o cinco vehículos. Salimos en distintos horarios, según el itinerario que tenemos que hacer y logramos conformar un equipo de seis o siete personas que estamos ligados y trabajamos todos juntos”.

 

Su presente

Se está recuperando de una cirugía cardiovascular a la que se sometió en mayo. “A fin del año pasado empecé con problemas, el médico me dijo que era consecuencia del estrés, tuve que operarme en el servicio de Hemodinamia del Hospital, una institución a la que le estaré eternamente agradecido por cómo me atendieron”.

La marca de la cirugía en su pecho es testimonio de una de las experiencias de la vida más difíciles que le tocó atravesar. “Yo estaba tranquilo, iba todas las semanas a la consulta y allí me explicaban cómo me iban a operar a corazón abierto pero el día que entré al quirófano me parecía que no iba a salir más de ahí.

“Pensaba cuando me saquen el corazón cómo me lo van a poner de nuevo a funcionar”, confiesa. “Pero gracias a Dios a los dos días me habían sacado los drenajes y al tercer día ya estaba caminando. Aprendí a cuidarme de otra forma después de esa prueba y a ver la vida de otra manera.

“Le estoy muy agradecido a mi familia por el acompañamiento incondicional y a mis clientes porque todo lo que tengo es gracias a ellos”, remarca.

Aunque gran parte de sus días transcurre entre viaje y viaje, confiesa que Pergamino es un lugar en el que le gusta vivir. Yo no me iría nunca de esta ciudad. “A mí me gusta trabajar, pero a la noche me gusta estar en Pergamino. Cuando no viajo me gusta andar por la calle, hacer los trámites, ir a los talleres para mantener los vehículos, estar en contacto con la gente. Disfruto de las cosas sencillas, tomar mate, charlar y pasar tiempo con mi nieta, la disfruto mucho”.

 

Una prueba difícil

Se define como un hombre de fe y cuenta que una vez por año va a San Juan, a la Difunta Correa y a Buenos Aires al templo de San Expedito. Es devoto desde que le tocó atravesar por una experiencia difícil que relata casi sobre el final de la entrevista: “Trabajando en Rocar me llaman para hacer una comisión estando en Buenos Aires. Un cliente de la agencia que viajaba todas las semanas me pregunta si podía llevar una comisión de Buenos Aires a Pergamino. Le tomo el pedido, retiro una caja y la entrego en calle Dr. Alem, cuando la estoy dejando me sorprende la policía. Era un allanamiento. Estaban armados. Yo no sabía nada. Era droga. Quedé inmerso en una situación de la que no tenía ningún conocimiento. Se hizo la madrugada, me tomaron declaración, yo pensé que me iban a dejar ir a mi casa. Pero no, me llevaron a Dorrego y me dejaron una semana preso, hasta que el juez dictaminó que yo estaba trabajando y no tenía nada que ver. A partir de eso, mi señora le rezaba a la Difunta Correa y a San Expedito para que todo se resolviera pronto y desde entonces, vamos a rendirles tributo y agradecer. Son experiencias a las que uno se tiene que enfrentar y de las que uno aprende”.

No está arrepentido de nada de lo que hizo en la vida. “No me quedan asignaturas pendientes. Me imagino una vejez tranquila. Con mi nieta y el nieto que viene en camino. Todo lo que sueño tiene que ver con ellos”, concluye.