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María Jesús Scarfiello y Pablo Velardo: dos pergaminenses viviendo en Valencia

María Jesús y Pablo relataron su experiencia de vida en el exterior. (LA OPINION) María Jesús y Pablo relataron su experiencia de vida en el exterior. (LA OPINION)

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aría Jesús Scarfiello y Pablo Velardo son dos pergaminenses que desde hace varios años están radicados en el exterior. De visita a su ciudad natal, en una entrevista concedida para la sección “Pergaminenses lejos del pago” aceptaron el desafío de relatar las circunstancias que llevaron a ambos a la decisión de establecerse en otro país y también recordaron vivencias de este lugar al que siempre eligen volver para compartir con sus afectos más entrañables, esos que mantienen cerca a pesar de la distancia.

Pablo se fue al exterior en 2002, cuando Argentina estaba sumida en una profunda crisis. Su primer destino fue Irlanda, un lugar al que no logró adaptarse, hasta que llegó a España donde luego de recorrer se estableció en Valencia, una ciudad que lo sedujo por su geografía y por la calidad de vida que ofrece. Cuando se fue tenía 24 años. Hoy cuenta 39 y se siente establecido profesional y personalmente en el lugar que eligió.

María Jesús llegó un tiempo más tarde. Se conocieron en 2006 en los viajes que Pablo realizaba a Argentina, se pusieron de novios, sortearon la distancia de los primeros tiempos y finalmente, luego de una visita a Europa que ella realizó en 2007, cuando todavía era estudiante de fonoaudiología en Rosario, decidieron emprender la vida juntos. Ella realizó las gestiones para poner en orden sus papeles y poder estudiar en la Universidad y él la recibió en 2008, ya establecido en lo que es su actividad, el comercio exterior y el asesoramiento financiero. Por entonces María Jesús tenía 25 años. Hoy tiene 33 y sorteó la adaptación a una tierra que le dio la bienvenida con los brazos abiertos.

“Nosotros nos habíamos conocido en Pergamino. Decidí ir a recorrer Europa durante un mes y me quedé tres, estaba terminando mi carrera de fonoaudiología y no lograba adaptarme a la vida en Rosario, así que después de estar en España, llevé mis papeles y a los tres meses me llamaron de la Universidad para decirme que ya era alumna. Allí terminé mi carrera y enseguida gracias a que allá hay que convalidar las materias con la práctica, comencé a trabajar. Fue una experiencia muy provechosa”, relata María Jesús.

 

El tiempo de la adaptación

El camino de Pablo fue quizás el de mayor adaptación porque había llegado primero, en una época muy difícil en la que no había tantos argentinos en Valencia. Estudió Comercio Exterior y amplió sus estudios en España. Al principio trabajó en discotecas, hasta que consiguió armar una red de contención social y afectiva que le permitió abrirse camino en su profesión. En la actualidad se dedica al asesoramiento financiero y trabaja en una compañía que lleva productos de seguros para pequeñas y grandes empresas.

“Lo que me motivó a irme fue la época malísima que estaba viviendo Argentina y una necesidad de conocer el mundo y adquirir nuevas experiencias. Desde chico había tenido la idea de irme, tuve una posibilidad en Estados Unidos pero mi familia no me dejó porque por entonces era menor de edad”, señala Pablo y agrega: “Cuando ves un país que desmejora y que hay problemas que no te dejan crecer, siendo joven buscás la posibilidad de desarrollo en otro lugar. Cuando logré irme, recorrí y ves que hay países donde tenés que trabajar igual o más que en Argentina, pero que todo funciona y funciona estupendamente”.

Ambos aseguran que no es fácil el desarraigo, pero que si la decisión se toma con determinación y sobre la base de un proyecto de vida, se logran sortear las dificultades para salir adelante. “Hemos visto mucha gente que se ha vuelto porque no pudo soportar el desarraigo. A nosotros no nos pasó, creo que porque elegimos un país que nos abrió las puertas y porque logramos establecernos y consolidarnos cada uno en lo suyo”.

Lo profesional colaboró en la adaptación. También la red de relaciones afectivas que los ayudó a ganar sentido de pertenencia. “Cuando uno llega busca establecer relaciones, porque no conocés a nadie y si no empezás a vincularte con la gente a nivel social, es imposible adaptarte. Yo comencé a trabajar en discotecas, fui al club, jugué al fútbol en categorías inferiores y conocí a mucha gente. Hice muy buena amistad con empresarios del lugar y más de uno hoy son clientes míos. También conocí a algunos argentinos que estaban en Valencia y que desde el primer día me señalaron el camino”, refiere Pablo.

Para María Jesús la llegada fue diferente. Ya había un grupo de argentinos que estaban allí. Amigos con los que comparten tiempo y sienten como familia. “Pablo ya estaba establecido cuando yo llegué y eso lo hizo más sencillo para mí que siempre tuve un espíritu viajero”.

En la actualidad María Jesús trabaja como fonoaudióloga. “No me había recibido todavía cuando comencé a trabajar en el lugar en el que hacía las prácticas. Me dedicaba a hacer la rehabilitación auditiva de personas con implantes cocleares. Fui una afortunada. Me fui con una beca y con otra pude realizar mis estudios de posgrado”, cuenta María Jesús.

 

Las rutinas cotidianas

Viven en una ciudad en la que ambos trabajan mucho. Pablo comienza temprano su rutina en la oficina y trata de terminar a las 19:00, para cumplir con su tiempo de gimnasio. Intenta trabajar de lunes a jueves y a lo sumo lo hace también el viernes por la mañana para luego tener el fin de semana libre. María Jesús trabaja como fonoaudióloga extraescolar y tiene su propio gabinete de fonoaudiología desde hace un año.

Los fines de semana son muy variados y el estar en una ciudad con una geografía privilegiada hace que puedan tener a mano muchas opciones de esparcimiento. A veces viajan, otras se reúnen con amigos argentinos con los que participan en asados y largas tardes de charla y cultura compartida. “Somos cinco amigas con sus maridos e hijos que nos reunimos para compartir el asado, nosotras jugamos al padel, ellos algunas veces viajan. Ese grupo de pertenencia nos facilitó mucho el sentirnos como en casa, porque con los argentinos lo que se comparte es la misma cultura, es no tener que explicar un chiste y entender ciertos códigos”, menciona María Jesús, a lo que Pablo agrega que con el español se comparte el mismo idioma, pero las pautas culturales son distintas.

 

Siempre cerca

A la distancia y cada uno con su impronta, ambos mantienen una relación muy cercana con Pergamino. Ella viaja seguido y llama todos los días. Cualquier motivo es bueno, incluso pedir recetas de cocina. Su familia está integrada por su mamá Nancy, su papá Mingo, su hermana Paola y su abuela Nidia. “Ellos viajan cada vez que pueden, pero yo vengo todos los años y trato de estar para compartir los acontecimientos importantes de la vida de mis amigos de acá”.

Pablo no viaja tan seguido, pero mantiene con los suyos un contacto permanente, tanto con su familia, integrada por su mamá Zulma, su hermana Jésica, su cuñado Santiago y sus sobrinas: Luisina y Brunella. Su otro hermano, Juan, es cantante lírico y está desarrollando su carrera en Europa, lo que hace que también esté cerca. “La tecnología facilita mucho el poder sentirte cerca”, afirma y menciona que cada vez que viene es religión reunirse con sus amigos de siempre, un grupo de trece con los que en esta oportunidad compartió un viaje a San Martín de los Andes. “Cada vez que los veo es como si no me hubiera ido nunca”, asegura.

Cuando vienen a Pergamino, cada uno vive en su casa y se reúnen para compartir tiempo juntos. “Es un modo que encontramos”.

Coinciden en la sensación de sentirse “pergaminenses” y aunque se saben establecidos en otro lugar, aseguran con convicción que las raíces no se olvidan ni se abandonan nunca. “Cada vez que volvemos, volvemos a nuestra ciudad”, afirman.

Fantasean con la posibilidad de volver cuando estén retirados de la actividad laboral. Quizás porque es muy difícil pensar esta determinación antes cuando se vive en un lugar lleno de oportunidades que generosamente se brindaron ante ellos para que capitalizaran el esfuerzo del trabajo sostenido. “Me imagino volver cuando esté jubilado. De momento no porque ya tenemos nuestra vida armada allá y a nivel laboral es prácticamente imposible”, reconoce Pablo. Las ventajas de la experiencia están definidas por la calidad de vida que ofrece el vivir en un país desarrollado. “Hay muchas ventajas que van más allá de lo económico, hay una seguridad y a pesar de las crisis un concepto de estabilidad que es diferente. Allá el esfuerzo rinde sus frutos”.

 

ping pong 

 

PABLO

Una calle de Pergamino: San Nicolás.

Un maestro: Pedro Rossi, docente de Economía del Colegio Industrial.

Una fiesta inolvidable: las fiestas de la Sociedad Rural y los encuentros en la carpa de las colectividades. 

Un club: Douglas Haig, donde crecí y jugué al fútbol de chico. 

Una comida: milanesa con papas fritas. Y la carne argentina que tiene un sabor inigualable.

Una desventaja de vivir lejos: perderse lo cotidiano con los afectos. Aunque gracias a la tecnología siempre estamos cerca y compartiendo lo que nos pasa.

Una mirada sobre Pergamino: la vi un poco decaída. Quizás sea la época del año en la que vinimos o el contexto de Argentina en general.

 

MARIA JESUS

Una calle: Somoza.

Un maestro: Elena Cecci, maestra de séptimo grado de la Escuela Nº 62

Una fiesta inolvidable: las fiestas patrias en las que tomaba parte y los desfiles de colectividades.

Un Club: Sports.

Amigos: mis amigas de toda la vida. Vicky, la negra, la flaca, Elín, Paula, Naty, Jesi, Ana y Gise.

Una comida: el sándwich de miga. Allá no hay nada parecido.

Una desventaja de estar lejos: perder el contacto cotidiano con los afectos. Extrañar mucho en las navidades. Allá esa fecha se festeja en familia. Nosotros lo hacemos con amigos y siento siempre mucha nostalgia.

Una mirada de Pergamino: me encanta Pergamino. Siento que es mi ciudad y que me separan de ella apenas 12 horas de avión. Pero veo en su gente cierta incertidumbre, quizás sea por el contexto general.