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Ana Forte: una pergaminense con una rica experiencia de vida en el mundo

Ana Forte, una pergaminense solidaria en el mundo. (LA OPINION) Ana Forte, una pergaminense solidaria en el mundo. (LA OPINION)

DE LA REDACCION. Ana Beatriz Forte nació en Pergamino y desde hace varios años la vida la ha llevado a vivir en distintos países del mundo. Parte de su historia cobró trascendencia pública sobre fines del año pasado cuando desplegó una campaña para tender una mano a los refugiados sirios y servir de puente para que nuestra ciudad pudiera ayudarlos de una manera concreta y efectiva. En una visita realizada a Pergamino el Concejo Deliberante la reconoció por esa labor haciendo pública una acción que resulta un ejemplo, pero que también representa una manera de concebir la solidaridad y la entrega al otro. Detrás de ese gesto hay una mujer que ha hecho del compromiso social un baluarte y lo ha expresado en cada terruño que por cuestiones personales le tocó habitar.

Pero Ana Forte es más que la pergaminense que fue entrevistada por medios de distintas partes para describir esa historia. Es una mujer que tiene en su ADN la condición de pergaminense y que en el marco de sus días de descanso en estas tierras aceptó la propuesta de contar sus experiencias de vida en distintos lugares y brindar su testimonio para esta sección que reúne las historias de vecinos de esta ciudad que por alguna razón viven en el exterior.

La entrevista se desarrolló en casa de amigos que le abrieron la puerta a su descanso, días antes de las fiestas de fin de año. Allí contó que vivió en avenida Julio A. Roca, hoy Avenida de Mayo. Es hija de Raúl Forte, un conocido pediatra de nuestra ciudad y de Nora Forte “Baby”, ambos fallecidos.

“Mis padres eran de Rosario, cuando papá terminó su carrera de médico vino a hacer la residencia y se radicaron en Pergamino”.

Es la menor de tres hermanas mujeres: Mariela Beatriz, Susana Beatriz y Ana Beatriz. “Mi  mamá se llamaba Nora Beatriz y a papá le pareció que Beatriz debía ser nuestro segundo nombre”, refiere mientras recuerda las vivencias de su infancia y adolescencia. “Pasé gran parte de mi vida aquí, en la Ciudad de Deportiva, aquí tengo mis raíces y es el lugar al que vuelvo cuando regreso”.

Vivió en Pergamino hasta que terminó el colegio secundario. Estudió en el Normal. Luego se fue a Buenos Aires con sus hermanas. Estudió Biología durante tres años y luego administración hotelera.

“Creo que cambié de rumbo porque no me imaginaba mi vida en un laboratorio y me veía más capacitada para la parte social, las relaciones humanas, me gustaban mucho los idiomas y me gustaba viajar”.

En Argentina se casó y por cuestiones laborales de su marido en 2000 se establecieron en Escocia, en lo que significó el primer eslabón de un largo periplo. Su esposo es geólogo y su trabajo lo va llevando por distintos países del mundo.

“Nuestra idea siempre había sido viajar, nuestro plan era irnos diez o quince años, hacer una experiencia, recorrer un poco el mundo y después volver. Es decir que partir rumbo a Escocia fue una decisión tomada de común acuerdo. Allí estuvimos cuatro años y para mí fue una oportunidad que viví en cierto modo como una aventura, me permitió perfeccionar el idioma y tomar contacto con esa experiencia”, relata. 

“Para mí nunca fue un problema adaptarme a nuevas culturas y a otras realidades”, asegura. La vida más tarde la llevó por Holanda, Malasia, China y actualmente vive en Hungría.

Reconoce que el no haber tenido hijos de algún modo facilitó el hecho de poder establecerse en diversas partes del mundo y refiere que para tomar la decisión de una nueva mudanza siempre evalúan todas las posibilidades y tienen muy en cuenta el destino y la cultura de ese lugar.

“Siempre me atrajo el adaptarme a nuevas experiencias, descubrir que mi realidad no es la misma de otros y que mi verdad no es la misma que la de los demás”, asegura y reconoce que la experiencia de ser una ciudadana del mundo le ha permitido desarrollar aún más la tolerancia. “He tenido la posibilidad de convivir con culturas musulmanas, hinduistas, budistas y tomar contacto con religiones y culturas diversas”.

 

En China

Expresa convencida que China fue el lugar donde más se enriqueció personalmente y recuerda ese tiempo como “una experiencia fantástica”. Allí estuvieron tres años y asegura que se acercó muchísimo a la cultura y a la comunidad.

“Nunca sentí un shock cultural, veníamos de vivir en Malasia donde hay tres grupos étnicos: el malayo que es mayoría musulmana; el chino que es bastante importante; y el indio y todos conviven. Ya estábamos expuestos y cuando llegamos a Beijin fue muy fácil”, agrega y cuenta que ya había comenzado a estudiar mandarín para superar lo barrera idiomática que es importante. “Desde el punto de vista del idioma somos totalmente distintos, pero culturalmente en muchos aspectos somos parecidos porque parecen latinos, son amigueros, gritones, hablan todos juntos y se tocan, algo que no sucede en general en otros países sobre todo en Europa”.

 

En Hungría

Luego de la experiencia en China y con la idea de tomarse un descanso con su esposo, se fueron a Europa y estando allá surgió la propuesta laboral para radicarse en Hungría. “A mi esposo le interesaba, yo estaba con algunas dudas porque el ofrecimiento llegó en un momento en el que tenía deseos de venir más tiempo a Argentina. Finalmente aceptamos y fue la adaptación que me costó más”. 

Allí se encontró de cerca con la problemática de los migrantes sirios y ayudarlos fue una manera personal de volver a establecer a la distancia un vínculo fuerte con Pergamino. “Hace unos meses que estamos allá y la verdad es que la cruzada solidaria que pusimos en marcha con la comunidad sirio libanesa de Pergamino contribuyó mucho a mi adaptación y al mismo tiempo me permitió cumplir de algún modo con el deseo de estar cerca de Pergamino”, confiesa.

 

Un gran aprendizaje

Señala que para cualquier persona vivenciar tan de cerca lo que sucede con gente que huye de una situación de violencia extrema modifica la escala de valores. “Estas experiencias te enfrentan a cosas que confirman que somos privilegiados desde que nos levantamos hasta que nos vamos a dormir y que tenemos que ser agradecidos”.

Lo que le produjo ver tan de cerca esa realidad de los migrantes le generó en principio una gran importancia y el interrogante de saber qué hicimos los seres humanos para llegar al horror en el que estamos viviendo. “Todo ese te hace más generoso y más humano y esta experiencia a mí me ayudó a abrir la cabeza”.

En cada lugar en el que está, alentada por su profunda vocación de ayudar, siempre buscó el modo de tender una mano. “En otros países hay comedores, ollas populares, organizaciones y grupos que trabajan voluntariamente ayudando a otros. Siempre tomé ese camino y me acerqué siempre que pude para encontrar esos espacios que me permitieran colaborar”.
Esa predisposición fue la que la motivó a comprometerse con la problemática de los refugiados. “Mi esposo encontró por Internet un grupo que brindaba ayuda y llegué hasta un lugar en el que estaban preparando comida para refugiados, muy cerca de la estación del tren. También fui a la estación, fui al supermercado compré cereales y me puse en contacto con esa realidad. Después surgió lo de la comisión de Sirio Libanés que quiso ayudar, no sabían cómo hacer y yo estaba allí, así que serví de intermediaria en esa tarea”.

Esa energía desplegada de algún modo también la acercó nuevamente a Pergamino. “Desde que fallecieron mis padres se hizo más complejo volver y todo esto de algún modo me ha acercado. Fue una posibilidad de volver a casa y a mi tierra. Cuando vengo visito amigos incondicionales que son como familia y siento que Sirio sigue siendo mi lugar porque aquí me crié y conozco a mucha gente”.
Cuando lo refiere la charla la lleva por los recuerdos de la niñez y de la adolescencia y por vínculos que perduran a pesar del tiempo y la distancia.

“Tengo mucha gente querida del deporte, yo hacía natación y hockey, iba al Colegio Normal y pasé gran parte de mi vida en el Club Sirio”, describe y menciona que cuando el Concejo Deliberante la reconoció por su tarea la emocionó ver en el público a Susana Sprovieri, su maestra de cuarto grado a la que adora. “Recree recuerdos de una infancia segura y feliz”.

 

Su proyecto de vida

Con sinceridad afirma que hasta hacía unos meses no veía ninguna posibilidad de volver a Pergamino. Hoy en cierto modo esa percepción ha cambiado. Igualmente asume ser “una ciudadana del mundo”. Vive en él y le gusta la experiencia de encontrarse siempre con lo nuevo. Eso la ha vuelto muy abierta y tolerante. Reconoce que nunca optó por vincularse solo con argentinos porque considera que eso hubiera significado su adaptación a cada lugar en el que le tocó vivir. “Tengo muchos amigos argentinos que hice en otros países y estoy en contacto con ellos, pero nunca me interesó la peña de argentinos. Siempre dije que la vida de expatriados no es para todo el mundo, hay que tener un temple especial y una visión. Si te interesa el mundo, el desafío es adaptarte”.

Inmersa en una vida que le gusta y dueña de poder sostener a la distancia los vínculos entrañables, sabe que cuando “haces esta vida es difícil pensar en un único lugar para establecerse y se necesita de cierto desapego para adaptarse”, concluye aportando su visión de la comunidad: “Para mí formar parte de la comunidad es establecer lazos y es lo que he hecho en cada lugar en el que viví.  Es una manera de recrear mi mini comunidad en cada experiencia”. 

 

 

ping pong 

 

Un Club: Sirio Libanés.

Una calle: Avenida Roca, hoy Avenida de Mayo

Un pergaminense: mi profesor de hockey.

Un maestro: Susana Sprovieri.

Un lugar: Corchos.

Una ventaja de vivir lejos del pago: abrir el horizonte.

Una desventaja: ninguna, porque todo suma y poder volver siempre es posible.

Cuál es el pago de uno: Pergamino, es mi referente.

Cómo imagina la vejez: en un campo, en la naturaleza, escuchando el canto de los pájaros

Un aprendizaje de la experiencia con los refugiados sirios: que a todos nos puede pasar, que tenemos que ser amables y ponernos en el lugar del otro.

Cómo imagina la resolución de este problema en Siria: 

No será fácil. Creo que la clave está en la tolerancia. No sé si aprenderemos los seres humanos algún día, pero la esperanza no la pierdo.