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Alejandro Gloriani: pergaminense y bioingeniero, formándose en el mundo

Gloriani es bioingeniero especializado en las ciencias de la visión. (ALEJANDRO GLORIANI) Gloriani es bioingeniero especializado en las ciencias de la visión. (ALEJANDRO GLORIANI)

Alejandro Gloriani se fue de Argentina en 2011 para formarse como investigador en el campo de las ciencias de la visión

de la redaccion.  Alejandro Hernán Gloriani se fue de Argentina en 2011, aunque de Pergamino lo había hecho en 2002 para iniciar sus estudios universitarios. Vive en Valladolid, España, a unos 180 kilómetros de Madrid. Es investigador científico en el campo de las ciencias de la visión y actualmente está finalizando su doctorado.

Tiene muchos y muy buenos recuerdos de su vida en Pergamino “Ha sido mi hogar durante gran parte de mi vida y lo sigue siendo, así como también los son aquellos lugares donde he vivido cosas importantes de mi vida”, afirma y recuerda que aquí fue donde nació, creció, jugó y pasó su infancia y adolescencia. “Allí está mi familia y gran parte de mi historia, por lo que siempre lo llevo en el corazón”, agrega.

Su vocación por la bioingeniería surgió tempranamente. Lo mismo que su interés por los temas médicos: “Siempre me interesó la medicina pero, al mismo tiempo, la ingeniería. Cuando tenía 15 años me empezó a picar el ‘bichito’ de qué estudiar cuando terminara el secundario y un día, leyendo una revista, me encontré por casualidad con una nota sobre la carrera de bioingeniería. Charlando en ese tiempo con una amiga de Ramallo, Carla que ahora es mi esposa,  me contó que había averiguado sobre esa carrera y que tenía información que le habían enviado desde la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Entre Ríos, me pasó la información y dije: ‘Esto es lo que quiero estudiar’. En  2001 terminé el secundario y, en plena crisis, me fui a vivir a Oro Verde, mi segundo hogar. Al final, Carla estudió Biotecnología en Rosario y yo Bioingeniería en Entre Ríos”.

La idea de hacer una experiencia de perfeccionamiento en el exterior le atrajo. “Unos meses antes de terminar mi proyecto final y recibirme de bioingeniero, me presenté a una beca de postgrado enmarcada en un programa internacional conformado por universidades argentinas y europeas. Me puse en contacto con un grupo de investigación de la Universidad de Valladolid en España, envié los papeles y tuve el privilegio de ser uno de los elegidos. 

“La decisión de irme no fue fácil, mi novia no podía acompañarme porque estaba haciendo su doctorado en Argentina, y me iba solo, a 12.000 kilómetros de Argentina”, confiesa. 

Su formación lo fue llevando por distintos lugares del mundo. “El año pasado realicé una estancia de investigación de tres meses en la Queenland University of Technology (QUT) en Brisbane, Australia”, cuenta y asegura que la experiencia fue muy buena.

“También he participado en congresos en Japón, Inglaterra, Italia y he tenido la suerte de visitar países como Grecia, Francia, Portugal  y Suiza entre otros”, agrega. 

“Creo que viajar y compartir con personas de diferentes lugares es una de las experiencias más enriquecedoras en esta vida, hacer amigos de diferentes rincones del mundo, con diferentes culturas y religiones. Al final uno se da cuenta de que las cosas que nos unen son muchas más que las que nos separan, y aunque no lo parezca, el mundo es un pañuelo”.

Reconoce que tiene facilidad para adaptarse a los cambios. Y se define como una persona optimista y alegre. “La adaptación a la vida en el mundo se fue dando de manera natural, haciendo amigos y tratando de ser feliz cada día. 

“He vivido con gente de Argentina, México, Guatemala, Australia, Arabia Saudí, Tailandia y Armenia. De todos he aprendido algo y siguen siendo muy buenos amigos”, sostiene. 

“Hoy por hoy, después de 12 años de noviazgo a la distancia, seis meses de casados pero con un océano de por medio y seis meses juntos pero compartiendo departamento con otros amigos, desde hace un año y medio estamos viviendo juntos y solos con Carla, mi esposa”, relata feliz.

 

Sus rutinas donde vive

Describe a Valladolid como una ciudad de unos 350.000 habitantes, con mucha actividad cultural, muy linda para vivir. Alejandro va a la facultad todos los días en bicicleta. Dependiendo del día tiene que hacer medidas en el laboratorio, escribir su tesis doctoral o trabajar en algún artículo científico relacionado. También es tutor de trabajos finales de grado de alumnos de la carrera de Optica y Optometría.  

Algunos días, luego de la facultad, va a aprender idiomas, hace un poco de ejercicio, aprovecha para nadar o practicar deporte con amigos. “Siempre que podemos, sobre todo los fines de semana, vamos de tapas con amigos o a algún evento. La gente en España sale mucho, hay cultura de bar y mucha vida social, por eso la adaptación es sencilla, no solo por el idioma, sino también por la forma de ser”, refiere.

 

Sus logros

Cuando la pregunta lo lleva a reflexionar sobre los logros obtenidos fuera del país, enumera los que tienen que ver con su desarrollo profesional: “El primer logro fue haber obtenido una beca para hacer un doctorado en Europa. El segundo hacer un máster interuniversitario con profesores e investigadores muy reconocidos en el campo de las ciencias de la visión. Luego, obtener un contrato de investigador predoctoral en la Universidad de Valladolid. Posteriormente, haber realizado la  estancia de investigación en  Australia, en uno de los principales grupos de investigación en mi campo de investigación. Finalmente, lo que enmarcará a los logros anteriores será poder finalizar mi doctorado”.

Considera que las actividades que desarrolla en el exterior podría hacerlas de igual modo en nuestro país y comenta que de hecho algunas líneas de investigación se llevan adelante también en Argentina. “Allí tenemos muy buenas universidades, hay muy buenos profesionales y científicos y, en los últimos años, se ha invertido mucho en ciencia y tecnología. 

“Una diferencia es, quizás, que acá y en otros lugares hay más facilidades a la hora de comprar equipamiento e insumos, necesitás algo, lo pedís y en un par de días ya lo tenés; allá, por diferentes razones, se manejan otros plazos. Sin embargo, en todos lados hay problemas, muy diferentes, pero los hay. En España, por la crisis, hubo recortes en diversas áreas y mucha gente joven se está yendo a otros países”. 

 

Cerca de casa

Confiesa que a la distancia se mantienen muchas cosas que lo vinculan a sus valores y a sus afectos. “Estando lejos todos los fines de semana te dan ganas de comer un asado, no solo por la carne sino por el hecho de reunirse con la familia y los amigos. Cosas que por ahí no hacías a diario acá te dan ganas de hacerlas, por ejemplo, comer alfajores, dulce de leche, facturas y bizcochitos”.

“El mate es una de las cosas más lindas. Yo tomo mucho mate, todos los días, en la facultad, en casa, y siempre que viajo, encontrar a alguien tomando mate es una experiencia maravillosa. Es como un imán, cualquier argentino que ande por ahí se acerca a pedir uno y a charlar un rato”.

Desde lejos lo que más se extraña es la familia y los bizcochitos Reverter que allí no se consiguen.

 

El pago

Como tantos pergaminenses que están lejos, considera que el pago es ese lugar donde, por las cosas vividas y compartidas uno desea estar. “Lo que hace especial un lugar son las cosas vividas y esos lugares pueden ser varios.

“En mi caso son varios los lugares que siento como pago, pero hay un sentir mayor que aúna todos, Argentina. Cuando vivís fuera de tu país te cambia la noción de pago y, en mi caso, siento que mi pago es Argentina”.

En coincidencia con esta apreciación, confiesa su idea de volver a Argentina y si se puede a Pergamino. “De todos modos en la ecuación hay varios factores y el peso de cada uno va variando con el tiempo porque uno también va cambiando. 

“Yo me fui de Pergamino para estudiar, para seguir creciendo, para vivir nuevas experiencias, pero con la idea de en algún momento volver. No sé si se dará, de todos modos lo interesante es ir disfrutando del camino que uno va recorriendo, compartiendo con las personas que va encontrando e ir aprendiendo”, agrega y reconoce que su principal proyecto de vida es “ser feliz”. 

“Me encantaría poder ayudar a los demás con algo de todo lo que he aprendido, aportar mi granito de arena. También tener hijos, poder jugar con ellos, compartir con la familia y los amigos y disfrutar tranquilo de las cosas sencillas de la vida, que son las que realmente importan”, concluye en un relato esperanzador respecto de la posibilidad de tomar decisiones que le permitan seguir cumpliendo sus sueños.

 

ping pong 

 

La familia: mi esposa: Carla González (de Ramallo). Mis padres: Hugo Gloriani y Cristina Curia; mi  hermano: Hugo David Gloriani, mi cuñada: Eugenia Benítez y mi sobrino: Vicente Gloriani. También mis abuelas, tíos y primos.

Una escuela de Pergamino: Escuela Nº 2 y Eest Nº 1 Bartolomé Mitre (ExIndustrial).

Un club: Juventud.

Un maestro: La vida. 

Una fiesta inolvidable: Mi casamiento y la maratón de festejos itinerantes. 

Un lugar de Pergamino: El Arroyo y su terraplén.

Una canción: Para musicalizar esta nota Infancia, del Chango Spasiuk. 

Un amigo: Guillermo Marro

Un recuerdo: La época de los cumpleaños de 15.

Un pergaminense: Arturo Illia.

Una calle: Larrea.

Un mensaje para Pergamino: Que valoremos todo lo bueno que tiene nuestra ciudad, que es muchísimo, y que, siempre con alegría, sigamos luchando por ser cada día mejores personas.

Una ventaja de estar en otro país: Crecer como persona. Salir afuera, no necesariamente del país, sino de la “zona de confort” te hace crecer, te cambia la perspectiva y uno valora más otras cosas, tanto de su lugar de origen como del lugar adonde está. 

Una desventaja de vivir lejos del pago: Los abrazos con los seres queridos. Si bien ahora la tecnología facilita mucho las cosas, a la hora de compartir las tristezas y alegrías, tanto de aquí como de allá, la necesidad de abrazar a la familia o los amigos, o de que ellos te abracen, y no poder hacerlo es lo más duro de estar lejos.