Avances:
El Ministerio de Salud bonaerense enviará a Pergamino un helicóptero sanitario y dos vehículos todo terreno con médico y enfermero para atender emergencias en zonas anegadas. En la zona hay varias rutas cortadas, entre ellas la Nº 188, 9, 8 y 51, todas por agua en la calzada. Una buena parte de la ciudad está sin energía eléctrica por el ingreso de agua a los domicilios. Zonas no inundas también son alcanzadas por los cortes preventivos.

Venezuela, agobiada por una oposición ineficaz y los intereses geopolíticos rusos

El secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática de Venezuela, Jesús “Chúo” Torrealba, reconoció que la alianza opositora falló en no haber logrado la salida de Nicolás Maduro en 2016, como se lo había propuesto desde un principio, por lo que propuso redefinir la estrategia de la oposición para 2017.

Autocrítico con él mismo y sus colegas, Torrealba admitió que “el coraje del pueblo estuvo muy por encima de la dirigencia opositora, eso hay que reconocerlo con mucha humildad (…) el pueblo opositor estuvo muy por encima” de los líderes de la alternativa democrática.

Hablábamos días pasados en esta misma página del rol de los dirigentes sociales en Argentina, de cómo se salen de carril en cuanto a lo que de ellos se espera. De lo que espera la sociedad en general, y especialmente aquellos cuyas voces no son escuchadas por lo que descansan en estas figuras como canales de comunicación  con el Estado burocrático, muchas veces inaccesible.

Cuando los dirigentes no cumplen su tarea o la distorsionan, sucede lo que aquí con la violencia que se suscita en cada protesta, o lo que en Venezuela, donde según admite Torrealba, las bases lograron más que los líderes. Quizás porque es en las bases donde se viven los conflictos en carne y hueso, mientras que en otras esferas los problemas de la gente se debaten en escritorios y condimentados con intereses personales y políticos.   

En el caso de Maduro, su “democradura” y la crisis económica que no logra encaminar, solo el diálogo puede procurar una salida airosa, pacífica y democrática. Esas negociaciones no están al alcance de la gente que camina las calles sino de quienes ejercen la representación. Y para desilusión de esa gran parte de la población que quiere dar vuelta la página pero de la manera correcta, no arrancándola, la oposición no logró superar la ruptura del hilo constitucional con la suspensión del referéndum revocatorio ordenada por el mandatario a través del Tribunal Supremo de Justicia. Apenas algunas liberaciones de presos políticos a cuentagotas como la que se produjo en la madrugada del último día de 2016, cuando las autoridades pusieron en libertad a siete presos: al exgobernador del Zulia, Manuel Rosales; al editor de Sexto Poder, Leocenis García, y a un grupo de jóvenes que habían sido detenidos durante protestas en 2014. ¡Qué paradojas extremas! En nuestro país no vemos que ningún violento vaya preso cuando el daño lo produce en medio de una manifestación, porque se aduce que está ejerciendo su derecho a expresión que, parece, está por encima de la protección de la vida, mientras que en Venezuela, solo por expresarse un periodista y varios jóvenes llevaban dos años privados de su libertad sin que nadie pudiera sacarlos de allí. Torrealba saludó la puesta en libertad del grupo detenido pero recordó que todavía quedan más de 126 presos políticos en cautiverio injustamente. 

El dirigente de la oposición admitió que no se lograron los objetivos por la dispersión de la lucha  y bregó porque en 2017 el interés de la mayoría, que quiere cambio positivo y en paz, esté por encima de las agendas particulares, que si bien pueden ser legítimas son extemporáneas.

En este punto, las similitudes con Argentina son muchas. La falta de definición de intereses que no sean transables y que siempre vayan por delante de las posiciones en las negociaciones es la gran carencia también de nuestra dirigencia política y social. Pero esto en parte se debe a que nosotros mismos, todos los argentinos, no sabemos qué es lo que queremos como país. Queremos salir del déficit pero no asumimos el costo, queremos orden en las calles pero nos quejamos del rigor de la ley. 

Entre las novedades de las últimas horas en el país caribeño, se conoció que el presidente Nicolás Maduro realizó una importante compra de equipamiento armamentista a Rusia. Esto por un lado enfureció al pueblo, que padece la miseria de un Estado quebrado, por el gasto en el que se incurrió. Por otro, sembró de interrogantes en los países vecinos, especialmente en Colombia. 

En realidad, más que la intención de Maduro de comprar armas lo que se percibe en este acto es el interés de Vladimir Putin por colocar armas en la región.

Aunque la Guerra Fría se dio por concluida en 1992, las estrategias de las grandes potencias, Estados Unidos y Rusia, sigue siendo la misma: prepotearse fue de sus dominios, valiéndose de países económicamente inestables y democráticamente débiles. En este contexto, fogonear variantes de comunismo en América Latina es parte del plan ruso. Solo para molestar y desgastar Estados Unidos. Del mismo modo operan en Oriente Medio. 

Pero lo cierto finalmente es que cuando Rusia (como es el caso que nos ocupa) o Estados Unidos hacen pie en un país con su equipamiento armamentístico es por mera estrategia geopolítica, siguiendo sus propios intereses y no los de la nación en cuestión.

Para entender el laberinto por el que atraviesa Venezuela y cuál es el rol de Rusia es preciso escudriñar las raíces del comunismo sembradas con éxito por Fidel Castro y sus acólitos con el triunfo de la Revolución Cubana en 1959. 

Con la caída de la Unión Soviética, se vislumbró la agonía del régimen cubano. Sin embargo, la llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela en 1998 le daría un nuevo aire al castrismo. Chávez fue una hechura de Fidel Castro; el venezolano era intelectualmente débil y sus constantes conversaciones en Cuba, desde 1994, lo volcaron hacia el marxismo-leninismo.

Tras haber fracasado por las armas en 1992, con un discurso mucho más elevado y el respaldo de Rusia y un Fidel todavía fuerte, Chávez llega al poder por las urnas. La ecuación para el éxito era: petrodólares, alianza política con Cuba y asesoramiento de Moscú, especialmente de la KGB.

En síntesis, sin lucha guerrillera pero el mismo modelo. Esa fue la estrategia de Castro para Chávez.  Una vez en el poder llegaría todo lo necesario para sostenerse: reformas de la Constitución, toma del Poder Judicial y paulatina sustitución de la burguesía económica por una burguesía militar y burocrática, con todos dependientes y adictos al Estado.

Los petrodólares disminuyeron, el Estado burocrático se hizo inmenso, la producción privada fue eliminada o emigró y así llegamos hoy en Venezuela, donde persisten las ideas pero apareció el hambre. Claro que Maduro, Cabello y todos en el gobierno preferirían que no pasara, pero tampoco les quita el sueño. Es el precio para el logro de sus objetivos.

Lo que Venezuela vive es un comunismo y lamentablemente al comunismo no lo saca solamente la voluntad popular. El comunismo se ha caído en distintos lugares como consecuencia de una crisis en la cúpula del poder y en este caso, Rusia será parte. Como lo fue en la gesta.