Avances:
El Ministerio de Salud bonaerense enviará a Pergamino un helicóptero sanitario y dos vehículos todo terreno con médico y enfermero para atender emergencias en zonas anegadas. En la zona hay varias rutas cortadas, entre ellas la Nº 188, 9, 8 y 51, todas por agua en la calzada. Una buena parte de la ciudad está sin energía eléctrica por el ingreso de agua a los domicilios. Zonas no inundas también son alcanzadas por los cortes preventivos.

Un poco de empatía con los inundados

Según la Real Academia Española, la empatía es el sentimiento de identificación con algo o alguien. Una segunda acepción refiere a la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos.

Sabemos entonces que la empatía es la capacidad para ponerse en el lugar del otro y saber lo que siente o incluso lo que puede estar pensando.

¿Usted se inundó?, ¿sufrió, aunque sea una vez en su vida, un robo?, ¿perdió su casa en un incendio? Si vivió en carne propia alguna de estas situaciones le habrá dolido en el alma que nadie se compadeciera de su estado o, al contrario, se habrá emocionado hasta las lágrimas cuando alguien se acercó para darle una mano.

Cuando vemos largas colas de inundados esperando bajo el sol para obtener su Certificado de Inundación no podemos pensar en otra cosa que en la empatía. ¿Algún funcionario del Municipio pensó en algún momento que 13.000 personas afectadas por el fenómeno climático querrían realizar el trámite para obtener dicho papel? Si es así, no parece. ¿Es posible que el Estado pergaminense dispusiera de solo una boca de atención en toda la ciudad para que esa cantidad de inundados puedan conseguir el documento que acredita que perdieron algo, mucho o todo? Sí, es posible.

Resulta inconcebible, es dantesco ver a un inundado esperando horas bajo el sol para obtener el certificado que acredita su condición: “Venga a esta dirección, disponga de su tiempo (de trabajo, con su familia, etcétera), calcínese bajo el sol, mójese cuando llueva y retire un papel que reza que usted sufrió pérdidas materiales”, le dice el Estado municipal al inundado. Y vale subrayar con marcador fluorescente: son inundados, no personas esperando un documento que acredite su condición; por formar esa fila ya adquieren ese estado.

¿Había soluciones mejores? Tal vez desde este espacio aportamos algunas sugerencias y sumamos otras que hemos escuchado de los inundados, no de la gente ni de los pergaminenses, de los inundados: podrían abrir más bocas de expendio en otros puntos de la ciudad para realizar el trámite; podría haberse dispuesto un espacio alternativo, como un club, con más capacidad para recibir las solicitudes y más empleados para emitir el dichoso papel; trabajadores del Estado municipal podrían haber ido casa por casa (en las zonas afectadas, por supuesto) llevando el Certificado; podrían enviar vía correo postal el Certificado a los afectados mediante telegrama o adjuntarlo con el Servicio Sanitario (agua y cloaca) o con el Servicio de Limpieza y Conservación de la Vía Pública (recolección de basura y barrido de calles).

Cuatro opciones para descomprimir la impaciencia de los inundados. Cuatro alternativas para devolverles algo de la dignidad que arrastró el agua. Cuatro soluciones para no hacerles perder más tiempo: ¿no saben acaso el tiempo que les demandó limpiar sus casas, tirar recuerdos a la calle y reacondicionar los hogares?

Cuatro alternativas que podrían servir también para aliviar el cansancio de los empleados municipales que -hay que decirlo- desde que este fenómeno afectó profundamente a Pergamino se arremangaron los pantalones, se metieron al agua y en muchísimos casos estuvieron colaborando largas horas sin descanso alguno. Aplausos desde este espacio para esas personas que estuvieron junto a los inundados, cuando el lunes 26 de diciembre estaba decretado el asueto municipal.

Fue un pensamiento muy corto por parte de quienes pergeñaron este operativo de entrega de Certificados el suponer que los estimados 13.000 damnificados irían prolija y espaciadamente a realizar el trámite a lo largo de varios días. Es una subestimación muy grande al dolor y la desesperación. Lo lógico hubiera sido disponer todo como si los 13.000 inundados fueran a ir el primer día porque en este estado de crisis, la gente, en general, no piensa en frío sino todo lo contrario. Y si le dicen que hay que ir, va. Por eso había que estar preparado para un máximo, que luego, paulatina y naturalmente se iba a ir reduciendo. 

Cuando hubo que realizar un balance de lo ocurrido con la inundación del 25 de diciembre pasado, los periodistas le preguntaron al intendente de Pergamino, Javier Martínez, si, teniendo en cuenta las situaciones que se fueron generando, estaba en análisis del Municipio la profesionalización de las áreas de emergencia, a lo que el titular del Ejecutivo respondió: “Seguramente nos abocaremos a este tema que consideramos importante para Pergamino”.

Profesionales, eso es lo que necesita una situación de emergencia como la vivida hace pocos días, alguien que piense y actúe en frío y con cordura ante aquellas personas que tienen la mente bloqueada por transitar una durísima situación.

Ese lunes nadie dijo levanten los muebles, agarren sus objetos personales y dejen sus hogares. Nadie dio el alerta. Nadie pensó en frío. Ahora bajó el agua y parece que tampoco nadie piensa en frío.

Nada justifica la inoperancia, ya sea de un periodista, de un carnicero, de un cirujano, de un carpintero, de un empleado público, de un concejal, de un intendente, de un gobernador o de un presidente. No hay excusas ni palabras que decir ante la angustia de un inundado.

Es muy duro perder objetos materiales fruto de una catástrofe como la vivida días atrás pero se recuperan con trabajo y esfuerzo. Pero más duro es sentir la falta de empatía del otro.

Desde el Municipio estimaron que se extenderá por al menos tres semanas más el trámite para retirar el Certificado de Inundación: ojalá alguna mente inquieta y brillante tenga una idea fresca para reducir ese tiempo.