Avances:
El Ministerio de Salud bonaerense enviará a Pergamino un helicóptero sanitario y dos vehículos todo terreno con médico y enfermero para atender emergencias en zonas anegadas. En la zona hay varias rutas cortadas, entre ellas la Nº 188, 9, 8 y 51, todas por agua en la calzada. Una buena parte de la ciudad está sin energía eléctrica por el ingreso de agua a los domicilios. Zonas no inundas también son alcanzadas por los cortes preventivos.

Manteros: mafias detrás de una actividad que genera competencia desleal

Ayer la Ciudad de Buenos Aires amaneció con otro conflicto entre las fuerzas de seguridad y los vendedores callejeros informales, denominados manteros, en lo que fue una batalla campal en el barrio de Once.

La decisión de las autoridades porteñas, empujadas por el Gobierno nacional, es la de desarticular este tipo de actividades informales que perjudican al comercio convencional de una manera muy evidente, porque en la misma vereda de un negocio que tributa todos los impuestos se monta un puesto clandestino que vende tal vez la misma mercancía a un precio inferior. 

Esa competencia desleal es el eje del problema. Y qué hacer con los manteros es el otro problema que parece no tener salida, porque las alternativas que se les ofrecen no satisfacen las expectativas de estos vendedores callejeros que saben que sus mejores oportunidades están por donde la gente camina, y no en sectores puntuales como ferias o plazas hacia donde los potenciales clientes tienen que dirigirse para efectuar una compra.

Para entender el problema particular de los manteros se debe partir de un paradigma complejo.

Un primer análisis es que el vendedor callejero está en un mercado laboral en negro; segundo, en esa informalidad van creándose nichos concentradores de mercaderías como las llamadas saladitas que tienen la oferta para un segmento de clientes con demandas a bajo precio, y el tercer análisis del fenómeno es el impacto de la economía en negro argentina que golpea al fisco.

La informalidad laboral en el país está en el orden del 40 por ciento y dentro de ese grupo están los denominados manteros.

Parte del perfil de la informalidad laboral argentina tiene un espacio urbano, la calle. Sus operadores en la vía pública están sospechados de comercializar mercadería robada, de evasión fiscal y eso implica también el trabajo esclavo, talleres clandestinos, trata de personas, contrabando, corrupción y falsificación de marcas, entre otros hechos ilícitos. Es decir que detrás de los puestos callejeros hay verdaderas organizaciones marginales que hacen negocios fastuosos aprovechando la necesidad laboral de mucha gente que se ve obligada a ingresar a ese circuito.

El paradigma que incluya las variables posibles del fenómeno podrá analizarse desde lo urbano, económico, político y jurídico, además desde lo administrativo y la seguridad pública. Con esa mirada abierta podrá el Estado formular una política pública para tremenda complejidad que es hasta cultural.

El principal obstáculo que existe para abordar los otros problemas del “negocio” callejero es la economía subterránea, ya que alimenta con lucro la supervivencia de este tipo de comercio. Los operadores subterráneos se multiplican porque la economía en negro los fomenta. Es evidente ahí un círculo vicioso.

En diciembre de 2016 se identificaron en la zona de Once a 1882 manteros, encabezando, con este resultado, el ranking del comercio clandestino en el área metropolitana.

La convivencia con los comercios de la zona era tan insostenible, como con muchos de los peatones que se mueven a diario por las inmediaciones. La competencia desleal con los primeros, y las molestias por el cercado espacio para circular que le dejaban a los segundos, tensaba todavía más un ambiente que ya de por sí estaba cargado de conflicto.

Durante el último mes de 2016, la venta ilegal movilizó 2.152 millones de pesos, mientras que en todo 2016 recaudó 14.825 millones. Un cuarto de esas ventas se concentraron en Once, donde durante solo en las semanas previas a la Navidad se movieron 544 millones entre manteros y saladitas. En tanto, el total del año fueron 3.760 millones. 

Para la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came), estas acciones son el camino correcto, ya que detrás de los manteros hay organizaciones mafiosas que ocupan ilegalmente el espacio público y no pagan ningún tipo de impuestos, generan trabajo esclavo y competencia desleal.

Los manteros saben que están fuera de la ley pero se escudan en el derecho que tiene toda persona a trabajar dignamente para ganar su sustento y el de su familia. Ayer en Once algunos manteros aseguraban que pagaban por estar allí con sus puestos, y cuando los consultaron sobre cuánto y a quién pagaban dijeron que abonaban 400 pesos por día a una brigada policial. Naturalmente, de ser cierto, no se trata del pago de un tributo sino de una coima, y ese sería otro delito -muy grave por cierto- que debería ser investigado a fondo.

Otro punto de conflicto fue cuando agentes del Gobierno porteño intentaron censar a los manteros y estos se negaron. La intención -se dijo- es tener un registro y a partir de esos datos relevados diagramar políticas de inclusión. Pero no hubo caso: los manteros quieren seguir siendo manteros, ocupando las veredas de los centros comerciales más transitados de Buenos Aires. A la par, está la decisión del Gobierno de la Ciudad que tomó el toro por las astas y, al igual que un año antes en el barrio de Flores y también en la peatonal Florida, aplica el rigor para desalojar, pagando su costo por ello pero en la certeza de que es lo que corresponde.