Avances:
El Ministerio de Salud bonaerense enviará a Pergamino un helicóptero sanitario y dos vehículos todo terreno con médico y enfermero para atender emergencias en zonas anegadas. En la zona hay varias rutas cortadas, entre ellas la Nº 188, 9, 8 y 51, todas por agua en la calzada. Una buena parte de la ciudad está sin energía eléctrica por el ingreso de agua a los domicilios. Zonas no inundas también son alcanzadas por los cortes preventivos.

El Pami y los medicamentos: otorgar subsidios solo a quienes los necesiten

El Pami decidió revisar las condiciones para otorgar medicamentos gratis a sus afiliados, luego de detectar casos en los que beneficiarios de altos ingresos recibían el subsidio. El análisis concluyó en una decisión que, se calcula, permitirá ahorrar al organismo una suma de 1.600 millones de pesos.

Se estableció que solo se les otorgará el subsidio total a aquellos que cobren menos o el equivalente a 1,5 haberes previsionales mínimos (8.491,7 pesos mensuales). Pero podrán quedar excluidos dos grupos importantes, que afectan a la clase media: quienes ya cuenten con una prepaga y los que tengan un vehículo con una antigüedad menor a 10 años (salvo quienes tengan un certificado de discapacidad). Tampoco podrán adquirir medicamentos gratis los que posean más de una propiedad, o embarcaciones y aeronaves.

Son entre 100.000 y 200.000 personas afiliadas al Pami las que gozan de un plan de medicina prepaga. Es frecuente que quienes tienen duplicidad de coberturas reparten las prestaciones médicas por la prepaga, mientras que utilizan el Pami para adquirir medicamentos, por tener un mayor descuento. Si bien dejarán de recibirlos de manera gratuita, sí continuarán teniendo el beneficio del 80 por ciento en los fármacos.

Esta decisión tal vez sea una mala noticia para aquellos que, aun sin necesitarlo por tener una posición económica acomodada, utilizaban la cobertura total de Pami; pero es una excelente noticia para avanzar, aunque sea como un botón de muestra, hacia el verdadero sentido de la justicia social, aplicando los mecanismos para incluir en las políticas de asistencia a quienes verdaderamente necesiten la ayuda y, al mismo tiempo, excluir a los que gozan de un mejor pasar. Porque si de búsqueda de justicia social se trata, no hay mayor injusticia en la sociedad que dar subsidios de manera indiscriminada, para que se sirvan de ellos hasta los más ricos, como vino sucediendo con la energía eléctrica, el gas y el transporte por ejemplo, perjudicando de esa manera a quienes en verdad dependen de esa ayuda del Estado. 

Una verdadera política de subsidios es aquella que pone el ojo en quien lo necesita. En nuestro país suele verse al Estado como a un tercero que toma decisiones y no como el administrador de los recursos de todos los argentinos. Justamente por eso hay muchos que sin necesitarlo, se creen con derecho a acceder a los beneficios que son pensados para quienes no tienen las necesidades básicas satisfechas.

El subsidio no es una política negativa per sé. Es más, son necesarios, porque bien implementados pueden servir para reactivar algún sector de la economía, en función de un plan estratégico del país. También es el modo de equiparar el acceso a los servicios y las prestaciones a todos los habitantes y a lo largo de todo el territorio. Es aceptable y deseable que se apoye el transporte público de pasajeros, ya que se trata de un medio utilizado mayormente por asalariados y estudiantes. Es más discutible, en términos de desarrollo, subsidiar indiscriminadamente los servicios, como se ha venido haciendo, porque con los millones que se destinan a estas ayudas terminan siendo puestos y beneficiados, en un mismo grupo, quienes lo necesitan y quienes no, todo a costa del Estado, profundizando un déficit fiscal que no nos permitirá terminar con la inflación ni sincerar definitivamente la economía.

No hay que dejar de tener en cuenta que si no existieran los subsidios habría sectores impedidos del consumo mínimo. La solución estaría en un punto intermedio en el que los beneficiarios sean los sectores de menores ingresos, los que realmente necesitan la ayuda. Y no un colectivo de “todos y todas” donde se termina subsidiando el gas y la luz a los que más tienen, que al fin más gastan, en detrimento de los que menos tienen. Desde el punto de vista regional, los subsidios destinados a la energía y transporte benefician más que proporcionalmente a los usuarios de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano bonaerense en comparación con los del resto del país, donde las necesidades son mayores. En Pergamino, sin ir más lejos, nunca gozamos de los subsidios tan importantes que tuvo el distrito metropolitano en energía y transporte, y lo mismo sucede en el resto de las provincias del interior.

Lo que preocupa es ver que tras la fachada de una “aceptación” de grandes sectores sociales respecto de que hay que modificar radicalmente el sistema de subsidios, para que lleguen a quienes lo necesitan, los sectores que tienen mejor pasar se resisten a este sinceramiento tarifario. Así nos encontramos con hogares con ingentes gastos por servicios (y aparatos) de telefonía celular, entretenimiento digital, viajes al exterior y demás bienes y servicios considerados suntuosos que despotrican por tener que pagar por los servicios públicos su real valor, sin subsidios, o ahora que  “pierden” el beneficio de acceder gratuitamente a ciertos medicamentos del Pami. Porque, al fin, en la Argentina nos hemos acostumbrados a recibir, todos, los beneficios que deben ser para los que realmente lo necesitan. Y es así como nadie se despeina por recibir la luz o el gas subsidiado, mientras viaja al exterior una vez al año, al menos. Tal vez por el “ahorro” que les permite no abonar lo que debieran, porque la realidad es que hay sectores que nunca debieron ser beneficiados.

De esta fiesta de subsidios indiscriminados surgen en gran medida los problemas de energía que hoy tenemos y el déficit fiscal.

Y precisamente nos hemos acostumbrado a vivir con servicios casi gratuitos, los que al fin pagamos todos con el enorme déficit fiscal que genera regalar servicios a quienes pueden pagarlos y deben hacerlo.

El haber fogoneado una sociedad que se acostumbró a la casi gratuidad de los servicios, ha sido quizás la verdadera pesada herencia de la que tanto se habla porque nos culturizó a no pagar lo que se consume, en el absurdo de pensar que los servicios los debe pagar el Estado, ignorando que el Estado somos al fin todos nosotros que pagamos con inflación este sistema perverso de subsidios. Y en el caso puntual de Pami, el perjuicio es mayor, porque se trata de medicamentos que gente que está solventando una prepaga “arrebata” a quien cobra una jubilación mínima, ocasionando también faltantes y demoras que podrían suplirse con un uso más solidario y coherente de la mutual.

Los beneficios deben existir, eso no está en discusión, pero deben estar acotados a los que realmente lo necesitan.