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Cristian Castro revive a Sandro: Algo más que la osadía de un seductor

Con sello propio. En su homenaje a Sandro, Cristian Castro evitó la imitación e impuso su estilo. (Foto: Martín Bonetto). Con sello propio. En su homenaje a Sandro, Cristian Castro evitó la imitación e impuso su estilo. (Foto: Martín Bonetto).

El cantante estrenó su tributo al "Gitano".  Una propuesta en la que el gran acierto es evitar la imitación.


 

En una de esquina de Puerto Madero descansa una limusina blanca, tan larga que debe ser suplicio estacionarla. Como si fuese un gran casamiento, en el subsuelo del hotel Hilton se ve brillo de sobra y vestidos de noche. Una fiesta que reúne a dos mil personas de varias generaciones. Hay pibes de 20 años con el mechón rubio clásico, señoras con carteras de fiesta diminutas y en el medio de ellos aparece Juan Carlos Andrizzi, conocido como “el auténtico doble de Sandro”. En lugar de catering, un kiosco vende golosinas a precios exorbitantes: 80 pesos un agua, 60 un alfajor y así. “Dicen que dura como tres horas”, justifica alguien, antes de proveerse de golosinas y bebidas.

Arriba del escenario, hay una big band de 20 músicos, una escalera blanca -símil teatro de revista- y un perchero del que cuelga una bata roja. Antes del inicio del show, hay una sorpresa. “Esta oportunidad se la robé yo a Cristian. Siempre le ponía sus canciones en la radio a mi niño”, lo presentó mamá Verónica.

Así, Cristian Castro presentó el viernes en Buenos Aires el inicio de su gira Como lo hice yo. La historia de un ídolo, un espectáculo basado en el repertorio de Sandro.

Como lo hice yo, La casa del sol naciente y Daun Daun, ¿quién es? fueron las primeras canciones que interpretó Castro, de traje oscuro, moño, tiradores y una flor roja en el ojal. “Estamos celebrando una unión muy grande, un legado de canciones preciosas. Es el mejor solista que dio la Argentina, junto con Carlos Gardel. ¡Vamos a recordar a Sandro de América!” dijo el autor de Azul, que le dedicó varias canciones a Olga Garaventa, la viuda del cantante, invitada de honor de la noche. “Gracias por tu hospitalidad, tu dulzura y la entrega de tu amor. Necesito a alguien como tú en mi vida”, le dijo. Y despertó, claro, el delirio de las chicas, que se postulaban como novias.

El otro hombre de la rosa. “La verdad que no parezco Sandro, sino el hijo de Drácula”, bromeó el cantante, que fue acompañado por una gran banda. (Foto: Martín Bonetto).

Te propongo trajo la primera gran ovación de la noche. Y No me dejes, no, mi amor mostró a una orquesta a pleno, con cuerdas, vientos y una batería quizá demasiado fuerte; los arreglos de Pablo Marino apuntaron en la gran mayoría de las canciones a un sonido potente y con pocas sutilezas, para un salón preparado para fiestas y convenciones, que no fue creado como sala de concierto.

Algunos días antes del show, Castro dijo: “Estoy seguro de que nadie quiere que imite a Sandro. Todo lo contrario. Es mejor que lo haga como soy yo con las líneas de Sandro”. Seguir esas líneas a la que hace referencia es el gran acierto de la propuesta del mexicano. Sería un despropósito “sólo” cantar a Sandro, sin tener en cuenta su teatralidad y su pasión. Y tampoco sería inteligente -ni interesante para ver- construir un show de dos horas a partir de una imitación.

Cuando la canción lo requiere, el cantante jadea en un fraseo y juega a ser Elvis Presley -salió con un traje blanco con lentejuelas-, como lo hacía Sandro. Cuando piensa que seguir el camino del “Gitano” sería un despropósito, toma otro rumbo. Y usa su voz límpida y la precisión de su fraseo como herramientas para interpretar Tengo, con un fondo jazzero. En Rosa Rosa y en Por ese palpitar, por ejemplo, apenas asomó una inflexión de la voz gruesa y profunda, pese a tener más facilidad para dar notas altas.

En un show homenaje a Sandro a cargo de Cristian Castro no podían faltar los pasos de comedia. El “Gitano” mostraba el juego y se reía arriba del escenario. “La verdad que no parezco Sandro, sino el hijo de Drácula”, dijo el cantante, cuando cambió el vestuario por una suerte de mameluco de cuero negro. “No me tiraron ni una bombacha todavía...” lanzó en otro pasaje del show. Y, claro, recibió una lluvia de prendas. “Tuve que depilarme el pecho para usar esto. ¿Les gusta que me depile abajo?” siguió.

Me amas y me dejas marcó el cierre de casi dos horas y media de show. “Hacer Sandro es una gran osadía”, dijo el mexicano en una conferencia. Fue una osadía rockera, romántica y con mucho brillo, que celebraron los asistentes al casamiento-concierto. Sandro era un artista que se debía a su público. Cristian Castro también lo es. Quizá otra osadía fue hacer un show íntegro sin hits como Azul y con una mirada propia sobre un artista de mil matices.

 

Fuente: (www.clarin.com)